En algún momento el bastardo se
salió de mi agarre y logró escabullirse corriendo hacia la pared más cercana
desde donde nos observó en silencio limpiándose la sangre que le cubría el
rostro magullado. Instintivamente me levanté como un rayo y tomé entre mis
brazos a mi chica con tal de protegerla y hacerle ver que estaba a salvo
conmigo. Temblaba como una hoja al viento y aunque sabía que era por su padre
que se encontraba en ese estado, también era consciente que debía estar
aterrada de verme actuar como lo había hecho hacía un momento.
Sonreí levemente acunándola en mi
pecho dejándome llevar por el sonido de su respiración. Necesitaba calmarla
pero para poder llevar a cabo mi empresa tenía primero que sacarla de allí y
escondernos debajo de la última piedra en la tierra. No podía permitir que este
lunático nos encontrara de nuevo. Lo que me recordó la razón por la que estaba
con nosotros en ese momento y me hizo volver la mirada directo hacia las manos
frágiles de Claire.
El arma.
El arma que ella debería tener en
la mano, no estaba.
¿En dónde demonios estaba?
Y como siempre el destino o tal
vez algo más profundo y extraño me respondió haciendo sonar el gatillo siendo
preparado para disparar. Creo que hasta solté un suspiro exagerado y cansado
antes de ver de nuevo a Claire y sorprenderla completamente sonrojada… Jódanme,
maldita sea.
-¿En serio, bebé?-
-Solo… la pateé-.
Mierda…
-Déjense ya de cotorreos… Me
tienen harto… Y tú, maldita mujerzuela, te vas a venir conmigo y vas a hacer lo
que siempre has debido hacer y que ahora haces sin necesidad de paga. ¡Te
quiero en el maldito burdel revolcando camas!-.
Y sí, había que aceptarlo, el vejete
estaba completamente muerto de rabia y nos estaba dejando saber mientras nos
apuntaba directamente a la cabeza. Me preguntaba cómo podía estar ahí de pie
sin siquiera inmutarse por la cantidad de hinchazones, moretones y tal vez
huesos rotos que podían notarse con tanta facilidad. A veces los sentimientos
lograban opacar el resto de reacciones que podías tener en tu cuerpo. Tal vez
por eso no sentía dolor o frustración cuando estaba haciéndole el amor a
Claire; ella nublaba mi juicio y cordura.
Pero si hablaba de perder la
cordura cuando tenía esta mujer entre mis brazos, ¿significaba eso que en ese
momento, con un arma apuntando entre mis ojos y la sonrisa de un ente asomando
entre la niebla de presión, estaba perdiendo también la cordura por no defenderme
de la muerte? Era probable, tal vez era una realidad completamente innegable.
Solo me quedaba entonces una pregunta mientras los gritos de Claire implorando
clemencia retumbaban en mis oídos: ¿Qué más lograría cegar ella por completo?
¿Mi fe? ¿Mi corazón? ¿Mi espíritu y voluntad?
No pude buscar respuesta
coherente; tampoco pude volver a verla un segundo más. Los gritos se
convirtieron en melancolía cuando el juicio fue dictado y la guillotina puesta
en marcha. No hubo momentos de reflexión o de ver la vida correr en un segundo;
vi la vida, pero desde los ojos de ella. Vi su miedo, su pasado y promesas
rotas en un segundo. Sentí su dolor como mío cuando los primeros gemidos
llegaron a mis oídos. Vi la angustia y el dolor llenar su rostro. La vi a ella
como la mujer que era. Fuerte, hermosa, valiente y leal.
Simplemente vi la realidad en un
segundo cuando Claire se interpuso entre una bala que impactó contra su pecho y
yo. Me acababa de salvar la vida sin vacilar cuando alguien me había amenazado
con arrebatármela.
Eso era lo que algunos profesaban
como amor y a mí me lo acababan de regalar desinteresadamente.
-Claire…- susurré incapaz de
creer lo que tenía ante mis ojos. Era como ver un álbum de recuerdos vívidos de
nuestros momentos hermosos juntos. Jadeando y con la respiración entre cortada
por el deseo. Con los labios entre abiertos y torcidos en un gesto. Los ojos
avellana completamente perdidos en el vacío… Ahora todo llevado desde el otro
punto. Sus jadeos eran de angustia y fatiga dolorosa; sus labios, estaban
pálidos y temblaban por los ramalazos de dolor que corrían por su cuerpo frágil
y rígido. Esos ojos que cautivaban mis sueños y fantasías estaban perdidos en
algún lugar que rogaba no fuera aquel túnel con luz que la gente veía antes de
irse lejos para siempre.
-Todo… todo estará bien, cielo-
fue la amortiguada respuesta que me brindó antes de escupir una bocanada de
sangre que parecía estar viniendo de su alma.
Mi ira se elevó al cielo al verla
de esa manera. Jamás hubiera pensado que llegaría el momento en que sus ojos se
quedaran fijos en un solo lugar y sus pupilas se dilataran. Su respiración
acompasada y serena me dijo suficiente para que en medio de la angustia,
incredulidad e impotencia, reaccionara de la única manera en que conocía: correr
como una fiera puesta en libertad y martirizar a aquel demonio que acababa de
mandar a dormir no sé por cuánto tiempo a mi chica.
No hubo tiempo de que él corriera
o pudiera hacer algo. Afortunadamente la respuesta de él fue hacerse hacia
atrás y caer sobre su trasero. Sé que sonreí con maldad dejando que todo lo que
sentía se concentrara en los golpes que mis manos estaban dándole con frenesí
salvaje. Que Dios lo protegiera o el demonio se lo llevara lejos porque yo no
podía detenerme hasta que viera el color drenarse de su rostro y su alma
abandonar su mirada.
-¿Sabes cuántas veces la he visto
mudarse lejos porque vuelves a su memoria?- gruñí entre golpes sosteniéndolo
del cuello de su polo. -¿Sabes siquiera cuántas veces he tenido que curar con
besos las heridas que has abierto con palabras, maldito bastardo? No sabes lo
que tienes a tu lado; no sabes la maravillosa mujer que es a pesar de tener a
un padre de mierda como tú, infeliz-.
-Es… igual a su… madre- contestó
después de un largo silencio en el que solo recibió golpes con los ojos
cerrados. No entendía cómo seguía consciente si lo estaba masacrando. –Ella me
dejó por otro, se fue cuando era lo más valioso en mi vida. Me dejó con Claire
cuando más la necesitaba. Se fue por ese cabrón que iba conduciendo el coche.
¡Eran amantes y murieron juntos!-
Demonios… Y yo que pensaba que
haber crecido con padres que te ignoraran era duro, ¿cómo había sido para
Claire vivir con un padre que la odiaba por ser la copia de su mamá? Ese hombre
tenía un recuerdo bastante vívido de su mujer a la que había amado en algún
momento pero le había fallado al serle infiel. Si Claire algún día me hacía
eso, estaba seguro de que me volvería loco… Creía entenderlo un poco.
-Esa es no excusa, ¡es tu hija!-
-¡Es igual a ella!-.
-Vete a la mierda. –espeté cansado
de la situación y algo feliz de escuchar un jaleo algo embravecido en las
afueras de la gran sala. Con un último golpe callé su boca y sin mirar atrás
corrí hasta Claire para ver que estaba tan pálida como un fantasma y sin
siquiera un leve movimiento de su pecho. Parecía tan calmada… Como una estatua
en una iglesia… ¿Estaba ella…?
-Claire…- susurré con miedo
escuchando a la policía ingresar a la sala con armas, gritos y estruendos .¿Abres los ojos para mí? –y la respuesta fue silencio. Conocí la soledad por
primera vez al no ver sus ojos abrirse ni sus labios moverse. Silencio
sepulcral.
*** *** ***
Siempre digo que lo prometido es deuda (aunque se pague tarde, lo siento), pero al fin pude respirar de la universidad y el anteproyecto de grado. Confiando en Dios, todo va a ir muy bien. Esta semana santa espero subir tantos caps como me de la gana y tal vez comenzar una nueva novela. Sin embargo, este blog como todo necesita seguidores y gente que le guste leer; así que mi pedido será sencillo; si te gusta lo que escribo, compártelo con tus amigos o muéstraselo a quien quieras (menos a los padres o me mandan al monasterio, je, je, je).
Nos leemos pronto.
Laura.

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