lunes, 12 de enero de 2015

CAPITULO 10

Sentía un persistente hormigueo en mis piernas aquella tarde mientras caminaba con Yuri por el centro comercial más exclusivo de la ciudad. Estaba cansada con tanta caminata que habíamos hecho juntas con la simple idea –de ella por cierto- de comprar un nuevo guardarropa para el invierno que había visto unas semanas atrás. Estaba empeñada en conseguir toda la colección de alguna diseñadora que no conseguía recordar solo por el gusto de estar a la moda en los próximos meses y no quedarse atrás del resto de sus colegas del medio. Definitivamente, ser alguien famoso implicaba volverse… algo materialista e irreal.
Sin embargo, a pesar de mi cansancio y mi necesidad de salir corriendo de allí para volver a los brazos de mi amo, tenía que admitir que me estaba divirtiendo por completo. Tener compañía femenina significaba poder hablar sobre temas que solo las mujeres podíamos sostener entendiéndonos mutuamente. Y para tal vez aliviar mi miedo a ser rechazada por alguien tan hermosa como ella, con su cabello negro azabache largo hasta la cintura, su piel aceitunada, rostro de ángel y cuerpo de reina, ella se había comportado como si fuéramos amigas de hacía años que solo estaban en un día de compras como cualquier otro.
Me había preguntado cosas acerca de mí y mi vida en mi casa, mi relación con Aiden y si estaba dispuesta a afrontar todo lo que estuviera en mi camino para estar con él. Aquello último fue dicho como si estuviera escuchando mi argumento más valioso antes de sentenciarme a muerte y sonrió con cierta satisfacción cuando respondí un “sí” sin vacilar ni un segundo. Estaba dispuesta a soportar las torturas de los dioses griegos con tal de estar junto a Aiden.
-¿Cansada?- preguntó una hora más tarde cuando Yuri y yo decidimos parar un momento para tomar un batido.
Se había pasado hacía mucho tiempo la hora del almuerzo y en realidad había extrañado con fervor el haber compartido la comida con Aiden. Pero él había estado bastante alegre al decirme con un abrazo que podía tomar la tarde libre mientras él descansaba un rato en la cama y recuperaba el sueño que había perdido en las últimas noches. También me había dado un beso arrebatador de despedida y había prometido que al llegar a la noche veríamos una película y comeríamos algo delicioso que él prepararía. Estaba esperando ansiosamente por ese momento.
-Un poco- respondí señalando las sandalias de tacón que tenía puestas. Yuri sonrió con calidez. –Lamento haberte llamado la amante de Aiden cuando te vi; creí que solo era una broma de su parte al mencionarte –comentó en voz baja batiendo con su pajilla el refresco que tenía- pero ahora veo que eres más que su amante. Estás en el buen camino con él-.
Su voz se ensombreció en las últimas palabras por lo que me pregunté si ella había tenido algún tipo de relación con Aiden en el pasado. Al preguntar, ella subió su mirada y pude ver tal vez comprensión y resignación a partes iguales.
-Es imposible no desear nada con él. Él es simplemente mágico y puede derrumbarte en un segundo… Sucedió conmigo-.
No me sorprendió escuchar la tristeza en su voz al confesarme su amor no correspondido por Aiden. De todas formas, muchas cosas se habían especulado sobre ellos, pero poco se había podido confirmar por los medios de comunicación. Ella era una belleza; una cantante en la mejor época de su carrera, por lo que era más que obvio que se movieran en los mismo círculos –por no decir que en la misma empresa- y terminaran trabajando juntos para luego tener un pequeño affaire.
-No te preocupes; te entiendo por completo- murmuré tratando de aliviar el ambiente en caso de que Yuri sintiera que habría algún problema conmigo. Ella era mi amiga y aliada, valoraba la amistad que me brindaba.
-Espero que lo conserves y lo trates como se merece. Entiéndelo también cuando el mundo cambie para ustedes; no siempre se verán cielos despejados en el camino de la vida-.
-Haré lo mejor que pueda; de hecho, esa es la misión de mi vida en este momento. Él lo es todo para mí- afirmé sintiendo el rubor subir a mis mejillas. Se sentía bien decirle a alguien lo que pasaba en mi corazón.
-No te puedo contradecir, se nota en tus ojos, además de en los morados que tienes en el cuello- comentó sonriendo por lo que sonreí en respuesta dejando atrás la tensión.
Cincuenta minutos después estaba despidiendo el auto de Yuri junto con ella al dejarme en la puerta del edificio con una bolsa de comida y tres bolsas de ropa nueva. Habíamos conversado sobre muchas cosas pero siempre dejando afuera el tema de Aiden o algo relacionado con él luego de haberme enterado de los sentimientos que ella alguna vez guardó hacia él. Suponía que le era difícil hablar de él cuando estaba ahora interesado en otra mujer que no fuera ella. La verdad yo estaba impresionada de que él decidiera tenerme a su lado teniendo a una mujer como Yuri. Tal vez ella había hecho algo malo.
Dejé de pensar en eso tan pronto como entré en el corredor principal del edificio y saludé con la mano al portero que me saludó con un toque en su gorra. Me dije que si la vida seguía de esa manera podría sobrevivir mucho tiempo aunque Aiden solo me viera de la forma como vería un niño a un juguete nuevo. Al entrar al elevador me recosté contra la pared opuesta a la puerta esperando que se cerrara. Afortunadamente estaba sola por lo que me quité las sandalias sintiendo el alivio de inmediato. La puerta se cerró sin que me diera cuenta pero al levantar los ojos me encontré con una nota que sabía iba dirigida a mí por el idioma y la forma en que estaba escrita:
“Volverás a casa pronto, niña. Solo prepárate para encontrarte conmigo. Será mejor que tengas un buen argumento cuando vaya por ti”.
Mi sangre se heló en mi cuerpo y me dejé caer aterrada contra la pared negándome a tocar la nota en color negro sobre papel amarillo. Sabía dónde estaba y no dudaba que él volvería por mí pronto.
Pensé de inmediato en la advertencia de Wesley hacia Aiden y me estremecía al pensar que mi padre pudiera hacerle daño al hombre que tenía a mi lado. Él no merecía pagar por mis actos. El tiempo pasó en un borrón pero no pude descifrar cuánto había estado allí parada mirando el infame trozo de papel que me anunciaba mi destino. Lágrimas gruesas corrieron por mis mejillas pero no podía detenerlas ni enfocar mis ojos. Me sentía perdida.
-¡Nena!- gritó entonces una voz desde el otro lado del pasillo y en un santiamén Aiden estuvo a mi lado sosteniendo mi rostro entre sus manos mirándome con cuidado como si fuera a romperme.
-Aiden… él… él está aquí y… sabe dónde vivimos y…-
-Cálmate, muñeca. Estás a salvo, ¿me oyes? Nada ni nadie te va a hacer daño. Estás conmigo- respondió con seguridad entendiendo mi diatriba.
-No, Aiden…- protesté sosteniendo su mirada y tratando de calmar mi respiración –Él sabe que vivo aquí contigo, mira- señalé con manos temblorosas el lugar donde el papel aún estaba mirándome con burla.
Aiden se acercó a la puerta y arrancó el papel de un tirón para luego arrugarlo entre sus dedos. Me estremecí mientras lo arrojaba con furia al suelo y maldecía en voz baja. Cuando se calmó se acercó y sin decir palabra me sostuvo entre sus brazos susurrándome una y otra vez que estaríamos bien. Que él me protegería. Respiré hondo y finalmente perdí la batalla contra la cordura y me dejé caer entre sus brazos llorando en voz alta sin importarme nada. Necesitaba desahogarme.
***
-Te preparé un poco de sopa- murmuró Aiden sentándose a mi lado un rato después.
Me había traído en sus brazos a casa y me estaba tratando como a una inválida en ese momento dándome todas las atenciones que no merecía. Era una carga para él.
-Gracias, señor-.
-Aiden. Llámame Aiden, cariño. Quiero que me llames por mi nombre o cualquier sobrenombre que se te ocurra- ordenó en voz baja y tierna mirándome con una sonrisa extraña en sus ojos. Sonreí tomando mi plato y asintiendo en silencio.
-De acuerdo, Aiden-.
-Eso está mejor. Ahora come, muñeca. Me preocupa lo pálida que estás. No quiero que te desmayes, así no podré cuidarte en un rato en la cama. Esta noche eres mi paciente-.
-Eres muy gentil, pero…-
-Si me das un pero te prometo que te daré nalgadas y luego te dejaré en la mitad de la ciudad sola- añadió mirándome con picardía mientras yo bebía el caldo.
-Volvería de todas formas- dije rápidamente y luego tuve que recordar mi lugar tras darme una patada mental- Bueno… solo si así lo quieres-.
-Moriré si no vuelves a mi lado algún día- respondió tomando mi barbilla y dándome un beso con tanta ternura que hizo a mis sentidos cobrar más vida que nunca.
Sonreí contra sus labios y agradecí al cielo el que un hombre como él me permitiera estar a su lado. Aiden suspiró mi nombre y con determinación quitó el plato que tenía en las manos dejándolo a un lado apartado; me agradecí internamente haber comido casi todo el contenido porque este beso, que había iniciado un tanto tierno, ahora era todo sobre seducción y pasión desesperada.
Aiden apretó sus manos en mi cintura y comenzó a besarme más duro. Mis dedos se enroscaron automáticamente en mis pantuflas de felpa y mis manos fueron a su espalda. Me dejé llevar por sus caricias expertas y por la necesidad que yo misma sentía por este hombre maravilloso que no pensé que podía existir bajo la apariencia de una estrella de rock. Sentí mi corazón hincharse hasta casi reventar por el amor que sentía. No podía negarlo.
Mientras él me cargaba con suavidad hacia la habitación en sus brazos tuve que admitir que comenzaba a enamorarme de este bajista poco convencional. Mientras me depositaba en la cama y retiraba con delicadeza mi ropa prenda por prenda me sentí temerosa de lo que él podría decir si se enteraba de mis sentimientos. ¿Y si él no me quería de la misma forma en que yo lo quería a él? Nos conocíamos tan solo dos días atrás, sin embargo yo lo venía siguiendo desde hacía años. Él por su parte, solo había conocido mi existencia tan solo cuando me vio al colarme en su camerino. Las probabilidades eran nulas.
-No tienes nada que temer, mi tesoro. Te juro que estás a salvo- aseguró Aiden en voz sedosa retirándose un momento para desnudarse ante mis ojos.
Me quedé callada viendo su tonificado cuerpo ante mis ojos. Reparé entonces en un diminuto tatuaje en su ingle en el que antes no había puesto atención pensando que era una lunar. Era una simple inicial pero que me desconcertó por completo. No era ninguna de las suyas, tampoco la de sus padres o hermano. Además la caligrafía con que había sido escrito era elegante y algo femenina. La duda me invadió pero rápidamente fue silenciada por la presencia arrolladora de Aiden mientras se colocaba encima de mi cuerpo y repartía besos por todo mi torso. Mis pechos fueron blanco de sus ataques. Jadeé sintiendo mi cuerpo arder en llamas cuando comenzó a mordisquear con suavidad los picos de mis senos.
Me aferré con fervor a su espalda y él entendiendo mi súplica silenciosa atacó sin clemencia mi otro pecho. Sentía ver estrellas tras mis párpados y pronto mi cuerpo comenzó a sacudirse con espasmos al llegar a un clímax que me dejó aturdida y deseosa de más. Sus manos descendieron por mis piernas tomándolas con firmeza y enredándolas en su cadera mientras se preparaba para penetrarme con lo que sería un envite duro y necesitado. Pero no fue así. Fue lento, casi tortuoso sentir que se movía con suavidad exquisita como si temiera romperme. ¿No se daba cuenta, acaso que mi mundo ya estaba roto y vuelto a construir gracias a él?
-¿Qué haces, Aiden?- susurré en su oído mientras él besaba mi cuello.
-Te hago el amor, Claire-.
Un sollozo se estancó en mi garganta preso del nudo enorme que se empeñaba en no dejarme respirar. Miré de nuevo esas esferas de chocolate que buscaban hipnotizarme con tan solo un parpadeo y de nuevo me sentí caer profundo bajo los sentimientos. Aquel hechizo que él me lanzaba no era solo para mantenerme a su lado; casi podía sentir el mismo magnetismo con el que yo trataba de demostrarle todo mi afecto hacia él. Esto ya no era una simple relación de sumisión; era algo mucho más fuerte…
Sin embargo, dudaba que él pudiera siquiera darse cuenta de lo que sentía. Eso significaba entonces, que yo tampoco debería darme cuenta ni esperar nada a cambio, porque, de entender el rumbo de sus sentimientos, no dudaba que me dejaría atrás con tal de separarse de algo que podía hacerlo vulnerable ante los medios de comunicación y aquellos que buscaran hacerle daño. Me estremecí de pensarlo, pero era una realidad que podía costarme caro si no la tenía presente todos los días que estuviera al lado de Aiden.
Aunque mis lágrimas brotaron en silencio mientras él con cierta reverencia adoraba mi cuerpo, no dije nada que pudiera delatarme o ponernos en una situación incómoda. Solo me concentré en sentir tan profundo como pudiera todo lo que este hombre maravilloso podía brindarme. Me repetía una y otra vez mentalmente no dejar escapar jamás la verdad de mi corazón a menos que quisiera llegar al final del camino en poco tiempo.
***
-¿Te sientes mejor, nena?- preguntó con suavidad Aiden un rato después aun tratando de ralentizar nuestras respiraciones.
-Sí, Aiden. Gracias- respondí suavemente besando su torso desnudo- Si no te molesta…- vacilé antes de continuar- ¿Qué vamos a hacer para que mi padre no me lleve? No quiero irme de tu lado- aseguré en voz ronca cargada de lágrimas.
-Vamos a esperar que venga- afirmó Aiden encogiéndose de hombros haciéndome cosquillas- Solo dejaremos que haga algo indebido y luego nos libramos de él. No puede ser tan difícil-.
-Aiden, no sabemos…-
-No te preocupes, nena- interrumpió dándome un suave apretón en el trasero- Saldremos adelante, te lo prometo-.
Lo cierto es que podíamos estar al borde de la muerte por falta de oxígeno y yo le creería todo lo que me prometiera. Era un hombre de apalabra así como de mal humor. Era una combinación casi explosiva y algo sensual.
-¿Te gustaría ir a dar un paseo mañana conmigo?- preguntó de pronto poniéndose sobre mí una vez más. Mi cuerpo ardió en anticipación cuando sus labios atacaron mi cuello.
-¿Un… paseo?- jadeé aferrándome con fuerza a su cabeza. Eso se sentía demasiado bien.
--Sí, un paseo por la ciudad para mostrarte todo lo que podemos hacer aquí. Aún no te he llevado a recorrer como se debe-.
Pensé mis opciones que en realidad no eran muchas. Mi corazón casi estalló en mi pecho al comprender la invitación que estaba dejándome sobre la mesa. Él deseaba ir conmigo a pasear en frente de todo el mundo. Eso era bueno, ¿no?
-Puedes llamarlo una… cita, si quieres- comentó con cierta indiferencia mirándome a los ojos pero podía ver un brillo extraño y sus mejillas ligeramente ruborizadas.
Me dediqué a observarlo con una enorme sonrisa en mi rostro y pude ver sus mejillas tornarse de un tono más oscuro del carmín que tenía en ese momento. Me alegré de que llamara a salir conmigo a mostrarme la ciudad, una cita. Esto era maravilloso. Me mordí el labio inferior mientras asentía suavemente con la cabeza y pude ver el brillo de alivio en sus ojos ante mi respuesta.
“Estás en el camino correcto”, recordé las palabras de Yuri y me dije que definitivamente estaba en un buen camino con él. Uno en el que no tendría que tener miedo porque ahora había un hermoso guerrero esperando con su lanza y escudo para protegerme.
-De acuerdo. Partiremos a las nueve.- prometió Aiden besándome con suavidad para luego volver a tomar mi cuerpo con toda la destreza que solo él poseía.
Me dejé llevar una vez más y me pregunté qué veríamos al día siguiente. ¿Montañas? ¿Museos? ¿El parque más importante?
O tal vez por casualidad… ¿a mi padre?
*** 

Este chico definitivamente va a estar en problemas. Pero sigue siendo lindo :P


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