No recordaba cuántas veces me
había sentido verdaderamente feliz en mi vida, tanto que quisiera correr y
cantar al mismo tiempo en un campo de flores. Demonios, si hasta ya sonaba
ridículo. Estaba definitivamente en contacto con mi lado femenino y no me
gustaba para nada. Bueno, sería una mentira; sí me gustaba pero solo para que
Claire lo viera y disfrutara de él.
Estábamos recorriendo en ese
momento los museos de arte de la ciudad y podía notar cuán encantada estaba
ella mirando con los ojos abiertos como dos enormes aceitunas las diferentes
muestras que la mente de otras personas poco conocidas pero con necesidad de
serlo habían creado. No sabía qué era lo que lograba cautivar tanto a Claire
entre todas esas muestras de colores y figuras diferentes. Para mí solo eran un
montón de cuadros y figuras sin sentido, a pesar de que ella me reprendía –sí,
créanlo, me estaba reprendiendo- alegando que se llamaba arte abstracto y por
eso no podía entenderse fácilmente.
Para mis adentros reía al sacarle
ese humor de perro que sabía que tenía dentro. Una sumisa de vez en cuando
podía tener sus arrebatos de ira a pesar de que le fuera prohibido. Solo
esperaba poder ver con mis propios ojos lo que ese pequeño cuerpo y esa bendita
cabeza podían hacerle hacer cuando la presión la estuviera consumiendo.
¿Haría una rabieta?
¿Se enojaría tanto que rompería
cosas?
¿Me golpearía?
Tantas opciones pero todas con el
mismo resultado: estaría allí acompañándola fuera cual fuera su método de
desahogo.
-¿Por qué en tu apartamento no
hay cuadros, Aiden?- preguntó sacándome de mis pensamientos. Mi mano jugaba con
su cabello de manera distraída- ¿No te gusta estar rodeado de belleza?-
-¿Para qué pinturas cuando te
tengo a ti?- cuestioné a cambio sintiéndome satisfecho al verla bajar la mirada
y sonrojarse. Demonios, amaba tenerla así.- Contigo es más que suficiente-.
-Yo…- vaciló de manera adorable
mordiéndose el labio inferior y evadiendo mi mirada- Aiden…-
-¿Sí, cariño?-
-Yo… uhm, nada- se rindió
finalmente haciéndome soltar una risa suave. Ella era más que adorable.
Por un momento me lanzó una
mirada algo oscura y llena de vergüenza pero luego sacudiendo la cabeza se pegó
a torso como un pulpo en un abrazo que me dejó entre sorprendido y extasiado.
Sin perder tiempo la dejé enterrar el rostro en mi pecho mientras la abrazaba
con fuerza por la espalda. Su ropa ligera gracias al clima cálido me permitía
sentir con plenitud las diferentes curvas de su cuerpo y el aroma tan dulce que
solo ella poseía.
En ese momento no importaba más.
Ni los transeúntes a nuestro alrededor o los constantes murmullos que se
escuchaban por doquier gracias a mi genial idea de no llevar lentes oscuros
sino solo un gorro que cubriera mi rostro. No me importaba si me veían con ella
quería que el mundo lo supiera; quería que se dieran cuenta de que por primera
vez, los lentes y las fotografías no me asustaban como siempre lo hacían, esta
vez estaba con ella y el mundo por fin tomaba matices de colores hermosos en
vez de la constante paleta de tonos grisáceos que me acompañaban.
Sus brazos eran dos correas
fuertes a mi alrededor al igual que mis brazos la presionaban como un fuerte
animal de caza presiona a su presa. Quería sentirla mía, quería saber que ese
momento tan simple para algunos pero tan bello para mí nunca iba a terminarse.
Sin pensar entonces en mis siguientes acciones, acerqué con suavidad mi rostro
al suyo y la besé con suavidad. Me deleité una y otra vez en sus labios
saboreando pasión que ella me demostraba en ese beso.
Estábamos jadeando en unos
minutos por nuestra muestra de afecto pero para mí no era suficiente y al mismo
tiempo lo era. Solo quería besarla por un largo rato y sentía que con eso mi
cuerpo iba a estar en completa comunión con el suyo.
-Te quiero, Claire- dije en voz
alta sorprendiéndola por completo. Sus ojos me veían con una pizca de
incredulidad y esperanza. Sonreí dándole un tierno beso en los labios.
-Tú… ¿de verdad?- preguntó en un
susurro apoyando las manos en mi pecho. Le sonreí y le besé de nuevo. Cielos,
no me había dado cuenta de cuánto amaba sus labios.
-Por supuesto-.
Ella sonrió con esa hermosa
expresión que hacía aletear mi pecho y se aproximó lentamente y en completo
silencio hasta quedar a centímetros de mi rostro. Esperé pacientemente a que
aquellos rodetes carnosos hicieran contacto con los míos, sin embargo, casi
estallo en mi propia mente al escuchar un leve susurro lo suficientemente
fuerte para mis oídos. Eran aquella palabras que yo también necesitaba escuchar
por muy bajas e inaudibles que fueran.
-También te quiero, Aiden. Podría
apostar que es incluso más que eso-.
Sobra decir que nos besamos como
adolescentes en celo en esa sala de exposiciones. Y sobra aún más decir que nos
importó menos que una mierda.
***
-Es injusto, eso fue trampa- se
quejaba una y otra vez a mi lado mi bella dama al no haber podido ganarme ni
una vez en el tiro al blanco.
Estaba a punto de soltar una
carcajada bastante audible al ver esa chica que yo pensaba era frágil como una
rosa en el invierno siendo completamente un feroz león a punto de atacar un
ratón indefenso. Demonios, tenía genio de perro lo que solo estaba consiguiendo
excitarme en plena calle principal abarrotada de gente. Tenía que controlarme;
era consciente de eso, pero el ver a mi chica enfurruñada por haber perdido la
oportunidad de ganarme en un simple juego de reventar globos con un arma de
juguete.
Bueno. Si soy honesto, había
perdido la oportunidad de escoger el regalo que ella deseara –que era como cosa
extraña, en sapo enorme con un corazón gigante color rojo en el pecho, el cual
por cierto, ya estaba en mi poder camino a casa en el auto con nuestro chofer-,
por tanto eso la tenía al borde de un maxi ataque de histeria casi a punto de
lanzarla a las lágrimas. Si derramaba solo una, juro por Dios que me pondría de
manos y rodillas y le rogaría que me perdonara.
-¿Tienes hambre, nena?- pregunté
a cambio tomándola por la cintura y dándole un beso en la mejilla.
-Sí, un poco-admitió con el rubor
cubriéndole las mejillas.- Pero es que tengo tantas ganas de golpearte, Aiden
que podría dejar de pensar en…-
-¿Quieres golpearme?- interrumpí
con voz dura y firme. La vi palidecer de inmediato.
-No… No, señor. No quiero
golpearte- titubeó con los ojos abiertos como platos.
-Dijiste que querías hacerlo-
aseguré tomándola del brazo inconscientemente.
-No... No, señor, era una broma….
Yo…-
-¿En serio quieres golpearme,
Claire?- repetí en un gruñido acercando su rostro al mío. Sus párpados se
tornaron color rojo dejando ver algunas lágrimas.- ¿De veras necesitas
golpearme por haberte ganado en un estúpido juego de feria? Eso es patético-.
-Señor… me… me hace daño- susurró
en voz rota digiriéndose a mí como si de verdad fuera su amo. Me extrañó por
completo no escucharla tutearme pero luego salí de mi trance de furia
injustificada al ver sus lágrimas caer por sus ojos.
De inmediato solté su brazo como
si me quemara los dedos, aunque en realidad estaban quemándome el alma. Mi
consciencia salió a flote demasiado tarde cundo vi a Claire sobarse con cierto
pánico en los ojos el brazo blanco como la nueve que yo acababa de apretarle a
muerte. ¿Le saldrían moretones? Me odié al pensar en las horribles marcas que le habría dejado.
¿Quién sabe lo que le habría hecho si no me hubiesen despertado sus palabras?
Ninguno dijo nada. Tampoco hacía
falta. Mis acciones habían hablado por sí solas y habían dejado a la vista la
persona que de verdad se escondía debajo del bajista de una banda reconocida.
Aquel niño traumatizado desde los seis años con los azotes que le daba su madre
por no cumplir con sus exigencias o recados. Aquel niño de diez años a quien le
informaron que su familia había decidido realizar el tan anhelado viaje a Hawái
que él siempre había pedido. Me sentí en el pasado de nuevo. Como cuando tenía
miedo de mi mamá entrara a mi cuarto y viera que había roto mi juguete favorito
del Hombre Araña por estar colgándolo del techo para verlo volar.
Nos miramos fijamente por varios
segundos que se transformaron en minutos. De sus ojos caían lágrimas cargadas y
calientes mientras que mi posición era estática y rígida. Su mirada denotaba
terror; la mía tal vez culpa. Su cuerpo estaba encorvado temblaba como una hoja
al viento. Yo ni siquiera sentía el aire en mis pulmones; solo veía los
moretones que se formaban con rapidez en su piel desnuda llenándome por
completo de remordimiento y de una sensación de poder asqueroso. Podía hacer
daño y se lo había hecho a ella.
Sintiendo el peso de mis pecados
en mi espalda, me acerqué a ella con pasos lentos y pausados mostrándole que
podía confiar en mí y no le haría nada. Yo no era como el lobo feroz de
Caperucita a no ser que ella quisiera que lo fuera en la cama. Para mi
sorpresa, al estirar la mano para tocar su rostro y enjugar sus lágrimas, ella
retrocedió un paso llevándose las manos al pecho y mirándome con más terror del
que alguna vez hubiera sido testigo.
“¿Qué has hecho, Aiden?”
-Claire, yo…-
-Hola, chicos-.
Ambos nos giramos hacia la
conocida voz que acababa de hablar y casi suelto un bufido de incredulidad por
las coincidencias que la vida me ponía de vez en cuando. ¿En serio tenía que
aparecer Wesley en el mismo lugar que mi chica y yo estamos recorriendo
precisamente cuando acabo de marcar un punto de partida en nuestra relación?
Demonios, si la vida me condenaba algunas veces con la exasperación…
-Hola, Wes- contesté un tanto
irritado- ¿Qué haces aquí?-.
-Solo vengo a buscar unas cuantas
botellas de vodka en la licorera de la esquina- contestó jovial dándole una
doble mirada aprobatoria a Claire. Sabía que sus pantalones ajustados y la
blusa que llevaba no eran muy buenas prendas escondiendo su belleza.- Hola,
Claire-.
Tensé todo mi cuerpo incluyendo
mi lengua al escucharlo saludar a Claire con tanta naturalidad y picardía.
Quería enviarlo de una atada a la luna y dejarlo allí momificado el resto de su
vida con tal de que no volviera a verla bajo ninguna circunstancia.
-Nosotros ya nos vamos- contesté
antes de que ella pudiera hablar envolviendo mi brazos por su cintura de manera
protectora. Odié la forma como su cuerpo se puso rígido ante mi toque. Tenía
que hacer algo y rápido.
-Pero si nos acabamos de
encontrar. ¿No crees que deberíamos conversar todos?- preguntó con fingido
pesar- Seguro que encontraremos un tema grandioso para conversar; tal vez
relacionado con…-
-Cállate- ordené en voz mordaz
animado al verlo palidecer un poco- Nos vamos y punto-.
Wesley levantó la barbilla en un
gesto típicamente masculino de desafío y clavó su mirada en la mía. Estábamos
retándonos en silencio y puedo decir que no esperaba perder ese duelo. No había
duda de que las intenciones de Wesley sobre mi Claire eran oscuras y tendría
que pasar sobre mi cadáver para conseguirla. La protegería de todos los que
quisieran hacerle daño.
“Lástima que no la protegiste de
ti mismo, bravucón”, susurró entonces mi consciencia haciéndome retener a
Claire aún más fuerte a mi lado.
Ella se estremeció con mi abrazo
mortal por lo que supe que estaba pasándome de fuerza de nuevo con ella. Me obligué
a relajarme y aflojar mi agarre en su cintura ahora solo dando ligeros
golpecitos con mis dedos con la esperanza de que las cosquillas suavizaran el
tenso momento en el que estábamos. Para mi fortuna, ella sonrió y comenzó a
retorcerse de forma juguetona abrazándome por la cintura. Mi temperamento se
calmó de inmediato al igual que una erección que tenía en ese momento.
-Tranquilo, chico- contestó
Wesley dándome una mirada afilada- Estoy seguro que podemos conversar también
en tu apartamento. No es como si nunca hubiera estado allí, ¿tú qué opinas,
Claire?- cuestionó directamente a mi chica haciéndome tensar la mandíbula.
-Haré lo que Aiden me pida- fue
su única respuesta dejándome satisfecho y a Wesley ligeramente irritado.
-Bien… Entonces, ¿qué les parece
ir por un helado?- tentó de nuevo desde un enfoque diferente. Demonios, no se
rendía y mi paciencia estaba llegando al límite- Hace poco encontré una
heladería en la que podemos tomar helado de café, ¿no te parece tentador,
Claire?-
-Yo… uhm...- vaciló Claire
apretándome con fuerza demostrándome que la idea le gustaba. Quise morder a
Wesley y desgarrarle esa estúpida sonrisa de victoria. Así mismo, recordé que
no le había aún ofrecido nada de comer a pesar de que ella me había dicho lo
hambrienta que estaba.
-¿Quieres ir?- indagué abrigando
la esperanza de que se negara. Sin embargo, el brillo en sus ojos me dijo lo
que no quería saber.
-Sí, gracias, señor- contestó
mirando a Wesley con cierto agradecimiento.
-Perfecto-.
Hasta ese momento llegó mi
reinado sobre mi Claire ya que Wesley entabló una rápida conversación sobre los
diferentes sabores de helado causando que toda la atención de Claire cayera
sobre él. Intercambiaron diferentes gustos en comida, ropa y frutas. Hablaron
de sus películas favoritas y el tipo de música que preferían. Incluso descubrieron su gusto compartido por los
animales de peluche.
Ni siquiera yo sabía que a Wesley le gustaran…
Varias veces intenté hacer que
Claire me incluyera en sus conversaciones con Wesley o siquiera me dirigiera
una mirada, sin embargo, ella había volcado toda su concentración en él y
parecía no querer quitarla de allí. Me sentí frustrado pero luego me pregunté
si estaría haciendo eso con la intención de ignorarme por completo gracias a
nuestro pequeño altercado antes de que nos interrumpieran. No me parecía
extraño que lo hiciera dado que yo no había sido gentil con ella. Cada vez que
miraba su brazo lo único que veía eran los grandes cardenales que lo adornaban
como prueba de mi imbecilidad llevada al extremo.
Tenía que disculparme y no sabía
cómo…
En la heladería las cosas no
cambiaron. Por el contrario parecían ir en picada cada vez más hondo y rápido.
En el trayecto siempre nuestras manos habían estado entrelazadas, pero ya
sentados comiendo el helado –el cual tenía que admitir estaba delicioso-
nuestros cuerpo habían estado separados por dos sillas y ella estaba casi al
lado de Wesley compartiendo como si estuvieran en una cita y yo estuviera
interfiriendo. Tal vez lo estaba y no me había dado cuenta.
Aproveché un momento en el que
Wesley nos dejó a solas para ir al baño y traté de iniciar una conversación
segura. Sin embargo, ella de nuevo esquivó mi intento de llamar su atención
confirmando mi teoría sobre ella intentando evadirme por lo que había ocurrido
en la calle. Me sentí como un bastardo pero al mismo tiempo me enfurecí al
verme a mí mismo rogándole a una mujer por su atención cuando ellas rogaban por
la mía. Ella era una prueba viviente de ese hecho.
-¿Terminaste ya de mirar tus
uñas?- le pregunté en voz dura haciéndole dar un respingo. Estaba con el humor
por los cielos.
-Sí… sí, señor- respondió en un
murmullo mirando a todos lados menos a mí.
“¿Quieres ley del hielo, muñeca?
Pues ley del hielo tendrás”.
-Bien. Entonces te aviso que
tendrás que pedirle a Wesley que te lleve a casa- dije con toda la frialdad del
mundo aunque eso estaba matándome por completo. Quería que me rogara por mi
atención, no que me dejara ahí de pie como un tonto enamorado.- Debo irme ahora
mismo-.
-Vaya, Aiden…-comentó Wesley
volviendo del baño con una sonrisa maliciosa- ¿Debo asumir que puedo llevarme a
Claire a casa hoy por un rato?-.
Si creía que no podía enfurecerme
aún más estaba equivocado. Apreté los puños a los costados sintiéndome
palidecer por completo. Miré a Claire en busca de una señal de súplica,
cualquier indicio de que no le gustaba la idea de estar lejos de mí, pero sus
ojos estaban enfocados en el suelo aunque su cuerpo vibraba suavemente. Sentí
que un trozo de mi alma se desprendía de mi cuerpo pero si esto era lo que
conseguía por querer a alguien, entonces iba a pagar el precio desde un
comienzo.
Quité mi vista de Claire y la
enfoqué de nuevo en Wesley quien miraba con algo distinto a Claire. Ya no era
la mirada lasciva y lujuriosa que le había lanzado antes; esta era distinta,
casi con interés genuino. Con una patada mental me di cuenta de que no solo
sería del agrado de Wesley tenerla en su cama por un rato. Él podría sentirse
atraído por la idea de tenerla siempre.
Lo siento amigo pero eso no iba a pasar
en un futuro cercano…
-Sí, puedes levártela un rato.
Solo asegúrate de traerla a una hora razonable- aseguré viendo cómo el cuerpo
de Claire se ponía rígido por mis palabras.
Wesley sonrió con agradecimiento
y en silencio tomó la mano de Claire ayudándola a levantarse. Ella la tomó sin
decir nada y enfocó su mirada en el suelo respirando pesadamente.
“Vamos, Claire, di algo”.
-Iré… al baño a limpiarme y
volveré en seguida, señor-.
Seguí con mis ojos a Claire hasta
que desapareció tras la puerta del baño y enfoqué de nuevo mis ojos en Wesley.
Ninguno dijo nada pero tampoco era que faltara. Mi chica se iba a divertir en
manos de mi amigo mientras que yo me revolcaría en mi cama maldiciéndome una y
otra vez por ser un canalla.
Volvió minutos después con los
ojos ligeramente enrojecidos y los hombros caídos. Traté de decir algo pero
antes de que pudiera hacerlo, un estruendoso chillido rellenó el lugar
anunciándome otro momento de infelicidad.
-¡Hola, Aiden! ¿Vamos a
divertirnos hoy en tu cama?- preguntó Cassie y me di vuelta rápidamente viendo
su expresión de júbilo.
Miré de nuevo a Claire y notando
por primera vez sus ojos abiertos por la sorpresa me dije que podía sacar un
buen partido de la situación. Si ella me iba a abandonar por mi amigo, yo no
tendría problema en divertirme un rato con la madre de mi supuesto hijo.
-Claro, cariño- respondí
atrayéndola para darle un beso apasionado. Vi la tonta sonrisa en su cara al
separarnos- Es tiempo de divertirnos. Adiós, chicos-.
-¿Quién era esa mujer, Aiden?-
preguntó Cassie a escasos metros de Wesley y Claire. Podía sentir sus miradas
perforándome- No me dejaste saludar-.
-No es nadie, cariño. Solo es una
pequeña dispuesta a desnudarse ante el que más le convenga-.
“Pero de igual forma la deseas,
Aiden. Incluso la quieres para tenerla siempre a tu lado”, susurró de nuevo mi
consciencia y tomó toda mi fuerza de voluntad no girarme para ver su rostro de
seguro bañado en lágrimas al verme actuar como un imbécil mientras salíamos de
la heladería.
-Cuídate, Claire. No dejes que el
idiota de Wesley te ponga un dedo encima como lo hice yo o te juro que no
volverás a salir de casa sin compañía- susurré en voz baja echándole un vistazo
de lejos a la calle en la que estaba el lugar donde había dejado mi sueño más
reciente.
-A divertirnos, Aiden- gorjeó
Cassie en voz cantarina y me estremecí al notar que me había metido en un gran
lío.
***
Me disculpo si hay errores de redacción. No me quedó mucho tiempo para escribir así que lo hice sin corregir antes de subirlo. Ojalá les guste.
Y para terminar... ¿Un besito robado? ¿A quién no les gustan? :P