jueves, 5 de febrero de 2015

CAPITULO 12

No era nadie para él. No era nadie y yo había creído que sí lo era al escucharle decirme que me quería. Pero, ¿qué era lo que de verdad quería de mí? Mi cuerpo, mi alma, mi mente, mis sentimientos… Pero, ¿y mi corazón? Eso no importaba. Solo era un cuerpo en el que podía enterrar todas sus frustraciones y vaciarse cuantas veces deseara; solo era el inodoro en el que los desechos y malas experiencias de sus días eran lanzados lejos dejándomelos como recuerdos.

Por tanto, todas esas noches en vela y las constantes sonrisas y gestos protectores y cariñosos, ¿habían estado en mi mente o eran su manera de marcar territorio? Solo marcaba territorio fue mi obvia conclusión y casi dejo caer las lágrimas en mis ojos de no haber sido porque aún tenía a u entusiasmado Wesley hablando como cotorra y haciendo planes de lo que haríamos una vez que llegáramos a su casa. Ya sabía que tendría que desnudarme pero eso no ayudaba en nada a que mi amargura disminuyera.

¿Qué estaba haciendo yo en realidad en ese lugar extraño viviendo la vida que soñé pero que ahora me mostraba el lado trágico y duro que traía consigo escondido bajo la alfombra? Aprendiendo. Conociendo lo que de verdad las estrellas de rock podían hacer a aquellos que demostraban un poco de interés genuino en ellos. No quería esto, quería de vuelta a la ilusión que tenía de quién era Aiden en realidad. Ese chico dulce y protector que me había sacado de las garras de varios hombres de seguridad tras bambalinas en su concierto.

Además, ¿quién era esa mujer que se fue con Aiden? Me sentía tan decepcionada de ver cómo una chica lograba conseguir un beso arrebatador de sus labios mientras yo penaba en silencio recordando cómo me había lastimado un rato antes por escupir mis pensamientos.

Las lágrimas se escaparon de mis ojos y bajé la cabeza furiosa conmigo misma por permitir que aquello ocurriera. No quería demostrarle a nadie lo que su rechazo me hacía. Quería ser inmune y solo disfrutar sin compromisos de lo que la nueva vida que estaba trazando me trajera. Con decisión me limpia suavemente la cara y levanté la cabeza para centrarme en el nuevo “amo” que tendría que obedecer y traté de concentrarme en la larga y animada diatriba que estaba teniendo.

<<Concéntrate, Claire. Puedes hacer esto. Es el deseo de Aiden.>>

-…Podemos tomar luego un refresco o una malteada y finalmente te llevaré a casa del ogro antes de que venga por mí y me lance al Atlántico- rio suavemente y me pregunté cuál sería el primer plan que tendría para mí.

-Suena bien- me obligué a responder y caminamos fuera de la heladería con paso lento mirando escaparates y almacenes.
***

Para mi sorpresa, Wesley fue todo un caballero conmigo en la siguiente hora mientras paseábamos por la ciudad buscando coas que según él necesitábamos para la cena. Tenía que ser honesta y decir con toda la sinceridad de mi cuerpo que no recordaba haber escuchado que él fuera a cocinar o algo por el estilo. Sin embargo estaba fascinada viendo cómo el luchaba contra sí mismo decidiendo qué tipo de lechuga era mejor para comer en una hamburguesa o el mejor pan para acompañar una lasaña de carne y verduras. Tenía cierto toque de humor y sensibilidad que no creí que alguien tan machista y arrogante como é pudiera tener.

Caminamos tal vez por un rato más hasta que la tarde comenzó a caer paulatinamente en el cielo. Los colores violáceos cubrían el cielo y el viento soplaba suavemente por las calles. Mi piel comenzó a ponerse de gallina al sentir el frío tocar con suavidad mi piel pero me obligué a disfrutar la charla sobre extraterrestres que Wesley me daba. Al final, después de tanto debatir si en Júpiter habría o no vida, decidimos optar por la fácil decisión de que en las lunas podía existir pero en el planeta no. De acuerdo, era una decisión extraña.

-¿Tienes frío, Claire?- preguntó un rato después Wesley llevándonos hasta el estacionamiento por su auto. Un Audi Z4 nos esperaba en silencio.

-No- mentí con una sonrisa aunque él leyó tras mis ojos y se quitó su chaqueta poniéndomela segundos después. Le sonreí con gratitud.

-Será mejor que nos vayamos ahora- sugirió ayudándome a subir al auto y rodeándolo para subir después. Mi pulgar fue a mi boca de inmediato por los nervios.- Aiden quiere que te lleve a casa temprano y te juro que voy a cumplirlo-.

Sonreí en respuesta y rodé los ojos de forma juguetona sabiendo que Wesley solo estaba haciendo todo eso para tenerme comiendo de su mano y disfrutar de lo que sea que fuera a pasar detrás de las puertas de su apartamento. Wesley inició una charla amena sobre animales salvajes y me dejé llevar por sus anécdotas sobre aquella vez en que viajó a África con su familia. Lo envidié ligeramente pero luego me dije que algún día yo también iría y acariciaría a una leona y sus cachorros.

Sí, claro…

Wesley siguió conduciendo por tal vez quince minutos más y después de aparcar frente a un gran y lujoso edificio en una zona residencial exclusiva en el norte, salimos del auto cargando las bolsas con las compras recién hechas y una maleta llena de ropa sucia –ahora limpia- que él tenía en el asiento trasero. Tenía que reconocer que me alegraba que lavara él mismo su ropa. Cualquiera podía robar su ropa interior y dejarla en un santuario vudú. O venderla en una subasta.

-¿Lista para la cena? Será toda una proeza- comentó Wesley con un aire de superioridad que me hizo soltar varías carcajadas. Su imitación de Napoleón era tan mala como su arrogancia.

-¿Puedo ayudarte en algo?- pregunté esperanzada en tener un ojo vigilante sobre él y los alimentos- Sé preparar jugo de frutas muy delicioso-.

-Solo si prometes ponerle hielo- confirmó sonriendo haciéndome rodar de nuevo los ojos y seguirle dentro del gran vestíbulo del edificio hasta un elevador con entradas de cristal.
                                                                                 ***


Claire llevaba fuera de casa casi cuatro horas y yo estaba volviéndome loco. Loco de verdad. Como un hombre cuando es separado de la mujer a la que desea arrancarle la cabeza pero al mismo tiempo cobijarla con un manto de flores con tal de que no sienta frío ni pierda su dulce fragancia por ningún motivo.

Estaba casi dándome cabezazos contra la pared por haber sido tan tonto de dañar nuestra cita con mi actitud y luego haberla dejado irse junto a Wesley cuando sabía que lo que ocurriría en su apartamento no sería nada que no hubiera hecho yo antes con ella en mi cama. Demonios, estaba de verdad enfurecido conmigo mismo y podría darme con el puño cerrado en el pecho con tal de reprimirme de correr a casa de Wesley y robar a mi chica como un caballero medieval llevándose el gran tesoro del castillo enemigo.

Sin embargo, no necesitaba golpearme yo mismo para saber que necesitaba reflexionar y arrepentirme de mis decisiones; Cassie estaba a mi lado tan enérgica como un maldito conejo de Duracell y su voz chillona y estridente era suficiente polo a tierra como para tenerme en ese momento con un dolor de cabeza tan fuerte que parecía que mi cerebro estuviera tratando de salir de mi cráneo por mis ojos y frente.

Para empeorar mi suerte, el tema central de conversación con la bruja de Blaire era el bebé que estábamos esperando. Demonios, si tan solo pudiera demostrar que ese niño no era mío… Bueno eso rogaba porque seguía inquieto con la idea de que Claire me dejara como a un perro viejo cuando se enterara de lo que en realidad ocurría con Cassie. Sobraba decir que era como si tuviera a dos tenazas de dos extremos opuestos jalándome las bolas con tal de tenerme cerca.

Casi gemía en voz alta mientras escuchaba una diatriba más de ella cuando nos detuvimos por enésima frente a un almacén de diseñador en el que seguramente, Cassie encontraría ropa tres tallas más pequeña que ella y se las llevaría con tal de sacar todo el dinero que tenía en mi tarjeta.

-¿Tu plan era traerme de compras?- pregunté siguiéndola a través de los estantes llenos de ropa dignos de una mujerzuela. Sin embargo si la usara Claire…

-Tenemos que estar preparados- alegó ella viendo prendas que parecían vómito de tigre ebrio- No podré salir en unos meses y es mejor tener algo decente qué vestir-.

-¿No crees que lo que no va a poder salir es esa ropa de tu cuerpo? Vas a estar gorda como una vaca- comenté dejándome caer con fuerza sobre un sofá mullido cerca a los vestidores.

Cassie por primera vez guardó silencio y me quedé simplemente callado también viéndola encorvarse levemente por mis palabras. Me sentí como una mierda por ser un cretino pero tenía que ser realista y hacerla aterrizar de su nube rosada antes de que pensara que iba a ser Paris Hilton estando embarazada. Su apetito era similar al mío y eso solo significaba que los efectos de un bebé estaban presentes en ese momento. Ella definitivamente iba a ser una gran albóndiga de carne humana en unos meses más.

-¿Cómo… cómo puedes ser tan frío, Aiden?- indagó a cambio en voz quebrada tras un silencio que llegó a ser incómodo. –No puedes decirme que voy a estar gorda. Solo estaré llevando a nuestro bebé mientras nace-.

Okey… Momento incómodo: Activado.

-Cassie, no quise...-

-No importa. Interrumpió mi intento de disculpa dejando de golpe la ropa sobre la cesta de devoluciones-Voy a estar como una elefante mamá y no puedo evitarlo. Salvo si tú te hubieras cuidado y no nos hubieras metido en este embrollo. Este bebé es un error de proporciones épicas. ¡Lo odio!- gritó atrayendo la atención de todos.

Asombrado por su arrebato, me levanté con la mirada puesta sobre su rostro arrebolado por la furia y caminé hasta ella con la espalda tan recta que podría compararla con una vara de hierro. Sus ojos centellearon un momento antes de que se diera cuenta del error que acababa de cometer. Odiaba a las mujeres que hacían escenas, odiaba que una madre no reconociera a su hijo y odiaba, mucho más, a una madre que se atrevía a decir que su hijo era un error al que odiaba. Era mi madre quien solía decir eso todo el tiempo por lo que crecí odiando a una mujer que pudiera herir a un ser indefenso de esa manera.

Todo lo que vi fue rojo al llegar a su lado sintiendo las miradas curiosas de todos los compradores en el almacén. Sus ojos antes brillantes y altivos, ahora estaban tímidos y evasivos mientras recibía mi veredicto. Todo el respeto que quedaba aún en mi cuerpo por ella desapareció de inmediato y de repente la frialdad y coherencia entre mis pensamientos que estaban ausentes por un tiempo volvieron dejándome analizar tantas cosas que pensé que iba a volverme loco.

Este bebé no era un error; era un cálculo premeditado con un solo fin que aún no había sido alcanzado del todo. Deseaba estar seguro de eso.

-Repite eso de nuevo- ordené en voz baja y mordaz. La única que usaba cuando decidía tener algo.

-Aiden…-

-¡Atrévete a repetir eso de nuevo!- exigí sujetándola del brazo sabiendo que eso la haría temblar como una hoja. Quería tener el control, sentirlo de nuevo en mi vida.

-Suéltame, por favor- balbuceó con los ojos llenándosele de lágrimas. No me engañaría, no de nuevo.

No respondí. Tampoco la solté. Solo me dediqué a observar a esta nueva mujer que tenía frente a mis ojos. Aquella que se había atrevido a decirme a la cara que el bebé que esperábamos era un error. Un error al que odiaba. La sangre me hervía en las venas y tuve que contenerme de hacer lo que seguramente haría en caso de que Cassie fuera un hombre. Procuré no hacerle daño con mi agarre pero estaba seguro de que, al menos, quedaría la piel enrojecida por unos segundos antes de volver a su tono bronceado tan falso como era ella.

-Eres…- suspiré tratando de calmarme pero opté por quedarme callado antes de cometer cualquier estupidez. No valía la pena.

Retrocedí dos pasos soltándola con suavidad y le di la espalda marchándome en completo mutismo. Necesitaba respuestas pero no sabía dónde demonios encontrarlas.

Necesitaba a Claire. La necesitaba como un loco y punto.
                                                                               ***

Bajé del auto de Wesley con una sonrisa genuina en mi rostro tiempo después de que lo había visto cocinar tallarines, verduras y carne en su cocina. Me despedí de él agitando y la mano y disfrutando de cómo su sonrisa satisfecha me saludaba desde el otro lado del auto. Quería contarle a Aiden lo que había hecho. Quería que supiera que nada había ocurrido entre Wes y yo. Inclusive, le había traído un poco de comida con la intención de apaciguar su hambre, porque sabía que la tendría.

Cerrando tras de mí la puerta del vestíbulo del edificio, me apresuré en saludar al portero y correr al elevador. Moría de ganas por ver a Aiden. Quería lanzarme en sus brazos y llenarle el rostro de besos. Así mismo, quería decirle que lo había extrañado y que no tenía que preocuparse por los cardenales que tenía en mi brazo. Desaparecerían pronto y podríamos olvidar ese tonto incidente. Sabía que le había hecho enfadar.

Sin embargo, antes de llegar a su puerta recordé lo que había ocurrido después en la heladería. Aiden se había ido con una mujer y había dicho que yo no era nadie; solo una pequeña que abría sus piernas al mejor postor. ¿En serio me consideraba de esa manera por venir a buscarlo y dejar mi vida atrás? Me detuve entonces a dos pasos de la puerta aún con el puño levantado lista para tocar. ¿Y si lo encontraba teniendo sexo con esa chica? ¿Qué iba a hacer?

Me dije que tenía que ser fuerte y protegerme con una coraza de frialdad. No podía dejar que él supiera sobre lo que rondaba en mi cabeza; eso era un tema demasiado personal que me mantenía algo aislada de él siempre y cuando no lo supiera.

Cerré los ojos y respiré hondo diciéndome que podía hacer esto. Era fuerte. Me había probado a mí misma que lo era y nadie iba a llevarme la contraria. Podía hacerle frente a lo que me esperara al abrir la puerta y podría poner una sonrisa victoriosa en mi rostro al pasar con la frente en alto.

Soltando el aire decidí tocar la puerta y esperar pacientemente. Los pasos de Aiden retumbaron desde el interior y segundos después estuve dentro sin saber muy bien cómo lo había hecho. La mirada de Aiden era tormentosa y podía oler el alcohol en su aliento a medida que se acercaba con velocidad a mi rosto y me apresaba con su cuerpo y sus besos.

Su espalda estaba tensa y la ternura que me había predicado en las últimas noches había desaparecido. Su beso, feroz como un animal tras su presa, contenía un toque desesperado de amargura y tranquilidad. Lo entendía bien, sabía lo que necesitaba y sin poner resistencia dejé que me quitar la comida de las manos y me arrastrara hasta su cuarto donde me desvistió con frenesí y me empaló como un algodón de azúcar.

Grité de placer sabiendo que eso le animaba a seguir con su labor. Gemía cada vez más fuerte mientras él ponía mis tobillos sobre sus hombros y empujaba con fuerza llegando hasta el último lugar de mi cuerpo. Sus gruñidos retumbaban en el silencio pero no parecía Aiden quien disfrutara en ese momento. De hecho, no lo hacía. No había esa sonrisa socarrona y satisfecha que lo caracterizaba en la intimidad ni estaban las palabras sucias o los besos estremecedores que acostumbraba a darme.

Algo estaba mal y moría de ganas por preguntárselo pero al mismo tiempo me retraía pensando en que si le daba el conocimiento de sus sentimientos, él podría hacerme daño. No podía soportar la idea de que me dejara o me dañar. De eso no podría salir bien librada. Me armé de valor cuando las embestidas se volvieron casi frenéticas. Mis jadeos ahora eran gritos y me aferraba con fuerza a las sábanas con tal de no perder la calma. Las lágrimas asomaban a mis ojos de dicha pero no quería soltarlas, esto no era el plan original.

-Aiden…- jadeé satisfecha cuando un orgasmo me atacó por sorpresa- Te amo, con toda mi alma-.

Quise retirar mis palabras de inmediato al ver sus ojos nublarse de una extraña emoción. ¿Era ira? ¿Placer? ¿Neutralidad? Sus embestidas pararon y con ellas el ritmo de mi corazón. Me golpeé mentalmente casi llorando de vergüenza.

Se separó de mí y me quedé inmóvil viéndolo observarme como si nunca antes me hubiera visto. Su respiración era dificultosa aun y casi podía escuchar el golpeteo de su corazón en su pecho. Me erguí armándome de valentía y me quedé a unos centímetros de su cuerpo dándole espacio para pensar.

-Aiden, esto no es una broma- balbuceé viendo su expresión acerada. Parecía de piedra- Sé que es pronto y pensarás que es una locura, pero nunca he sentido esta necesidad de estar con alguien, nunca creí necesario estar con alguien para ser feliz. Sé que me fui con Wesley esta tarde pero lo hice porque tú lo pediste. No habría hecho eso si no hubieras dicho que lo hiciera-.

Ya era tarde para controlar las lágrimas. Estaban rodando por mi rostro y no permití a mis manos limpiarlas. Temblaba de miedo. Miedo a que me rechazara y me enviara lejos pensando que estaba loca. Contuve el aliento por lo que pareció una eternidad y me dije que había dañado todo, que lo había enviado directo a la basura. Recordé mi promesa interna de permanecer bajo mi escudo y lloré más fuerte dándome cuenta de lo que había hecho. Me había enamorado sin remedio de un chico que siempre había sido inalcanzable y aunque tuviera a mi lado siempre lo seguiría siendo.

Por tanto, ¿qué podía decir sobre mí después de todo? Acababa de desnudar mi mente frente a él y le había demostrado con actos llenos de esfuerzo que mis intenciones eran reales. Más no esperaba que me viera con sus ojos inyectados en sangre de aquella manera tan abrasadora. Se acercó lentamente y cuando estuvo tan cerca que casi podía saborear su piel y oír su corazón palpitando, le escuché decir la treta que sellaría entonces nuestro trato:



-Esta noche es larga pero espero que puedas soportarla entera. No pienso dejarte cerrar los ojos a no ser que sea para pedir que te caliente con mi cuerpo. De hoy en adelante serás mía en la oscuridad-.

*** 

Demasiado tiempo sin publicar nada. Creo que necesito tener más tiempo libre para escribir :P

Laura.


1 comentario:

  1. Genial, pero en serio, necesitas mas tiempo para escribir, necesito saber que pasa con esos dos, GRACIAS!!!!!

    ResponderEliminar