martes, 30 de diciembre de 2014

CAPITULO 4

Esa mañana me levanté con la inusual sensación de tener algo sobre mi abdomen. Algo no muy pesado pero totalmente tibio y suave. Además, en mi pecho sentía un leve cosquilleo como el de una pluma, salvo que lo conocía bien de antemano para saber que era una respiración pausada y relajada. Comencé a abrir los ojos y la luz aclaró mi visión al entrar parcialmente por las cortinas casi cerradas. Mil recuerdos vinieron a mi mente al ver aquel rostro sereno y dormido que tenía recargado contra mi torso. Su brazo cruzaba por mi cintura y su respiración agitaba mi pecho.

Me pareció extraño el momento, ya que, en general nunca compartía mi lecho con cualquier amante. Siempre las dejaba luego de que teníamos sexo y amanecía con una terrible resaca o con malestar estomacal debido al licor que ingería para apaciguar mi mente y encontrar fácilmente a una mujer en un club. No era difícil sin embargo que se rindieran a mis pies con solo una mirada; la fama tenía sus ventajas.

Me detuve a observar el rostro de la chica. A la luz del día parecía un ángel esperando a despertar. Tracé suavemente con mi dedo las líneas de su rostro deleitándome con la suavidad de su piel y el sonido de su respiración sobre mi cuerpo. Me pregunté si alguien la estaría extrañando pero me deshice de aquella idea al reconocer que ella era mía y se quedaría de esa manera. Ella no se iría a ningún lado sin mi autorización. Era mía. Además, el que se hubiera guardado para mí me daba una satisfacción inmensa y la necesidad de tenerla y cuidarla por mí mismo. Era territorial.

Comencé a desenredarme con lentitud para evitar que se despertara. Quería que descansara ya que la faena que habíamos tenido la noche anterior había ido hasta bien entrada la madrugada. Solo hasta cuando pude oírla jadear por el cansancio encontré mi liberación dentro de ella y permití que se acurrucara contra mi costado para que descansara. Se había dormido casi de inmediato sin decir una sola palabra y me gustaba de esa manera. Ella cumpliría mis órdenes pero yo también intentaría saciar uno que otro deseo que tuviera de vez en cuando.

De solo recordar nuestro encuentro estuve duro de inmediato. Me obligué a respirar y me dije que ya habría tiempo luego. Tenía que ir a la cocina y preparar algo de comer. Mi estómago estaba vacío. Me deshice el abrazo que estaba dándome y la acomodé con cuidado para que no se despertara en su lado. Su cabeza fue a dar a donde estaba la mía segundos antes y su cuerpo se movió un poco haciendo ladear la sábana y dejando su torso al descubierto. Estaba completamente desnuda y al quedar sus pechos expuestos no pude resistirme a tomar uno entre mi boca antes de retirarme. Ella jadeó suavemente y me obligué a separarme antes de molestarla.

Respiré hondo y me prometí hacer las cosas bien; que podríamos hacer muchas cosas antes de dejarla ir –si es que lo permitía, claro está. Si alguien intentaba robármela bien podría alistar una habitación en la morgue porque no permitiría que me la quitaran. Miré por última vez su cuerpo desnudo antes de salir y en la sábana de color vino tinto encontré la prueba de su virginidad. Sonreí y le di un beso en sus labios demorándome un poco y salí de allí al tiempo en que mi teléfono sonaba en algún lado.

-Buenas tardes, casanova- comentó la alegre voz de Wesley al otro lado de la línea en cuanto contesté- ¿Qué tal la noche? ¿Demasiada pasión?-.

-Algo- respondí con sequedad mirando la hora en el reloj de pared. Eran las dos de la tarde. Sonreí recordando a quién era posible esto- Ella es… extraña pero deliciosa-.

-Detalles, pillo- exigió Wesley y tuve que respirar antes de volver a hablar, a veces me exasperaba.

-Digamos que juega al juego de ser mi esclava; quiere que sea su amo y que le ordene cosas. Dice que quiere cumplir mis deseos por descabellados que sean. Pero no puedo negar que es caliente y bastante sexy-.

-No digas más. Voy para allá. Diez minutos- aseguró y colgó sin darme tiempo de responder.

Quería mucho a mis amigos pero no podía negar que a veces Wesley me sacaba de mis casillas. Siempre era él el casanova mayor, ilusionando a tiernas mujeres que solo querían conocerlo. Luego las seducía y se las llevaba a la cama y cuando obtenía lo que quería las botaba como si fueran un trapo viejo. Yo no era mejor porque nunca volvía a llamar a alguna amante, pero al menos las trataba con respeto.

Fui al cuarto de lavado para recoger ropa interior limpia y me la coloqué dispuesto a esperar a Wesley. Me acerqué a la cocina y calenté agua para hacerme un té. Deseaba algo más fuerte pero a pesar de que fuera ya la tarde no podía beber licor sin tener nada en el estómago además de que el café no me gustaba en absoluto. Diez minutos exactamente después el timbre del apartamento sonó y tuve que bajar mi taza para ir a abrir. Allí estaba él aún con el cabello húmedo después de la ducha y ropa que para nada combinaba. Sin embargo, no podía decir que siempre buscáramos la perfección en ese tema.

-¿Está por aquí?- preguntó poniéndose de puntillas para ver dentro del apartamento. Puse los ojos y le abrí la puerta dándole paso.

-Está dormida- respondí y nos sentamos en la sala a conversar. Estiró sus piernas y se recostó con total confianza.

-¿Qué tal el sexo con ella?- preguntó sin rodeos. Tuve que reprimir una sonrisa recordando nuestra apasionada noche.

-Fuerte. Le gusta lo mismo que a mí y no desfallece hasta conseguir lo que desea. Esa chica sabe cómo complacerme. Quiere que sea su amo; me sirve con todo gusto- comenté recostándome también sobre el sillón de cuero.

-Vaya… qué buen trozo de carne el que tienes para morder. Eres un afortunado- dijo Wesley enfurruñado pero rápidamente cambió su rostro a uno que ya conocía de antes- ¿Te gustaría compartir?-.

-Eso depende también de ella- espeté apretando los dientes. Pero me sentía bien al tener al fin algo que él también quería- tendremos que hablar con ella-.

-El gran Aiden Miller a merced de una chiquilla atrevida… Esto es un acontecimiento importante- se burló Wesley y le lancé un cojín en juego.

-Solo con ella-.

En ese momento escuché pasos viniendo del pasillo y en el rellano apareció mi pequeño ángel vestida únicamente con el cobertor color negro. Sentí mi miembro endurecerse pero no presté atención y extendí la mano para que se acercara. La tomó obedientemente.

***

Escuchaba voces viniendo de algún lado. Abrí los ojos y me dejé embriagar por la visión magnífica del cuarto de Aiden y los flashes de los recuerdos de la noche anterior. Mi cuerpo se sentía pesado y lánguido además de que sentía un leve escozor entre mis muslos pero estaba feliz y me sentía relajada de saber a quién era posible eso. Definitivamente la primea vez era la mejor si sabías con quién tenerla.

Las voces parecían estar disfrutando de una conversación pero solo podía distinguir la de Aiden. El otro parecía estar contándole algo o simplemente hablando porque las voces eran calmadas y serenas. Me pregunté si necesitarían té o algo y me levanté de la cama enredándome en el cobertor al no encontrar mi ropa. No sabía a dónde había ido a parar en medio de la pasión.

Caminé por el estrecho pasillo y me encontré con el rostro curioso de Wesley. Apreté el cobertor a mi alrededor y giré mi rostro hasta encontrarme con el de Aiden. Estaba en ropa interior haciéndolo parecer un guerrero griego. Luego estiró su mano con una sonrisa encantadora y me acerqué hasta sentarme a su lado. Su mano se detuvo en mi cintura y pude notar que lo hacía como un acto de posesión; le daba a entender a Wesley que yo era suya. Eso me gustó.

-Hablábamos de ti, nena- comentó atrayendo mi atención. Wesley nos miraba con interés- Ya lo conoces, pero me gustaría presentarte a Wesley, el guitarrista del grupo. Además tiene una propuesta que hacerte-.

Asentí esperando a que él hablara y me dijera qué deseaba. Sin embargo, debía saber que solo cumpliría su deseo si Aiden también deseaba que lo hiciera. Era un juego en el que no había nada que perder para él. Yo era suya.

-Wesley quiere que hagamos un trío, nena- comentó mirando a Wesley de reojo y apretando un poco más fuerte en mi cintura- Le gustaría probarte también pero lo haremos solo si tú lo deseas-.

-Yo hago lo que tú desees, señor. Estoy a tus órdenes- respondí sintiendo un apretón más fuerte.

-¿Qué les parece si vuelvo mañana para que me den una respuesta y así lo piensan un poco más? No puedo negar que espero una positiva pero es decisión de ustedes- propuso Wesley mirándome con lujuria poco disimulada. Aiden me tenía firmemente agarrada a su lado.

-Estoy de acuerdo- respondió Aiden- ¿Tú lo estás, nena?-.

Asentí en silencio y bajé la mirada cuando él comenzó a jugar con mi cabello y ponerlo detrás de mis orejas. No quería que viera el rubor que se propagaba por mis mejillas. Me fijé entonces en mi poco usual prenda de vestir y me pregunté si no les molestaría tenerme allí de esa manera. Al preguntárselo a Aiden, él y Wesley rieron suavemente y negaron con la cabeza alegando que si a mí no me molestaba a ellos tampoco.

Hablamos un poco más y me enteré acerca de los extraños gustos de Aiden respecto al sexo. Le gustaba el bondage y el sexo duro. Ahora entendía la fuerza y potencia que tenía en ese tema. Me había dejado casi desmayada la noche anterior. Sus compañeros sabían que era de esa manera pero aun así lo querían y lo respetaban. Envidié a sus amigos. Los míos solo querían meterse entre mis piernas. Pero eso era parte del pasado así que me concentré en el momento con ellos.

Wesley se fue un rato después con la promesa de volver al día siguiente para obtener una respuesta. Antes de salir pidió a Aiden poder darme un beso pero él se negó con cierto tono autoritario que logró encenderme por completo. Su voz era tan ronca y grave. Tan deliciosamente oscura que lograba ponerme de rodillas ante él.

-¿Dormiste bien, nena?- preguntó sentándome en su regazo una vez que Wesley se hubo ido. Asentí adorando la sensación de sus manos en mi cuerpo- Te vez pálida, ¿te sientes bien?- preguntó midiendo mi temperatura.

Mi estómago reaccionó y rugió con fuerza. Me sonrojé pero me quedé mirándolo con la esperanza de que no se riera de mí. Sus dedos comenzaron a acariciar mi rostro y casi ronroneo al sentirme deseada por este hombre tan maravilloso y oscuro.

-¿Hace cuánto no comes?- preguntó levantándome en sus brazos para llevarme a la cocina. Me aferré a su cuello y repartí besos en su palpitante pulso. Me bajó en la isla de la cocina y se alejó tras darme un beso que me hizo enroscar los dedos de los pies. Era tan sensual y varonil.

-Desde ayer, señor- contesté tímidamente apretando un poco más el edredón a mi cuerpo.

-Lo solucionaré entonces- aseguró sonriendo y prendiendo un fogón comenzó a picar verduras dejándome ver su tonificada espalda. De vez en cuando se volteaba para verme por encima de su hombro y me daba una sonrisa de infarto. Creí que me derretiría como mantequilla al sol.

-Entonces… ¿quieres oírme cantar?- preguntó haciéndome sonreír como una tonta. Él iba a cantar para mí.

-Sí, por favor- asentí entusiasmada y él se aclaró la garganta con dramatismo fingido y me guiñó un ojo antes de comenzar.

Cantó partes de los éxitos que habían tenido anteriormente dejándome con lágrimas en los ojos y la necesidad de abrazarlo y agradecerle por su generosidad. Amé cuando comenzó a cantar una estrofa de mi canción favorita “Una Pasión En El Océano” y me entretuve moviendo mis labios mientras él entonaba mirándome directamente a los ojos. Sobra decir que el tiempo para mí se detuvo.

“Búscame entre las olas,
cuando sientas que te hundes en la arena.
No dudes en venir a mis brazos,
que te esperaré con las manos abiertas.

Si tienes miedo a la marea
abrázame por la espalda
que te protegeré en la pelea
mientras choco con tu mirada”.

Terminó con un ademán y no pude resistirme a aplaudir con entusiasmo. Para mi sorpresa él se sonrojó levemente y me sonrió con confianza y altivez. Se acercó hasta la isla de la cocina donde estaba sentada y se puso del otro extremo para mirarme fijamente. Su mirada era intimidante por lo que bajé mis ojos y esperé que me dijera algo. Permaneció en silencio y estiró la mano para acariciar mi cabello.

-Me siento culpable de aún no saber tu nombre- comentó en voz baja acercando su rostro al mío. Sonreí levemente.

-Me llamo, Claire Dawson, señor-.

-Hermoso. Pero no tanto como lo eres tú. Iluminas mi mundo- aseguró en voz ronca y no pude evitar el cosquilleo en mi estómago y el rubor desde mi cuello a mi frente.

Me besó con ternura, casi seduciéndome. No era de esos besos frenéticos y despiadados de la noche anterior sino eran bastante sensuales. Mi piel hormigueó por el contacto con la suya y me dejé llevar por las infinitas sensaciones que este hombre me producía. Se separó minutos después dejándome aturdida y excitada para bajar del fogón una olla con lo que parecía ser una sopa. Sirvió dos platos y se sentó a mi lado.

Comimos en un silencio cómplice dándonos miradas de reojo. La comida estaba deliciosa y casi gemí de satisfacción cuando el primer bocado tocó mi lengua. Él sabía cocinar muy bien y no lo decía porque era él quien lo había hecho. Terminamos  bebiendo un poco de jugo y él nos dirigió en silencio a su habitación. En mitad de camino se dio vuelta y de un solo jalón me arrebató el edredón dejándome completamente desnuda. Me sonrojé y mordí mi labio inferior esperando en silencio que le gustara mi no tan delgado pero curvilíneo cuerpo. El gruñó y me levantó en sus brazos. Me aferré a su cuello y dejé que llevara a la cama.

Me lanzó sobre el colchón cayendo con un ruido sordo y me incorporé en mis codos sabiendo que tenía las piernas abiertas y el torso desnudo. Él se paró a un lado de la cama viéndome por completo y luego con impaciencia se quitó la ropa interior dejándome ver su poderosa erección. Mi boca se hizo agua y en silencio me acerqué para rozar con mis dedos la textura de satén. Él me veía con los ojos entrecerrados por el deseo y abusando de mi condición me incliné y me llené la boca con su piel cremosa. El gruñó y me tomó del cabello para dar un ritmo más rápido, cada vez más fuerte.

Sonreí satisfecha mirándolo con descaro al poder complacer a mi amo y seguí trabajando con mi lengua como si comiera el más exquisito plato de la tierra. Tal vez lo era. Sentí su cuerpo tensarse y me alegré de llevarlo al borde del placer con tan poco. Quería darle el mundo entero si pudiera pero por ahora me contentaría con aquel pequeño gesto de lealtad. Sentía los espasmos de su cuerpo y me preparé para recibirlo por completo en mi boca. Pero antes de que pudiera siquiera probar su esencia salada, él se retiró y gruño con fuerza poniendo una rodilla en el suelo y tratando de recuperar el equilibrio.

Me acerqué por detrás de él y lo ayudé a ponerse en pie para conducirlo a la cama. Lo tumbé con cuidado y pasé mi lengua por su torso musculoso y bronceado. Su frente estaba ligeramente cubierta por una capa de sudor y aún podía ver el efecto de su orgasmo sobre él. Tenía los ojos entrecerrados con expresión satisfecha. Estiró un brazo y me acerqué para ver lo que necesitaba pero me atrajo del cuello y me dio un beso apasionado y arrebatador que encendió por completo mi cuerpo. Me sentó a horcajadas sobre él demostrándome lo listo que estaba para mí y me dejé llenar una vez más por su cuerpo y sus deseos.

Cabalgamos juntos en un prado de éxtasis que nos dejó agotados por completo. Al terminar, me atrajo en sus brazos y me besó una y otra vez. Finalmente cuando las respiraciones estuvieron normales, me apretó aún más a su cuerpo dándome calor y refugio. Sugirió después de un rato solo viéndome a los ojos y acariciando mi cabello que tomáramos una ducha y saliéramos a algún lugar. Accedí siguiendo sus órdenes y pronto nos encontramos de nuevo haciendo todo lo que él deseaba en la ducha de cristal.

Cuando salimos del baño, él se vistió con un pantalón negro y un jersey color abano. Como no tenía nada para usar, me coloqué mi ropa del día anterior recibiendo una mirada lujuriosa por parte de Aiden. No llevaba bragas por lo que él se divirtió torturándome con pequeños toquecitos a mi lugar secreto. Me sentía en el paraíso gracias a él.

-¿A dónde iremos?- pregunté antes de salir de casa. Él había hecho una llamada minutos antes y por lo visto esperábamos a alguien.

-A comprarte ropa, nena- contestó con una sonrisa satisfecha colocándome un suéter de él que me llegaba a las rodillas. –No puedo permitir que andes por allí con eso. Quiero que te veas bien-.

Mi corazón se derritió como mantequilla al sol y me limité a mirarlo con agradecimiento. Él terminó con su labor de vestirme y me empujó contra la pared levantando mis piernas hasta rodear su cintura. Pude sentir su necesidad creciendo y en un momento en el que el placer de los besos me cegó por completo, él bajó su pantalón y me embistió con fuerza. Grité por la sensación pensando al mismo tiempo que él debía de haberse reprimido por mucho tiempo. Era insaciable.

En algún lugar el timbre de la puerta sonó pero él no me bajó hasta que me hizo gritar de placer al llegar a mi liberación. Segundos después él alcanzó su meta y me dejó libre para arreglarse e ir a abrir. Podía oler el inconfundible aroma del sexo en el apartamento.

-Ahora sí… nos vamos de compras, nena- dijo en voz ronca y aún cansada por el reciente orgasmo.

Sonrió y abrió la puerta para dejarme ver al experto que me asesoraría. En efecto era Tom Witters, de la batería quien nos observaba con picardía. Era más que un experto en moda.


-¡Pero si eres una muñeca! Vámonos. Te verás como una reina- prometió y dejé que Aiden tomara mi mano y me guiara a cumplir otro más de sus deseos.

4 comentarios:

  1. Eres genial! Me encanta, si no es mucho pedir, cuando escribirás mas??. Y pregunta, tienes mas textos de estos, si es así, donde los encuentro??? Gracias!!!

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    1. Hola, gracias por leer. Subo capítulos cada día; mañana en la mañana subo uno nuevo. Estoy trabajando en muchas más novelas que pronto publicaré en Amazon pero supongo que algunas quedarán para publicar aquí.

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    2. Genial,ma esperar entonces por el siguiente, y buscar los otros en Amazon, gracias!!!

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    3. Te aviso cuando los haya publicado. De nuevo te agradezco por leer.

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