... Mientras más pasaban los días, más me daba cuenta de que las cargas que llevaba a la espalda carcomían mi alma y me impedían plasmar mi mente en el papel. Sin embargo, intentaba liberarme de mí misma pulsando tecla a tecla mientras las palabras mal redactadas y algunas mal escritas aparecían en frente de mis irritados y cansados ojos.
Ya no existían las gotas saldas. El agua de mar que yo misma producía se había acabado para mis pensamientos y solo se dignaban a salir en presencia de aquel que en medio de besos, caricias y verdades cantadas en la intimidad. lograba romper el espejo que reflejaba la realidad inversa que era mi oscura mente.
Sentía que me rompía un poco más; cada vez iba creando internamente el miedo enorme de ser reducida por mi fantástica y caótica mente a nada más que una sombra perdida; la idea de ser en un momento dado solo otro objeto más en la repisa de recuerdos mentales de cualquiera me estremecía y levantaba los vellos de mi cuerpo y, finalmente, comenzaba a creer que los días que me quedaban para cambiar el maldito chip que tenía insertado desde no sabía cuando en mi subconsciente, no serían suficientes.
Las paredes estaban cerrándose sobre mi cordura y con cada palabra que pasaba por mi mente y lograba ser plasmada sobre las gastadas y amarillentas hojas de papel, podía escuchar el latido incesante y el "cu-cú" insoportable del reloj de arena anunciando la conclusión de la que estaba huyendo.
No me quedaba tiempo; no tenía en realidad nada de tiempo.
Estaba loca.
#Diario de mis mejores años.
Nuevos proyectos. :)
Laura
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