domingo, 28 de diciembre de 2014

CAPITULO 2.

Él estaba cantando en frente de mí. Lucía como un ángel oscuro persiguiendo a las miles de admiradoras que estábamos allí con la única intención de verlos de pie cantando a todo pulmón las canciones que ya conocíamos de memoria. Todas estábamos emocionadas por este concierto; era el mejor y más grande. Celebraban un año más de su carrera y yo estaba allí también para apoyarlos.

Sin embargo, la que estaba más emocionada era yo. Tenía la emoción arriba de los niveles humanos posibles. Estaba preparando un hecho histórico y clandestino que podría llevarme a la libertad como también a la represión.

Mientras terminaban su última canción pude casi sentir la energía emanando de él. Sus ojos hicieron un breve escaneo sobre la multitud enfebrecida por el deseo de palparlos con sus manos y deseé por un momento que pudiera ver mi sonrisa de felicitación a lo lejos. Mas eso no era posible, ya que las caras se confundían entre las pancartas y las voces se mezclaban creando un único sonido ensordecedor que no dejaba ver entre las voces masculinas y femeninas. Tampoco podían escucharse las frases animadoras y los elogios que eran lanzados. Era un caos.

Esperé unos minutos luego de que ellos fueran tras el escenario y comencé a recitar mi plan en mi mente una vez más antes de lanzarme de cabeza al agua.

Uno, dos, tres…

No había nadie allí en el corredor que llevaba hasta donde los autos se estacionaban y conducían directamente al camerino de los chicos. Revisé dos veces y me cercioré de que la tarjeta siguiera en mi mano. Era la razón por la que había viajado desde tan lejos; solo para poder verlo de cerca y acercarme a él para ofrecerle mi petición. No tenía derecho a pedir nada de él, pero esperaba fervientemente que él me escuchara y me dejara contarle todo lo que pasaba por mi mente. Todo lo que mi corazón y cuerpo escondían ferozmente. Pero primero tenía que atravesar aquel túnel…

Thump, thump. Thump, thump.

Salté la valla de contención y corrí a través del oscuro pasillo el cual olía a perfumes, laca, maquillaje, sudor y ropa limpia. Estaba eufórica. Cuando llegué al final, pude vislumbrar las puertas de los camerinos con el nombre de cada integrante en una placa en la mitad de ellas. Sonreí mientras me acercaba con pasos tensos hasta la puerta que tenía escrita aquella palabra tan mágica y angelical como esa. Un poco más… Solo un poco más…

Salté cuando unos brazos me rodearon por detrás apartándome de mi sueño. El aliento impregnado del olor del tabaco fuerte y algún licor calentaron mi mejilla y oído cuando las palabras que me forzaban a ir lejos de él atravesaron el ambiente. A lo lejos se escuchaban aún los gritos de las fans y las risas de los chicos que amaba. Pero no su voz…

-Te vas a meter en muchos problemas por esto- susurró abrazándome con más fuerza y tirándome hasta su cuerpo dejando la prueba de su hombría pegada a mi espalda.

Comencé a removerme sin decir nada pero era como tener dos ligas de acerco fijas contra mi cuerpo. Él no iba a dejarme ir pero no me iba a rendir por ello. Comencé a forcejear más fuerte esperando poder salir de allí pero él fácilmente me levantó del suelo y me tiró al suelo como un saco de papas. Su peso se posó sobre mi cuerpo haciéndome soltar un jadeo pero pronto un dolor sordo me nubló la visión por un momento. Uno de los lados de mi cabeza martillaba con fuerza.

El hombre habló en voz urgente por su radio pidiendo refuerzos mientras yo entraba en un ataque de histeria necesitando sentirme de nuevo en mis pies para ir hacia donde mi destino me deseaba. El apretó su agarre en el suelo haciéndome gritar por el dolor que sentía en mi espalda y hombros.

Llegaron más hombres los cuales me veían con algo que conocía muy bien. Había malicia, sevicia y lujuria en ellos mientras veían la falda pegada al final de mi trasero. Mi respiración se agitó y empecé a gritar sabiendo que nadie vendría en mi ayuda. Ellos estaban tan cerca, tan llenos de lujuria que casi podía sentir su olor saliendo a ventiscas prometiendo algo que yo no deseaba.

Entonces las luces se atenuaron y las risitas estúpidas y las miradas lascivas fueron interrumpidas por el ronco y profundo sonido que invadía mis oídos cada vez que lo reproducía en mi teléfono. La voz del dueño de mi voluntad apareció ante mí como un guerrero galopando con imponencia hacia la próxima ciudad que gobernaría.

Me detuve centímetro a centímetro escaneando su figura. Comencé por los pies al levantar lentamente la mirada. Vestidos con zapatillas de deporte; las que él adoraba y usaba todo el tiempo cuando estaba en época de descanso. Luego sus piernas kilométricas, forradas en un simple pantalón oscuro que le daba la hombría necesaria y que no podía ocultar lo que se escondía tras su bragueta. Una simple camiseta oscura debajo de una chaqueta de cuero color negro. Cuello fuerte por el que moría por poder recorrer con mi lengua y finalmente su rostro. Ese rostro anguloso que llenaba cada espacio de mi mente una y otra vez, mientras recreábamos escenas de él y yo: solos en una habitación cómoda, completamente desnudos…

Clavó sus ojos en mí y cuando comenzó a inclinarse para estar a mi altura, mi corazón se saltó un latido y mi mente dejó de trabajar por completo. Sus dedos tomaron con suavidad mi barbilla y mis ojos de inmediato quedaron clavados con los suyos. Estaba analizándome pero al mismo tiempo parecía grabar a fuego mis rasgos en su memoria. Luego había pronunciado palabras solo para mí… Me había pedido respirar y como buena chica que sería para él –solo de él- obedecí gustosa y algo avergonzada.

Los hombres de seguridad habían dado marcha atrás cuando él puso su mano sobre la mía llevándome fuera del alcance de todos a aquella habitación pequeña y tenue sentí que me empapaba por completo. Estábamos a solas y daría mi vida entera por hacerlo de nuevo. Una cosa llevaba muchas veces a la otra.

Le di mi mensaje aun cuando me temblaban las piernas por el deseo acumulado entre ellas. No podía evitarlo. Este hombre era la perfección andante y yo quería adorarlo durante el tiempo que él me lo permitiera.

En silencio rogaba porque él me diera el placer de ser suya. Tenía intenciones demasiado fuertes  y concisas para esto así que rogaba al cielo para que esto fuera posible. Me había guardado para esto desde que lo había visto por primera vez en una pantalla cantando y tocando el bajo como un ángel oscuro tratando de seducir a todos. Sus movimientos habían sido como la más hermosa obra en el mundo y me habían hipnotizado por completo. Entonces lo imaginé como un dios moviéndose de manera sensual encima de mí haciéndome jadear y rogar por su cuerpo una y otra vez mientras tocaba y amasaba el mío como un fino instrumento desafinado.

Sus ojos eran dos orbes color caoba pero no podía leer nada en ellos. Pensé que iba a rechazarme por la dura expresión de su rostro. Parecía querer sacarme los ojos. Pero luego tomó mi mano enviando una ráfaga caliente por todo mi cuerpo haciendo que vibrara y se sacudiera. Me estremecí notando su espalda dura y firme frente a mí pero estaba conduciéndonos a la puerta.

Significaba que podríamos llegar al lugar que yo quería que él fuera. Quería que desatara su locura y pusiera mi nombre en ridículo en sus manos. Estaría feliz de hacerlo. Él abrió la puerta y casi di un paso cuando él se detuvo abruptamente bloqueando la puerta. Pude escuchar las respiraciones de los chicos antes de verlos y cerré mis ojos sintiendo la necesidad de huir lejos. En brazos de Aiden.
-Tenemos que llevarla a la policía- comentó una voz ronca, gruesa y bastante cansada. Debía ser su manager.

-Yo lo haré- comentó con total tranquilidad Aiden mientras sostenía mi mano más fuerte. Dio un apretón y me acerqué más cerca de su brazo.

-No sabes quién es. Podría matarte en el camino, ¡eso no está a discusión!- gritó una voz alarmada y autoritaria. Nunca pensé escuchar al chico-Ethan-líder-sonrisas-voz-de-caramelo gritando de esa manera.

-Solo quiero dejarla en donde esté a salvo. Llamaré en la mañana- señaló con voz neutra y con la cabeza abajo tiró de mi brazo hasta que estuvimos unos pasos lejos de allí.
Wesley, el guitarrista, se acercó hasta él y susurró algo en su oído antes de verme con ojos entrecerrados y algo de condescendencia. Aiden caminó relajando su postura por lo que me sentí de inmediato mejor y caminé casi a trompicones detrás de él como un fiel seguidor. Lo seguiría a donde quisiera llevarme.

Subimos en un auto negro con ventanas tintadas y él quedó en silencio poniendo un brazo sobre sus ojos. Me quedé inmóvil sobre mi asiento esperando el momento para hablar con él pero estaba pasmada. Tenía a un hombre que estaba calentándome sin proponérselo y tenía miedo de levantarme y que él viera mi necesidad de él plasmada en la silla. Eso sería vergonzoso pero en parte quería que él supiera que solo estaba siempre lista para él y sus manos.

Pasaron largos minutos en los que él solo respiró pesadamente con su brazo aun cubriendo su rostro. Me quedé en silencio haciendo uso de mi voluntad y miré por la ventana al exterior. Cerré los ojos por un momento y me vi a mí misma horas antes preparándome para este encuentro, para que él viera lo que podía hacer en la intimidad de una habitación, para que el pudiera…

El auto se detuvo y abrí los ojos al escuchar la puerta de Aiden abrirse. Él salió con pasos rápidos y alcanzó mi lado en un segundo. Tendió su mano y haciendo un gesto con su cabeza me arrastró dentro de un edificio enorme y moderno. El guardia no dijo nada tal vez por respeto con la imponente figura de Aiden y su humor casi tangible. Llegamos al ascensor y cuando las puertas se cerraron me dije que todo iba a estar bien, que todo el esfuerzo valdría la pena.

Haciendo un “ding” el ascensor se detuvo en el piso ocho y tras caminar un poco descubrí que nos dirigíamos al apartamento 804. Él me miró por encima de su hombro mientras abría la puerta y sentí de nuevo mis mejillas encenderse de color. Él era demasiado poderoso. Su sensualidad estaba consumiéndome en llamas de deseo.

-Espero entiendas mi necesidad de proteger este lugar- comentó aun en voz baja mirándome con detenimiento- Este es mi lugar de descanso y no he traído a nadie aparte de los chicos. Compórtate, tenemos que hablar- abrió la puerta y me encontré con demasiada oscuridad.

Me paré cerca de la pared con la esperanza de tener algo a qué aferrarme y no caerme. No quería pasar vergüenza. Entonces sentí el tibio cuerpo de Aiden rodeándome hasta pasar las manos por mi cintura. Dios, quería tener sexo en la entrada de su casa. ¡En la oscuridad!

-¿Puedes moverte un poco, por favor? Estás bloqueando la electricidad- pidió en voz baja muy cerca de mi mejilla y me sonrojé apartándome. 

Solo un poco más, un poco más.

Entré sin detenerme a mirar demasiado. Era suficiente para mí solo estar en su lugar sagrado y pensaba hacerlo valer. Él caminó por la sala dejando sus manos entrelazadas en su nuca. Me acerqué a él con la intención de llamar su atención pero me encontró primero y pasándose las manos por la cara me miró impaciente.

-Toma una ducha- ordenó ahora acariciando su brazo- Hablaremos cuando estés fresca-.

No dudé mientras veía sus ojos fijos en los míos. Indicó el camino y fui hasta allí cerrando la puerta con suavidad. Pude escucharlo moviéndose en la cocina y me dije que solo necesitaba adaptarse. Me di una ducha rápida amando tener el olor de su jabón en mi piel y colocándome de nuevo mi escasa ropa, caminé de vuelta a la sala sentándome en mis talones sobre el sofá. 

Chica buena, chica buena.

Él estaba en la cocina preparando té. El agua caliente brotaba de la tetera y cuando se acercó cargando dos tazas recibí una sintiendo la necesidad de ser obediente. Él se sentó frente a mí y con sus ojos fijos en los míos bebí un sorbo de té quemándome los labios y la lengua. Hice una mueca y puse la taza sobre la mesa.

Aiden estuvo sobre mí en un santiamén y riñéndome por ser torpe al beber pasó un dedo sobre mi labio inferior. Llevada por el deseo que estaba de nuevo entre mis piernas, lamí la punta con ferocidad. Él abrió los ojos como platos pero siguió el movimiento de mi lengua. Luego sin previo aviso se retiró con un gruñido y puso la taza que sostenía un poco fuerte sobre la mesa. Me miró con esos ojos impactantes y orgullosos y comenzó una conversación simple.

-¿Qué quieres de mí?-. Sonreí levemente viéndolo mirar mis piernas. Eso quería de él.

-Ser tuya por completo. He venido a ofrecerte mi cuerpo para que hagas con él lo que quieras- expliqué sintiendo ansiedad en mi cuerpo, él arqueó una ceja de forma arrogante y me excité aún más- ¿Nunca has deseado tener a tu lado una mujer que esté dispuesta a cumplir todos tus deseos por más mínimos y poco tradicionales que fueran?- traté por otro lado pero solo obtuve silencio. Él cerró sus ojos y suspiró.

-¿No has deseado nunca una mujer que disfrute hasta el desmayo cada vez que estés empujando dentro y fuera de ella de forma animal y pida más a cambio?-.

Silencio.

-¿No deseas a una mujer que se someta en cuerpo y alma a ti y que jamás deje tu lado a la vez que no ofrece quejas ni reclamos?-.

Nada.

-¿Nunca has querido que una mujer sea capaz de llevarte al más intenso placer de la vida estando atada de pies y manos y vendada por completo como una esclava que solo recibe tus órdenes?-.

Lentamente comenzó a acariciar sus muslos como si estuviera secando sus manos y sus puños se abrieron y cerraron varias veces. Me tensé notando que el silencio era mi enemigo esa noche pero cuando un suspiro cansado que resonó por todo el lugar e hizo eco en mis oídos, él finalmente respondió abriendo lentamente los ojos y mirándome con un brillo extraño en la mirada.

-Sí-.

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