No era nadie para él. No era
nadie y yo había creído que sí lo era al escucharle decirme que me quería.
Pero, ¿qué era lo que de verdad quería de mí? Mi cuerpo, mi alma, mi mente, mis
sentimientos… Pero, ¿y mi corazón? Eso no importaba. Solo era un cuerpo en el
que podía enterrar todas sus frustraciones y vaciarse cuantas veces deseara;
solo era el inodoro en el que los desechos y malas experiencias de sus días
eran lanzados lejos dejándomelos como recuerdos.
Por tanto, todas esas noches en
vela y las constantes sonrisas y gestos protectores y cariñosos, ¿habían estado
en mi mente o eran su manera de marcar territorio? Solo marcaba territorio fue
mi obvia conclusión y casi dejo caer las lágrimas en mis ojos de no haber sido
porque aún tenía a u entusiasmado Wesley hablando como cotorra y haciendo
planes de lo que haríamos una vez que llegáramos a su casa. Ya sabía que
tendría que desnudarme pero eso no ayudaba en nada a que mi amargura
disminuyera.
¿Qué estaba haciendo yo en
realidad en ese lugar extraño viviendo la vida que soñé pero que ahora me
mostraba el lado trágico y duro que traía consigo escondido bajo la alfombra?
Aprendiendo. Conociendo lo que de verdad las estrellas de rock podían hacer a
aquellos que demostraban un poco de interés genuino en ellos. No quería esto,
quería de vuelta a la ilusión que tenía de quién era Aiden en realidad. Ese
chico dulce y protector que me había sacado de las garras de varios hombres de
seguridad tras bambalinas en su concierto.
Además, ¿quién era esa mujer que
se fue con Aiden? Me sentía tan decepcionada de ver cómo una chica lograba
conseguir un beso arrebatador de sus labios mientras yo penaba en silencio
recordando cómo me había lastimado un rato antes por escupir mis pensamientos.
Las lágrimas se escaparon de mis
ojos y bajé la cabeza furiosa conmigo misma por permitir que aquello ocurriera.
No quería demostrarle a nadie lo que su rechazo me hacía. Quería ser inmune y
solo disfrutar sin compromisos de lo que la nueva vida que estaba trazando me
trajera. Con decisión me limpia suavemente la cara y levanté la cabeza para
centrarme en el nuevo “amo” que tendría que obedecer y traté de concentrarme en
la larga y animada diatriba que estaba teniendo.
<<Concéntrate, Claire.
Puedes hacer esto. Es el deseo de Aiden.>>
-…Podemos tomar luego un refresco
o una malteada y finalmente te llevaré a casa del ogro antes de que venga por
mí y me lance al Atlántico- rio suavemente y me pregunté cuál sería el primer
plan que tendría para mí.
-Suena bien- me obligué a
responder y caminamos fuera de la heladería con paso lento mirando escaparates
y almacenes.
***
Para mi sorpresa, Wesley fue todo
un caballero conmigo en la siguiente hora mientras paseábamos por la ciudad
buscando coas que según él necesitábamos para la cena. Tenía que ser honesta y
decir con toda la sinceridad de mi cuerpo que no recordaba haber escuchado que
él fuera a cocinar o algo por el estilo. Sin embargo estaba fascinada viendo
cómo el luchaba contra sí mismo decidiendo qué tipo de lechuga era mejor para
comer en una hamburguesa o el mejor pan para acompañar una lasaña de carne y
verduras. Tenía cierto toque de humor y sensibilidad que no creí que alguien
tan machista y arrogante como é pudiera tener.
Caminamos tal vez por un rato más
hasta que la tarde comenzó a caer paulatinamente en el cielo. Los colores
violáceos cubrían el cielo y el viento soplaba suavemente por las calles. Mi
piel comenzó a ponerse de gallina al sentir el frío tocar con suavidad mi piel
pero me obligué a disfrutar la charla sobre extraterrestres que Wesley me daba.
Al final, después de tanto debatir si en Júpiter habría o no vida, decidimos
optar por la fácil decisión de que en las lunas podía existir pero en el
planeta no. De acuerdo, era una decisión extraña.
-¿Tienes frío, Claire?- preguntó
un rato después Wesley llevándonos hasta el estacionamiento por su auto. Un
Audi Z4 nos esperaba en silencio.
-No- mentí con una sonrisa aunque
él leyó tras mis ojos y se quitó su chaqueta poniéndomela segundos después. Le
sonreí con gratitud.
-Será mejor que nos vayamos
ahora- sugirió ayudándome a subir al auto y rodeándolo para subir después. Mi
pulgar fue a mi boca de inmediato por los nervios.- Aiden quiere que te lleve a
casa temprano y te juro que voy a cumplirlo-.
Sonreí en respuesta y rodé los
ojos de forma juguetona sabiendo que Wesley solo estaba haciendo todo eso para
tenerme comiendo de su mano y disfrutar de lo que sea que fuera a pasar detrás
de las puertas de su apartamento. Wesley inició una charla amena sobre animales
salvajes y me dejé llevar por sus anécdotas sobre aquella vez en que viajó a
África con su familia. Lo envidié ligeramente pero luego me dije que algún día
yo también iría y acariciaría a una leona y sus cachorros.
Sí, claro…
Wesley siguió conduciendo por tal
vez quince minutos más y después de aparcar frente a un gran y lujoso edificio
en una zona residencial exclusiva en el norte, salimos del auto cargando las
bolsas con las compras recién hechas y una maleta llena de ropa sucia –ahora
limpia- que él tenía en el asiento trasero. Tenía que reconocer que me alegraba
que lavara él mismo su ropa. Cualquiera podía robar su ropa interior y dejarla
en un santuario vudú. O venderla en una subasta.
-¿Lista para la cena? Será toda
una proeza- comentó Wesley con un aire de superioridad que me hizo soltar
varías carcajadas. Su imitación de Napoleón era tan mala como su arrogancia.
-¿Puedo ayudarte en algo?- pregunté
esperanzada en tener un ojo vigilante sobre él y los alimentos- Sé preparar
jugo de frutas muy delicioso-.
-Solo si prometes ponerle hielo-
confirmó sonriendo haciéndome rodar de nuevo los ojos y seguirle dentro del
gran vestíbulo del edificio hasta un elevador con entradas de cristal.
***
Claire llevaba fuera de casa casi
cuatro horas y yo estaba volviéndome loco. Loco de verdad. Como un hombre
cuando es separado de la mujer a la que desea arrancarle la cabeza pero al
mismo tiempo cobijarla con un manto de flores con tal de que no sienta frío ni
pierda su dulce fragancia por ningún motivo.
Estaba casi dándome cabezazos
contra la pared por haber sido tan tonto de dañar nuestra cita con mi actitud y
luego haberla dejado irse junto a Wesley cuando sabía que lo que ocurriría en
su apartamento no sería nada que no hubiera hecho yo antes con ella en mi cama.
Demonios, estaba de verdad enfurecido conmigo mismo y podría darme con el puño
cerrado en el pecho con tal de reprimirme de correr a casa de Wesley y robar a
mi chica como un caballero medieval llevándose el gran tesoro del castillo
enemigo.
Sin embargo, no necesitaba
golpearme yo mismo para saber que necesitaba reflexionar y arrepentirme de mis
decisiones; Cassie estaba a mi lado tan enérgica como un maldito conejo de
Duracell y su voz chillona y estridente era suficiente polo a tierra como para
tenerme en ese momento con un dolor de cabeza tan fuerte que parecía que mi
cerebro estuviera tratando de salir de mi cráneo por mis ojos y frente.
Para empeorar mi suerte, el tema
central de conversación con la bruja de Blaire era el bebé que estábamos
esperando. Demonios, si tan solo pudiera demostrar que ese niño no era mío…
Bueno eso rogaba porque seguía inquieto con la idea de que Claire me dejara
como a un perro viejo cuando se enterara de lo que en realidad ocurría con
Cassie. Sobraba decir que era como si tuviera a dos tenazas de dos extremos
opuestos jalándome las bolas con tal de tenerme cerca.
Casi gemía en voz alta mientras
escuchaba una diatriba más de ella cuando nos detuvimos por enésima frente a un
almacén de diseñador en el que seguramente, Cassie encontraría ropa tres tallas
más pequeña que ella y se las llevaría con tal de sacar todo el dinero que
tenía en mi tarjeta.
-¿Tu plan era traerme de compras?-
pregunté siguiéndola a través de los estantes llenos de ropa dignos de una
mujerzuela. Sin embargo si la usara Claire…
-Tenemos que estar preparados-
alegó ella viendo prendas que parecían vómito de tigre ebrio- No podré salir en
unos meses y es mejor tener algo decente qué vestir-.
-¿No crees que lo que no va a
poder salir es esa ropa de tu cuerpo? Vas a estar gorda como una vaca- comenté
dejándome caer con fuerza sobre un sofá mullido cerca a los vestidores.
Cassie por primera vez guardó
silencio y me quedé simplemente callado también viéndola encorvarse levemente
por mis palabras. Me sentí como una mierda por ser un cretino pero tenía que
ser realista y hacerla aterrizar de su nube rosada antes de que pensara que iba
a ser Paris Hilton estando embarazada. Su apetito era similar al mío y eso solo
significaba que los efectos de un bebé estaban presentes en ese momento. Ella
definitivamente iba a ser una gran albóndiga de carne humana en unos meses más.
-¿Cómo… cómo puedes ser tan frío,
Aiden?- indagó a cambio en voz quebrada tras un silencio que llegó a ser
incómodo. –No puedes decirme que voy a estar gorda. Solo estaré llevando a
nuestro bebé mientras nace-.
Okey… Momento incómodo: Activado.
-Cassie, no quise...-
-No importa. Interrumpió mi
intento de disculpa dejando de golpe la ropa sobre la cesta de devoluciones-Voy
a estar como una elefante mamá y no puedo evitarlo. Salvo si tú te hubieras
cuidado y no nos hubieras metido en este embrollo. Este bebé es un error de
proporciones épicas. ¡Lo odio!- gritó atrayendo la atención de todos.
Asombrado por su arrebato, me
levanté con la mirada puesta sobre su rostro arrebolado por la furia y caminé
hasta ella con la espalda tan recta que podría compararla con una vara de
hierro. Sus ojos centellearon un momento antes de que se diera cuenta del error
que acababa de cometer. Odiaba a las mujeres que hacían escenas, odiaba que una
madre no reconociera a su hijo y odiaba, mucho más, a una madre que se atrevía
a decir que su hijo era un error al que odiaba. Era mi madre quien solía decir
eso todo el tiempo por lo que crecí odiando a una mujer que pudiera herir a un
ser indefenso de esa manera.
Todo lo que vi fue rojo al llegar
a su lado sintiendo las miradas curiosas de todos los compradores en el
almacén. Sus ojos antes brillantes y altivos, ahora estaban tímidos y evasivos
mientras recibía mi veredicto. Todo el respeto que quedaba aún en mi cuerpo por
ella desapareció de inmediato y de repente la frialdad y coherencia entre mis
pensamientos que estaban ausentes por un tiempo volvieron dejándome analizar
tantas cosas que pensé que iba a volverme loco.
Este bebé no era un error; era un
cálculo premeditado con un solo fin que aún no había sido alcanzado del todo.
Deseaba estar seguro de eso.
-Repite eso de nuevo- ordené en
voz baja y mordaz. La única que usaba cuando decidía tener algo.
-Aiden…-
-¡Atrévete a repetir eso de
nuevo!- exigí sujetándola del brazo sabiendo que eso la haría temblar como una
hoja. Quería tener el control, sentirlo de nuevo en mi vida.
-Suéltame, por favor- balbuceó
con los ojos llenándosele de lágrimas. No me engañaría, no de nuevo.
No respondí. Tampoco la solté.
Solo me dediqué a observar a esta nueva mujer que tenía frente a mis ojos.
Aquella que se había atrevido a decirme a la cara que el bebé que esperábamos
era un error. Un error al que odiaba. La sangre me hervía en las venas y tuve
que contenerme de hacer lo que seguramente haría en caso de que Cassie fuera un
hombre. Procuré no hacerle daño con mi agarre pero estaba seguro de que, al menos,
quedaría la piel enrojecida por unos segundos antes de volver a su tono
bronceado tan falso como era ella.
-Eres…- suspiré tratando de
calmarme pero opté por quedarme callado antes de cometer cualquier estupidez.
No valía la pena.
Retrocedí dos pasos soltándola
con suavidad y le di la espalda marchándome en completo mutismo. Necesitaba respuestas
pero no sabía dónde demonios encontrarlas.
Necesitaba a Claire. La
necesitaba como un loco y punto.
***
Bajé del auto de Wesley con una
sonrisa genuina en mi rostro tiempo después de que lo había visto cocinar
tallarines, verduras y carne en su cocina. Me despedí de él agitando y la mano
y disfrutando de cómo su sonrisa satisfecha me saludaba desde el otro lado del
auto. Quería contarle a Aiden lo que había hecho. Quería que supiera que nada
había ocurrido entre Wes y yo. Inclusive, le había traído un poco de comida con
la intención de apaciguar su hambre, porque sabía que la tendría.
Cerrando tras de mí la puerta del
vestíbulo del edificio, me apresuré en saludar al portero y correr al elevador.
Moría de ganas por ver a Aiden. Quería lanzarme en sus brazos y llenarle el
rostro de besos. Así mismo, quería decirle que lo había extrañado y que no
tenía que preocuparse por los cardenales que tenía en mi brazo. Desaparecerían
pronto y podríamos olvidar ese tonto incidente. Sabía que le había hecho
enfadar.
Sin embargo, antes de llegar a su
puerta recordé lo que había ocurrido después en la heladería. Aiden se había
ido con una mujer y había dicho que yo no era nadie; solo una pequeña que abría
sus piernas al mejor postor. ¿En serio me consideraba de esa manera por venir a
buscarlo y dejar mi vida atrás? Me detuve entonces a dos pasos de la puerta aún
con el puño levantado lista para tocar. ¿Y si lo encontraba teniendo sexo con
esa chica? ¿Qué iba a hacer?
Me dije que tenía que ser fuerte
y protegerme con una coraza de frialdad. No podía dejar que él supiera sobre lo
que rondaba en mi cabeza; eso era un tema demasiado personal que me mantenía
algo aislada de él siempre y cuando no lo supiera.
Cerré los ojos y respiré hondo
diciéndome que podía hacer esto. Era fuerte. Me había probado a mí misma que lo
era y nadie iba a llevarme la contraria. Podía hacerle frente a lo que me
esperara al abrir la puerta y podría poner una sonrisa victoriosa en mi rostro
al pasar con la frente en alto.
Soltando el aire decidí tocar la
puerta y esperar pacientemente. Los pasos de Aiden retumbaron desde el interior
y segundos después estuve dentro sin saber muy bien cómo lo había hecho. La
mirada de Aiden era tormentosa y podía oler el alcohol en su aliento a medida
que se acercaba con velocidad a mi rosto y me apresaba con su cuerpo y sus
besos.
Su espalda estaba tensa y la
ternura que me había predicado en las últimas noches había desaparecido. Su
beso, feroz como un animal tras su presa, contenía un toque desesperado de
amargura y tranquilidad. Lo entendía bien, sabía lo que necesitaba y sin poner
resistencia dejé que me quitar la comida de las manos y me arrastrara hasta su
cuarto donde me desvistió con frenesí y me empaló como un algodón de azúcar.
Grité de placer sabiendo que eso
le animaba a seguir con su labor. Gemía cada vez más fuerte mientras él ponía
mis tobillos sobre sus hombros y empujaba con fuerza llegando hasta el último
lugar de mi cuerpo. Sus gruñidos retumbaban en el silencio pero no parecía
Aiden quien disfrutara en ese momento. De hecho, no lo hacía. No había esa
sonrisa socarrona y satisfecha que lo caracterizaba en la intimidad ni estaban
las palabras sucias o los besos estremecedores que acostumbraba a darme.
Algo estaba mal y moría de ganas
por preguntárselo pero al mismo tiempo me retraía pensando en que si le daba el
conocimiento de sus sentimientos, él podría hacerme daño. No podía soportar la
idea de que me dejara o me dañar. De eso no podría salir bien librada. Me armé
de valor cuando las embestidas se volvieron casi frenéticas. Mis jadeos ahora
eran gritos y me aferraba con fuerza a las sábanas con tal de no perder la
calma. Las lágrimas asomaban a mis ojos de dicha pero no quería soltarlas, esto
no era el plan original.
-Aiden…- jadeé satisfecha cuando
un orgasmo me atacó por sorpresa- Te amo, con toda mi alma-.
Quise retirar mis palabras de
inmediato al ver sus ojos nublarse de una extraña emoción. ¿Era ira? ¿Placer?
¿Neutralidad? Sus embestidas pararon y con ellas el ritmo de mi corazón. Me
golpeé mentalmente casi llorando de vergüenza.
Se separó de mí y me quedé
inmóvil viéndolo observarme como si nunca antes me hubiera visto. Su
respiración era dificultosa aun y casi podía escuchar el golpeteo de su corazón
en su pecho. Me erguí armándome de valentía y me quedé a unos centímetros de su
cuerpo dándole espacio para pensar.
-Aiden, esto no es una broma-
balbuceé viendo su expresión acerada. Parecía de piedra- Sé que es pronto y
pensarás que es una locura, pero nunca he sentido esta necesidad de estar con
alguien, nunca creí necesario estar con alguien para ser feliz. Sé que me fui
con Wesley esta tarde pero lo hice porque tú lo pediste. No habría hecho eso si
no hubieras dicho que lo hiciera-.
Ya era tarde para controlar las
lágrimas. Estaban rodando por mi rostro y no permití a mis manos limpiarlas.
Temblaba de miedo. Miedo a que me rechazara y me enviara lejos pensando que
estaba loca. Contuve el aliento por lo que pareció una eternidad y me dije que
había dañado todo, que lo había enviado directo a la basura. Recordé mi promesa
interna de permanecer bajo mi escudo y lloré más fuerte dándome cuenta de lo
que había hecho. Me había enamorado sin remedio de un chico que siempre había
sido inalcanzable y aunque tuviera a mi lado siempre lo seguiría siendo.
Por tanto, ¿qué podía decir sobre mí después de
todo? Acababa de desnudar mi mente frente a él y le había demostrado con actos
llenos de esfuerzo que mis intenciones eran reales. Más no esperaba que me
viera con sus ojos inyectados en sangre de aquella manera tan abrasadora. Se
acercó lentamente y cuando estuvo tan cerca que casi podía saborear su piel y
oír su corazón palpitando, le escuché decir la treta que sellaría entonces
nuestro trato:
-Esta noche es larga pero espero que puedas
soportarla entera. No pienso dejarte cerrar los ojos a no ser que sea para
pedir que te caliente con mi cuerpo. De hoy en adelante serás mía en la
oscuridad-.
***
Demasiado tiempo sin publicar nada. Creo que necesito tener más tiempo libre para escribir :P
Laura.

Genial, pero en serio, necesitas mas tiempo para escribir, necesito saber que pasa con esos dos, GRACIAS!!!!!
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