No podía quejarme, ese cuerpo de
pequeñas proporciones pero de incalculable fuerza para el placer estaba dándome
el mejor espectáculo de mi vida. Parecía encender mi libido de una manera en
que jamás nada ni nadie lo habían hecho. Estaba más que embelesado con ella;
era como una jodida diosa dispuesta a cumplir todos mis deseos y eso era lo
único que necesitaba para sentirme completamente a gusto. Ella podía ser
sensual e inocente en una fracción de segundo sin siquiera proponérselo. Y más
siendo mi modelo personal.
-¿Cuál es el problema?- cuestioné
desde mi silla frente al probador en la que me había sentado hacía más de
treinta minutos.
-Pasa que no quiere salir de ese
probador. Dice que no se ve bien en ese vestido ceñido color melocotón que
escogí para ella. ¡Es el colmo!- gruñó llevando sus manos el cielo. Se veía
ciertamente aterrador- Se ve como una
verdadera reina pero dice que no saldrá hasta que tú entres y le digas que es
así-.
Respiré hondo antes de levantarme
con cierta molestia en mi rostro. Tom se hizo a un lado permitiéndome entrar y
mientras caminaba me recodé por qué no me gustaba llevar de compras a mis amantes.
Siempre era lo mismo. Algunas veces porque el dinero que costaba el traje era
muy poco, otras porque la ropa nos les quedaba bien o porque simplemente no les
gustaba. Esa situación no me gustaba.
Cuando entré en el probador me
sorprendió la escena que me encontré. Mi nena estaba frente al espejo mirándose
con cierta nostalgia. Lágrimas caían de sus preciosos ojos dejándome con una
extraña sensación en el pecho. ¿Había hecho algo malo? ¿Tenía ganas de huir de
aquí? Si fuera esto último tendría que retenerla como fuera porque no podía
dejarla ir. Ella era mía y eso no tenía discusión alguna.
-¿Qué sucede, nena?- pregunté
mirándola a través del espejo. Sus ojos aceituna me encontraron también.
-Esto no se ve bien en mí, señor-
comentó en un tímido susurro.
-¿A qué te refieres?- pregunté
confundido.
-No puedo llevar esto, no soy tan
bien formada como las mujeres a las que estás acostumbrado. Esto se ve mal en
mí-.
Mi exasperación y necesidad me
hicieron ver todo rojo cuando dijo eso. Me acerqué hasta poderla rodear con mis
brazos y tomé suavemente una de sus muñecas llevándola a la parte donde más
necesitaba sentirla. Vi sus ojos agradarse y su respiración acelerarse. Esto
quería de ella. Mucho más que esto, en realidad.
-¿Estás segura que no te queda
bien?- cuestioné en voz baja frotando su mano a través de mi dura longitud.
Podría jugar baseball.
-Señor…- jadeó ella. Fue como si
cantara para mí lo cual me hizo apretarme contra ella tomándola de la cintura.
-No sé de dónde vienen tus dudas-
confesé besando la curva de su cuello y sobre su pulso latente- Eres la cosa
más sexy que he visto en mi vida. ¿Acaso quieres que te pruebe lo mucho que te
deseo en este momento?- propuse volviendo a nuestros roles originales.
Ella abrió los ojos aún más
dejándome una sonrisa de satisfacción. Lentamente una de mis manos subió desde
su cadera hasta la curva de sus pechos mientras la otra aseguraba bien la
puerta del probador. No quería testigos sobre lo que iba a hacer con ella
adentro.
-Mírame a través del espejo-
gruñí una orden que ella aceptó mirándome con timidez.
Sumisa y era mía.
Puse mi mano entre sus piernas y
busqué con frenesí el oscuro lugar donde encontraría el más valioso de los
secretos que podía guardar. Mi otra mano seguía ahuecando su pecho y sin
poderme controlar más tiempo pellizqué uno de sus rosados picos haciéndoseme
agua la boca con solo imaginarlo envuelto en mi lengua. Ella jadeó y comenzó a
temblar entre mis brazos. Sonreí y comencé a besar su cuello dejando pequeños
moretones que serían mi deleite luego.
-Señor…- jadeó en cuanto mis
dedos encontraron el borde de sus bragas nuevas y las rompí a jirones. No
necesitaba ese tipo de interferencia.
Mi dedo se internó en la suave
cavidad de ella y de inmediato pude sentir una ráfaga de deseo atravesarme con
fuerza. No entendía qué tenía esta pequeña chica que lograba ponerme de
inmediato duro, pero sabía que no quería que desapareciera. Ella podía leer mis
intenciones, mis deseos y anhelos brindándome su cuerpo para poder complacerme.
No había chica más generosa que ella pero iba a demostrarle que el control y la
dominación quedarían por mi parte.
Comencé con ritmo lento a
torturarla sintiendo cómo sus paredes internas se contraían con frenesí. Me
gustaba esa sensación y no pensaba dejarla llegar al clímax hasta que rogara.
Sus gemidos eran suaves y su respiración acelerada la hizo abrir una fina
rendija en su boca. Podía ser bastante receptiva y eso me encandilaba como el
fuego del infierno. Mis dedos trabajaron con un ritmo lento y acompasado
mientras mi mano pellizcaba sus pechos y mi boca lamía el camino que trazaban
sus venas. Me sentía a punto de explotar sin siquiera haberla penetrado. Era
algo nuevo.
-Señor… por favor… quiero-.
-¿A quién perteneces?- gruñí
parando mi trabajo con mis dedos. Ella se movió contra mí haciéndome soltar un
gemido gutural.
-Yo…-
-¿A quién perteneces?- Cuestioné
de nuevo quitando mi mano de sus pechos y recogiendo su cabello para jalar su
cabeza hacia atrás. Soltó un gemido.
-A ti, mi señor, solo a ti- jadeó
recibiendo un trabajo lento de nuevo por parte de mis dedos. Esto era
fantástico.
-¿Qué quieres?- pregunté
satisfecho.
-A ti- fue su sencilla respuesta.
Fruncí el ceño y la miré con dureza a través del espejo parando mis dedos.
-A ti, mi señor- corrigió y con
una sonrisa lobuna me dispuse a trabajar fuertemente en su apretado monte de
venus. Estaba más que excitado.
Gemía suavemente en mi oído. Su
cabeza se apoyó con un movimiento brusco sobre mi hombro y su cuerpo comenzó a
temblar y ponerse rígido anunciándome que estaba cerca. Dos de mis dedos
estaban dentro de ella así que añadí un tercero viendo cómo sus ojos se
cerraban. Era todo, pronto caería en el éxtasis pero solo sería el comienzo,
tenía grandes planes para nosotros en casa.
-Señor… por favor… yo… ah-
suspiró tambaleándose entre mis brazos. Sonreí satisfecho y cuando se hubo
recuperado le di vuelta para besarla con pasión antes de soltarla y alejarme un
paso de ella aun sosteniendo su resbaladizo centro.
Su respiración agitada me dio más
seguridad sobre los deseos que ella tenía hacia mí. Era maravilloso sentir que
por primera vez en mucho tiempo tenía el control sobre algo que hacía. Al fin
podía volver a controlar a mis amantes y podía esperar sumisión por parte de
ellas. Esto era como el Valhala.
-¿Te gusta ese vestido?- pregunté
aún con mi mano enterrada entre sus muslos.
-Solo si te gusta a ti, señor-
respondió cerrando los ojos ante un nuevo aturdimiento causado por mí.
-Es apropiado, podemos llevarlo.
Y no vuelvas a cuestionar la ropa. Es perfecta para ti.-.
-Sí- respondió bajando la cabeza.
-Sí, ¿qué?- cuestioné
aprisionándola contra el espejo y hundí de nuevo un tercer dedo entre sus
piernas frotando su clítoris.
-Sí, señor- lloriqueó y con una
sonrisa satisfecha saqué mis manos de ella lamiendo uno por uno mis dedos. Su
sabor me embriagaba.
-Te veo afuera- comenté limpiando
por última vez mi mano en un pañuelo de seda y salí ajustándome lo mejor que
podía para evitar comentarios.
Ella salió tres minutos después
vistiendo el maravilloso vestido que me dejaba ver una porción considerable de
su espalda y que se ajustaba a sus caderas como un guante. Sonreí satisfecho
viendo cómo ella se ruborizaba.
-¡Te dije que se vería
grandiosa!- gorjeó felizmente Tom atrayéndola para abrazarla. Me tensé por eso
sintiendo una punzada extraña en mi vientre pero me obligué a relajarme viendo
sus ojos clavados en mí sobre el hombro de Tom.
Sí, definitivamente era mía y de
nadie más.
Más tarde, de vuelta en mi
apartamento, descansábamos sobre mi tumbona luego de haber dejado las bolsas de
ropa en mi vestidor. Sabía que tendría que hacerle espacio ya que Tom había
comprado casi todo lo que veía en cada tienda, sin embargo, no me importaba.
Estaba feliz viendo a mi chica con ropa nueva, a pesar de que había protestado
por la cantidad de dinero que había invertido. Ella era especial y merecía todo
lo que pudiera brindarle.
Comíamos el almuerzo –tardío-
sobre la tumbona dándonos pequeños bocados. La tenía en mi regazo y me gustaba
la manera como parecía encajar en mis piernas. Era tan pequeña y sexy como el
infierno que me estaba costando tenerla de esa forma sin hacerle nada.
Se le veía feliz con una enorme
sonrisa casi infantil en el rostro y sus mejillas ligeramente ruborizadas. Si
no le hubiera hecho todo lo que le había hecho, me hubiese atrevido a decir que
era una niña pequeña, virgen y puritana la que tenía en mis brazos.
Mordía una uva de su boca,
dándole pequeños besos entre mordida y mordida cuando el teléfono sonó en mi
bolsillo trasero. Lo ignoré apoderándome de la dulce boca de mi chica,
sintiéndome poderoso al escuchar sus gemidos entrecortados y notando la pasión
con la que me correspondía. El teléfono sonó de nuevo pero una vez más lo
ignoré. Estaba disfrutando ese pequeño momento con ella, sin embargo, cuando
insistió por tercera vez, lancé un gruñido exasperado y con cierta reticencia
retiré a Claire de mis labios. Ella sonrió con suavidad y me brindó un último
beso.
-Será solo un minuto, te lo
aseguro- dije rodando los ojos con fastidio.
Ella se sentó a horcajadas sobre
mí y con suavidad comenzó a acariciar mi cabello. Cerré mis ojos acariciando su
espalda y sacando mi teléfono lo puse en mi oído. Estaba molesto.
-¿Qué?- espeté sin mirar quién
llamaba.
-Aún vives- gorjeó la voz de
Wesley al otro lado. Solté un suspiro de fastidio.
-Espero que esto sea bueno- dije
atrayendo de nuevo a Claire a mi lado al notar que trataba de alejarse. Le hice
un gesto con la cabeza advirtiéndola sobre no irse.
-De acuerdo, ¿interrumpo?-
comentó entre risas- Solo quería llamar a preguntarte si ya habían tomado
alguna decisión. Muero por estar con esa chica, Aiden- confesó haciéndome
tensar la mandíbula. Miré a Claire y ella sonreía mientras pelaba un kiwi que
luego me ofreció con una sonrisa. Mordí un poco agradeciéndole con un beso
jugoso.
-No hemos decidido nada aún-
comenté apretándola un poco más fuerte de lo necesario. No quería compartirla
pero era una decisión mutua.
-No se hable más- dijo con
resolución. –Voy para allá, tengo más noticias que darte-.
Dicho aquello colgó dejándome con
la palabra en la boca. Solté un suspiro furioso y con cuidado bajé a mi chica
de mi regazo. Quería matar a alguien. Lo cierto era que no quería compartirla.
Quería que ella fuera siempre mía, que nunca nadie siquiera le echara un rápido
vistazo, más sabía que era imposible. Ella parecía una muñeca de porcelana con
sus ojos aceituna y su piel de crema.
Me levanté sintiéndome frustrado.
No entendía por qué me rehusaba tanto a la idea de que ella estuviera con
alguien más. Sabía que los sentimientos no estaban implicados así que me
convencí que era un asunto de territorialidad. Pasé mis manos por mi cabello
una y otra vez dejándolo alborotado y soltando gruñidos guturales.
-¿Señor?- preguntó suavemente la
chica que me encandilaba y por la que estaba dispuesto a asesinar si me lo
pidieran. Su voz era cálida y angustiada. Sus ojos decían todo lo que sus
labios rosados no decían: me quería, mucho más que físicamente. Eso me llenó de
orgullo.
-Viene hacia acá- respondí
frenético tomándola del brazo para sentarla en el sofá. Me arrodillé frente a
ella- Wesley, viene y quiere una respuesta. Dime qué quieres, nena-.
-Estoy bien con lo que escojas-
murmuró levemente confundida. De seguro daba miedo en ese momento.
-¡No!- espeté de inmediato. Ese
asunto ya no era solo asunto mío- Dime qué quieres. No pienses en mí, piensa en
ti-.
-Yo solo quiero hacerte feliz-.
-Entonces, no lo hagas. Podemos
ser solo tú y yo. Nadie más, te prometo que podremos…-
Más mi diatriba quedó en suspenso
gracias al sonido del timbre en la puerta. Era Wesley y yo quería matar a
alguien. Quería huir de allí con ella cargada en mi hombro. Necesitaba pensar
pero tendría que hacerlo luego ya que estaba caminando hacia la puerta,
abriéndola para dejarme verlo.
-Hola, Aiden- saludó recargado en
el marco mirando hacia adentro. Podía ver la lujuria en sus ojos y quise
golpearlo de inmediato. Pero tendría que esperar.
Válgame Dios, me estoy haciendo adicta a ti, jajaja seguiré pendiente de tus escritos, saludos y feliz año!!!!
ResponderEliminarQue tengas un feliz año también y mucho éxito para ti y todos los tuyos. Muchas bendiciones y salud. Gracias por apoyar mi trabajo.
ResponderEliminarLaura.