jueves, 1 de enero de 2015

CAPITULO 6

-Sabes… me gustaría conversar un poco contigo a solas…- comentó en voz baja Wesley pero lo suficientemente alto como para que yo lo escuchara. De seguro eran malas noticias.

Comencé a levantarme pero la furiosa y ronca voz de Aiden se me adelantó, haciéndome parar en seco con una sola frase.

-Ella se queda-.

Wesley se encogió de hombros y caminó dentro del apartamento con la elegancia y audacia que solo él podía portar sin que se inmutara. Me quedé observándolo con detenimiento buscando alguna pista sobre lo que podía querer hablar a solas con Aiden. No me gustaba la actitud que traía; tan arrogante, descarado y despreocupado que deseabas golpearlo con un mazo entre las piernas. Definitivamente pertenecía a una banda de chicos guapos.

Su mirada solo encontró la mía por un milisegundo; el resto del tiempo apenas si notó mi presencia. Era como si fuera invisible para este hombre, ya no era el seductor que había estado casi babeando sobre mi pequeño cuerpo el día anterior. Se sentó en frente del sofá donde me encontraba y optó por tener el brazo descansando sobre el respaldo de su sillón y cruzar su rodilla sobre su pierna izquierda. Respiraba con tranquilidad y no mostraba ninguna señal de abatimiento, preocupación o alguna emoción similar. ¿Venía solo por mí? ¿O algo terriblemente malo había ocurrido y no quería parecer angustiado hasta decirle a Aiden para no alterarlo?

-Dime qué es lo que pasa- ordenó Aiden sentándose a mi lado tomando mi mano con suavidad. 

Estaba tenso con una cuerda de alambre y quería hacer algo para remediarlo pero no sabía cómo. Si él necesitaba espacio de seguro se lo daría; solo tenía que pedírmelo y con gusto se lo concedería.

-Solo son un par de cosas… de verdad importantes, Aiden. Todo es acerca de ella- comenzó mirándome por primera vez más de un segundo con algo similar a la antipatía y rabia. Me pregunté qué había hecho esta vez.

-Dímelo ya- exigió el hombre de mis sueños en voz mortalmente calmada. Sabía que estaba por estallar.

-Alguien que dijo ser su padre estaba buscándola en la empresa- mencionó con voz firme levantando sus manos en señal de rendición- Armó un verdadero escándalo; tanto, que tuvieron que sacarlo a rastras de las instalaciones. Parecía… bastante enojado-.

-¿Su padre?- cuestionó Aiden con evidente confusión sin dirigirme la mirada. Si lo hubiera hecho, hubiese visto la tensión en mi rostro. Esto no era bueno.

-Sí. Dijo que iba a quemar al hijo de puta que se había llevado a su hija y que lo cortaría en la guillotina…. Ciertamente está loco-.

Oh, créeme, lo está. Mucho.

Aiden tomó un respiro hondo y se levantó dejándome temblando en el sillón. Caminó lentamente hacia la ventana que dejaba ver la ciudad y colocó las manos detrás de su cuello. No podía ver su mirada pero sabía que estaba enojado. Podía ver las líneas de tensión marcadas en su fuerte espalda a través de la camiseta azul que tenía y la rigidez de su cuerpo entero. Quise correr a reconfortarlo pero me sentía de la misma manera que él además de impotente. Aquello no podía estar sucediendo.

Permanecimos en silencio tenso por unos minutos. Aiden se quedó de pie frente al gran ventanal, Wesley permaneció sentado en el sillón de antes mirándome de reojo y frunciendo levemente el ceño. ¿Habría algo más que necesitáramos saber?

-¿Qué demonios significa todo esto?- rugió Aiden un rato después rompiendo el silencio que nos rodeaba. A mí me asfixiaba.

-Que tienes que solucionar este problema pronto, Aiden… además…- Wesley hizo una pausa y esquivó mi mirada dándole una a Aiden que me hizo retorcerme en curiosidad, había un mensaje implícito- tienes que hablar con el mánager… Hay problemas con tu asunto-.

¿Qué asunto? ¿Yo? O, ¿Aiden tenía algún problema serio del que nadie supiera nada y lo estaba poniendo en apuros? Me quedé meditando las posibilidades pero me convencí que el asunto en cuestión era yo y mi intromisión en la vida de Aiden; debía estar poniéndolo todo de cabeza. Me sentí mal, pero en ese momento mi mirada se encontró con la de Aiden y pude ver la necesidad de hacerme permanecer a su lado. Eso llenó mi corazón de calor. No me iría en un buen tiempo.

-¿Qué necesita mánager?- cuestionó en voz baja y misteriosa. Había un deje de hostilidad.

-Que rehagas tu vida antes de que se salga de las manos y dañe todo lo que hemos logrado. Y no te olvides del asunto; es mejor que soluciones eso pronto- cortó Wesley y luego se levantó con la gracia de un tigre acechando a su presa.

En silencio se miraron una vez más transmitiéndose una mirada extraña y luego de un apretón de manos Wesley se marchó dejándome a solas con Aiden. Eso sí, se aseguró de darme una mirada afilada y mordaz con algo de lujuria capaz de congelarme por completo antes de cerrar la puerta. ¿Tan pronto había pasado de desearme a odiarme con todas las fibras de su ser? No podía importarme menos, estaba allí por Aiden y solo me preocuparía por lo que pensara él.

-¿Qué ocurre, señor?- pregunté luego de sentir que el silencio invadía mis oídos como el agua desbocada de un río. Él no había dicho ni una palabra durante diez minutos enteros.

-Nadie te llevará de mi lado- afirmó entre dientes –Eres mía y punto. No dejaré que nadie me separe de ti. Si tengo que asesinar a alguien y llevarte hasta la isla más extraña en Grecia para mantenerte conmigo, lo haré-.

Anonadada. Estaba completamente sorprendida por la fiereza que veía en los ojos de Aiden al pronunciar cada palabra dirigida hacia mí. En un arrebato, se despeinó el cabello y en dos zancadas corrió hasta llegar a mi lado. Con suavidad tomó mis manos obligándome en silencio a levantarme. El Aiden apasionado que había visto en el escenario estaba de vuelta; aquel que con la mirada me decía todo lo que con sus labios no podía: me necesitaba y me protegería costara lo que costara.

-¿Cuál es la urgencia?- pregunté fascinada mientras me llevaba al dormitorio. Las sábanas negras contrastaban con el resplandor luminoso de la luz del día. Alguien había ido a arreglar el desastre de la noche anterior.

-Te voy a llevar a la cama. No más follarte en la oscuridad- respondió pateando la puerta con violencia para abrirla y jalándome dentro.

No dije nada. Él tampoco. Pero descubrí que mientras las palabras flotaban sin sonido en el aire, también lo hacían diferentes emociones dentro de mi cuerpo. Mis manos y piernas temblaban casi al ritmo frenético de mi corazón. Aiden se quitó la camisa con desespero sin despegar sus ojos de los míos y tan pronto como dejó caer sus pantalones al suelo mi mente se desconectó por completo dejándome solo las ideas de volver a ser suya y no separarme de él nunca. Él era más que mi amo, era mi para siempre.

Con paso marcado y sensual se acercó hasta quedar frente a mí. No pude levantar la mirada por unos segundos hasta que él me hizo verlo. Un dedo se había puesto bajo mi barbilla y su otra mano había marcado su territorio inapelable en mi espalda baja atrayéndome hacia él. Mi cuerpo vibraba con la expectación y con la necesidad de ser tocada y acariciada por las manos expertas de este hombre. Esto era mi sueño cumplido y no iba a dejar que las preocupaciones me nublaran la vista. Él lo haría en su lugar.

Esta vez la rudeza de cada movimiento estuvo menos marcada. Fue sutil cuando su boca se apoderó de la mía pero cuando su lengua buscó una lucha épica con la mía toda su fachada se vino al suelo y su lado dominante salió a la luz con orgullo.

Me aprisionó entre su cuerpo y la cama arrancando con fiereza mi ropa. No supe el momento en que estuve completamente desnuda porque antes de poder siquiera decirle algo a Aiden, una embestida digna de un animal salvaje y primitivo me hizo gritar de pasión. Tuve que aferrarme a la poca cordura que me quedaba para no llorar por la felicidad que sentía.

Él me deseaba como solo un sediento podría desear el agua.

Sus manos impidieron que las mías pudieran acariciarlo como yo deseaba. En cambio, fueron a parar arriba de mi cabeza mientras él me besaba con frenesí al tiempo en que me embestía. No hubo palabras, tampoco frases consoladoras o llenas de deseo; solo lo que su cuerpo me expresaba de manera tan dulce. Me rendí ante él como se supone que la sumisa y esclava tendría que hacerlo y aunque sabía que esto no era ortodoxo, sí entendía que esto sería el principio de la felicidad que estaba buscando desde hacía tiempo. A su lado.

***

-Eres mía y nadie va a cambiar eso.- Murmuró unas horas después mientras yo trataba de controlar mi corazón y cuerpo luego de los orgasmos que él me había dado. Estaba lánguida y deliciosamente dolorida.

-Señor, yo…-

-No me importa si él es el Papa o el dueño de mi alma- desafió girando sobre su espalda para dejarme debajo de él. Me encantaba verlo de esa manera. –Si alguien intenta llevarte de mi lado, lo haré papilla- juró penetrándome una vez más mientras gruesas gotas de sudor resbalaban por su nariz hasta caer en mi frente.

Me sorprendía la velocidad con la que podía desearme cada vez que quería. Si bien terminaba, casi no me daba tiempo de reponerme y embestirme una vez más. En esa tarde ya llevábamos cuatro largas rondas de las que había obtenido un provechoso sentimiento de seguridad mas una sensación inigualable en el cuerpo. Era como un bendito toro.

-Nunca. Te. Llevarán. De. Mi. Maldito. Lado.- gruñó cada palabra empalándome como un algodón de azúcar y girando de nuevo dejándome sobre él. No pude soportarlo y cuando él llego a un clímax que lo derrumbó en el colchón, me dejé caer completamente exhausta sobre su torso sintiendo mi cuerpo caer pesadamente. El sueño me vencería pronto.

-¿Entiendes? No puedes irte. Te necesito- respiró en mi coronilla besando suavemente mi cabeza mientras la masajeaba. -¿Me crees?-.

-Sí, señor, te creo- respondí y caí felizmente en la tierra de Morfeo.

Lo cierto era que de verdad lo creía. Él iba a mantenerme a su lado e iba a protegerme de mi padre. Pero entre mis sueños eróticos y placenteros, apareció la imagen de quien había hecho mi vida una completa desgracia. Venía por mí como Wesley lo había anunciado, pero en su intento de tomarme de nuevo en sus garras, Aiden había quedado en medio y había sido lastimado. Gritaba su nombre pero él no respondía. Quería acercarme a él pero mi padre me llevaba a rastras dejando la imagen del hombre de mis sueños como último recuerdo antes de caer en un vacío negro y oscuro.

Desperté de golpe jadeando por aire con la frente llena de sudor y el corazón acelerado. Él no iba a atraparme, me dije a mí misma y me giré para ver el rostro dormido y sereno de Aiden a mi lado. Sus párpados revoloteaban suavemente pero respiraba con tranquilidad lo que me daba un indicio de que él estaba durmiendo plácidamente.

Quería beber un poco de agua debido a mi sueño pero el murmullo de frases incoherentes por parte de Aiden me detuvo. Sonreí al escuchar cómo mencionaba a su madre y su necesidad de cantar frente a todos en un escenario. Luego mencionó algo sobre una chica que era un dolor en el trasero. Traté de zafarme de su poderoso agarre pero al moverme un poco más, él apretó los brazos y apoyó la cabeza contra mis pechos desnudos. Sonreí levemente de nuevo y suspiré dispuesta a intentar levantarme pero el murmullo de una frase un poco más clara pero aterradora resonó como un arma siendo disparada en mis oídos.


-Ese bebé no es mío-.

1 comentario:

  1. Excelente año!!!! Que Dios te siga bendiciendo con el don de la creatividad, que este año tus sueños se cumplan, y gracias por hacer mas interesantes mis mañanas con la dicha de tus escritos!!! Feliz 2015 !!!

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