Me pareció extraño el momento, ya
que, en general nunca compartía mi lecho con cualquier amante. Siempre las
dejaba luego de que teníamos sexo y amanecía con una terrible resaca o con
malestar estomacal debido al licor que ingería para apaciguar mi mente y
encontrar fácilmente a una mujer en un club. No era difícil sin embargo que se
rindieran a mis pies con solo una mirada; la fama tenía sus ventajas.
Me detuve a observar el rostro de
la chica. A la luz del día parecía un ángel esperando a despertar. Tracé
suavemente con mi dedo las líneas de su rostro deleitándome con la suavidad de
su piel y el sonido de su respiración sobre mi cuerpo. Me pregunté si alguien
la estaría extrañando pero me deshice de aquella idea al reconocer que ella era
mía y se quedaría de esa manera. Ella no se iría a ningún lado sin mi
autorización. Era mía. Además, el que se hubiera guardado para mí me daba una
satisfacción inmensa y la necesidad de tenerla y cuidarla por mí mismo. Era
territorial.
Comencé a desenredarme con
lentitud para evitar que se despertara. Quería que descansara ya que la faena
que habíamos tenido la noche anterior había ido hasta bien entrada la madrugada.
Solo hasta cuando pude oírla jadear por el cansancio encontré mi liberación
dentro de ella y permití que se acurrucara contra mi costado para que
descansara. Se había dormido casi de inmediato sin decir una sola palabra y me
gustaba de esa manera. Ella cumpliría mis órdenes pero yo también intentaría
saciar uno que otro deseo que tuviera de vez en cuando.
De solo recordar nuestro
encuentro estuve duro de inmediato. Me obligué a respirar y me dije que ya
habría tiempo luego. Tenía que ir a la cocina y preparar algo de comer. Mi
estómago estaba vacío. Me deshice el abrazo que estaba dándome y la acomodé con
cuidado para que no se despertara en su lado. Su cabeza fue a dar a donde
estaba la mía segundos antes y su cuerpo se movió un poco haciendo ladear la
sábana y dejando su torso al descubierto. Estaba completamente desnuda y al
quedar sus pechos expuestos no pude resistirme a tomar uno entre mi boca antes
de retirarme. Ella jadeó suavemente y me obligué a separarme antes de
molestarla.
Respiré hondo y me prometí hacer
las cosas bien; que podríamos hacer muchas cosas antes de dejarla ir –si es que
lo permitía, claro está. Si alguien intentaba robármela bien podría alistar una
habitación en la morgue porque no permitiría que me la quitaran. Miré por
última vez su cuerpo desnudo antes de salir y en la sábana de color vino tinto
encontré la prueba de su virginidad. Sonreí y le di un beso en sus labios
demorándome un poco y salí de allí al tiempo en que mi teléfono sonaba en algún
lado.
-Buenas tardes, casanova- comentó
la alegre voz de Wesley al otro lado de la línea en cuanto contesté- ¿Qué tal
la noche? ¿Demasiada pasión?-.
-Algo- respondí con sequedad
mirando la hora en el reloj de pared. Eran las dos de la tarde. Sonreí
recordando a quién era posible esto- Ella es… extraña pero deliciosa-.
-Detalles, pillo- exigió Wesley y
tuve que respirar antes de volver a hablar, a veces me exasperaba.
-Digamos que juega al juego de
ser mi esclava; quiere que sea su amo y que le ordene cosas. Dice que quiere
cumplir mis deseos por descabellados que sean. Pero no puedo negar que es
caliente y bastante sexy-.
-No digas más. Voy para allá.
Diez minutos- aseguró y colgó sin darme tiempo de responder.
Quería mucho a mis amigos pero no
podía negar que a veces Wesley me sacaba de mis casillas. Siempre era él el
casanova mayor, ilusionando a tiernas mujeres que solo querían conocerlo. Luego
las seducía y se las llevaba a la cama y cuando obtenía lo que quería las
botaba como si fueran un trapo viejo. Yo no era mejor porque nunca volvía a
llamar a alguna amante, pero al menos las trataba con respeto.
Fui al cuarto de lavado para
recoger ropa interior limpia y me la coloqué dispuesto a esperar a Wesley. Me
acerqué a la cocina y calenté agua para hacerme un té. Deseaba algo más fuerte
pero a pesar de que fuera ya la tarde no podía beber licor sin tener nada en el
estómago además de que el café no me gustaba en absoluto. Diez minutos
exactamente después el timbre del apartamento sonó y tuve que bajar mi taza
para ir a abrir. Allí estaba él aún con el cabello húmedo después de la ducha y
ropa que para nada combinaba. Sin embargo, no podía decir que siempre
buscáramos la perfección en ese tema.
-¿Está por aquí?- preguntó
poniéndose de puntillas para ver dentro del apartamento. Puse los ojos y le
abrí la puerta dándole paso.
-Está dormida- respondí y nos
sentamos en la sala a conversar. Estiró sus piernas y se recostó con total
confianza.
-¿Qué tal el sexo con ella?-
preguntó sin rodeos. Tuve que reprimir una sonrisa recordando nuestra
apasionada noche.
-Fuerte. Le gusta lo mismo que a
mí y no desfallece hasta conseguir lo que desea. Esa chica sabe cómo
complacerme. Quiere que sea su amo; me sirve con todo gusto- comenté
recostándome también sobre el sillón de cuero.
-Vaya… qué buen trozo de carne el
que tienes para morder. Eres un afortunado- dijo Wesley enfurruñado pero
rápidamente cambió su rostro a uno que ya conocía de antes- ¿Te gustaría
compartir?-.
-Eso depende también de ella-
espeté apretando los dientes. Pero me sentía bien al tener al fin algo que él
también quería- tendremos que hablar con ella-.
-El gran Aiden Miller a merced de
una chiquilla atrevida… Esto es un acontecimiento importante- se burló Wesley y
le lancé un cojín en juego.
-Solo con ella-.
En ese momento escuché pasos
viniendo del pasillo y en el rellano apareció mi pequeño ángel vestida
únicamente con el cobertor color negro. Sentí mi miembro endurecerse pero no
presté atención y extendí la mano para que se acercara. La tomó obedientemente.
***
Escuchaba voces viniendo de algún
lado. Abrí los ojos y me dejé embriagar por la visión magnífica del cuarto de
Aiden y los flashes de los recuerdos de la noche anterior. Mi cuerpo se sentía
pesado y lánguido además de que sentía un leve escozor entre mis muslos pero
estaba feliz y me sentía relajada de saber a quién era posible eso. Definitivamente
la primea vez era la mejor si sabías con quién tenerla.
Las voces parecían estar
disfrutando de una conversación pero solo podía distinguir la de Aiden. El otro
parecía estar contándole algo o simplemente hablando porque las voces eran
calmadas y serenas. Me pregunté si necesitarían té o algo y me levanté de la
cama enredándome en el cobertor al no encontrar mi ropa. No sabía a dónde había
ido a parar en medio de la pasión.
Caminé por el estrecho pasillo y
me encontré con el rostro curioso de Wesley. Apreté el cobertor a mi alrededor
y giré mi rostro hasta encontrarme con el de Aiden. Estaba en ropa interior
haciéndolo parecer un guerrero griego. Luego estiró su mano con una sonrisa
encantadora y me acerqué hasta sentarme a su lado. Su mano se detuvo en mi
cintura y pude notar que lo hacía como un acto de posesión; le daba a entender
a Wesley que yo era suya. Eso me gustó.
-Hablábamos de ti, nena- comentó
atrayendo mi atención. Wesley nos miraba con interés- Ya lo conoces, pero me
gustaría presentarte a Wesley, el guitarrista del grupo. Además tiene una
propuesta que hacerte-.
Asentí esperando a que él hablara
y me dijera qué deseaba. Sin embargo, debía saber que solo cumpliría su deseo
si Aiden también deseaba que lo hiciera. Era un juego en el que no había nada
que perder para él. Yo era suya.
-Wesley quiere que hagamos un
trío, nena- comentó mirando a Wesley de reojo y apretando un poco más fuerte en
mi cintura- Le gustaría probarte también pero lo haremos solo si tú lo deseas-.
-Yo hago lo que tú desees, señor.
Estoy a tus órdenes- respondí sintiendo un apretón más fuerte.
-¿Qué les parece si vuelvo mañana
para que me den una respuesta y así lo piensan un poco más? No puedo negar que
espero una positiva pero es decisión de ustedes- propuso Wesley mirándome con
lujuria poco disimulada. Aiden me tenía firmemente agarrada a su lado.
-Estoy de acuerdo- respondió
Aiden- ¿Tú lo estás, nena?-.
Asentí en silencio y bajé la
mirada cuando él comenzó a jugar con mi cabello y ponerlo detrás de mis orejas.
No quería que viera el rubor que se propagaba por mis mejillas. Me fijé
entonces en mi poco usual prenda de vestir y me pregunté si no les molestaría
tenerme allí de esa manera. Al preguntárselo a Aiden, él y Wesley rieron
suavemente y negaron con la cabeza alegando que si a mí no me molestaba a ellos
tampoco.
Hablamos un poco más y me enteré
acerca de los extraños gustos de Aiden respecto al sexo. Le gustaba el bondage
y el sexo duro. Ahora entendía la fuerza y potencia que tenía en ese tema. Me
había dejado casi desmayada la noche anterior. Sus compañeros sabían que era de
esa manera pero aun así lo querían y lo respetaban. Envidié a sus amigos. Los
míos solo querían meterse entre mis piernas. Pero eso era parte del pasado así
que me concentré en el momento con ellos.
Wesley se fue un rato después con
la promesa de volver al día siguiente para obtener una respuesta. Antes de salir
pidió a Aiden poder darme un beso pero él se negó con cierto tono autoritario
que logró encenderme por completo. Su voz era tan ronca y grave. Tan
deliciosamente oscura que lograba ponerme de rodillas ante él.
-¿Dormiste bien, nena?- preguntó
sentándome en su regazo una vez que Wesley se hubo ido. Asentí adorando la
sensación de sus manos en mi cuerpo- Te vez pálida, ¿te sientes bien?- preguntó
midiendo mi temperatura.
Mi estómago reaccionó y rugió con
fuerza. Me sonrojé pero me quedé mirándolo con la esperanza de que no se riera
de mí. Sus dedos comenzaron a acariciar mi rostro y casi ronroneo al sentirme
deseada por este hombre tan maravilloso y oscuro.
-¿Hace cuánto no comes?- preguntó
levantándome en sus brazos para llevarme a la cocina. Me aferré a su cuello y
repartí besos en su palpitante pulso. Me bajó en la isla de la cocina y se
alejó tras darme un beso que me hizo enroscar los dedos de los pies. Era tan
sensual y varonil.
-Desde ayer, señor- contesté
tímidamente apretando un poco más el edredón a mi cuerpo.
-Lo solucionaré entonces- aseguró
sonriendo y prendiendo un fogón comenzó a picar verduras dejándome ver su
tonificada espalda. De vez en cuando se volteaba para verme por encima de su
hombro y me daba una sonrisa de infarto. Creí que me derretiría como
mantequilla al sol.
-Entonces… ¿quieres oírme
cantar?- preguntó haciéndome sonreír como una tonta. Él iba a cantar para mí.
-Sí, por favor- asentí
entusiasmada y él se aclaró la garganta con dramatismo fingido y me guiñó un
ojo antes de comenzar.
Cantó partes de los éxitos que
habían tenido anteriormente dejándome con lágrimas en los ojos y la necesidad
de abrazarlo y agradecerle por su generosidad. Amé cuando comenzó a cantar una
estrofa de mi canción favorita “Una Pasión En El Océano” y me entretuve
moviendo mis labios mientras él entonaba mirándome directamente a los ojos.
Sobra decir que el tiempo para mí se detuvo.
“Búscame entre las
olas,
cuando sientas que
te hundes en la arena.
No dudes en venir
a mis brazos,
que te esperaré
con las manos abiertas.
Si tienes miedo a
la marea
abrázame por la
espalda
que te protegeré
en la pelea
mientras choco con
tu mirada”.
Terminó con un ademán y no pude
resistirme a aplaudir con entusiasmo. Para mi sorpresa él se sonrojó levemente
y me sonrió con confianza y altivez. Se acercó hasta la isla de la cocina donde
estaba sentada y se puso del otro extremo para mirarme fijamente. Su mirada era
intimidante por lo que bajé mis ojos y esperé que me dijera algo. Permaneció en
silencio y estiró la mano para acariciar mi cabello.
-Me siento culpable de aún no
saber tu nombre- comentó en voz baja acercando su rostro al mío. Sonreí
levemente.
-Me llamo, Claire Dawson, señor-.
-Hermoso. Pero no tanto como lo
eres tú. Iluminas mi mundo- aseguró en voz ronca y no pude evitar el cosquilleo
en mi estómago y el rubor desde mi cuello a mi frente.
Me besó con ternura, casi
seduciéndome. No era de esos besos frenéticos y despiadados de la noche
anterior sino eran bastante sensuales. Mi piel hormigueó por el contacto con la
suya y me dejé llevar por las infinitas sensaciones que este hombre me
producía. Se separó minutos después dejándome aturdida y excitada para bajar
del fogón una olla con lo que parecía ser una sopa. Sirvió dos platos y se
sentó a mi lado.
Comimos en un silencio cómplice
dándonos miradas de reojo. La comida estaba deliciosa y casi gemí de
satisfacción cuando el primer bocado tocó mi lengua. Él sabía cocinar muy bien
y no lo decía porque era él quien lo había hecho. Terminamos bebiendo un poco de jugo y él nos dirigió en
silencio a su habitación. En mitad de camino se dio vuelta y de un solo jalón
me arrebató el edredón dejándome completamente desnuda. Me sonrojé y mordí mi
labio inferior esperando en silencio que le gustara mi no tan delgado pero
curvilíneo cuerpo. El gruñó y me levantó en sus brazos. Me aferré a su cuello y
dejé que llevara a la cama.
Me lanzó sobre el colchón cayendo
con un ruido sordo y me incorporé en mis codos sabiendo que tenía las piernas
abiertas y el torso desnudo. Él se paró a un lado de la cama viéndome por
completo y luego con impaciencia se quitó la ropa interior dejándome ver su
poderosa erección. Mi boca se hizo agua y en silencio me acerqué para rozar con
mis dedos la textura de satén. Él me veía con los ojos entrecerrados por el deseo
y abusando de mi condición me incliné y me llené la boca con su piel cremosa.
El gruñó y me tomó del cabello para dar un ritmo más rápido, cada vez más
fuerte.
Sonreí satisfecha mirándolo con
descaro al poder complacer a mi amo y seguí trabajando con mi lengua como si
comiera el más exquisito plato de la tierra. Tal vez lo era. Sentí su cuerpo
tensarse y me alegré de llevarlo al borde del placer con tan poco. Quería darle
el mundo entero si pudiera pero por ahora me contentaría con aquel pequeño
gesto de lealtad. Sentía los espasmos de su cuerpo y me preparé para recibirlo
por completo en mi boca. Pero antes de que pudiera siquiera probar su esencia
salada, él se retiró y gruño con fuerza poniendo una rodilla en el suelo y
tratando de recuperar el equilibrio.
Me acerqué por detrás de él y lo
ayudé a ponerse en pie para conducirlo a la cama. Lo tumbé con cuidado y pasé
mi lengua por su torso musculoso y bronceado. Su frente estaba ligeramente
cubierta por una capa de sudor y aún podía ver el efecto de su orgasmo sobre
él. Tenía los ojos entrecerrados con expresión satisfecha. Estiró un brazo y me
acerqué para ver lo que necesitaba pero me atrajo del cuello y me dio un beso
apasionado y arrebatador que encendió por completo mi cuerpo. Me sentó a
horcajadas sobre él demostrándome lo listo que estaba para mí y me dejé llenar
una vez más por su cuerpo y sus deseos.
Cabalgamos juntos en un prado de
éxtasis que nos dejó agotados por completo. Al terminar, me atrajo en sus
brazos y me besó una y otra vez. Finalmente cuando las respiraciones estuvieron
normales, me apretó aún más a su cuerpo dándome calor y refugio. Sugirió
después de un rato solo viéndome a los ojos y acariciando mi cabello que
tomáramos una ducha y saliéramos a algún lugar. Accedí siguiendo sus órdenes y
pronto nos encontramos de nuevo haciendo todo lo que él deseaba en la ducha de
cristal.
Cuando salimos del baño, él se
vistió con un pantalón negro y un jersey color abano. Como no tenía nada para
usar, me coloqué mi ropa del día anterior recibiendo una mirada lujuriosa por
parte de Aiden. No llevaba bragas por lo que él se divirtió torturándome con
pequeños toquecitos a mi lugar secreto. Me sentía en el paraíso gracias a él.
-¿A dónde iremos?- pregunté antes
de salir de casa. Él había hecho una llamada minutos antes y por lo visto
esperábamos a alguien.
-A comprarte ropa, nena- contestó
con una sonrisa satisfecha colocándome un suéter de él que me llegaba a las
rodillas. –No puedo permitir que andes por allí con eso. Quiero que te veas
bien-.
Mi corazón se derritió como
mantequilla al sol y me limité a mirarlo con agradecimiento. Él terminó con su
labor de vestirme y me empujó contra la pared levantando mis piernas hasta
rodear su cintura. Pude sentir su necesidad creciendo y en un momento en el que
el placer de los besos me cegó por completo, él bajó su pantalón y me embistió
con fuerza. Grité por la sensación pensando al mismo tiempo que él debía de
haberse reprimido por mucho tiempo. Era insaciable.
En algún lugar el timbre de la
puerta sonó pero él no me bajó hasta que me hizo gritar de placer al llegar a
mi liberación. Segundos después él alcanzó su meta y me dejó libre para
arreglarse e ir a abrir. Podía oler el inconfundible aroma del sexo en el
apartamento.
-Ahora sí… nos vamos de compras,
nena- dijo en voz ronca y aún cansada por el reciente orgasmo.
Sonrió y abrió la puerta para
dejarme ver al experto que me asesoraría. En efecto era Tom Witters, de la
batería quien nos observaba con picardía.
Era más que un experto en moda.
-¡Pero si eres una muñeca!
Vámonos. Te verás como una reina- prometió y dejé que Aiden tomara mi mano y me
guiara a cumplir otro más de sus deseos.
Eres genial! Me encanta, si no es mucho pedir, cuando escribirás mas??. Y pregunta, tienes mas textos de estos, si es así, donde los encuentro??? Gracias!!!
ResponderEliminarHola, gracias por leer. Subo capítulos cada día; mañana en la mañana subo uno nuevo. Estoy trabajando en muchas más novelas que pronto publicaré en Amazon pero supongo que algunas quedarán para publicar aquí.
EliminarGenial,ma esperar entonces por el siguiente, y buscar los otros en Amazon, gracias!!!
EliminarTe aviso cuando los haya publicado. De nuevo te agradezco por leer.
Eliminar