domingo, 4 de enero de 2015

CAPITULO 9

Este día no podía volverse peor.
Bueno… al menos eso pensé hasta que llegué a casa a las tres menos cinco y mi chica no estaba adentro esperándome. En ese momento mil pensamientos habían corrido por mi mente. Algo malo había podido sucederle, de todas formas ella era nueva en la ciudad y alguien pudo haber aprovechado ese factor. Decidió también dejarme. Eso casi me envía al borde de la desesperación. Inclusive pensé en… bueno, que había ido con Wesley y…
Pero luego ella había aparecido como una oveja perdida recargada contra la puerta cayendo directamente a mis brazos –manchándome de helado por cierto y dándome un golpe fuerte. Mi chica cabeza dura- y me había mirado con sus bellos ojos dejándome saber que también se alegraba de verme. Era un respiro profundo y cálido en el día de mierda que había tenido. De verdad de mierda…
Todo había comenzado al ir al estacionamiento en la mañana y encontrar a mi adorada –inserte sarcasmo aquí- exnovia recargada en el capó de mi auto exhalando perfume por todo el lugar y chirriando en voz alta su deseo de ir conmigo a trabajar. Tengo que admitir que le mostré el dedo medio mientras mi estómago se encogía y su sonrisa vacilaba. Definitivamente nada bueno iba a salir de ese momento.
-¿Qué demonios haces aquí?- había dicho yo en un susurro mordaz borrando por completo su sonrisa confiada.
-¿Cómo que qué hago aquí?- respondió con su chillona voz haciendo eco en el estacionamiento subterráneo- Vamos a ir a trabajar y es obvio que vas a llevarme. Estamos en la misma ruta…-
-¿Algo más?- había interrumpido yo con mi voz cargada de sarcasmo e incredulidad. Ninguna mujer iba a mandarme; sobre mi cadáver. -¿Quieres una copa de vino y una cena a la luz de la luna en la playa? ¡Vete a la mierda y quiero decir caminando!-
-¡No me vas a dejar aquí en medio de la nada cuando no tengo ni tiempo de ir a buscar un maldito taxi o autobús, vas a llevarme y punto!- había gritado ella abriendo los ojos café de par en par y mirándome con algo similar al odio.
Maldita loca…
-Mírame y compruébalo- con eso había terminado mi conversación y había saltado en el auto con una sonrisa para escuchar por último un grito encolerizado de Cassie.
Al llegar a la agencia todo se había salido de control. Incluido mi temperamento. En la entrada del salón que nos habían asignado desde un comienzo hacía tanto tiempo estaba Malcolm Verancheti, nuestro manager y buen amigo, con los brazos cruzados sobre el pecho mirándome con lo que sabía era un sermón de siete palabras en sus ojos. Respiré hondo, exhalé por la boca y me dije que todo iba a salir bien; que no iba a dejarme amedrentar por lo que fuera a decirme.
De todas formas, si él no podía ver lo que yo mismo había encontrado en una frágil y loca chica que se atrevió a colarse en mi camerino en un concierto, no estaba seguro de que pudiéramos tener una conversación amena. Pensándolo mejor, tenía que haber alistado mi almohada más cómoda porque me iban a patear el trasero. Duro.
-Ya era hora de que volvieras- dijo él con una extraña calma que me puso la piel de gallina.- Sígueme, vamos a mi oficina-.
Y así sin más, solté un suspiro y caminé como si fuera un condenado en la edad media llevado a la guillotina. Los susurros y las conversaciones cesaban a medida que pasábamos por el largo corredor hasta el recinto que mi jefe frecuentaba como a su casa. Me daban miradas de reojo y podía sentir varias sonrisas de aquellos con quienes había tenido altercados en el pasado.
¿Qué? No era ningún santo y había discutido con muchos y en ese momento, con el rabo entre las piernas y la espalda tensa, sabía que muchos se frotaban las manos y lamían sus labios ante la primicia que estaría en primera plana al día siguiente: Aiden Miller, el sensual bajista de White House fue despedido por recoger a una groupie en un concierto. Maravilloso. ¿Dónde podía firmar mi testamento?
-Siéntate- pidió él con suavidad pero al cerrar la puerta metálica de su oficina, el sonido me pareció como una bomba en mis oídos. Mis manos comenzaban a sudar.
-Entiendes que tengo que tomar medidas por lo que hiciste, ¿no es así?- directo al grano como siempre. Cerré los ojos aliviado de no tener que darle vueltas al asunto. Necesitaba escuchar el resultado de lo que había hecho sin la necesidad de pasar por los juegos preliminares.
>>No puedes simplemente dejarme con la palabra en la boca y pasar como un asno al pasto cuando te doy una orden. ¿En qué estabas pensando al llevar a esa… esa chiquilla contigo? ¿No dejas aún de pensar con tu polla? Ya tienes un problema encima por eso. ¡Aprende de una buena vez!-
Y mi jefe, el hombre más calmado del mundo se vino al suelo maldiciendo gritando y tirándose el cabello. Demonios, yo de verdad era un dolor en el trasero. Nunca lo había visto ponerse histérico de esa manera; ni siquiera cuando se enteró de las andadas y los accidentes en auto por exceso de velocidad de Wesley, el constante besuqueo de Ethan con los cigarrillos ni la adicción de Ryan por el sexo, el tabaco y las fiestas nudistas. Siempre había tenido una calma extrema para manejar estas situaciones pero luego de ver cómo era yo el único que podía hacerle tener un casi ataque de nervios, me sentí como una mierda. Y no era para menos. Nuestra relación era estrecha, lo quería como un padre y yo era el hijo que nunca había podido concebir su difunta y estéril esposa.
-No me hagas esto, Aiden- rogó poniendo una mano en su regordeta cadera y la otra en su cabello. Sus ojos contenían mil y un emociones –Te quiero como a un hijo; te he apoyado en las malas y en la pésimas, he aceptado incluso tu desliz con… pero no me pidas que tolere que te involucres con una chica de la que no sabes nada. ¿Qué pude ofrecerte aparte de un coño donde meter tu ego? Te va a utilizar al igual que Cassie y muchas otras. Entiéndelo ella…-
-Me puede dar amor y consuelo- interrumpí cerrando los ojos con lágrimas inesperadas en mis ojos. Me dolían sus palabras. Abrí los ojos y le expliqué lo que podía sentir en mi interior- Ella es maravillosa. No te imaginas la cantidad de cosas que hemos hecho juntos aparte de visitar la cama-.
Esperé que mis palabras lo conmovieran un poco. Me sorprendí a mí mismo al decir lo que sentía. Jamás lo hacía. Él bajó los brazos y se sentó a mi lado luego de darme una cerveza de su mini bar. Soltó un suspiro cansado y tras de darme un asentimiento de cabeza supe que era mi turno de hacer valer lo que deseaba. Nadie me la iba a quitar, Claire era mía.
-La noche en que la saqué del escenario… Fue mágica, ¿sabes? Fui yo mismo, con todos mis demonios y mis penas. Ella no dijo nada, solo estuvo allí dándome el remedio sin ni siquiera protestar. Además ayer fuimos de compras y se pasó todo el tiempo peleando por el precio tan alto de su ropa. ¡Ninguna mujer había hecho eso antes! En el desayuno se sentó en mi regazo y comimos tostadas francesas hablando y conociéndonos. Ella es una guerrera. Su padre es un lunático y si piensa que puede llevársela de mi lado, te juro que primero tiene que matarme-.
Terminé con mi diarrea verbal y me di cuenta de que ahora estaba de pie caminado en círculos por toda la oficina, batiendo mis manos y mirando a ningún sitio en particular. Exhalé duro recuperando el aliento y al girar la mirada hacia mi jefe me di cuenta de que ahora tenía esa mirada tranquila que siempre tenía. Algo por dentro de mí se calmó un poco y me di cuenta de que necesitaba un trago.
-Cuéntame más de ella- pidió él en voz baja y cruzó una pierna sobre la otra reclinándose en su sofá de cuero negro. Su mirada era extraña. Entre fascinada y preocupada.
-Ella… ella es como un ángel. Su voz es ronca y sus ojos hacen que mis entrañas se revuelvan cuando los veo. Hay algo detrás de esos ojos, ¿sabes? Es como si pudiera ver mi alma y me desnudara capa por capa. No me pide nada, solo me ofrece sin protestar. Y Wesley la quiere para él, ¿sabes lo que haría si él le toca un dedo? Le cortaría las bolas con un cactus-.
-Te gusta- fue su único comentario con una sonrisa extraña en sus labios.
-Sí. Digo, ¡no! ¿Qué dices? Solo es… solo es una chica…-
-Una chica que te gusta- comentó él en voz socarrona. Sonreí por un momento recordando las mismas cosas de las que me había dado cuenta.
No dije nada. No podía. Solo me limité a sonreír débilmente con una esquina de mi boca y mirar a mi amigo y casi padre con una expresión conocedora. Malcolm se acercó en silencio y me tendió la mano en un gesto bastante maduro. No había necesidad de palabras. Él podía entenderlo todo en silencio y con solo un leve vistazo. Me conocía mejor que a su palma de la mano y aunque eso me enfadaba también me agradaba. Siempre podía contar con él cuando mi hermano o mi padre- rara vez presentes en mis batallas- se olvidaban de que había un tercer hombre esperando orientación en algunos temas. Solo en algunos…
Hablamos un poco más sobre el cuidado que tenía que tener con Claire y no dudar ni un segundo en mandarla lejos si veía que ella comenzaba ponerse intensa o ambiciosa. Sabía de antemano que no tendría problema con ello. Ella podía ser muchas cosas, pero mala persona, definitivamente no era. Hurra por mí y mi sexy carisma.
Salí sintiéndome renovado. Me parecía que la tensión y el peso en mi espalda habían desaparecido dejándome una sensación de frescura, por lo que con esa sensación había caminado directo a la sala de ensayos donde estaban mis compañeros para tener que enfrentarme de nuevo con un inconveniente: Wesley tratando de establecer una cita para poder disfrutar de lo que era mío. Le mostré el dedo medio y le di una buena palabrota para luego salir de allí con el mal humor reinando en mi cuerpo nuevamente. Puede que Pequeño Aiden también se haya sobresaltado un poco al recordar todo lo que ese frágil y delicioso cuerpo podía hacer envuelto entre mis sábanas por lo que tuve que ir a consolarlo un rato al baño. Era un maníaco por esa chica.
Luego la había llamado y su dulce voz me había llevado de vuelta a la calma. Era tan ronca y sensual que solo con escucharla podía hacerme sentir como un pordiosero pidiendo refugio y comida. Las palabras de mi manager resonaban en mi cabeza en cada segundo que las palabras de Claire vibraban a través del teléfono: “Ella te gusta”. ¿Cómo no podía gustarme si era la imagen de la perfección para mí? Era tierna, amable y cariñosa. No era un saco chirriante de sonidos extraños ni pataletas ni muecas; ella era ella y eso era todo. Con eso bastaba.
Al colgar el teléfono rogaba porque esa pequeña testaruda me hiciera caso y se fuera de compras. De todas formas eso es lo que mejor sabían hacer las mujeres. Solo esperaba que encontrara en mi cajón de ropa interior el pequeño mensaje que le había dejado. Moría por verla en un liguero y retirar con mis dientes cada media mientras masajeaba sus piernas y lamía cada centímetro de su cálida piel. Luego, de seguro le haría cosas pecaminosas una y otra y otra vez y… ya estaba duro.
Me obligué –como por enésima vez- a calmarme y me dirigí  la terraza a tomar aire encontrándome en el proceso con alguien a quien no había visto en un tiempo relativamente largo pero que francamente no me apetecía ver. Prefería bailar una y otra vez Single Ladies en un tanga con tal de no ver o escuchar esa voz de nuevo.
-Me dejaste en el maldito estacionamiento. ¿Tienes idea de lo horrible que fue tener que tomar un taxi a seis calles del edificio? ¡A veces eres un cerdo, Aiden!-.
Y ahí se fue mi buena suerte del día. Ironías, ironías.
-Déjame por un jodido momento en paz- murmuré en tono cansado recargándome en la barandilla y mirando al cielo. Tenía mucho en qué pensar. Por ejemplo, cómo poner lejos a Wesley de mi Claire.
-No te saldrás con la tuya, lo sabes, ¿no? Tienes una razón de peso y bastante fuerza para mantenerte atado a mí por el resto de la vida. Esto no es un juego- espetó acercándose hasta quedar a centímetros de mi cuerpo. Su mano rozó mi mejilla y tuve que dar un paso a un lado evadiendo sus garras.
-No te metas en mi vida, aún no tienes la prueba que necesito-.
-¿Cómo dudas de mí sabiendo que estuvimos juntos? No me he acostado con nadie más que contigo-.
-No te creo-.
-Pues más te vale que lo hagas en un tiempo corto porque solo quedan cuatro meses-.
-¿Y bien?- tronó la voz de mi mejor amiga trayéndome de nuevo al presente.- Nos vas a presentar supongo-.
Mi chica estaba tensa por lo que le di una sonrisa que esperaba que pudiera calmarla más de lo que yo necesitaba en ese momento con el pensamiento de cuatro jodidos meses en mi cabeza. Ella sonrió tímidamente mirando el desastre en mi suéter y con sus manos comenzó a limpiar la crema esparcida. Sin vacilar tomé sus dedos y lamí uno por uno probando el sabor de vainilla y fresa de su helado. Ella sonrió de nuevo y esta vez el ruido de Yuri aclarándose la garganta nos hizo volver a la tierra en un segundo.
-Ella no es mi amante, te lo dije antes. Es mi nueva amiga, Claire- introduje sintiéndome algo incómodo al no saber cómo nombrar nuestra relación o lo que sea que tuviéramos. Mi chica sonrió y asintió velozmente haciéndome sentir mejor.
-Es un placer. Aiden ha hablado de ti durante todo el día. Tenía que conocerte, lamento la manera cómo te llamé. Soy Yuri aunque eso ya lo sabes. Tienes que contarme todo lo que hacías en tu país. Puedes contar conmigo como tu amiga-.
Claire me sonrió y le di un beso apasionado antes de dejarla ir con Yuri. Me gustaba ver cómo sus mejillas quedaban de un tono carmesí luego de cada beso. También, amaba ver la adoración en sus ojos y los sentimientos que afloraban. Desaparecieron por el pasillo hacia la habitación y me acerqué de nuevo a la ventana donde había estado minutos antes, el cielo era claro y todo estaba en calma afuera mientras que en mi cabeza había un desastre de pensamientos peores que el terremoto que era Yuri por sí sola. No sabía qué hacer para salir del embrollo en el que estaba y menos cómo decírselo a Claire. Perderla no era una opción. ¿Cómo demonios se convirtió mi vida en un caos?

Respuesta: Wesley. Y como por arte de magia en ese momento el teléfono sonó anunciándome que tenía una llamada de él. Quería ajustar cuentas con mi amigo. Claire era mi chica le gustara a quien le gustara e incluso si ella no lo sabía todavía.

Demasiado sensual este hombre... :P


1 comentario:

  1. Creo que voy a acabar con Wesley. Jajaja es muy mal amigo, gracias por alegrarme la noche!!?

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