Desperté sintiéndome algo
inquieto. De nuevo había soñado con ese pasado que quería borrar de mi mente
ahora que tenía a una buena chica a mi lado. Como todos los artistas o humanos
en general, mi vida estaba llena de errores que me habían servido como
experiencias y me habían dejado enseñanzas que ahora eran más que importantes
en mi diario vivir.
Sin embargo, aún tenía un pequeño
–gran- problema que me hacía retorcer entre sueños cada noche. Un momento que
marcaba mi vida de una y otra manera. Había sido culpa de Wesley que me hubiese
pasado de tragos, generalmente no bebía, pero él había insistido tanto en que
fuéramos a celebrar nuestro éxito musical a un concurrido y popular club en el
centro de la ciudad que al final había aceptado con más de una arruga en mi
frente.
Con lo que no contaba era que
allí iba a estar Cassie, mi antigua y frecuente exnovia capaz de hacerme hacer
las cosas que nunca pensé que haría. Seguía entrando y saliendo de mi vida cada
vez que yo lo permitía pero presentía de alguna manera no muy grata que no iba
a salirse por un buen tiempo. Pero quería que ella saliera; quería que me
dejara en paz porque acababa de encontrar un buen motivo para querer venir a
casa cada noche luego de trabajar. Sabía que ella estaba en casa esperándome
con su cuerpo angelical y sonrisa cautivadora, dispuesta a calentarme la cama y
el cuerpo con cada propuesta indecente que le hiciera. La vida podía ser bella.
Respiré profundamente y miré a mi
lado al pequeño cuerpo que tenía envuelto entre mis brazos. Era tan pequeña,
tan frágil, que temía poder hacerle daño con algo mínimo como una palabra.
Quería ese día llevarla a conocer la ciudad porque dudaba que lo hubiera hecho
ya. Tenía mucha ilusión de ver su rostro lejos de la oscuridad del apartamento
y que el sol le mostrara lo que su luminosidad podía mostrarle. Quería que
descubriera cuánta diversión podía tener aquí conmigo.
La atraje un poco más hacía mí
sintiendo su desnudo cuerpo pegarse como una lapa al mío encajando en los
lugares correctos. Murmuró mi nombre en sus sueños y una sensación de poder me
embriagó dejándome sediento de más. No iba a permitir que nadie se la llevara.
Se lo había dicho mil veces mientras la hacía mía y la marcaba con mi cuerpo ya
pensaba cumplir con mi promesa. No me importaba si el hombre era su jodido
padre, iba a enviarlo de vuelta a su casa con la cara metida entre su trasero…
Se removió lentamente y planté un
beso suave en su frente mientras le susurraba que siguiera dormida. Por
increíble que pareciera, obedeció mi orden apretándose contra mí y poniendo su
mano en mi pecho. Sonreí satisfecho y comencé a acariciarla con suavidad. Toqué
su cabello sedoso, sus párpados, frente, nariz, labios, pómulos… Solo sintiendo
la textura de su piel y los relieves que formaban sus facciones de ángel. Me
entretuve en sus labios y mejillas sintiéndome completamente extasiado de
tenerla conmigo.
¿Qué demonios me había hecho esta
chica que tan solo en un día ya conseguía ponerme completamente fuera de mí al
imaginar que alguien se la llevara de mi lado? Además, la creciente necesidad
de tenerla conmigo, de retenerla bajo mi dominio, de someter su voluntad y
hacerla rogar por mis manos y besos… Era demasiado extraño todo lo que ocurría
pero me gustaba. Quería ser protector con ella y si tenía que matar a alguien,
lo haría sin pestañear y huiría con ella en mi espalda como un simio primitivo.
Me quedé recostado por al menos
treinta minutos más antes de que Claire comenzara a removerse en mis brazos y despertar
lentamente. Enfoqué mi mirada en sus párpados aleteando y me encontré con un
par de hermosos y enormes ojos aceituna los cuales se tornaron de un tono
oliváceo al despertar. Sonreí viendo su expresión aturdida y le di un beso
suave en los labios y luego en su frente. Ella sonrió con alegría llenándome de
nuevo de orgullo.
-¿Descansaste, nena?- pregunté
jugando con su cabello.
-Sí, gracias- respondió de
inmediato pero su cuerpo se tensó por un momento dejándome desconcertado.
¿Estaba molesta o algo así?
-Deberíamos levantarnos- propuse
pensando que hacer alguna actividad le haría sentirse mejor si estaba tensa por
algo. Debía ser por el asunto de su padre, me dije y con el ánimo renovado le
di un beso en su frente y la abracé una vez más antes de retirarme un poco para
atacarla con mis dedos y hacerle cosquillas. Me reí a carcajadas al escuchar su
ronca risa.
-¡Para, por favor!- gorjeó entre
risas –Te lo suplico, para por favor…- gritó casi sin aire y estallamos en
carcajadas cuando su nariz hizo el sonido de un cerdo.
-Vaya… tengo en mi cama a un
cerdito…- me burlé tratando de calmarme. Sonreí satisfecho al ver su rostro
volverse de un hermoso tono color cereza.
-Yo… lo siento mucho- explicó
entre risas vergonzosas y tímidas. Prefería sus carcajadas roncas.
-¿Puedo preguntarte algo, nena?-
indagué curioso. Sí, lo era, ¿y qué?
-Sí, señor, lo que desees-
respondió de inmediato mirándome con timidez.
-¿Fumaste o fumas? Tu voz es
inusualmente ronca. Es como si hubieses fumado tabaco por un tiempo- moderé mis
palabras esperando no perturbarla. Ella parecía apenada por algo bajando su
rostro para ocultar su mirada de la mía. Levanté su barbilla con mis dedos y le
sonreí mostrándole que no me importaba si lo había hecho. Solo esperaba que no
lo hiciera más, me preocupaba por su salud.
-No lo hice, señor. Odio el
tabaco. Era mi padre y sus amigos quienes fumaban en casa y en el negocio
dejando todo lleno de humo. Mi garganta sufrió las consecuencias después de tantos
años-.
De acuerdo, llegamos al tema
espinoso del padre loco y controlador pero no quería dañar nuestra mañana así
que me limité a sonreírle y besar sus labios. Necesitaba atención de mi chica y
la solicité de inmediato poniéndome sobre su cuerpo. Ella respondió como
esperaba que lo hiciera dejándome poseer su boca y su cuerpo como si fuera el
mío. Su piel de nieve se estremeció al pasar mis dedos sobre ella y me jacté
internamente sobre lo que podía hacerle sentir con solo un toque intencionado y
cariñoso.
-No me importa eso, suena sexy de
todas formas- exhalé para luego besarla y no parar hasta estar enterrado en
ella con un duro envite.
***
Horas más tarde estábamos en el
sillón comiendo un desayuno algo tardío gracias a la diversión que habíamos tenido
en la cama y la ducha hacía poco. Habíamos disfrutado mojarnos y yo me había
entretenido demasiado con una cinta de la bata de baño y el rociador de agua.
Ella… puede que estuviera cansada de mis juegos húmedos.
Las tostadas francesas que
habíamos hecho estaban llenas de Nutella y chantillí y las fresas rellenas de
crema estaban casi terminándose. Debía decir que el mejor plato para comer era
sobre su abdomen. Me divertía haciéndole cosquillas mientras lamía cada
partícula de chocolate que quedara por allí suelto. Ella reía pero acariciaba
mi cabello como si fuera una reliquia dejándome como un completo chiquillo
consentido. En cualquier momento me pondría a ronronear y enrollarme alrededor
de ella.
-Háblame de tu padre- solté
mientras lamía una línea de chocolate entre sus pechos. Era un tema que tarde o
temprano teníamos que abordar. Debía ir a la empresa ese día y enterarme
exactamente de lo que estaba ocurriendo en ese y otros temas.
-Es complicado- jadeó agarrando
mi cabello con fuerza. Emití un gruñido y se disculpó acariciándome suavemente;
era una experta en masajear mi cuero cabelludo hasta hacerme casi caer dormido.
-Cuéntame- urgí sentándola en mi
regazo y ofreciéndole una fresa que recibió con una sonrisa.
-Es un proxeneta que tiene un
burdel a las afueras de mi ciudad natal- comenzó en voz baja con la vista fija
en mi pecho. La abracé poniendo su cabeza entre mi cuello y hombro. Entendía si
no quería verme mientras hablaba.
>>Es llamado “El Rey”
gracias a las constantes mujeres que se aproximan a su club nocturno para
venderse a sí mismas por unos cuantos billetes. Todas deben pasar una prueba
para poder exhibirse. Claramente es pasar la noche con mi padre o alguno de sus
socios-.
Ahora venía la pregunta clave y
que no podía formar de manera coherente porque no tenía sentido: ¿qué tenía
ella que ver allí?
-Yo limpiaba y preparaba las
camas para ganar algo de dinero. De no ser así, no habría podido venir aquí
contigo- respondió a mi pregunta con un leve suspiro y una sonrisa tierna.
Debía ser duro para ella recordar. –Cada noche tenía que estar al pendiente de
que las habitaciones no quedaran demasiado sucias y que las sábanas fueran
cambiadas por frescas para nuevos clientes. A veces eran tantos clientes
seguidos que no podía con todo y tenía que correr para ganar un sueldo
miserable-.
Demasiado duro para una chica
como ella. Me impactaba que no se hubiera dejado corromper por el dinero y que
estuviera allí conmigo cumpliendo una meta. Sin embargo, entendía que ella
deseara tener un futuro diferente que borrara los vestigios horribles y
dolorosos de su pasado. Corría riesgos y estaba dispuesta a quemarse con tal de
hacerse su camino. Era una chica demasiado fuerte y luchadora en la vida. Me
gustó mucho eso de ella, era como ser un padre orgulloso de su hija. ¿Cómo no
estarlo?
-¿Cómo llegaste aquí?- pregunté
sobando en círculos su espalda desnuda, se relajó contra mi tacto.
Me contó su historia completa.
Había visto una canción nuestra en televisión alguna vez en la calle y se
preguntó quién era yo. Estábamos tocando en un concierto en Toronto y le gusté
tanto que decidió averiguar por mi carrera. Luego me encontró y al grupo
también apoyándonos desde su país con la esperanza de verme algún día. Ahorró
todo su dinero. No comía la merienda en su escuela con tal de guardar todo lo
que podía para venir a verme.
Eso trajo una sonrisa triunfante
a mis labios; generalmente, eran los vocalistas los que tenían la atención de
todas las admiradoras al poder cautivarlas con las voces y el torso desnudo.
Por mi parte, solo me dedicaba a tocar mi bajo como si él y yo fuéramos los
únicos en el mundo. Sentía el rasgueo de las cuerdas en mis dedos y eso era
suficiente para lograr acallar las voces de las fans y los gritos
ensordecedores. Pero al parecer, ser un solitario dedicado a su instrumento
había dado resultado atrayendo a la mejor mujer que pudiera haber imaginado.
Luego cuando tuvo el dinero
suficiente consiguió su pasaporte, compró un boleto solo de ida y se lanzó de
cabeza a un viaje que podía traerle tanto buenas como malas cosas. Menos mal
que estaba a salvo conmigo o tal vez estaría en un bote de basura en alguna
ciudad en la que hubiera hecho escala.
Narró algunas cosas de sus
padres; su madre era aseadora en una empresa de mecánica y su padre dirigía el
burdel cada noche obligándola a limpiar por un sueldo más que bajo. En el día,
él era un conductor de autobús. La explotaba cruelmente y si no hacía su
trabajo como correspondía, un cinturón de cuero estaba esperando por ella en
una habitación aislada. Me mostró algunas marcas en su espalda que antes no
había visto y algunas más en sus piernas. Tuve que reprimirme a mí mismo de ir
a partirle la cara en mil pedazos por haberle hecho eso a mi chica.
Algunos sollozos se le escaparon
entre sus crueles aventuras y las tantas veces que los hombres intentaban
llevársela a la cama sin importar si ella quería o no. Afortunadamente ella
podía gritar como una ballena bajo el océano y los guardias lograban llegar a
tiempo. Su padre no se entrometía diciendo que el cliente era primero y no
reparaba en insultos y azotes cada vez que la situación se repetía.
-“Deberías complacer a mis
clientes; ellos son los que importan. Ellos pagan tu miserable sueldo” me decía
cada vez que me encontraba a medio vestir y con lágrimas en los ojos. No era
alguien sensible- comentó con nostalgia.
-Estás huyendo, ¿no es así?-
pregunté aunque ya sabía la respuesta. Y mi reacción era mucho mejor ya que la
escondería con tal de sacar de su mente los recuerdos desagradables.
-Sí, señor-.
Respiré hondo llenándome de su
aroma femenino. Si alguien se atrevía a ponerle un dedo encima, y eso incluía a
Wesley, iba a quitarle la cabeza para dársela de comer a los perros. En silencio me prometí cuidarla y velar por
su seguridad. Ella lo valía. Cada maldita cosa que necesitara o quisiera valía
la pena. No provenía de una familia adinerada por lo que el hambre y las
necesidades alguna vez estuvieron presentes en su vida como una brisa de aire
caliente en sus pulmones. La comparé con una abeja obrera, siempre trabajando
para su jefe esperando cualquier indicio de reconocimiento pero sin encontrar
nada cambio. Eso no me gustaba.
-Estarás bien conmigo. Te lo
prometo- juré en un murmullo sintiendo la respiración cálida y estable de
Claire bajando por mi espalda. Se había quedado dormida después de llorar
tanto. Sonreí y la llevé hasta la cama dejándola con cuidado. Su cuerpo era
como una pluma pero era hermoso. Nada tonificado, solo al natural. Sin trabajar
y con lugares que algunas mujeres hubieran muerto por eliminar. Pero esta era
mi abeja obrera. Mi muñeca realista personal y no podía esperar nada menos de
ella.
Sonreí al pensar que ella podría
acompañarme en mis días oscuros y llenos de soledad que siempre tenía. Ella me
esperaría cada noche con un tazón de galletas. También con un liguero y tal vez
un sombrero de vaquera para tentarme. Demonios, de solo pensarlo me ponía duro.
Decidí dejarla descansar después de contemplarla por casi una hora. Sus
mejillas estaban enrojecidas y podía ver líneas de tensión en sus facciones
generalmente cinceladas. Me prometí no hacerle soltar el llanto nunca más.
Le di un último beso en los
labios y caminé hasta la ducha para calmar mis nervios. No sabía lo que la tarde
iba a traer consigo y tenía que estar alerta. Muchas cosas podían venirse
encima. Por un lado estaba mi manager el cual ya sabía que me iba a acribillar
con preguntas y regaños; también estaba Wesley con su infame idea de pasar
tiempo con mi chica, lo cual no pensaba permitir; estaba el trabajo y el resto
de tareas que tuviéramos que cumplir, y, por último estaba un tema que no
quería pero que debía enfrentar y ese era mi exnovia.
Con un suspiro me metí bajo el
chorro de lluvia artificial y dejé que el vapor se llevara mis preocupaciones.
Tomaría una cosa cada vez y vería cómo saldría todo. Todo tendría solución y
podría seguir con mi vida como normalmente lo hacía. Solo que esta vez llegaría
a casa temprano con la intención de ver a Claire jadeando debajo de mí. Me
gustaba ese rol de ser sumisa y yo mandarla y tomarla como me diera la gana.
Salí de la ducha después de unos minutos
y me paré frente al espejo para ver mi reflejo. Tenía un poco de barba así que
decidí rasurarme antes de irme. Ante todo la imagen de chico bueno. Acababa de
ponerme la espuma para afeitar cuando mi pequeña nena apareció por la puerta
tímidamente. Le sonreí a través del espejo y la hice acercarse. Sus mejillas
aún estaban rosadas y sus ojos algo hinchados. Esperaba que durmiera más tiempo
dada la noche anterior pero parecía que ella tenía una muy buena resistencia
física. Tal vez podríamos ir a nadar pronto. O a correr.
-¿Te sientes mejor, nena?-.
-Sí, gracias, señor-.
Me acompañó mientras terminaba
con mi labor sentada sobre el lavabo y me contaba sus aventuras y días duros en
su ciudad natal. Era de muy lejos. Sabía que lo era, pero pensaba que podía ser
del mediterráneo por su piel broncínea o tal vez griega. Pero no esperé que
fuera latina, pero eso no era impedimento. Me excitaba con solo verla.
Salí un rato después dándole un
beso caluroso a mi chica y con una sonrisa bajé hasta el sótano para tomar mi
auto. Mi ánimo era el mejor ese día pero eso fue hasta que mi terror nocturno
graznó desde el capó de mi auto.
-¡Hola, cariño! ¿Vamos a
trabajar?-.
Mmmmmmm eso no me gusta, me refiero a que me dejes deseando mas, puedo matar a la ex??? Gracias por escribir !!! Esperare el próximo, saludos !!!
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