viernes, 13 de febrero de 2015

CAPITULO 13

Esa noche me sentí como el jodido bastardo más afortunado en todo el mundo, aunque sabía lo cursi que sonaba eso. Mi chica de frágil cuerpo y espíritu de guerrera me amaba. Como a nadie más en el mundo. Era su primer amante, su primera gran aventura internacional, no dudaba hasta ser su primero beso real…ahora me premiaba a pesar de ser un asno con ella dándome el placer de escuchar de sus carnosos y deliciosos labios las palabras que podían hacerme poner de rodillas en cualquier momento y lugar solo porque sabía que eran ciertas.

Ella me amaba.

Jódanse el resto de idiotas que tenían erecciones instantáneas con solo ver a mi chica. Ella era única y jodidamente mía.

Mientras la observaba descansar entre mis brazos luego de hacerle el amor tan fuerte y en exceso como nunca antes, me pregunté si habría sido suficiente para borrar el rastro de Wesley de su deliciosa piel. Odiaba lo que había hecho de nosotros esa tarde. Me dolía hasta el trasero de saber que yo mismo había enviado a Claire a los brazos de Wesley cuando perfectamente pude haberme disculpado y llevarla a comer algo. No habríamos pasado cada uno por un infierno personal por mi culpa. A veces era un maldito egoísta…

En la oscuridad rota solamente por el reflejo de la luna menguante me quedé embelesado viendo el rostro sereno y tranquilo de Claire. Asumí que sus sueños eran placenteros ya que ni un solo ceño fruncido o alguna mueca delató que estuviera incómoda dentro de su mente. Me alegraba tanto que mi comportamiento no le causara ningún trastorno o regresara para atormentarla en el único momento en el que estaba libre de mí siendo un imbécil.

Delineé con suma delicadeza el contorno de su cuerpo comenzando por su bello rostro y casi gimo satisfecho al sentir la suavidad de su piel contra las yemas de mis dedos. Toda ella era perfecta, me dije mientras mis dedos exploraban por primera vez con cuidado sus curvas y relieves amando la sensación de sentirla definitivamente mía. Nadie me la iba a quitar porque ella me amaba. No amaba a nadie más, solo al bajista Aiden Miller.

Sin embargo mi felicidad se convirtió en remordimiento al encontrar su brazo, -ese mismo brazo que yo había apretado- lleno de moretones gracias a mi consciencia trayéndome de regreso de la nube en la que podía sentarme cuando Claire y yo reíamos y disfrutábamos haciendo algo diferente a hacer el amor en la cama. Tenía que contarle de mi pasado; confesarle los miedos y diferentes demonios a los que tendría que enfrentarse por quedarse conmigo –ya que no permitiría que se fuera-, y finalmente pedirle perdón por mi comportamiento y exigirle que saliera de nuevo a una cita donde pudiera demostrarle mis sentimientos por ella.

Suspiré y cerré los ojos por un momento atrayéndola hasta mi pecho para que no quedara ni un solo espacio entre su cuerpo y el mío. Decidí sincronizar mis signos vitales con los suyos y de alguna manera alcanzar una conexión mucho más grande con ella; su respiración se convirtió en mía, sus latidos corrían a la par con mi corazón y mis sentidos se adormecieron tanto como si estuviera en un sueño placentero al igual que ella. Quería fusionarla con mi cuerpo y ser solo un ser para que nadie pudiera tocarla; yo sería la coraza sólida que evitaría traspasar a cualquiera y ella sería el tesoro escondido que valía todo el oro del mundo. Me sentí mejor de inmediato y cerré mis ojos dejándome caer en la sensación del sueño conciliador.

Cerca de las tras de la mañana me desperté sobresaltado tras haber tenido un sueño en el que mi Claire huía de mí en los brazos de Wesley. Ella no miraba ni una vez atrás y solo me dejaba con un nudo en el pecho y un vacío tan grande como el infinito en mi estómago. Gritaba exigiéndole que volviera, le decía que la necesitaba, que ella era más importante para mí que la misma música que tocaba para vivir. Le rogaba que no me dejara. Pero ella solo se marchaba y mi corazón quedaba tan desgarrado que era como sangrar por todos los poros de mi cuerpo.

Instintivamente moví mis brazos a mi alrededor buscando a mi fuente de paz pero me quedé helado al no encontrarla a mi lado. Como un resorte, me levanté de la cama y corrí hasta el baño para revisar que estuviera allí pero no, no estaba allí. Casi sentía un ataque de pánico recorrer mi cuerpo con cierta hostilidad al pensar que mi sueño pudiera ser un tiro acertado a la cruda verdad.

Me negué a gritar. Me negué a darle paso a los sentimientos negativos y recorrí el pasillo dirigiéndome directamente a la sala en donde exhalé con fuerza al ver su silueta contra la ventada de suelo a techo cubierta por una sábana blanca y bebiendo algo de una taza. El humo salía dela abertura de la taza y podía ver claramente la serenidad con la que bebía. Como si tuviera todo el tiempo del mundo para pensar y beber al mismo tiempo.

-¿No puede dormir, señor?- preguntó en una voz tan neutra que nunca le había escuchado. No parecía ser ella misma, solo parecía una coraza vacía. Sus ojos no encontraron los míos por lo que supe que algo debía estar ocurriendo.

-¿No puedes hacerlo tú?- contrataqué acercándome lentamente. Necesitaba sentirla a mi lado, saber que no se alejaría de mi lado nunca. Pero más que todo, necesitaba sentir sus labios de nuevo moviéndose con los míos mientras me miraba a los ojos y me expresaba todo el amor que sabía tenía dentro.

Silencio. Solo silencio. Comencé a temblar pensando que algo iba definitivamente mal, Lo sabía por la forma en que su cuerpo delicado estaba tan rígido que parecía atravesado por una vara de hierro. Esa sábana no podía ocultarlo todo. No cuando la luz de la ciudad me daba una visión casi clara de sus movimientos.

Bebió un sorbo luego de soplar el humo y pude oler segundos después el aroma de su bebida. Té de eucalipto y miel con un poco de azúcar. Le encantaba beberlo, ya lo había notado. Mis labios se resecaron al verla tragar fácilmente. Deseé poder saber qué era lo que estaba en su mente en ese momento, poder husmear el rumbo de sus pensamientos y desviarlos hacia un lugar seguro en donde nada pudiera devolverlos a donde estaban antes.

Apreté mis manos en puños acercándome un poco más mientras ella solo siguió bebiendo como si yo no estuviera detrás de ella. Cómo deseaba que me reconociera, que supiera que estaba allí asustado y ansioso por ella, solo por ella. ¿Estaría pensando en mi encuentro con Cassie? ¿En mis palabras hirientes y la forma como me referí a ella cuando aquella bruja preguntó sobre su presencia? ¿Estaría retractándose por fin de estar conmigo en mi apartamento y mi país? Había tantas opciones pero ninguna parecía ser la indicada. Comencé de verdad a inquietarme a medida que el té era más interesante que yo en ese momento para ella.

-Tenemos que hablar- fueron sus palabras luego de beber un sorbo. Aún rehuía mi mirada observando solo el exterior del apartamento. Su voz era plana y carente de emoción y la rigidez de su cuerpo aumentó notablemente.

Tragué con fuerza sintiendo mis piernas doblarse. Ese era el momento. Me diría que estaba cansada de estar conmigo y que no quería aguantar ni un minuto más alguna de mis acciones fuera de lugar con ella. Me mandaría al diablo y el sueño que me había despertado con tanto sobresalto se cumpliría en un abrir y cerrar de ojos. De nuevo entré en pánico.

-Necesitamos hablar sobre lo que ocurrió hoy en la tarde- comentó en voz aún plana y casi susurrante. Me acerqué un poco más para escucharla completamente pero era como si mis piernas fueran de goma derretida. Pensé que iba a caerme. Estaba asustado de verdad.

-¿Qué… quieres discutir?- pregunté con recelo aclarando mi garganta al notar el temblor en ella. Me debía ver patético.

-Sobre todo- fue su escueta respuesta antes de girarse por completo y mostrarme su brazo lleno de moretones por mi culpa. Me estremecí sabiendo que era hora de contarle sobre mi pasado y lo que debía soportar al quedarse conmigo. Demonios, esto no era lo que esperaba de mi noche junto a ella.

>>Me gustaría decir que este fue un buen día, pero ambos sabemos que no lo fue en absoluto- comentó en voz baja mirándome fijamente. Sus labios estaban apretados en una fina línea y su mandíbula estaba en completa tensión. Me quedé callado por primera vez sin tener un argumento válido para darle. Estaba jodido, lo sabía.- Quiero que hablemos sobre Wes-.

Hasta ahí llegó mi mudez. Solo escucharla nombrar a mi jodido amigo hizo que me hirviera la sangre. Sin perder tiempo me acerqué cerrando el espacio entre nosotros y en voz baja y seria dije:

-¿Quieres hablar sobre él? Malas noticias, muñeca. No quiero hacerlo-.

-Tienes que dejarme explicar lo que pasó entre nosotros hoy, tengo que contarte…-

-¡No quiero que lo hagas!- grité fuera de mí tomándola por los hombros y sacudiéndola levemente. Sus ojos se abrieron como platos exhibiendo su temor por lo que me alejé unos pasos de ella y pasando las manos por mi rostro hablé en voz más suave- No quiero escuchar nada de eso. No me importa-.

-Pero sí importa- dijo ella con voz cargada de nostalgia. Ese era el momento. Me diría que Wesley le pidió vivir con ella y lo haría gracias a mi actitud de la tarde. Mis manos comenzaron a sudar. –Tengo que decirte tantas cosas que pasaron, tantas decisiones que tomé…-

-¡Basta! No quiero escuchar cómo vas a dejarme solo. Olvídate que te dejaré ir. Eres malditamente mía y de nadie más, ¿entiendes? No puedes dejarme; no te lo permitiré- solté entre gruñidos y gritos completamente exaltado y casi neurótico.

Para mi sorpresa, ella retrocedió un paso llevándose una mano al pecho y frunciendo el ceño. Estaba seguro de que quería arremeter contra mí por no darle lo que quería pero si quería ser una verdadera mascota y sirviente para mí, iba a tener que acostumbrarse a que era yo a quien servía, no a Wesley.

-No voy a irme de tu lado- comentó totalmente confundida, de paso rompiendo mi barrera de cólera. Al parecer no estábamos hablando del mismo tema. –No quiero dejarte, créeme. Es solo que necesitamos poner algunos límites entre nosotros. Solo por…-

-¿Me estás jodiendo?- interrumpí acercándome nuevamente. -¿Qué demonios vas a hacer ahora? ¿Prohibirme tocarte mientras te hago el amor cada día? ¿Es eso lo que deseas?-

-Quiero evitar que vuelvas a dejar moretones en mi cuerpo- sollozó en voz tan baja que creí haber soñado escucharla. Sin embargo, al mismo tiempo fue como un rayo interrumpiendo el silencio. Ella tenía razón en eso; necesitábamos ponernos en una especie de línea para saber el momento en el que le haría dañó inconscientemente. No quería marcarle de nuevo el cuerpo. Era demasiado bello para ser profanado con un vulgar parche de color.

-Tienes razón- concedí poniendo mi frente contra la suya mientras sostenía su rostro entre mis manos. Las suyas se pusieron contra mis muñecas. Luego comenzó a sollozar en silencio por lo que la seguí sin poderme resistir. Me arrepentía tanto ahora que podía ver el verdadero daño que le había hecho y, aunque no lo dijera, sabía que el haberme ido con otra mujer dejándola con otro hombre que la tocara le había roto el corazón en mil pedazos. Necesitaba encontrar un pegamento tan fuerte que pudiera unir los fragmentos impidiéndoles volver a separarse.

Con delicadeza la levanté en mis brazos dejando que se aferrara a mi cuello y nos trasladé hasta el sofá de cuero. Ella solo lloró en mis brazos aferrándose con fuerza como si fuera su salvavidas. Si tan solo entendiera que ella era más que eso para mí; era el indicio de que un nuevo futuro podía ser escrito en mi camino. Lloré en silencio también por lo que nos había hecho, por defraudarla enviándola con alguien más, por despreciarla cuando ella tenía toda la razón en ignorarme luego de haberla herido. Me aferré a ella también abrazándola en mi pecho y dejándome invadir por su aroma y calor me perdí en las palabras que sabía tenía que contarle.

Así como así, tal como si hablara con mi mejor amigo, el relato de mi infancia salió a la luz. Le conté acerca del maltrato de mis padres, su indiferencia por mis buenas acciones y logros y la obsesiva necesidad de controlarme como si fuera su juguete favorito en la guardería. Le dije que había sido golpeado por estupideces en el pasado; que ni siquiera cuando había cuando había decidido renunciar a los negocios y vivir de la música por mi propia cuenta había salido bien librado de las manos de mis padres. Eso solo la hizo llorar más fuerte contra mi pecho.

Después de lo que parecieron horas conversando y respondiendo preguntas que en realidad no quería, su cuerpo se relajó suavemente contra el mío y supe que se había quedado dormida. Me quedé observándola de nuevo. Ella simplemente era ella y no necesitaba nada más para sentirme lleno y en paz. Solo tal vez, para retirar todos los cargos de mi consciencia necesitaba disculparme con ella y demostrarle que podía hacer las cosas al derecho; que le podía brindar todo el amor que ella se merecía.

Fue entonces cuando de verdad sentí algo diferente dentro de mí. De verdad me sentí como un hombre; como el hombre que debía ser para ella. Aquel que le brindaría un camino luminoso lleno de rosas en lugar de hiedra venenosa y oscuridad. Me estaba convirtiendo en un romántico de mierda pero ella lo valía. Valía cada maldita pieza de mi jodido corazón y mente. Era como estrellarme contra un muro a miles de kilómetros por hora, pero tenía que aceptarlo –y con agrado, tengo que decirlo- que estaba completamente enamorado de mi chica frágil y valiente. Estaba locamente perdido y rendido a sus pies blanquecinos.

-Aiden…- susurró sacándome de mi transe de solo observarla –Quiero decirte… que no me importa lo que me hiciste en el brazo o que hayas salido con esa mujer. Solo quiero estar contigo; el resto no importa. Solo son altibajos-.

Y así como así, el trato estaba cerrado. Éramos el uno para el otro.

-Gracias, preciosa –respondí a cambio dándole un beso suave en su cabello –Es tiempo de llevarte a la cama. Debes estar cansada-.

-Aún no. Te necesito, Aiden. Todo de ti- susurró en voz gruesa y entrecortada. Demonios, si no logró ponerme duro de inmediato.

-Lo que desees preciosa-.

Esa noche en que por fin nos conocimos por dentro y fuera fue como tener una banda sonora detrás de nosotros ambientando el momento tan hermoso que compartimos. Por primera vez le brindé una noche completamente apasionada y amorosa. Entre besos húmedos y cariñosos además de susurros cargados de palabras bonitas y sentimentales la hice mía una y otra vez. Penetrándola suavemente para luego perder el control cuando ella comenzó a arañar mi espalda y decirme cuánto le gustaba la manera como la hacía sentir me dejé llevar por el nuevo sentimiento que corría a través de mi cuerpo. La necesitaba tanto, demostrarle cuánto podía corresponder a sus emociones y necesidades, así como al amor que me profesaba en cada gemido desesperado en mi oído.

-Dilo- pedí en voz baja acomodando sus piernas alrededor de mi cadera amando la manera como sus pechos rebotaban a la par de mis embestidas.

-Aiden…-

-Por favor, dilo una vez más- supliqué casi al borde de estallar dentro de ella.

-Te amo, Aiden. Te amo con toda mi alma. Te amo como nunca amé a nadie en mi vida-.

Eso fue suficiente para hacerme jadear y aumentar mi ritmo. En unos segundos la sentí succionar mi miembro tan fuerte que pensé que lo iba a arrancar y luego… todo quedó en oscuridad al liberarme dentro de ella.

Esto era lo que llamaban amor verdadero…
***

La tarde siguiente decidí invitarla a comer un helado en la plaza central. Tenía la urgencia de llevarla a una cita real en la que pudiera demostrarle que de verdad estaba arrepentido de lo que había ocurrido entre nosotros el día anterior y mostrarle tal vez la ciudad o llevarla de compras aunque tuviera su guardarropa y el mío lleno de prendas tanto sexys como inocentes. Me gustaba en especial ese vestido verde menta que tenía puesto. Le caía hasta la mitad del muslo en una falda amplia y el escote no era demasiado llamativo como para atraer la atención de cualquier chico con las agallas para observarla.

Claire había escogido un helado de vainilla con fresa además de crema –mucha crema, en realidad- chantillí pero, ¿quién demonios era yo para negar o criticarle algo? Estaba más que feliz de verla comer con entusiasmo aunque cada lamida a su helado lo sintiera directamente en mi entrepierna semidura.

Caminábamos ahora hacia el museo de arte antiguo que había a unos kilómetros de la plaza con la firme intención de ver pinturas y conocer algo diferente a la siguiente posición del libro del Kama Sutra o la mejor manera d conseguir llevar al otro a un clímax explosivo. Su mano iba fuertemente agarrada a la mía a pesar de lo pegajosa que se sentía después de dejar que el helado se derritiera entre sus dedos. Tuve que lamer cada uno con tal de quitar la crema. Su sonrisa entusiasmada era suficiente para mantenerme alegre aunque había ido a ese museo infinidad de veces.

Casi íbamos terminando el recorrido y como nunca antes había experimentado, la sala quedó por completo desocupada. Éramos los últimos allí y me pregunté si había algún evento especial o si había que salir antes. No me había dado cuenta en realidad por andar contándole las mismas historias que mi abuelo me contaba al traerme allí de niño.

-Claire, creo que es hora de irnos- le informé tomándola de la cintura y plantándole un beso en la mejilla. Ella hizo un puchero descontento y tras reír le di una mirada de disculpa.

-De acuerdo- asintió con una mueca de pesar. Sabía que se estaba divirtiendo.



-Hazle caso, Claire. –tronó una voz detrás de nosotros y nos encontramos con un anciano que era la versión masculina de mi chica. Ella se quedó lívida- Es hora de irnos a casa. Para siempre-.
***


Como que prefiero tener tiempo para hacer esto. Jeje, por lo visto tendré que repensar mis metas de vida :P 

Laura.

jueves, 5 de febrero de 2015

CAPITULO 12

No era nadie para él. No era nadie y yo había creído que sí lo era al escucharle decirme que me quería. Pero, ¿qué era lo que de verdad quería de mí? Mi cuerpo, mi alma, mi mente, mis sentimientos… Pero, ¿y mi corazón? Eso no importaba. Solo era un cuerpo en el que podía enterrar todas sus frustraciones y vaciarse cuantas veces deseara; solo era el inodoro en el que los desechos y malas experiencias de sus días eran lanzados lejos dejándomelos como recuerdos.

Por tanto, todas esas noches en vela y las constantes sonrisas y gestos protectores y cariñosos, ¿habían estado en mi mente o eran su manera de marcar territorio? Solo marcaba territorio fue mi obvia conclusión y casi dejo caer las lágrimas en mis ojos de no haber sido porque aún tenía a u entusiasmado Wesley hablando como cotorra y haciendo planes de lo que haríamos una vez que llegáramos a su casa. Ya sabía que tendría que desnudarme pero eso no ayudaba en nada a que mi amargura disminuyera.

¿Qué estaba haciendo yo en realidad en ese lugar extraño viviendo la vida que soñé pero que ahora me mostraba el lado trágico y duro que traía consigo escondido bajo la alfombra? Aprendiendo. Conociendo lo que de verdad las estrellas de rock podían hacer a aquellos que demostraban un poco de interés genuino en ellos. No quería esto, quería de vuelta a la ilusión que tenía de quién era Aiden en realidad. Ese chico dulce y protector que me había sacado de las garras de varios hombres de seguridad tras bambalinas en su concierto.

Además, ¿quién era esa mujer que se fue con Aiden? Me sentía tan decepcionada de ver cómo una chica lograba conseguir un beso arrebatador de sus labios mientras yo penaba en silencio recordando cómo me había lastimado un rato antes por escupir mis pensamientos.

Las lágrimas se escaparon de mis ojos y bajé la cabeza furiosa conmigo misma por permitir que aquello ocurriera. No quería demostrarle a nadie lo que su rechazo me hacía. Quería ser inmune y solo disfrutar sin compromisos de lo que la nueva vida que estaba trazando me trajera. Con decisión me limpia suavemente la cara y levanté la cabeza para centrarme en el nuevo “amo” que tendría que obedecer y traté de concentrarme en la larga y animada diatriba que estaba teniendo.

<<Concéntrate, Claire. Puedes hacer esto. Es el deseo de Aiden.>>

-…Podemos tomar luego un refresco o una malteada y finalmente te llevaré a casa del ogro antes de que venga por mí y me lance al Atlántico- rio suavemente y me pregunté cuál sería el primer plan que tendría para mí.

-Suena bien- me obligué a responder y caminamos fuera de la heladería con paso lento mirando escaparates y almacenes.
***

Para mi sorpresa, Wesley fue todo un caballero conmigo en la siguiente hora mientras paseábamos por la ciudad buscando coas que según él necesitábamos para la cena. Tenía que ser honesta y decir con toda la sinceridad de mi cuerpo que no recordaba haber escuchado que él fuera a cocinar o algo por el estilo. Sin embargo estaba fascinada viendo cómo el luchaba contra sí mismo decidiendo qué tipo de lechuga era mejor para comer en una hamburguesa o el mejor pan para acompañar una lasaña de carne y verduras. Tenía cierto toque de humor y sensibilidad que no creí que alguien tan machista y arrogante como é pudiera tener.

Caminamos tal vez por un rato más hasta que la tarde comenzó a caer paulatinamente en el cielo. Los colores violáceos cubrían el cielo y el viento soplaba suavemente por las calles. Mi piel comenzó a ponerse de gallina al sentir el frío tocar con suavidad mi piel pero me obligué a disfrutar la charla sobre extraterrestres que Wesley me daba. Al final, después de tanto debatir si en Júpiter habría o no vida, decidimos optar por la fácil decisión de que en las lunas podía existir pero en el planeta no. De acuerdo, era una decisión extraña.

-¿Tienes frío, Claire?- preguntó un rato después Wesley llevándonos hasta el estacionamiento por su auto. Un Audi Z4 nos esperaba en silencio.

-No- mentí con una sonrisa aunque él leyó tras mis ojos y se quitó su chaqueta poniéndomela segundos después. Le sonreí con gratitud.

-Será mejor que nos vayamos ahora- sugirió ayudándome a subir al auto y rodeándolo para subir después. Mi pulgar fue a mi boca de inmediato por los nervios.- Aiden quiere que te lleve a casa temprano y te juro que voy a cumplirlo-.

Sonreí en respuesta y rodé los ojos de forma juguetona sabiendo que Wesley solo estaba haciendo todo eso para tenerme comiendo de su mano y disfrutar de lo que sea que fuera a pasar detrás de las puertas de su apartamento. Wesley inició una charla amena sobre animales salvajes y me dejé llevar por sus anécdotas sobre aquella vez en que viajó a África con su familia. Lo envidié ligeramente pero luego me dije que algún día yo también iría y acariciaría a una leona y sus cachorros.

Sí, claro…

Wesley siguió conduciendo por tal vez quince minutos más y después de aparcar frente a un gran y lujoso edificio en una zona residencial exclusiva en el norte, salimos del auto cargando las bolsas con las compras recién hechas y una maleta llena de ropa sucia –ahora limpia- que él tenía en el asiento trasero. Tenía que reconocer que me alegraba que lavara él mismo su ropa. Cualquiera podía robar su ropa interior y dejarla en un santuario vudú. O venderla en una subasta.

-¿Lista para la cena? Será toda una proeza- comentó Wesley con un aire de superioridad que me hizo soltar varías carcajadas. Su imitación de Napoleón era tan mala como su arrogancia.

-¿Puedo ayudarte en algo?- pregunté esperanzada en tener un ojo vigilante sobre él y los alimentos- Sé preparar jugo de frutas muy delicioso-.

-Solo si prometes ponerle hielo- confirmó sonriendo haciéndome rodar de nuevo los ojos y seguirle dentro del gran vestíbulo del edificio hasta un elevador con entradas de cristal.
                                                                                 ***


Claire llevaba fuera de casa casi cuatro horas y yo estaba volviéndome loco. Loco de verdad. Como un hombre cuando es separado de la mujer a la que desea arrancarle la cabeza pero al mismo tiempo cobijarla con un manto de flores con tal de que no sienta frío ni pierda su dulce fragancia por ningún motivo.

Estaba casi dándome cabezazos contra la pared por haber sido tan tonto de dañar nuestra cita con mi actitud y luego haberla dejado irse junto a Wesley cuando sabía que lo que ocurriría en su apartamento no sería nada que no hubiera hecho yo antes con ella en mi cama. Demonios, estaba de verdad enfurecido conmigo mismo y podría darme con el puño cerrado en el pecho con tal de reprimirme de correr a casa de Wesley y robar a mi chica como un caballero medieval llevándose el gran tesoro del castillo enemigo.

Sin embargo, no necesitaba golpearme yo mismo para saber que necesitaba reflexionar y arrepentirme de mis decisiones; Cassie estaba a mi lado tan enérgica como un maldito conejo de Duracell y su voz chillona y estridente era suficiente polo a tierra como para tenerme en ese momento con un dolor de cabeza tan fuerte que parecía que mi cerebro estuviera tratando de salir de mi cráneo por mis ojos y frente.

Para empeorar mi suerte, el tema central de conversación con la bruja de Blaire era el bebé que estábamos esperando. Demonios, si tan solo pudiera demostrar que ese niño no era mío… Bueno eso rogaba porque seguía inquieto con la idea de que Claire me dejara como a un perro viejo cuando se enterara de lo que en realidad ocurría con Cassie. Sobraba decir que era como si tuviera a dos tenazas de dos extremos opuestos jalándome las bolas con tal de tenerme cerca.

Casi gemía en voz alta mientras escuchaba una diatriba más de ella cuando nos detuvimos por enésima frente a un almacén de diseñador en el que seguramente, Cassie encontraría ropa tres tallas más pequeña que ella y se las llevaría con tal de sacar todo el dinero que tenía en mi tarjeta.

-¿Tu plan era traerme de compras?- pregunté siguiéndola a través de los estantes llenos de ropa dignos de una mujerzuela. Sin embargo si la usara Claire…

-Tenemos que estar preparados- alegó ella viendo prendas que parecían vómito de tigre ebrio- No podré salir en unos meses y es mejor tener algo decente qué vestir-.

-¿No crees que lo que no va a poder salir es esa ropa de tu cuerpo? Vas a estar gorda como una vaca- comenté dejándome caer con fuerza sobre un sofá mullido cerca a los vestidores.

Cassie por primera vez guardó silencio y me quedé simplemente callado también viéndola encorvarse levemente por mis palabras. Me sentí como una mierda por ser un cretino pero tenía que ser realista y hacerla aterrizar de su nube rosada antes de que pensara que iba a ser Paris Hilton estando embarazada. Su apetito era similar al mío y eso solo significaba que los efectos de un bebé estaban presentes en ese momento. Ella definitivamente iba a ser una gran albóndiga de carne humana en unos meses más.

-¿Cómo… cómo puedes ser tan frío, Aiden?- indagó a cambio en voz quebrada tras un silencio que llegó a ser incómodo. –No puedes decirme que voy a estar gorda. Solo estaré llevando a nuestro bebé mientras nace-.

Okey… Momento incómodo: Activado.

-Cassie, no quise...-

-No importa. Interrumpió mi intento de disculpa dejando de golpe la ropa sobre la cesta de devoluciones-Voy a estar como una elefante mamá y no puedo evitarlo. Salvo si tú te hubieras cuidado y no nos hubieras metido en este embrollo. Este bebé es un error de proporciones épicas. ¡Lo odio!- gritó atrayendo la atención de todos.

Asombrado por su arrebato, me levanté con la mirada puesta sobre su rostro arrebolado por la furia y caminé hasta ella con la espalda tan recta que podría compararla con una vara de hierro. Sus ojos centellearon un momento antes de que se diera cuenta del error que acababa de cometer. Odiaba a las mujeres que hacían escenas, odiaba que una madre no reconociera a su hijo y odiaba, mucho más, a una madre que se atrevía a decir que su hijo era un error al que odiaba. Era mi madre quien solía decir eso todo el tiempo por lo que crecí odiando a una mujer que pudiera herir a un ser indefenso de esa manera.

Todo lo que vi fue rojo al llegar a su lado sintiendo las miradas curiosas de todos los compradores en el almacén. Sus ojos antes brillantes y altivos, ahora estaban tímidos y evasivos mientras recibía mi veredicto. Todo el respeto que quedaba aún en mi cuerpo por ella desapareció de inmediato y de repente la frialdad y coherencia entre mis pensamientos que estaban ausentes por un tiempo volvieron dejándome analizar tantas cosas que pensé que iba a volverme loco.

Este bebé no era un error; era un cálculo premeditado con un solo fin que aún no había sido alcanzado del todo. Deseaba estar seguro de eso.

-Repite eso de nuevo- ordené en voz baja y mordaz. La única que usaba cuando decidía tener algo.

-Aiden…-

-¡Atrévete a repetir eso de nuevo!- exigí sujetándola del brazo sabiendo que eso la haría temblar como una hoja. Quería tener el control, sentirlo de nuevo en mi vida.

-Suéltame, por favor- balbuceó con los ojos llenándosele de lágrimas. No me engañaría, no de nuevo.

No respondí. Tampoco la solté. Solo me dediqué a observar a esta nueva mujer que tenía frente a mis ojos. Aquella que se había atrevido a decirme a la cara que el bebé que esperábamos era un error. Un error al que odiaba. La sangre me hervía en las venas y tuve que contenerme de hacer lo que seguramente haría en caso de que Cassie fuera un hombre. Procuré no hacerle daño con mi agarre pero estaba seguro de que, al menos, quedaría la piel enrojecida por unos segundos antes de volver a su tono bronceado tan falso como era ella.

-Eres…- suspiré tratando de calmarme pero opté por quedarme callado antes de cometer cualquier estupidez. No valía la pena.

Retrocedí dos pasos soltándola con suavidad y le di la espalda marchándome en completo mutismo. Necesitaba respuestas pero no sabía dónde demonios encontrarlas.

Necesitaba a Claire. La necesitaba como un loco y punto.
                                                                               ***

Bajé del auto de Wesley con una sonrisa genuina en mi rostro tiempo después de que lo había visto cocinar tallarines, verduras y carne en su cocina. Me despedí de él agitando y la mano y disfrutando de cómo su sonrisa satisfecha me saludaba desde el otro lado del auto. Quería contarle a Aiden lo que había hecho. Quería que supiera que nada había ocurrido entre Wes y yo. Inclusive, le había traído un poco de comida con la intención de apaciguar su hambre, porque sabía que la tendría.

Cerrando tras de mí la puerta del vestíbulo del edificio, me apresuré en saludar al portero y correr al elevador. Moría de ganas por ver a Aiden. Quería lanzarme en sus brazos y llenarle el rostro de besos. Así mismo, quería decirle que lo había extrañado y que no tenía que preocuparse por los cardenales que tenía en mi brazo. Desaparecerían pronto y podríamos olvidar ese tonto incidente. Sabía que le había hecho enfadar.

Sin embargo, antes de llegar a su puerta recordé lo que había ocurrido después en la heladería. Aiden se había ido con una mujer y había dicho que yo no era nadie; solo una pequeña que abría sus piernas al mejor postor. ¿En serio me consideraba de esa manera por venir a buscarlo y dejar mi vida atrás? Me detuve entonces a dos pasos de la puerta aún con el puño levantado lista para tocar. ¿Y si lo encontraba teniendo sexo con esa chica? ¿Qué iba a hacer?

Me dije que tenía que ser fuerte y protegerme con una coraza de frialdad. No podía dejar que él supiera sobre lo que rondaba en mi cabeza; eso era un tema demasiado personal que me mantenía algo aislada de él siempre y cuando no lo supiera.

Cerré los ojos y respiré hondo diciéndome que podía hacer esto. Era fuerte. Me había probado a mí misma que lo era y nadie iba a llevarme la contraria. Podía hacerle frente a lo que me esperara al abrir la puerta y podría poner una sonrisa victoriosa en mi rostro al pasar con la frente en alto.

Soltando el aire decidí tocar la puerta y esperar pacientemente. Los pasos de Aiden retumbaron desde el interior y segundos después estuve dentro sin saber muy bien cómo lo había hecho. La mirada de Aiden era tormentosa y podía oler el alcohol en su aliento a medida que se acercaba con velocidad a mi rosto y me apresaba con su cuerpo y sus besos.

Su espalda estaba tensa y la ternura que me había predicado en las últimas noches había desaparecido. Su beso, feroz como un animal tras su presa, contenía un toque desesperado de amargura y tranquilidad. Lo entendía bien, sabía lo que necesitaba y sin poner resistencia dejé que me quitar la comida de las manos y me arrastrara hasta su cuarto donde me desvistió con frenesí y me empaló como un algodón de azúcar.

Grité de placer sabiendo que eso le animaba a seguir con su labor. Gemía cada vez más fuerte mientras él ponía mis tobillos sobre sus hombros y empujaba con fuerza llegando hasta el último lugar de mi cuerpo. Sus gruñidos retumbaban en el silencio pero no parecía Aiden quien disfrutara en ese momento. De hecho, no lo hacía. No había esa sonrisa socarrona y satisfecha que lo caracterizaba en la intimidad ni estaban las palabras sucias o los besos estremecedores que acostumbraba a darme.

Algo estaba mal y moría de ganas por preguntárselo pero al mismo tiempo me retraía pensando en que si le daba el conocimiento de sus sentimientos, él podría hacerme daño. No podía soportar la idea de que me dejara o me dañar. De eso no podría salir bien librada. Me armé de valor cuando las embestidas se volvieron casi frenéticas. Mis jadeos ahora eran gritos y me aferraba con fuerza a las sábanas con tal de no perder la calma. Las lágrimas asomaban a mis ojos de dicha pero no quería soltarlas, esto no era el plan original.

-Aiden…- jadeé satisfecha cuando un orgasmo me atacó por sorpresa- Te amo, con toda mi alma-.

Quise retirar mis palabras de inmediato al ver sus ojos nublarse de una extraña emoción. ¿Era ira? ¿Placer? ¿Neutralidad? Sus embestidas pararon y con ellas el ritmo de mi corazón. Me golpeé mentalmente casi llorando de vergüenza.

Se separó de mí y me quedé inmóvil viéndolo observarme como si nunca antes me hubiera visto. Su respiración era dificultosa aun y casi podía escuchar el golpeteo de su corazón en su pecho. Me erguí armándome de valentía y me quedé a unos centímetros de su cuerpo dándole espacio para pensar.

-Aiden, esto no es una broma- balbuceé viendo su expresión acerada. Parecía de piedra- Sé que es pronto y pensarás que es una locura, pero nunca he sentido esta necesidad de estar con alguien, nunca creí necesario estar con alguien para ser feliz. Sé que me fui con Wesley esta tarde pero lo hice porque tú lo pediste. No habría hecho eso si no hubieras dicho que lo hiciera-.

Ya era tarde para controlar las lágrimas. Estaban rodando por mi rostro y no permití a mis manos limpiarlas. Temblaba de miedo. Miedo a que me rechazara y me enviara lejos pensando que estaba loca. Contuve el aliento por lo que pareció una eternidad y me dije que había dañado todo, que lo había enviado directo a la basura. Recordé mi promesa interna de permanecer bajo mi escudo y lloré más fuerte dándome cuenta de lo que había hecho. Me había enamorado sin remedio de un chico que siempre había sido inalcanzable y aunque tuviera a mi lado siempre lo seguiría siendo.

Por tanto, ¿qué podía decir sobre mí después de todo? Acababa de desnudar mi mente frente a él y le había demostrado con actos llenos de esfuerzo que mis intenciones eran reales. Más no esperaba que me viera con sus ojos inyectados en sangre de aquella manera tan abrasadora. Se acercó lentamente y cuando estuvo tan cerca que casi podía saborear su piel y oír su corazón palpitando, le escuché decir la treta que sellaría entonces nuestro trato:



-Esta noche es larga pero espero que puedas soportarla entera. No pienso dejarte cerrar los ojos a no ser que sea para pedir que te caliente con mi cuerpo. De hoy en adelante serás mía en la oscuridad-.

*** 

Demasiado tiempo sin publicar nada. Creo que necesito tener más tiempo libre para escribir :P

Laura.


lunes, 2 de febrero de 2015

Un Nuevo Fragmento...

"Quería seguir pensando que las cosas iban a estar bien algún día; que los malos momentos llegarían a su fin y que la sonrisa que se escondía tras la luz de la luna regresaría iluminando el camino de mis labios. Pero era un sueño; tan efímero como los momentos felices y tan inalcanzable como las estrellas en el firmamento".

Esperemos que esta historia salga la luz pronto... :P

Y para aquello que dicen que escribir es para nerds... :P