sábado, 28 de marzo de 2015

CAPITULO 14 (Parte II)

En algún momento el bastardo se salió de mi agarre y logró escabullirse corriendo hacia la pared más cercana desde donde nos observó en silencio limpiándose la sangre que le cubría el rostro magullado. Instintivamente me levanté como un rayo y tomé entre mis brazos a mi chica con tal de protegerla y hacerle ver que estaba a salvo conmigo. Temblaba como una hoja al viento y aunque sabía que era por su padre que se encontraba en ese estado, también era consciente que debía estar aterrada de verme actuar como lo había hecho hacía un momento.

Sonreí levemente acunándola en mi pecho dejándome llevar por el sonido de su respiración. Necesitaba calmarla pero para poder llevar a cabo mi empresa tenía primero que sacarla de allí y escondernos debajo de la última piedra en la tierra. No podía permitir que este lunático nos encontrara de nuevo. Lo que me recordó la razón por la que estaba con nosotros en ese momento y me hizo volver la mirada directo hacia las manos frágiles de Claire.

El arma.

El arma que ella debería tener en la mano, no estaba.

¿En dónde demonios estaba?

Y como siempre el destino o tal vez algo más profundo y extraño me respondió haciendo sonar el gatillo siendo preparado para disparar. Creo que hasta solté un suspiro exagerado y cansado antes de ver de nuevo a Claire y sorprenderla completamente sonrojada… Jódanme, maldita sea.

-¿En serio, bebé?-

-Solo… la pateé-.

Mierda…

-Déjense ya de cotorreos… Me tienen harto… Y tú, maldita mujerzuela, te vas a venir conmigo y vas a hacer lo que siempre has debido hacer y que ahora haces sin necesidad de paga. ¡Te quiero en el maldito burdel revolcando camas!-.

Y sí, había que aceptarlo, el vejete estaba completamente muerto de rabia y nos estaba dejando saber mientras nos apuntaba directamente a la cabeza. Me preguntaba cómo podía estar ahí de pie sin siquiera inmutarse por la cantidad de hinchazones, moretones y tal vez huesos rotos que podían notarse con tanta facilidad. A veces los sentimientos lograban opacar el resto de reacciones que podías tener en tu cuerpo. Tal vez por eso no sentía dolor o frustración cuando estaba haciéndole el amor a Claire; ella nublaba mi juicio y cordura.

Pero si hablaba de perder la cordura cuando tenía esta mujer entre mis brazos, ¿significaba eso que en ese momento, con un arma apuntando entre mis ojos y la sonrisa de un ente asomando entre la niebla de presión, estaba perdiendo también la cordura por no defenderme de la muerte? Era probable, tal vez era una realidad completamente innegable. Solo me quedaba entonces una pregunta mientras los gritos de Claire implorando clemencia retumbaban en mis oídos: ¿Qué más lograría cegar ella por completo? ¿Mi fe? ¿Mi corazón? ¿Mi espíritu y voluntad?

No pude buscar respuesta coherente; tampoco pude volver a verla un segundo más. Los gritos se convirtieron en melancolía cuando el juicio fue dictado y la guillotina puesta en marcha. No hubo momentos de reflexión o de ver la vida correr en un segundo; vi la vida, pero desde los ojos de ella. Vi su miedo, su pasado y promesas rotas en un segundo. Sentí su dolor como mío cuando los primeros gemidos llegaron a mis oídos. Vi la angustia y el dolor llenar su rostro. La vi a ella como la mujer que era. Fuerte, hermosa, valiente y leal.

Simplemente vi la realidad en un segundo cuando Claire se interpuso entre una bala que impactó contra su pecho y yo. Me acababa de salvar la vida sin vacilar cuando alguien me había amenazado con arrebatármela.

Eso era lo que algunos profesaban como amor y a mí me lo acababan de regalar desinteresadamente.

-Claire…- susurré incapaz de creer lo que tenía ante mis ojos. Era como ver un álbum de recuerdos vívidos de nuestros momentos hermosos juntos. Jadeando y con la respiración entre cortada por el deseo. Con los labios entre abiertos y torcidos en un gesto. Los ojos avellana completamente perdidos en el vacío… Ahora todo llevado desde el otro punto. Sus jadeos eran de angustia y fatiga dolorosa; sus labios, estaban pálidos y temblaban por los ramalazos de dolor que corrían por su cuerpo frágil y rígido. Esos ojos que cautivaban mis sueños y fantasías estaban perdidos en algún lugar que rogaba no fuera aquel túnel con luz que la gente veía antes de irse lejos para siempre.

-Todo… todo estará bien, cielo- fue la amortiguada respuesta que me brindó antes de escupir una bocanada de sangre que parecía estar viniendo de su alma.

Mi ira se elevó al cielo al verla de esa manera. Jamás hubiera pensado que llegaría el momento en que sus ojos se quedaran fijos en un solo lugar y sus pupilas se dilataran. Su respiración acompasada y serena me dijo suficiente para que en medio de la angustia, incredulidad e impotencia, reaccionara de la única manera en que conocía: correr como una fiera puesta en libertad y martirizar a aquel demonio que acababa de mandar a dormir no sé por cuánto tiempo a mi chica.

No hubo tiempo de que él corriera o pudiera hacer algo. Afortunadamente la respuesta de él fue hacerse hacia atrás y caer sobre su trasero. Sé que sonreí con maldad dejando que todo lo que sentía se concentrara en los golpes que mis manos estaban dándole con frenesí salvaje. Que Dios lo protegiera o el demonio se lo llevara lejos porque yo no podía detenerme hasta que viera el color drenarse de su rostro y su alma abandonar su mirada.

-¿Sabes cuántas veces la he visto mudarse lejos porque vuelves a su memoria?- gruñí entre golpes sosteniéndolo del cuello de su polo. -¿Sabes siquiera cuántas veces he tenido que curar con besos las heridas que has abierto con palabras, maldito bastardo? No sabes lo que tienes a tu lado; no sabes la maravillosa mujer que es a pesar de tener a un padre de mierda como tú, infeliz-.

-Es… igual a su… madre- contestó después de un largo silencio en el que solo recibió golpes con los ojos cerrados. No entendía cómo seguía consciente si lo estaba masacrando. –Ella me dejó por otro, se fue cuando era lo más valioso en mi vida. Me dejó con Claire cuando más la necesitaba. Se fue por ese cabrón que iba conduciendo el coche. ¡Eran amantes y murieron juntos!-

Demonios… Y yo que pensaba que haber crecido con padres que te ignoraran era duro, ¿cómo había sido para Claire vivir con un padre que la odiaba por ser la copia de su mamá? Ese hombre tenía un recuerdo bastante vívido de su mujer a la que había amado en algún momento pero le había fallado al serle infiel. Si Claire algún día me hacía eso, estaba seguro de que me volvería loco… Creía entenderlo un poco.

-Esa es no excusa, ¡es tu hija!-

-¡Es igual a ella!-.

-Vete a la mierda. –espeté cansado de la situación y algo feliz de escuchar un jaleo algo embravecido en las afueras de la gran sala. Con un último golpe callé su boca y sin mirar atrás corrí hasta Claire para ver que estaba tan pálida como un fantasma y sin siquiera un leve movimiento de su pecho. Parecía tan calmada… Como una estatua en una iglesia… ¿Estaba ella…?


-Claire…- susurré con miedo escuchando a la policía ingresar a la sala con armas, gritos y estruendos .¿Abres los ojos para mí? –y la respuesta fue silencio. Conocí la soledad por primera vez al no ver sus ojos abrirse ni sus labios moverse. Silencio sepulcral.

              ***                                      ***                                      ***                                      

Siempre digo que lo prometido es deuda (aunque se pague tarde, lo siento), pero al fin pude respirar de la universidad y el anteproyecto de grado. Confiando en Dios, todo va a ir muy bien. Esta semana santa espero subir tantos caps como me de la gana y tal vez comenzar una nueva novela. Sin embargo, este blog como todo necesita seguidores y gente que le guste leer; así que mi pedido será sencillo; si te gusta lo que escribo, compártelo con tus amigos o muéstraselo a quien quieras (menos a los padres o me mandan al monasterio, je, je, je).

Nos leemos pronto.



Laura.

domingo, 22 de marzo de 2015

CAPITULO 14 (Parte 1)

¿Conoces ese extraño poder que tiene el miedo sobre ti cuando estás bajo una situación en exceso fuera de lugar y que has deseado posponer lo máximo posible? ¿Esa extraña sensación de tener en tu garganta un par de garras afiladas apretando tan fuerte que eliminen por completo la capacidad de tu cuerpo de respirar por lo que eventualmente caerás en un vacío oscuro hasta que la luz vuelva?

Pues yo sí. Y era en el preciso momento en que mi padre dejó escapar una sugerencia en voz calmada pero que era como escuchar un cañón en el campo de batalla de un budista meditando. Era como escuchar el disparo de un arma en mi oído pero con camino directo a mi corazón y estómago. Mi cuerpo pesaba en ese momento como si cargara la pena de Atlas en mis hombros. Dios, este era el momento que tanto quería evitar. La incómoda situación en que mi padre nos encontrara y tratara de llevarme lejos de mi Aiden haciéndome daño y de paso hiriéndolo a él porque estaba segura de que él no se iría sin antes “enseñarle” una lección importante al robarle su hija preciosa a un hombre feliz de tenerla a su lado.

La mano de Aiden estaba aplastando la mía con la fuerza que utilizaba en su agarre y dándole una mirada furtiva a su rostro pude ver que ya había reconocido quién era el hombre que en ese momento nos observaba con una mirada digna de un predador asechando a su presa listo para lanzarse sobre ella en el preciso instante en que bajara la guardia. Sin embargo, dudaba que Aiden pudiera siquiera quitarle los ojos de encima a mi padre. Eso sería como pedirle a un asteroide que no chocara contra un obstáculo en su camino.

Tenía que ser honesta conmigo misma y reconocer que mi rostro era una copia exacta del hombre que me dio una parte de vida; los mismos ojos, altos pómulos y nariz afilada que poseía y lastimosamente había heredado. Odiaba ser una copia de alguien que hacía tanto daño a la gente a la cual debería amar y proteger. Era un desastre emocional al verme cada mañana frente al espejo y notar hasta el mutuo compartimiento de tres pequeñas pecas en el puente de mi nariz y que por más maquillaje que utilizara no podía erradicar. ¿Había algún detalle que añadir a mi larga lista de cosas por aborrecer de la genética de mi padre? Oh, claro que sí, lo ronca que era mi voz de pequeña pero que solo aumentó con la inhalación indirecta de tabaco.

-Olvídate de ella. Es mía- fueron las palabras de respuesta de Aiden con una voz que sonaba tan calmada y serena que me pregunté quién era este chico que tenía a mi lado. Aiden siempre optaba por hablar en voz seca y carente de emoción pero con un toque mordaz. Esta vez su voz era plana y aburrida. Como si aquella situación fuera lo más estúpido que podía vivir.

El rostro de mi padre tomó un tono rojizo que seguramente era de cólera y se acercó tres pasos con las manos sobre su cinturón como un vaquero dispuesto a entrar en un duelo. Aiden se adelantó un paso sobre mí protegiendo mi vista de los ojos acusadores de mi padre.

La gran sala se llenó con un silencio tan denso que se me hacía difícil seguir escuchándolo. Era como si tratara de meterse a la fuerza en mis oídos a pesar de que invadía mi cabeza. Sentía que iba a estallarme la cabeza y no sabía si era a causa del silencio prolongado o por los latidos embravecidos de mi corazón bombeando desesperado tratando de romper mis costillas. Aiden estaba estoico en frente de mí mientras escuchaba de lejos la baja risa burlona y cínica de mi padre. Sabía que esto se iba a poner feo. Nada con Richard Dawson era color de rosa. Siempre era en blanco y negro o por mucho, sepia.

En un arranque de valentía sabiendo que Aiden encararía una bala por mí si tuviera que hacerlo, cuidadosamente me separé de su agarre mortal y me paré frente al protagonista de mis pesadillas y temores. Sus ojos se conectaron de inmediato con los míos y pude ver con claridad el brillo triunfal que dominó en su mirada oscura y sombría. Estaba encantado de verme renunciar a la protección del hombre por el que había huido de casa y ponerme con una pañoleta sobre los ojos y un puro en la boca esperando el golpe que me daría la muerte. Casi lloré en voz alta al verlo de nuevo.

Aiden gruñó tras de mí y se movió de nuevo tapando la visión de mi padre con sus ojos oscuros de ira. Sabía cuánto le molestaba que desafiara su voluntad pero en ese momento, en el que las cosas podían irse a la basura en un segundo, no podía rendirme y ser la sumisa que él adoraba tener en la cama. Tenía que ser más que eso; tal vez una guerrera o una vikinga dispuesta a blandir sus armas contra cualquier adversario, conocido o desconocido, con tal de proteger sus ideales, o en mi caso, a la persona que amaba con desespero.

Con una tímida sonrisa me acerqué a centímetros de Aiden negándome a retroceder ante su mirada hostil. Lo amaba. Más de lo que alguna vez hubiera amado a alguien y esa era la razón y motivación que necesitaba para llevar mis manos a sus mejillas y en voz baja a susurrarle las palabras que él odiaría escuchar pero que nos mantendría a salvo por unos minutos más. Inclusive por unas horas si todo iba bien.

-Todo va a estar bien, Aiden. Te lo prometo-.

-No- pidió en voz baja sonando más como un rugido que un susurro. Sus ojos destilaron un sentimiento tan doloroso que logré sentirlo como mío en mis entrañas. Odiaba lo que estaba haciendo en ese momento.- No hagas esto, muñeca. No lo hagas-.

-Todo estará bien- prometí tratando de creerme yo también mis palabras. Poniéndome de puntillas sellé nuestros labios reprimiendo el sollozo que sabía se aproximaba con rapidez por mi garganta. Traté de demostrarle cuánto amor tenía para él y lo mucho que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de protegerlo.

Al principio fue un beso suave, tierno y lleno de sentimientos pero luego se volvió salvaje y necesitado. Urgente como si estuviéramos a punto de ir a la guillotina y el otro fuera la carta que dictaría nuestra libertad. Lo que no entendíamos aún, era la realidad de que éramos libres desde el momento en que renunciamos a nuestros temores y corrimos de la mano sobre campos minados para estar juntos. Tan solo se necesitaron unos días para ser felices. Para pelear, y darnos cuenta quién era el otro, con quién compartíamos tantos pensamientos y sueños. Me había enamorado y creía pensar que él también había sufrido ese cambio conmigo. Que ese vínculo único entre dos personas reales estaba presente entre nosotros.

Con sigilo rompí nuestra burbuja y le sonreí tímidamente mostrándole con mis ojos todo lo que no podía decir con mis labios. Los suyos permanecían cerrados negándose a mirarme porque ambos sabíamos que cuando lo hiciera todo habría terminado. Nuestro mundo feliz explotaría con la caída de un asteroide.

-La nave deber partir a la luna. Claire. No puede esperarnos por mucho tiempo y ciertamente ya estamos algo… retrasados- comentó Richard golpeteando con la punta de su zapato el suelo de mármol.

A regañadientes me separé de Aiden viendo sus ojos hermosos abrirse con rapidez. Sonreí una vez más y comencé a separarme de él solo para ser aprisionada entre sus brazos una vez más. Nos movimos hasta que la espalda de Aiden encaró el rostro de seguro furioso de mi padre.

-No, no te vas a ir con él, ¿me oyes?- bramó con el cuerpo rígido en tensión. –Solo te irás sobre mi cadáver, eres mía, Claire. Solo mía. Sobre mi cadáver te irás de aquí-.

-Entonces eso no será un problema- vociferó mi padre acercándose con un revólver en mano y la expresión más cínica que había visto alguna vez en su rostro.

El caos se desató en ese momento.

***

Pídanme que deje la música y los sueños que he tenido a lo largo de mi vida. Pídanme que done todo lo que tengo incluyendo mi fe y voluntad a una causa aunque esta esté perdida. Pero jamás, bajo ninguna circunstancia sería capaz de dejar a Claire o permitir que la arrebataran de mi lado. Seguía siendo un jodido cursi llevado por sus emociones pero que me colgaran de las bolas si iba a permitir que ese bastardo se llevara a Claire para hacerle pasar por quién sabe cuántas cosas desagradables. Si alguien llegaba a ponerle un solo dedo sobre alguno de sus hermosos cabellos, juraba por Dios que yo…

-Atrévete a ponerle solo un dedo encima, hijo de perra- espeté mirándolo sobre mi hombro con toda la frialdad que tenía en las venas pero que carecía de sentir en absoluto. Estaba ardiendo como un volcán a punto de estallar.

El cínico sonrió de medio lado y empuñó el arma directamente hacia nosotros corriendo el gatillo con la amenaza inminente de que atacaría con todo lo que tenía con tal de llevarse a su objetivo. Pude escuchar por fin a Claire el sollozo que sabía tenía atascado en su garganta y que por mera rebeldía ocultaba bajo su fachada de chica fuerte por miedo a que me hirieran. Eso en cierto modo me llenó de paz y tranquilidad; esta chica era lo que necesitaba en mi vida más que cualquier otra cosa. Era la cereza jugosa y deliciosa del pastel.

-Aiden…- susurró Claire y fue en ese momento cuando los reflejos de gato y la brutalidad del elefante escondido en mi interior despertaron.

Fue en un santiamén en que Claire gracias a un empujón de mi parte yacía sobre su trasero mientras yo me abalanzaba como un rayo hacia su padre. El imbécil no previendo mi gesto cayó sobre su espalda soltando un improperio y aprovechando su aturdimiento y expulsión de aire precipitada conecté sin miramientos mi puño derecho sobre mi mandíbula. Disfrutando la satisfacción del sonido de quiebre de su hueso me puse a horcajadas sobre él y de un rodillazo en su mano lo dejé libre de armas con las que pudiera hacerme daño o a mi Claire. Ahora la pelea sería justa.

-Cielo…- jadeó Claire a mi espalda pero no podía pensar en nada diferente que golpear con ferocidad a ese cabrón hijo de perra que le daba mal trato a mi Claire en el pasado. –Por favor, detente…-

-¡Quítale la jodida arma, cariño! No dejes que la vuelva a tomar- ordené en voz fuerte con tal de despertar a Claire de su aturdimiento en el que sabía se encontraba.


Ella obedeció de inmediato y seguí con mi labor de destruir el rostro del demonio debajo de mí. Lancé cada golpe con tal de enviarlo directo al infierno y disfruté con cada crack de sus huesos. Poco podía hacer contra él mis ataques por lo que defenderme en realidad no fue una necesidad. 

***

Mucho tiempo desaparecida pero bueno... a veces ser grande trae responsabilidades grandes. Esto es solo por hoy. Mañana les traigo la segunda parte de este cap y tal vez la mitad del siguiente. 

Laura.