Comencé a levantarme pero la
furiosa y ronca voz de Aiden se me adelantó, haciéndome parar en seco con una
sola frase.
-Ella se queda-.
Wesley se encogió de hombros y
caminó dentro del apartamento con la elegancia y audacia que solo él podía portar
sin que se inmutara. Me quedé observándolo con detenimiento buscando alguna
pista sobre lo que podía querer hablar a solas con Aiden. No me gustaba la
actitud que traía; tan arrogante, descarado y despreocupado que deseabas
golpearlo con un mazo entre las piernas. Definitivamente pertenecía a una banda
de chicos guapos.
Su mirada solo encontró la mía
por un milisegundo; el resto del tiempo apenas si notó mi presencia. Era como
si fuera invisible para este hombre, ya no era el seductor que había estado casi
babeando sobre mi pequeño cuerpo el día anterior. Se sentó en frente del sofá
donde me encontraba y optó por tener el brazo descansando sobre el respaldo de
su sillón y cruzar su rodilla sobre su pierna izquierda. Respiraba con
tranquilidad y no mostraba ninguna señal de abatimiento, preocupación o alguna
emoción similar. ¿Venía solo por mí? ¿O algo terriblemente malo había ocurrido
y no quería parecer angustiado hasta decirle a Aiden para no alterarlo?
-Dime qué es lo que pasa- ordenó
Aiden sentándose a mi lado tomando mi mano con suavidad.
Estaba tenso con una
cuerda de alambre y quería hacer algo para remediarlo pero no sabía cómo. Si él
necesitaba espacio de seguro se lo daría; solo tenía que pedírmelo y con gusto
se lo concedería.
-Solo son un par de cosas… de
verdad importantes, Aiden. Todo es acerca de ella- comenzó mirándome por
primera vez más de un segundo con algo similar a la antipatía y rabia. Me
pregunté qué había hecho esta vez.
-Dímelo ya- exigió el hombre de
mis sueños en voz mortalmente calmada. Sabía que estaba por estallar.
-Alguien que dijo ser su padre
estaba buscándola en la empresa- mencionó con voz firme levantando sus manos en
señal de rendición- Armó un verdadero escándalo; tanto, que tuvieron que
sacarlo a rastras de las instalaciones. Parecía… bastante enojado-.
-¿Su padre?- cuestionó Aiden con
evidente confusión sin dirigirme la mirada. Si lo hubiera hecho, hubiese visto
la tensión en mi rostro. Esto no era bueno.
-Sí. Dijo que iba a quemar al
hijo de puta que se había llevado a su hija y que lo cortaría en la
guillotina…. Ciertamente está loco-.
Oh, créeme, lo está. Mucho.
Aiden tomó un respiro hondo y se
levantó dejándome temblando en el sillón. Caminó lentamente hacia la ventana
que dejaba ver la ciudad y colocó las manos detrás de su cuello. No podía ver
su mirada pero sabía que estaba enojado. Podía ver las líneas de tensión
marcadas en su fuerte espalda a través de la camiseta azul que tenía y la
rigidez de su cuerpo entero. Quise correr a reconfortarlo pero me sentía de la misma
manera que él además de impotente. Aquello no podía estar sucediendo.
Permanecimos en silencio tenso
por unos minutos. Aiden se quedó de pie frente al gran ventanal, Wesley
permaneció sentado en el sillón de antes mirándome de reojo y frunciendo
levemente el ceño. ¿Habría algo más que necesitáramos saber?
-¿Qué demonios significa todo
esto?- rugió Aiden un rato después rompiendo el silencio que nos rodeaba. A mí
me asfixiaba.
-Que tienes que solucionar este
problema pronto, Aiden… además…- Wesley hizo una pausa y esquivó mi mirada
dándole una a Aiden que me hizo retorcerme en curiosidad, había un mensaje
implícito- tienes que hablar con el mánager… Hay problemas con tu asunto-.
¿Qué asunto? ¿Yo? O, ¿Aiden tenía
algún problema serio del que nadie supiera nada y lo estaba poniendo en apuros?
Me quedé meditando las posibilidades pero me convencí que el asunto en cuestión
era yo y mi intromisión en la vida de Aiden; debía estar poniéndolo todo de
cabeza. Me sentí mal, pero en ese momento mi mirada se encontró con la de Aiden
y pude ver la necesidad de hacerme permanecer a su lado. Eso llenó mi corazón
de calor. No me iría en un buen tiempo.
-¿Qué necesita mánager?-
cuestionó en voz baja y misteriosa. Había un deje de hostilidad.
-Que rehagas tu vida antes de que
se salga de las manos y dañe todo lo que hemos logrado. Y no te olvides del
asunto; es mejor que soluciones eso pronto- cortó Wesley y luego se levantó con
la gracia de un tigre acechando a su presa.
En silencio se miraron una vez
más transmitiéndose una mirada extraña y luego de un apretón de manos Wesley se
marchó dejándome a solas con Aiden. Eso sí, se aseguró de darme una mirada
afilada y mordaz con algo de lujuria capaz de congelarme por completo antes de
cerrar la puerta. ¿Tan pronto había pasado de desearme a odiarme con todas las
fibras de su ser? No podía importarme menos, estaba allí por Aiden y solo me
preocuparía por lo que pensara él.
-¿Qué ocurre, señor?- pregunté
luego de sentir que el silencio invadía mis oídos como el agua desbocada de un
río. Él no había dicho ni una palabra durante diez minutos enteros.
-Nadie te llevará de mi lado-
afirmó entre dientes –Eres mía y punto. No dejaré que nadie me separe de ti. Si
tengo que asesinar a alguien y llevarte hasta la isla más extraña en Grecia
para mantenerte conmigo, lo haré-.
Anonadada. Estaba completamente
sorprendida por la fiereza que veía en los ojos de Aiden al pronunciar cada
palabra dirigida hacia mí. En un arrebato, se despeinó el cabello y en dos
zancadas corrió hasta llegar a mi lado. Con suavidad tomó mis manos obligándome
en silencio a levantarme. El Aiden apasionado que había visto en el escenario
estaba de vuelta; aquel que con la mirada me decía todo lo que con sus labios
no podía: me necesitaba y me protegería costara lo que costara.
-¿Cuál es la urgencia?- pregunté
fascinada mientras me llevaba al dormitorio. Las sábanas negras contrastaban
con el resplandor luminoso de la luz del día. Alguien había ido a arreglar el
desastre de la noche anterior.
-Te voy a llevar a la cama. No
más follarte en la oscuridad- respondió pateando la puerta con violencia para
abrirla y jalándome dentro.
No dije nada. Él tampoco. Pero
descubrí que mientras las palabras flotaban sin sonido en el aire, también lo
hacían diferentes emociones dentro de mi cuerpo. Mis manos y piernas temblaban
casi al ritmo frenético de mi corazón. Aiden se quitó la camisa con desespero sin
despegar sus ojos de los míos y tan pronto como dejó caer sus pantalones al
suelo mi mente se desconectó por completo dejándome solo las ideas de volver a
ser suya y no separarme de él nunca. Él era más que mi amo, era mi para
siempre.
Con paso marcado y sensual se
acercó hasta quedar frente a mí. No pude levantar la mirada por unos segundos
hasta que él me hizo verlo. Un dedo se había puesto bajo mi barbilla y su otra
mano había marcado su territorio inapelable en mi espalda baja atrayéndome
hacia él. Mi cuerpo vibraba con la expectación y con la necesidad de ser tocada
y acariciada por las manos expertas de este hombre. Esto era mi sueño cumplido
y no iba a dejar que las preocupaciones me nublaran la vista. Él lo haría en su
lugar.
Esta vez la rudeza de cada
movimiento estuvo menos marcada. Fue sutil cuando su boca se apoderó de la mía
pero cuando su lengua buscó una lucha épica con la mía toda su fachada se vino
al suelo y su lado dominante salió a la luz con orgullo.
Me aprisionó entre su cuerpo y la
cama arrancando con fiereza mi ropa. No supe el momento en que estuve
completamente desnuda porque antes de poder siquiera decirle algo a Aiden, una
embestida digna de un animal salvaje y primitivo me hizo gritar de pasión. Tuve
que aferrarme a la poca cordura que me quedaba para no llorar por la felicidad
que sentía.
Él me deseaba como solo un
sediento podría desear el agua.
Sus manos impidieron que las mías
pudieran acariciarlo como yo deseaba. En cambio, fueron a parar arriba de mi
cabeza mientras él me besaba con frenesí al tiempo en que me embestía. No hubo
palabras, tampoco frases consoladoras o llenas de deseo; solo lo que su cuerpo
me expresaba de manera tan dulce. Me rendí ante él como se supone que la sumisa
y esclava tendría que hacerlo y aunque sabía que esto no era ortodoxo, sí entendía
que esto sería el principio de la felicidad que estaba buscando desde hacía
tiempo. A su lado.
***
-Eres mía y nadie va a cambiar
eso.- Murmuró unas horas después mientras yo trataba de controlar mi corazón y
cuerpo luego de los orgasmos que él me había dado. Estaba lánguida y
deliciosamente dolorida.
-Señor, yo…-
-No me importa si él es el Papa o
el dueño de mi alma- desafió girando sobre su espalda para dejarme debajo de
él. Me encantaba verlo de esa manera. –Si alguien intenta llevarte de mi lado,
lo haré papilla- juró penetrándome una vez más mientras gruesas gotas de sudor
resbalaban por su nariz hasta caer en mi frente.
Me sorprendía la velocidad con la
que podía desearme cada vez que quería. Si bien terminaba, casi no me daba
tiempo de reponerme y embestirme una vez más. En esa tarde ya llevábamos cuatro
largas rondas de las que había obtenido un provechoso sentimiento de seguridad
mas una sensación inigualable en el cuerpo. Era como un bendito toro.
-Nunca. Te. Llevarán. De. Mi.
Maldito. Lado.- gruñó cada palabra empalándome como un algodón de azúcar y
girando de nuevo dejándome sobre él. No pude soportarlo y cuando él llego a un
clímax que lo derrumbó en el colchón, me dejé caer completamente exhausta sobre
su torso sintiendo mi cuerpo caer pesadamente. El sueño me vencería pronto.
-¿Entiendes? No puedes irte. Te
necesito- respiró en mi coronilla besando suavemente mi cabeza mientras la
masajeaba. -¿Me crees?-.
-Sí, señor, te creo- respondí y
caí felizmente en la tierra de Morfeo.
Lo cierto era que de verdad lo
creía. Él iba a mantenerme a su lado e iba a protegerme de mi padre. Pero entre
mis sueños eróticos y placenteros, apareció la imagen de quien había hecho mi
vida una completa desgracia. Venía por mí como Wesley lo había anunciado, pero
en su intento de tomarme de nuevo en sus garras, Aiden había quedado en medio y
había sido lastimado. Gritaba su nombre pero él no respondía. Quería acercarme
a él pero mi padre me llevaba a rastras dejando la imagen del hombre de mis
sueños como último recuerdo antes de caer en un vacío negro y oscuro.
Desperté de golpe jadeando por
aire con la frente llena de sudor y el corazón acelerado. Él no iba a
atraparme, me dije a mí misma y me giré para ver el rostro dormido y sereno de
Aiden a mi lado. Sus párpados revoloteaban suavemente pero respiraba con
tranquilidad lo que me daba un indicio de que él estaba durmiendo plácidamente.
Quería beber un poco de agua
debido a mi sueño pero el murmullo de frases incoherentes por parte de Aiden me
detuvo. Sonreí al escuchar cómo mencionaba a su madre y su necesidad de cantar
frente a todos en un escenario. Luego mencionó algo sobre una chica que era un
dolor en el trasero. Traté de zafarme de su poderoso agarre pero al moverme un
poco más, él apretó los brazos y apoyó la cabeza contra mis pechos desnudos.
Sonreí levemente de nuevo y suspiré dispuesta a intentar levantarme pero el
murmullo de una frase un poco más clara pero aterradora resonó como un arma
siendo disparada en mis oídos.
-Ese bebé no es mío-.
Excelente año!!!! Que Dios te siga bendiciendo con el don de la creatividad, que este año tus sueños se cumplan, y gracias por hacer mas interesantes mis mañanas con la dicha de tus escritos!!! Feliz 2015 !!!
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