domingo, 22 de marzo de 2015

CAPITULO 14 (Parte 1)

¿Conoces ese extraño poder que tiene el miedo sobre ti cuando estás bajo una situación en exceso fuera de lugar y que has deseado posponer lo máximo posible? ¿Esa extraña sensación de tener en tu garganta un par de garras afiladas apretando tan fuerte que eliminen por completo la capacidad de tu cuerpo de respirar por lo que eventualmente caerás en un vacío oscuro hasta que la luz vuelva?

Pues yo sí. Y era en el preciso momento en que mi padre dejó escapar una sugerencia en voz calmada pero que era como escuchar un cañón en el campo de batalla de un budista meditando. Era como escuchar el disparo de un arma en mi oído pero con camino directo a mi corazón y estómago. Mi cuerpo pesaba en ese momento como si cargara la pena de Atlas en mis hombros. Dios, este era el momento que tanto quería evitar. La incómoda situación en que mi padre nos encontrara y tratara de llevarme lejos de mi Aiden haciéndome daño y de paso hiriéndolo a él porque estaba segura de que él no se iría sin antes “enseñarle” una lección importante al robarle su hija preciosa a un hombre feliz de tenerla a su lado.

La mano de Aiden estaba aplastando la mía con la fuerza que utilizaba en su agarre y dándole una mirada furtiva a su rostro pude ver que ya había reconocido quién era el hombre que en ese momento nos observaba con una mirada digna de un predador asechando a su presa listo para lanzarse sobre ella en el preciso instante en que bajara la guardia. Sin embargo, dudaba que Aiden pudiera siquiera quitarle los ojos de encima a mi padre. Eso sería como pedirle a un asteroide que no chocara contra un obstáculo en su camino.

Tenía que ser honesta conmigo misma y reconocer que mi rostro era una copia exacta del hombre que me dio una parte de vida; los mismos ojos, altos pómulos y nariz afilada que poseía y lastimosamente había heredado. Odiaba ser una copia de alguien que hacía tanto daño a la gente a la cual debería amar y proteger. Era un desastre emocional al verme cada mañana frente al espejo y notar hasta el mutuo compartimiento de tres pequeñas pecas en el puente de mi nariz y que por más maquillaje que utilizara no podía erradicar. ¿Había algún detalle que añadir a mi larga lista de cosas por aborrecer de la genética de mi padre? Oh, claro que sí, lo ronca que era mi voz de pequeña pero que solo aumentó con la inhalación indirecta de tabaco.

-Olvídate de ella. Es mía- fueron las palabras de respuesta de Aiden con una voz que sonaba tan calmada y serena que me pregunté quién era este chico que tenía a mi lado. Aiden siempre optaba por hablar en voz seca y carente de emoción pero con un toque mordaz. Esta vez su voz era plana y aburrida. Como si aquella situación fuera lo más estúpido que podía vivir.

El rostro de mi padre tomó un tono rojizo que seguramente era de cólera y se acercó tres pasos con las manos sobre su cinturón como un vaquero dispuesto a entrar en un duelo. Aiden se adelantó un paso sobre mí protegiendo mi vista de los ojos acusadores de mi padre.

La gran sala se llenó con un silencio tan denso que se me hacía difícil seguir escuchándolo. Era como si tratara de meterse a la fuerza en mis oídos a pesar de que invadía mi cabeza. Sentía que iba a estallarme la cabeza y no sabía si era a causa del silencio prolongado o por los latidos embravecidos de mi corazón bombeando desesperado tratando de romper mis costillas. Aiden estaba estoico en frente de mí mientras escuchaba de lejos la baja risa burlona y cínica de mi padre. Sabía que esto se iba a poner feo. Nada con Richard Dawson era color de rosa. Siempre era en blanco y negro o por mucho, sepia.

En un arranque de valentía sabiendo que Aiden encararía una bala por mí si tuviera que hacerlo, cuidadosamente me separé de su agarre mortal y me paré frente al protagonista de mis pesadillas y temores. Sus ojos se conectaron de inmediato con los míos y pude ver con claridad el brillo triunfal que dominó en su mirada oscura y sombría. Estaba encantado de verme renunciar a la protección del hombre por el que había huido de casa y ponerme con una pañoleta sobre los ojos y un puro en la boca esperando el golpe que me daría la muerte. Casi lloré en voz alta al verlo de nuevo.

Aiden gruñó tras de mí y se movió de nuevo tapando la visión de mi padre con sus ojos oscuros de ira. Sabía cuánto le molestaba que desafiara su voluntad pero en ese momento, en el que las cosas podían irse a la basura en un segundo, no podía rendirme y ser la sumisa que él adoraba tener en la cama. Tenía que ser más que eso; tal vez una guerrera o una vikinga dispuesta a blandir sus armas contra cualquier adversario, conocido o desconocido, con tal de proteger sus ideales, o en mi caso, a la persona que amaba con desespero.

Con una tímida sonrisa me acerqué a centímetros de Aiden negándome a retroceder ante su mirada hostil. Lo amaba. Más de lo que alguna vez hubiera amado a alguien y esa era la razón y motivación que necesitaba para llevar mis manos a sus mejillas y en voz baja a susurrarle las palabras que él odiaría escuchar pero que nos mantendría a salvo por unos minutos más. Inclusive por unas horas si todo iba bien.

-Todo va a estar bien, Aiden. Te lo prometo-.

-No- pidió en voz baja sonando más como un rugido que un susurro. Sus ojos destilaron un sentimiento tan doloroso que logré sentirlo como mío en mis entrañas. Odiaba lo que estaba haciendo en ese momento.- No hagas esto, muñeca. No lo hagas-.

-Todo estará bien- prometí tratando de creerme yo también mis palabras. Poniéndome de puntillas sellé nuestros labios reprimiendo el sollozo que sabía se aproximaba con rapidez por mi garganta. Traté de demostrarle cuánto amor tenía para él y lo mucho que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de protegerlo.

Al principio fue un beso suave, tierno y lleno de sentimientos pero luego se volvió salvaje y necesitado. Urgente como si estuviéramos a punto de ir a la guillotina y el otro fuera la carta que dictaría nuestra libertad. Lo que no entendíamos aún, era la realidad de que éramos libres desde el momento en que renunciamos a nuestros temores y corrimos de la mano sobre campos minados para estar juntos. Tan solo se necesitaron unos días para ser felices. Para pelear, y darnos cuenta quién era el otro, con quién compartíamos tantos pensamientos y sueños. Me había enamorado y creía pensar que él también había sufrido ese cambio conmigo. Que ese vínculo único entre dos personas reales estaba presente entre nosotros.

Con sigilo rompí nuestra burbuja y le sonreí tímidamente mostrándole con mis ojos todo lo que no podía decir con mis labios. Los suyos permanecían cerrados negándose a mirarme porque ambos sabíamos que cuando lo hiciera todo habría terminado. Nuestro mundo feliz explotaría con la caída de un asteroide.

-La nave deber partir a la luna. Claire. No puede esperarnos por mucho tiempo y ciertamente ya estamos algo… retrasados- comentó Richard golpeteando con la punta de su zapato el suelo de mármol.

A regañadientes me separé de Aiden viendo sus ojos hermosos abrirse con rapidez. Sonreí una vez más y comencé a separarme de él solo para ser aprisionada entre sus brazos una vez más. Nos movimos hasta que la espalda de Aiden encaró el rostro de seguro furioso de mi padre.

-No, no te vas a ir con él, ¿me oyes?- bramó con el cuerpo rígido en tensión. –Solo te irás sobre mi cadáver, eres mía, Claire. Solo mía. Sobre mi cadáver te irás de aquí-.

-Entonces eso no será un problema- vociferó mi padre acercándose con un revólver en mano y la expresión más cínica que había visto alguna vez en su rostro.

El caos se desató en ese momento.

***

Pídanme que deje la música y los sueños que he tenido a lo largo de mi vida. Pídanme que done todo lo que tengo incluyendo mi fe y voluntad a una causa aunque esta esté perdida. Pero jamás, bajo ninguna circunstancia sería capaz de dejar a Claire o permitir que la arrebataran de mi lado. Seguía siendo un jodido cursi llevado por sus emociones pero que me colgaran de las bolas si iba a permitir que ese bastardo se llevara a Claire para hacerle pasar por quién sabe cuántas cosas desagradables. Si alguien llegaba a ponerle un solo dedo sobre alguno de sus hermosos cabellos, juraba por Dios que yo…

-Atrévete a ponerle solo un dedo encima, hijo de perra- espeté mirándolo sobre mi hombro con toda la frialdad que tenía en las venas pero que carecía de sentir en absoluto. Estaba ardiendo como un volcán a punto de estallar.

El cínico sonrió de medio lado y empuñó el arma directamente hacia nosotros corriendo el gatillo con la amenaza inminente de que atacaría con todo lo que tenía con tal de llevarse a su objetivo. Pude escuchar por fin a Claire el sollozo que sabía tenía atascado en su garganta y que por mera rebeldía ocultaba bajo su fachada de chica fuerte por miedo a que me hirieran. Eso en cierto modo me llenó de paz y tranquilidad; esta chica era lo que necesitaba en mi vida más que cualquier otra cosa. Era la cereza jugosa y deliciosa del pastel.

-Aiden…- susurró Claire y fue en ese momento cuando los reflejos de gato y la brutalidad del elefante escondido en mi interior despertaron.

Fue en un santiamén en que Claire gracias a un empujón de mi parte yacía sobre su trasero mientras yo me abalanzaba como un rayo hacia su padre. El imbécil no previendo mi gesto cayó sobre su espalda soltando un improperio y aprovechando su aturdimiento y expulsión de aire precipitada conecté sin miramientos mi puño derecho sobre mi mandíbula. Disfrutando la satisfacción del sonido de quiebre de su hueso me puse a horcajadas sobre él y de un rodillazo en su mano lo dejé libre de armas con las que pudiera hacerme daño o a mi Claire. Ahora la pelea sería justa.

-Cielo…- jadeó Claire a mi espalda pero no podía pensar en nada diferente que golpear con ferocidad a ese cabrón hijo de perra que le daba mal trato a mi Claire en el pasado. –Por favor, detente…-

-¡Quítale la jodida arma, cariño! No dejes que la vuelva a tomar- ordené en voz fuerte con tal de despertar a Claire de su aturdimiento en el que sabía se encontraba.


Ella obedeció de inmediato y seguí con mi labor de destruir el rostro del demonio debajo de mí. Lancé cada golpe con tal de enviarlo directo al infierno y disfruté con cada crack de sus huesos. Poco podía hacer contra él mis ataques por lo que defenderme en realidad no fue una necesidad. 

***

Mucho tiempo desaparecida pero bueno... a veces ser grande trae responsabilidades grandes. Esto es solo por hoy. Mañana les traigo la segunda parte de este cap y tal vez la mitad del siguiente. 

Laura.

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