miércoles, 21 de enero de 2015

Carátula revelada de All Palyed Out: Cora Carmack.

 Serie RUSK UNIVERSITY #3





SINOPSIS

¿Primer miembro de la familia en ir a la universidad?  Comprobado.
¿Sacar A's?  Comprobado.
¿En camino a graduarse antes de tiempo?  Comprobado.
¿Vida social?...  Sí, acerca de eso...

Con solo unas semanas antes de su graduación, Antonella DeLuca's comienza a preocuparse de que tal vez no ha tenido la experiencia universitaria completa. (De acuerdo... Retira eso. Ella sabe que no ha tenido la experiencia universitaria completa).

Así que Nell, hace lo que una inteligente, dedicada chica como ella sabe hacer mejor. Hace una lista de cosas "por hacer" de actividades normales universitarias.

Item #1: Conectar con un deportista.

El receptor abierto de la Universidad Rusk, Mateo Torres, prácticamente escribió un libro de jugadas para la vida universitaria normal. Cuando no está en el campo, sobresale en las fiestas, las chicas y más fiestas. Mientras que mantiene las cosas livianas y fáciles es imposible salir lastimado... de nuevo. Pero algo acerca de la callada, tímida, sexy-como-el-infierno Nell se mete bajo su piel y cuando descubre acerca de su lista de cosas por hacer, hace su trabajo y la ayuda a completarla.

Torres es la definición de confidente )Y sexy. Y salvaje.) y despliega ante Nell un lado que ella nunca ha conocido. Pero tan pronto como empiezan a tachar cada loco, excitante, normal item, Nell descubre que su frívola lista conduce a algo más serio de lo que esperaba. Y mientras Torres está acostumbrado a tomar riesgos en el campo, tiene que decidir si está dispuesto a correr el riesgo cuando es más que un juego.

Juntos tiene que decidir si lo que tienen es solo parte de un experimento o si es algo real.

Pre Orden en:

Amazon *** Barnes & Noble *** iTunes

Fecha de Lanzamiento: Mayo 12



Como todo libro hecho por Cora Carmack puedo decir que este será también todo un éxito. Es la continuación de la Serie Rusk University la cual ya tiene dos títulos anteriores: All Lined Up y All Broke Down. 
Esperaré con ansias este tercer libro comiéndome la uñas por completo sabiendo que este libro llenará más de una de las expectativas que tengo. El erotismo es uno de mis géneros favoritos, lo admito.

Pre Orden: 

Barnes & Nodle http://www.barnesandnoble.com/w/all-played-out-cora-carmack/1119471854?cm_mmc=affiliates-_-linkshare-_-mdxm68jzjz8-_-10:1&ean=9780062326249&isbn=9780062326249&r=1

iTunes: https://itunes.apple.com/us/book/all-played-out/id877731942?mt=11

No olvidemos apoyar a nuestros autores comprando sus libros en los diferentes sitios en donde los promocionan. Digamos No a la piratería.



Laura.

lunes, 19 de enero de 2015

CAPITULO 11

No recordaba cuántas veces me había sentido verdaderamente feliz en mi vida, tanto que quisiera correr y cantar al mismo tiempo en un campo de flores. Demonios, si hasta ya sonaba ridículo. Estaba definitivamente en contacto con mi lado femenino y no me gustaba para nada. Bueno, sería una mentira; sí me gustaba pero solo para que Claire lo viera y disfrutara de él.

Estábamos recorriendo en ese momento los museos de arte de la ciudad y podía notar cuán encantada estaba ella mirando con los ojos abiertos como dos enormes aceitunas las diferentes muestras que la mente de otras personas poco conocidas pero con necesidad de serlo habían creado. No sabía qué era lo que lograba cautivar tanto a Claire entre todas esas muestras de colores y figuras diferentes. Para mí solo eran un montón de cuadros y figuras sin sentido, a pesar de que ella me reprendía –sí, créanlo, me estaba reprendiendo- alegando que se llamaba arte abstracto y por eso no podía entenderse fácilmente.

Para mis adentros reía al sacarle ese humor de perro que sabía que tenía dentro. Una sumisa de vez en cuando podía tener sus arrebatos de ira a pesar de que le fuera prohibido. Solo esperaba poder ver con mis propios ojos lo que ese pequeño cuerpo y esa bendita cabeza podían hacerle hacer cuando la presión la estuviera consumiendo.

¿Haría una rabieta?

¿Se enojaría tanto que rompería cosas?

¿Me golpearía?

Tantas opciones pero todas con el mismo resultado: estaría allí acompañándola fuera cual fuera su método de desahogo.

-¿Por qué en tu apartamento no hay cuadros, Aiden?- preguntó sacándome de mis pensamientos. Mi mano jugaba con su cabello de manera distraída- ¿No te gusta estar rodeado de belleza?-

-¿Para qué pinturas cuando te tengo a ti?- cuestioné a cambio sintiéndome satisfecho al verla bajar la mirada y sonrojarse. Demonios, amaba tenerla así.- Contigo es más que suficiente-.

-Yo…- vaciló de manera adorable mordiéndose el labio inferior y evadiendo mi mirada- Aiden…-

-¿Sí, cariño?-

-Yo… uhm, nada- se rindió finalmente haciéndome soltar una risa suave. Ella era más que adorable.

Por un momento me lanzó una mirada algo oscura y llena de vergüenza pero luego sacudiendo la cabeza se pegó a torso como un pulpo en un abrazo que me dejó entre sorprendido y extasiado. Sin perder tiempo la dejé enterrar el rostro en mi pecho mientras la abrazaba con fuerza por la espalda. Su ropa ligera gracias al clima cálido me permitía sentir con plenitud las diferentes curvas de su cuerpo y el aroma tan dulce que solo ella poseía.

En ese momento no importaba más. Ni los transeúntes a nuestro alrededor o los constantes murmullos que se escuchaban por doquier gracias a mi genial idea de no llevar lentes oscuros sino solo un gorro que cubriera mi rostro. No me importaba si me veían con ella quería que el mundo lo supiera; quería que se dieran cuenta de que por primera vez, los lentes y las fotografías no me asustaban como siempre lo hacían, esta vez estaba con ella y el mundo por fin tomaba matices de colores hermosos en vez de la constante paleta de tonos grisáceos que me acompañaban.

Sus brazos eran dos correas fuertes a mi alrededor al igual que mis brazos la presionaban como un fuerte animal de caza presiona a su presa. Quería sentirla mía, quería saber que ese momento tan simple para algunos pero tan bello para mí nunca iba a terminarse. Sin pensar entonces en mis siguientes acciones, acerqué con suavidad mi rostro al suyo y la besé con suavidad. Me deleité una y otra vez en sus labios saboreando pasión que ella me demostraba en ese beso.

Estábamos jadeando en unos minutos por nuestra muestra de afecto pero para mí no era suficiente y al mismo tiempo lo era. Solo quería besarla por un largo rato y sentía que con eso mi cuerpo iba a estar en completa comunión con el suyo.

-Te quiero, Claire- dije en voz alta sorprendiéndola por completo. Sus ojos me veían con una pizca de incredulidad y esperanza. Sonreí dándole un tierno beso en los labios.

-Tú… ¿de verdad?- preguntó en un susurro apoyando las manos en mi pecho. Le sonreí y le besé de nuevo. Cielos, no me había dado cuenta de cuánto amaba sus labios.

-Por supuesto-.

Ella sonrió con esa hermosa expresión que hacía aletear mi pecho y se aproximó lentamente y en completo silencio hasta quedar a centímetros de mi rostro. Esperé pacientemente a que aquellos rodetes carnosos hicieran contacto con los míos, sin embargo, casi estallo en mi propia mente al escuchar un leve susurro lo suficientemente fuerte para mis oídos. Eran aquella palabras que yo también necesitaba escuchar por muy bajas e inaudibles que fueran.

-También te quiero, Aiden. Podría apostar que es incluso más que eso-.

Sobra decir que nos besamos como adolescentes en celo en esa sala de exposiciones. Y sobra aún más decir que nos importó menos que una mierda.

***

-Es injusto, eso fue trampa- se quejaba una y otra vez a mi lado mi bella dama al no haber podido ganarme ni una vez en el tiro al blanco.

Estaba a punto de soltar una carcajada bastante audible al ver esa chica que yo pensaba era frágil como una rosa en el invierno siendo completamente un feroz león a punto de atacar un ratón indefenso. Demonios, tenía genio de perro lo que solo estaba consiguiendo excitarme en plena calle principal abarrotada de gente. Tenía que controlarme; era consciente de eso, pero el ver a mi chica enfurruñada por haber perdido la oportunidad de ganarme en un simple juego de reventar globos con un arma de juguete.

Bueno. Si soy honesto, había perdido la oportunidad de escoger el regalo que ella deseara –que era como cosa extraña, en sapo enorme con un corazón gigante color rojo en el pecho, el cual por cierto, ya estaba en mi poder camino a casa en el auto con nuestro chofer-, por tanto eso la tenía al borde de un maxi ataque de histeria casi a punto de lanzarla a las lágrimas. Si derramaba solo una, juro por Dios que me pondría de manos y rodillas y le rogaría que me perdonara.

-¿Tienes hambre, nena?- pregunté a cambio tomándola por la cintura y dándole un beso en la mejilla.

-Sí, un poco-admitió con el rubor cubriéndole las mejillas.- Pero es que tengo tantas ganas de golpearte, Aiden que podría dejar de pensar en…-

-¿Quieres golpearme?- interrumpí con voz dura y firme. La vi palidecer de inmediato.

-No… No, señor. No quiero golpearte- titubeó con los ojos abiertos como platos.

-Dijiste que querías hacerlo- aseguré tomándola del brazo inconscientemente.

-No... No, señor, era una broma…. Yo…-

-¿En serio quieres golpearme, Claire?- repetí en un gruñido acercando su rostro al mío. Sus párpados se tornaron color rojo dejando ver algunas lágrimas.- ¿De veras necesitas golpearme por haberte ganado en un estúpido juego de feria? Eso es patético-.

-Señor… me… me hace daño- susurró en voz rota digiriéndose a mí como si de verdad fuera su amo. Me extrañó por completo no escucharla tutearme pero luego salí de mi trance de furia injustificada al ver sus lágrimas caer por sus ojos.

De inmediato solté su brazo como si me quemara los dedos, aunque en realidad estaban quemándome el alma. Mi consciencia salió a flote demasiado tarde cundo vi a Claire sobarse con cierto pánico en los ojos el brazo blanco como la nueve que yo acababa de apretarle a muerte. ¿Le saldrían moretones? Me odié al pensar  en las horribles marcas que le habría dejado. ¿Quién sabe lo que le habría hecho si no me hubiesen despertado sus palabras?

Ninguno dijo nada. Tampoco hacía falta. Mis acciones habían hablado por sí solas y habían dejado a la vista la persona que de verdad se escondía debajo del bajista de una banda reconocida. Aquel niño traumatizado desde los seis años con los azotes que le daba su madre por no cumplir con sus exigencias o recados. Aquel niño de diez años a quien le informaron que su familia había decidido realizar el tan anhelado viaje a Hawái que él siempre había pedido. Me sentí en el pasado de nuevo. Como cuando tenía miedo de mi mamá entrara a mi cuarto y viera que había roto mi juguete favorito del Hombre Araña por estar colgándolo del techo para verlo volar.

Nos miramos fijamente por varios segundos que se transformaron en minutos. De sus ojos caían lágrimas cargadas y calientes mientras que mi posición era estática y rígida. Su mirada denotaba terror; la mía tal vez culpa. Su cuerpo estaba encorvado temblaba como una hoja al viento. Yo ni siquiera sentía el aire en mis pulmones; solo veía los moretones que se formaban con rapidez en su piel desnuda llenándome por completo de remordimiento y de una sensación de poder asqueroso. Podía hacer daño y se lo había hecho a ella.

Sintiendo el peso de mis pecados en mi espalda, me acerqué a ella con pasos lentos y pausados mostrándole que podía confiar en mí y no le haría nada. Yo no era como el lobo feroz de Caperucita a no ser que ella quisiera que lo fuera en la cama. Para mi sorpresa, al estirar la mano para tocar su rostro y enjugar sus lágrimas, ella retrocedió un paso llevándose las manos al pecho y mirándome con más terror del que alguna vez hubiera sido testigo.

“¿Qué has hecho, Aiden?”

-Claire, yo…-

-Hola, chicos-.

Ambos nos giramos hacia la conocida voz que acababa de hablar y casi suelto un bufido de incredulidad por las coincidencias que la vida me ponía de vez en cuando. ¿En serio tenía que aparecer Wesley en el mismo lugar que mi chica y yo estamos recorriendo precisamente cuando acabo de marcar un punto de partida en nuestra relación? Demonios, si la vida me condenaba algunas veces con la exasperación…

-Hola, Wes- contesté un tanto irritado- ¿Qué haces aquí?-.

-Solo vengo a buscar unas cuantas botellas de vodka en la licorera de la esquina- contestó jovial dándole una doble mirada aprobatoria a Claire. Sabía que sus pantalones ajustados y la blusa que llevaba no eran muy buenas prendas escondiendo su belleza.- Hola, Claire-.

Tensé todo mi cuerpo incluyendo mi lengua al escucharlo saludar a Claire con tanta naturalidad y picardía. Quería enviarlo de una atada a la luna y dejarlo allí momificado el resto de su vida con tal de que no volviera a verla bajo ninguna circunstancia.

-Nosotros ya nos vamos- contesté antes de que ella pudiera hablar envolviendo mi brazos por su cintura de manera protectora. Odié la forma como su cuerpo se puso rígido ante mi toque. Tenía que hacer algo y rápido.

-Pero si nos acabamos de encontrar. ¿No crees que deberíamos conversar todos?- preguntó con fingido pesar- Seguro que encontraremos un tema grandioso para conversar; tal vez relacionado con…-

-Cállate- ordené en voz mordaz animado al verlo palidecer un poco- Nos vamos y punto-.

Wesley levantó la barbilla en un gesto típicamente masculino de desafío y clavó su mirada en la mía. Estábamos retándonos en silencio y puedo decir que no esperaba perder ese duelo. No había duda de que las intenciones de Wesley sobre mi Claire eran oscuras y tendría que pasar sobre mi cadáver para conseguirla. La protegería de todos los que quisieran hacerle daño.

“Lástima que no la protegiste de ti mismo, bravucón”, susurró entonces mi consciencia haciéndome retener a Claire aún más fuerte a mi lado.

Ella se estremeció con mi abrazo mortal por lo que supe que estaba pasándome de fuerza de nuevo con ella. Me obligué a relajarme y aflojar mi agarre en su cintura ahora solo dando ligeros golpecitos con mis dedos con la esperanza de que las cosquillas suavizaran el tenso momento en el que estábamos. Para mi fortuna, ella sonrió y comenzó a retorcerse de forma juguetona abrazándome por la cintura. Mi temperamento se calmó de inmediato al igual que una erección que tenía en ese momento.

-Tranquilo, chico- contestó Wesley dándome una mirada afilada- Estoy seguro que podemos conversar también en tu apartamento. No es como si nunca hubiera estado allí, ¿tú qué opinas, Claire?- cuestionó directamente a mi chica haciéndome tensar la mandíbula.

-Haré lo que Aiden me pida- fue su única respuesta dejándome satisfecho y a Wesley ligeramente irritado.

-Bien… Entonces, ¿qué les parece ir por un helado?- tentó de nuevo desde un enfoque diferente. Demonios, no se rendía y mi paciencia estaba llegando al límite- Hace poco encontré una heladería en la que podemos tomar helado de café, ¿no te parece tentador, Claire?-

-Yo… uhm...- vaciló Claire apretándome con fuerza demostrándome que la idea le gustaba. Quise morder a Wesley y desgarrarle esa estúpida sonrisa de victoria. Así mismo, recordé que no le había aún ofrecido nada de comer a pesar de que ella me había dicho lo hambrienta que estaba.

-¿Quieres ir?- indagué abrigando la esperanza de que se negara. Sin embargo, el brillo en sus ojos me dijo lo que no quería saber.

-Sí, gracias, señor- contestó mirando a Wesley con cierto agradecimiento.

-Perfecto-.

Hasta ese momento llegó mi reinado sobre mi Claire ya que Wesley entabló una rápida conversación sobre los diferentes sabores de helado causando que toda la atención de Claire cayera sobre él. Intercambiaron diferentes gustos en comida, ropa y frutas. Hablaron de sus películas favoritas y el tipo de música que preferían. Incluso  descubrieron su gusto compartido por los animales de peluche. 

Ni siquiera yo sabía que a Wesley le gustaran…

Varias veces intenté hacer que Claire me incluyera en sus conversaciones con Wesley o siquiera me dirigiera una mirada, sin embargo, ella había volcado toda su concentración en él y parecía no querer quitarla de allí. Me sentí frustrado pero luego me pregunté si estaría haciendo eso con la intención de ignorarme por completo gracias a nuestro pequeño altercado antes de que nos interrumpieran. No me parecía extraño que lo hiciera dado que yo no había sido gentil con ella. Cada vez que miraba su brazo lo único que veía eran los grandes cardenales que lo adornaban como prueba de mi imbecilidad llevada al extremo.

Tenía que disculparme y no sabía cómo…

En la heladería las cosas no cambiaron. Por el contrario parecían ir en picada cada vez más hondo y rápido. En el trayecto siempre nuestras manos habían estado entrelazadas, pero ya sentados comiendo el helado –el cual tenía que admitir estaba delicioso- nuestros cuerpo habían estado separados por dos sillas y ella estaba casi al lado de Wesley compartiendo como si estuvieran en una cita y yo estuviera interfiriendo. Tal vez lo estaba y no me había dado cuenta.

Aproveché un momento en el que Wesley nos dejó a solas para ir al baño y traté de iniciar una conversación segura. Sin embargo, ella de nuevo esquivó mi intento de llamar su atención confirmando mi teoría sobre ella intentando evadirme por lo que había ocurrido en la calle. Me sentí como un bastardo pero al mismo tiempo me enfurecí al verme a mí mismo rogándole a una mujer por su atención cuando ellas rogaban por la mía. Ella era una prueba viviente de ese hecho.

-¿Terminaste ya de mirar tus uñas?- le pregunté en voz dura haciéndole dar un respingo. Estaba con el humor por los cielos.

-Sí… sí, señor- respondió en un murmullo mirando a todos lados menos a mí.

“¿Quieres ley del hielo, muñeca? Pues ley del hielo tendrás”.

-Bien. Entonces te aviso que tendrás que pedirle a Wesley que te lleve a casa- dije con toda la frialdad del mundo aunque eso estaba matándome por completo. Quería que me rogara por mi atención, no que me dejara ahí de pie como un tonto enamorado.- Debo irme ahora mismo-.

-Vaya, Aiden…-comentó Wesley volviendo del baño con una sonrisa maliciosa- ¿Debo asumir que puedo llevarme a Claire a casa hoy por un rato?-.

Si creía que no podía enfurecerme aún más estaba equivocado. Apreté los puños a los costados sintiéndome palidecer por completo. Miré a Claire en busca de una señal de súplica, cualquier indicio de que no le gustaba la idea de estar lejos de mí, pero sus ojos estaban enfocados en el suelo aunque su cuerpo vibraba suavemente. Sentí que un trozo de mi alma se desprendía de mi cuerpo pero si esto era lo que conseguía por querer a alguien, entonces iba a pagar el precio desde un comienzo.

Quité mi vista de Claire y la enfoqué de nuevo en Wesley quien miraba con algo distinto a Claire. Ya no era la mirada lasciva y lujuriosa que le había lanzado antes; esta era distinta, casi con interés genuino. Con una patada mental me di cuenta de que no solo sería del agrado de Wesley tenerla en su cama por un rato. Él podría sentirse atraído por la idea de tenerla siempre. 

Lo siento amigo pero eso no iba a pasar en un futuro cercano…

-Sí, puedes levártela un rato. Solo asegúrate de traerla a una hora razonable- aseguré viendo cómo el cuerpo de Claire se ponía rígido por mis palabras.

Wesley sonrió con agradecimiento y en silencio tomó la mano de Claire ayudándola a levantarse. Ella la tomó sin decir nada y enfocó su mirada en el suelo respirando pesadamente.

“Vamos, Claire, di algo”.

-Iré… al baño a limpiarme y volveré en seguida, señor-.

Seguí con mis ojos a Claire hasta que desapareció tras la puerta del baño y enfoqué de nuevo mis ojos en Wesley. Ninguno dijo nada pero tampoco era que faltara. Mi chica se iba a divertir en manos de mi amigo mientras que yo me revolcaría en mi cama maldiciéndome una y otra vez por ser un canalla.

Volvió minutos después con los ojos ligeramente enrojecidos y los hombros caídos. Traté de decir algo pero antes de que pudiera hacerlo, un estruendoso chillido rellenó el lugar anunciándome otro momento de infelicidad.

-¡Hola, Aiden! ¿Vamos a divertirnos hoy en tu cama?- preguntó Cassie y me di vuelta rápidamente viendo su expresión de júbilo.

Miré de nuevo a Claire y notando por primera vez sus ojos abiertos por la sorpresa me dije que podía sacar un buen partido de la situación. Si ella me iba a abandonar por mi amigo, yo no tendría problema en divertirme un rato con la madre de mi supuesto hijo.

-Claro, cariño- respondí atrayéndola para darle un beso apasionado. Vi la tonta sonrisa en su cara al separarnos- Es tiempo de divertirnos. Adiós, chicos-.

-¿Quién era esa mujer, Aiden?- preguntó Cassie a escasos metros de Wesley y Claire. Podía sentir sus miradas perforándome- No me dejaste saludar-.

-No es nadie, cariño. Solo es una pequeña dispuesta a desnudarse ante el que más le convenga-.

“Pero de igual forma la deseas, Aiden. Incluso la quieres para tenerla siempre a tu lado”, susurró de nuevo mi consciencia y tomó toda mi fuerza de voluntad no girarme para ver su rostro de seguro bañado en lágrimas al verme actuar como un imbécil mientras salíamos de la heladería.

-Cuídate, Claire. No dejes que el idiota de Wesley te ponga un dedo encima como lo hice yo o te juro que no volverás a salir de casa sin compañía- susurré en voz baja echándole un vistazo de lejos a la calle en la que estaba el lugar donde había dejado mi sueño más reciente.


-A divertirnos, Aiden- gorjeó Cassie en voz cantarina y me estremecí al notar que me había metido en un gran lío.
*** 

Me disculpo si hay errores de redacción. No me quedó mucho tiempo para escribir así que lo hice sin corregir antes de subirlo. Ojalá les guste.

Y para terminar... ¿Un besito robado? ¿A quién no les gustan? :P


miércoles, 14 de enero de 2015

Algo un poco más triste...

Y, sí, últimamente solo posteo noticias tristes y hoy no es el día que hará la excepción. 

Debido a mis constantes peleas -por así decirlo- con mi computador, decidí llevarlo al técnico a que le hagna un tratamiento de belleza y se le pase el alboroto. Se tomarán comom ínimo dos días mientras lo limpian, msajean y renuevan :P por lo que serán dos o más días sin publicar. 

Espero que lo que haya posteado en su lugar hace dos días haya sido suficiente para complacerlas... un poquito.

¡Nos leemos pronto!

Laura.

lunes, 12 de enero de 2015

Con gusto les presento... "EL DESERTOR".



La canción me gusta al ser tan dramática; creo que la dejaré como soundtrack de mi próxima serie... ¿Qué opinan ustedes? ¿Un adelanto?

¡CON MUCHO GUSTO!

EL DESERTOR: ENTRE BALAS Y EL DESEO.

SINOPSIS

Sus vidas no podían ser más diferentes. Estaban destinados a destruirse y a la traición de sus actos, mas no al deseo que despertaban en sus cuerpos mutuamente. La idea de verse juntos era peligrosa, pero cuanto más pasaba el tiempo y compartían sus secretos, los más oscuros iban quedando a un hilo de descubrirse. Nadie les dijo que estarían jugando con la muerte, sin embargo, la desafiaron con uñas y dientes.

Para Pierre Wilder, la vida en la guerra era todo lo que conocía. Recibir órdenes, cumplirlas, levantar residuos que pudiesen comprometerlo y luego salir de allí como si nada nunca ocurriera. No era más que un arma ilegítima del gobierno; una que ni siquiera una bomba nuclear podría destruir porque él era una de ellas. Sus poderes lo habían llevado lejos en la batalla contra los renegados. Él era un súper-hombre.

Pero un día, cuando se detiene a observar a una de sus víctimas, se da cuenta de que no es una máquina de guerra sino un ser humano. Uno con poderes que nadie más tiene, pero uno de carne y hueso después de todo. Entonces es cuando su vida colapsa y decide huir a donde nadie pueda encontrarlo.

Bethany Wilson nunca esperó que su próxima misión fuera recuperar a un desertor. Había estado siempre en la línea detrás del volante, mas no delante de este. Siempre acostumbrada a dar las órdenes y hacer que los demás las cumplieran. El gobierno la consideraba como uno de sus mejores investigadores de armas de la fuerza, así que cuando se le asigna la tarea de encontrar a la máquina de guerra más sexy del planeta simplemente no puede creerlo. Hay algo en esos ojos que no puede mantener al margen. O tal vez era lo que no había en ellos. Siempre había tenido su vida bajo control pero no esperó nunca perderlo de una forma tan rápida con un hombre que solo significaba problemas.


Dos mundos que colisionarán por causas externas derrumbando dos vidas pequeñas. Pierre y Bethany deberán sobreponerse a lo que el gobierno les lance y tratar de recuperar sus vidas en el proceso sin que la traición, el dolor y la muerte los separe, a pesar de que el deseo, sea el pan de cada día entre ellos.


CAPITULO 10

Sentía un persistente hormigueo en mis piernas aquella tarde mientras caminaba con Yuri por el centro comercial más exclusivo de la ciudad. Estaba cansada con tanta caminata que habíamos hecho juntas con la simple idea –de ella por cierto- de comprar un nuevo guardarropa para el invierno que había visto unas semanas atrás. Estaba empeñada en conseguir toda la colección de alguna diseñadora que no conseguía recordar solo por el gusto de estar a la moda en los próximos meses y no quedarse atrás del resto de sus colegas del medio. Definitivamente, ser alguien famoso implicaba volverse… algo materialista e irreal.
Sin embargo, a pesar de mi cansancio y mi necesidad de salir corriendo de allí para volver a los brazos de mi amo, tenía que admitir que me estaba divirtiendo por completo. Tener compañía femenina significaba poder hablar sobre temas que solo las mujeres podíamos sostener entendiéndonos mutuamente. Y para tal vez aliviar mi miedo a ser rechazada por alguien tan hermosa como ella, con su cabello negro azabache largo hasta la cintura, su piel aceitunada, rostro de ángel y cuerpo de reina, ella se había comportado como si fuéramos amigas de hacía años que solo estaban en un día de compras como cualquier otro.
Me había preguntado cosas acerca de mí y mi vida en mi casa, mi relación con Aiden y si estaba dispuesta a afrontar todo lo que estuviera en mi camino para estar con él. Aquello último fue dicho como si estuviera escuchando mi argumento más valioso antes de sentenciarme a muerte y sonrió con cierta satisfacción cuando respondí un “sí” sin vacilar ni un segundo. Estaba dispuesta a soportar las torturas de los dioses griegos con tal de estar junto a Aiden.
-¿Cansada?- preguntó una hora más tarde cuando Yuri y yo decidimos parar un momento para tomar un batido.
Se había pasado hacía mucho tiempo la hora del almuerzo y en realidad había extrañado con fervor el haber compartido la comida con Aiden. Pero él había estado bastante alegre al decirme con un abrazo que podía tomar la tarde libre mientras él descansaba un rato en la cama y recuperaba el sueño que había perdido en las últimas noches. También me había dado un beso arrebatador de despedida y había prometido que al llegar a la noche veríamos una película y comeríamos algo delicioso que él prepararía. Estaba esperando ansiosamente por ese momento.
-Un poco- respondí señalando las sandalias de tacón que tenía puestas. Yuri sonrió con calidez. –Lamento haberte llamado la amante de Aiden cuando te vi; creí que solo era una broma de su parte al mencionarte –comentó en voz baja batiendo con su pajilla el refresco que tenía- pero ahora veo que eres más que su amante. Estás en el buen camino con él-.
Su voz se ensombreció en las últimas palabras por lo que me pregunté si ella había tenido algún tipo de relación con Aiden en el pasado. Al preguntar, ella subió su mirada y pude ver tal vez comprensión y resignación a partes iguales.
-Es imposible no desear nada con él. Él es simplemente mágico y puede derrumbarte en un segundo… Sucedió conmigo-.
No me sorprendió escuchar la tristeza en su voz al confesarme su amor no correspondido por Aiden. De todas formas, muchas cosas se habían especulado sobre ellos, pero poco se había podido confirmar por los medios de comunicación. Ella era una belleza; una cantante en la mejor época de su carrera, por lo que era más que obvio que se movieran en los mismo círculos –por no decir que en la misma empresa- y terminaran trabajando juntos para luego tener un pequeño affaire.
-No te preocupes; te entiendo por completo- murmuré tratando de aliviar el ambiente en caso de que Yuri sintiera que habría algún problema conmigo. Ella era mi amiga y aliada, valoraba la amistad que me brindaba.
-Espero que lo conserves y lo trates como se merece. Entiéndelo también cuando el mundo cambie para ustedes; no siempre se verán cielos despejados en el camino de la vida-.
-Haré lo mejor que pueda; de hecho, esa es la misión de mi vida en este momento. Él lo es todo para mí- afirmé sintiendo el rubor subir a mis mejillas. Se sentía bien decirle a alguien lo que pasaba en mi corazón.
-No te puedo contradecir, se nota en tus ojos, además de en los morados que tienes en el cuello- comentó sonriendo por lo que sonreí en respuesta dejando atrás la tensión.
Cincuenta minutos después estaba despidiendo el auto de Yuri junto con ella al dejarme en la puerta del edificio con una bolsa de comida y tres bolsas de ropa nueva. Habíamos conversado sobre muchas cosas pero siempre dejando afuera el tema de Aiden o algo relacionado con él luego de haberme enterado de los sentimientos que ella alguna vez guardó hacia él. Suponía que le era difícil hablar de él cuando estaba ahora interesado en otra mujer que no fuera ella. La verdad yo estaba impresionada de que él decidiera tenerme a su lado teniendo a una mujer como Yuri. Tal vez ella había hecho algo malo.
Dejé de pensar en eso tan pronto como entré en el corredor principal del edificio y saludé con la mano al portero que me saludó con un toque en su gorra. Me dije que si la vida seguía de esa manera podría sobrevivir mucho tiempo aunque Aiden solo me viera de la forma como vería un niño a un juguete nuevo. Al entrar al elevador me recosté contra la pared opuesta a la puerta esperando que se cerrara. Afortunadamente estaba sola por lo que me quité las sandalias sintiendo el alivio de inmediato. La puerta se cerró sin que me diera cuenta pero al levantar los ojos me encontré con una nota que sabía iba dirigida a mí por el idioma y la forma en que estaba escrita:
“Volverás a casa pronto, niña. Solo prepárate para encontrarte conmigo. Será mejor que tengas un buen argumento cuando vaya por ti”.
Mi sangre se heló en mi cuerpo y me dejé caer aterrada contra la pared negándome a tocar la nota en color negro sobre papel amarillo. Sabía dónde estaba y no dudaba que él volvería por mí pronto.
Pensé de inmediato en la advertencia de Wesley hacia Aiden y me estremecía al pensar que mi padre pudiera hacerle daño al hombre que tenía a mi lado. Él no merecía pagar por mis actos. El tiempo pasó en un borrón pero no pude descifrar cuánto había estado allí parada mirando el infame trozo de papel que me anunciaba mi destino. Lágrimas gruesas corrieron por mis mejillas pero no podía detenerlas ni enfocar mis ojos. Me sentía perdida.
-¡Nena!- gritó entonces una voz desde el otro lado del pasillo y en un santiamén Aiden estuvo a mi lado sosteniendo mi rostro entre sus manos mirándome con cuidado como si fuera a romperme.
-Aiden… él… él está aquí y… sabe dónde vivimos y…-
-Cálmate, muñeca. Estás a salvo, ¿me oyes? Nada ni nadie te va a hacer daño. Estás conmigo- respondió con seguridad entendiendo mi diatriba.
-No, Aiden…- protesté sosteniendo su mirada y tratando de calmar mi respiración –Él sabe que vivo aquí contigo, mira- señalé con manos temblorosas el lugar donde el papel aún estaba mirándome con burla.
Aiden se acercó a la puerta y arrancó el papel de un tirón para luego arrugarlo entre sus dedos. Me estremecí mientras lo arrojaba con furia al suelo y maldecía en voz baja. Cuando se calmó se acercó y sin decir palabra me sostuvo entre sus brazos susurrándome una y otra vez que estaríamos bien. Que él me protegería. Respiré hondo y finalmente perdí la batalla contra la cordura y me dejé caer entre sus brazos llorando en voz alta sin importarme nada. Necesitaba desahogarme.
***
-Te preparé un poco de sopa- murmuró Aiden sentándose a mi lado un rato después.
Me había traído en sus brazos a casa y me estaba tratando como a una inválida en ese momento dándome todas las atenciones que no merecía. Era una carga para él.
-Gracias, señor-.
-Aiden. Llámame Aiden, cariño. Quiero que me llames por mi nombre o cualquier sobrenombre que se te ocurra- ordenó en voz baja y tierna mirándome con una sonrisa extraña en sus ojos. Sonreí tomando mi plato y asintiendo en silencio.
-De acuerdo, Aiden-.
-Eso está mejor. Ahora come, muñeca. Me preocupa lo pálida que estás. No quiero que te desmayes, así no podré cuidarte en un rato en la cama. Esta noche eres mi paciente-.
-Eres muy gentil, pero…-
-Si me das un pero te prometo que te daré nalgadas y luego te dejaré en la mitad de la ciudad sola- añadió mirándome con picardía mientras yo bebía el caldo.
-Volvería de todas formas- dije rápidamente y luego tuve que recordar mi lugar tras darme una patada mental- Bueno… solo si así lo quieres-.
-Moriré si no vuelves a mi lado algún día- respondió tomando mi barbilla y dándome un beso con tanta ternura que hizo a mis sentidos cobrar más vida que nunca.
Sonreí contra sus labios y agradecí al cielo el que un hombre como él me permitiera estar a su lado. Aiden suspiró mi nombre y con determinación quitó el plato que tenía en las manos dejándolo a un lado apartado; me agradecí internamente haber comido casi todo el contenido porque este beso, que había iniciado un tanto tierno, ahora era todo sobre seducción y pasión desesperada.
Aiden apretó sus manos en mi cintura y comenzó a besarme más duro. Mis dedos se enroscaron automáticamente en mis pantuflas de felpa y mis manos fueron a su espalda. Me dejé llevar por sus caricias expertas y por la necesidad que yo misma sentía por este hombre maravilloso que no pensé que podía existir bajo la apariencia de una estrella de rock. Sentí mi corazón hincharse hasta casi reventar por el amor que sentía. No podía negarlo.
Mientras él me cargaba con suavidad hacia la habitación en sus brazos tuve que admitir que comenzaba a enamorarme de este bajista poco convencional. Mientras me depositaba en la cama y retiraba con delicadeza mi ropa prenda por prenda me sentí temerosa de lo que él podría decir si se enteraba de mis sentimientos. ¿Y si él no me quería de la misma forma en que yo lo quería a él? Nos conocíamos tan solo dos días atrás, sin embargo yo lo venía siguiendo desde hacía años. Él por su parte, solo había conocido mi existencia tan solo cuando me vio al colarme en su camerino. Las probabilidades eran nulas.
-No tienes nada que temer, mi tesoro. Te juro que estás a salvo- aseguró Aiden en voz sedosa retirándose un momento para desnudarse ante mis ojos.
Me quedé callada viendo su tonificado cuerpo ante mis ojos. Reparé entonces en un diminuto tatuaje en su ingle en el que antes no había puesto atención pensando que era una lunar. Era una simple inicial pero que me desconcertó por completo. No era ninguna de las suyas, tampoco la de sus padres o hermano. Además la caligrafía con que había sido escrito era elegante y algo femenina. La duda me invadió pero rápidamente fue silenciada por la presencia arrolladora de Aiden mientras se colocaba encima de mi cuerpo y repartía besos por todo mi torso. Mis pechos fueron blanco de sus ataques. Jadeé sintiendo mi cuerpo arder en llamas cuando comenzó a mordisquear con suavidad los picos de mis senos.
Me aferré con fervor a su espalda y él entendiendo mi súplica silenciosa atacó sin clemencia mi otro pecho. Sentía ver estrellas tras mis párpados y pronto mi cuerpo comenzó a sacudirse con espasmos al llegar a un clímax que me dejó aturdida y deseosa de más. Sus manos descendieron por mis piernas tomándolas con firmeza y enredándolas en su cadera mientras se preparaba para penetrarme con lo que sería un envite duro y necesitado. Pero no fue así. Fue lento, casi tortuoso sentir que se movía con suavidad exquisita como si temiera romperme. ¿No se daba cuenta, acaso que mi mundo ya estaba roto y vuelto a construir gracias a él?
-¿Qué haces, Aiden?- susurré en su oído mientras él besaba mi cuello.
-Te hago el amor, Claire-.
Un sollozo se estancó en mi garganta preso del nudo enorme que se empeñaba en no dejarme respirar. Miré de nuevo esas esferas de chocolate que buscaban hipnotizarme con tan solo un parpadeo y de nuevo me sentí caer profundo bajo los sentimientos. Aquel hechizo que él me lanzaba no era solo para mantenerme a su lado; casi podía sentir el mismo magnetismo con el que yo trataba de demostrarle todo mi afecto hacia él. Esto ya no era una simple relación de sumisión; era algo mucho más fuerte…
Sin embargo, dudaba que él pudiera siquiera darse cuenta de lo que sentía. Eso significaba entonces, que yo tampoco debería darme cuenta ni esperar nada a cambio, porque, de entender el rumbo de sus sentimientos, no dudaba que me dejaría atrás con tal de separarse de algo que podía hacerlo vulnerable ante los medios de comunicación y aquellos que buscaran hacerle daño. Me estremecí de pensarlo, pero era una realidad que podía costarme caro si no la tenía presente todos los días que estuviera al lado de Aiden.
Aunque mis lágrimas brotaron en silencio mientras él con cierta reverencia adoraba mi cuerpo, no dije nada que pudiera delatarme o ponernos en una situación incómoda. Solo me concentré en sentir tan profundo como pudiera todo lo que este hombre maravilloso podía brindarme. Me repetía una y otra vez mentalmente no dejar escapar jamás la verdad de mi corazón a menos que quisiera llegar al final del camino en poco tiempo.
***
-¿Te sientes mejor, nena?- preguntó con suavidad Aiden un rato después aun tratando de ralentizar nuestras respiraciones.
-Sí, Aiden. Gracias- respondí suavemente besando su torso desnudo- Si no te molesta…- vacilé antes de continuar- ¿Qué vamos a hacer para que mi padre no me lleve? No quiero irme de tu lado- aseguré en voz ronca cargada de lágrimas.
-Vamos a esperar que venga- afirmó Aiden encogiéndose de hombros haciéndome cosquillas- Solo dejaremos que haga algo indebido y luego nos libramos de él. No puede ser tan difícil-.
-Aiden, no sabemos…-
-No te preocupes, nena- interrumpió dándome un suave apretón en el trasero- Saldremos adelante, te lo prometo-.
Lo cierto es que podíamos estar al borde de la muerte por falta de oxígeno y yo le creería todo lo que me prometiera. Era un hombre de apalabra así como de mal humor. Era una combinación casi explosiva y algo sensual.
-¿Te gustaría ir a dar un paseo mañana conmigo?- preguntó de pronto poniéndose sobre mí una vez más. Mi cuerpo ardió en anticipación cuando sus labios atacaron mi cuello.
-¿Un… paseo?- jadeé aferrándome con fuerza a su cabeza. Eso se sentía demasiado bien.
--Sí, un paseo por la ciudad para mostrarte todo lo que podemos hacer aquí. Aún no te he llevado a recorrer como se debe-.
Pensé mis opciones que en realidad no eran muchas. Mi corazón casi estalló en mi pecho al comprender la invitación que estaba dejándome sobre la mesa. Él deseaba ir conmigo a pasear en frente de todo el mundo. Eso era bueno, ¿no?
-Puedes llamarlo una… cita, si quieres- comentó con cierta indiferencia mirándome a los ojos pero podía ver un brillo extraño y sus mejillas ligeramente ruborizadas.
Me dediqué a observarlo con una enorme sonrisa en mi rostro y pude ver sus mejillas tornarse de un tono más oscuro del carmín que tenía en ese momento. Me alegré de que llamara a salir conmigo a mostrarme la ciudad, una cita. Esto era maravilloso. Me mordí el labio inferior mientras asentía suavemente con la cabeza y pude ver el brillo de alivio en sus ojos ante mi respuesta.
“Estás en el camino correcto”, recordé las palabras de Yuri y me dije que definitivamente estaba en un buen camino con él. Uno en el que no tendría que tener miedo porque ahora había un hermoso guerrero esperando con su lanza y escudo para protegerme.
-De acuerdo. Partiremos a las nueve.- prometió Aiden besándome con suavidad para luego volver a tomar mi cuerpo con toda la destreza que solo él poseía.
Me dejé llevar una vez más y me pregunté qué veríamos al día siguiente. ¿Montañas? ¿Museos? ¿El parque más importante?
O tal vez por casualidad… ¿a mi padre?
*** 

Este chico definitivamente va a estar en problemas. Pero sigue siendo lindo :P


domingo, 11 de enero de 2015

Los anuncios de la semana.

Sé que he estado ausente en los últimos días, pero he e decir en mi defensa que lo he hecho por una buena causa. He estado corrigiendo una novela que había escrito hacía algún tiempo para subirla en Amazon y promocionarla. 

Por el momento "Amor en la Oscuridad", estará en pausa. Espero poder terminar mi labor en máximo tres días y así poder seguir con esta novela y de paso subir algunas más. 


Deséenme suerte.


Laura.



domingo, 4 de enero de 2015

CAPITULO 9

Este día no podía volverse peor.
Bueno… al menos eso pensé hasta que llegué a casa a las tres menos cinco y mi chica no estaba adentro esperándome. En ese momento mil pensamientos habían corrido por mi mente. Algo malo había podido sucederle, de todas formas ella era nueva en la ciudad y alguien pudo haber aprovechado ese factor. Decidió también dejarme. Eso casi me envía al borde de la desesperación. Inclusive pensé en… bueno, que había ido con Wesley y…
Pero luego ella había aparecido como una oveja perdida recargada contra la puerta cayendo directamente a mis brazos –manchándome de helado por cierto y dándome un golpe fuerte. Mi chica cabeza dura- y me había mirado con sus bellos ojos dejándome saber que también se alegraba de verme. Era un respiro profundo y cálido en el día de mierda que había tenido. De verdad de mierda…
Todo había comenzado al ir al estacionamiento en la mañana y encontrar a mi adorada –inserte sarcasmo aquí- exnovia recargada en el capó de mi auto exhalando perfume por todo el lugar y chirriando en voz alta su deseo de ir conmigo a trabajar. Tengo que admitir que le mostré el dedo medio mientras mi estómago se encogía y su sonrisa vacilaba. Definitivamente nada bueno iba a salir de ese momento.
-¿Qué demonios haces aquí?- había dicho yo en un susurro mordaz borrando por completo su sonrisa confiada.
-¿Cómo que qué hago aquí?- respondió con su chillona voz haciendo eco en el estacionamiento subterráneo- Vamos a ir a trabajar y es obvio que vas a llevarme. Estamos en la misma ruta…-
-¿Algo más?- había interrumpido yo con mi voz cargada de sarcasmo e incredulidad. Ninguna mujer iba a mandarme; sobre mi cadáver. -¿Quieres una copa de vino y una cena a la luz de la luna en la playa? ¡Vete a la mierda y quiero decir caminando!-
-¡No me vas a dejar aquí en medio de la nada cuando no tengo ni tiempo de ir a buscar un maldito taxi o autobús, vas a llevarme y punto!- había gritado ella abriendo los ojos café de par en par y mirándome con algo similar al odio.
Maldita loca…
-Mírame y compruébalo- con eso había terminado mi conversación y había saltado en el auto con una sonrisa para escuchar por último un grito encolerizado de Cassie.
Al llegar a la agencia todo se había salido de control. Incluido mi temperamento. En la entrada del salón que nos habían asignado desde un comienzo hacía tanto tiempo estaba Malcolm Verancheti, nuestro manager y buen amigo, con los brazos cruzados sobre el pecho mirándome con lo que sabía era un sermón de siete palabras en sus ojos. Respiré hondo, exhalé por la boca y me dije que todo iba a salir bien; que no iba a dejarme amedrentar por lo que fuera a decirme.
De todas formas, si él no podía ver lo que yo mismo había encontrado en una frágil y loca chica que se atrevió a colarse en mi camerino en un concierto, no estaba seguro de que pudiéramos tener una conversación amena. Pensándolo mejor, tenía que haber alistado mi almohada más cómoda porque me iban a patear el trasero. Duro.
-Ya era hora de que volvieras- dijo él con una extraña calma que me puso la piel de gallina.- Sígueme, vamos a mi oficina-.
Y así sin más, solté un suspiro y caminé como si fuera un condenado en la edad media llevado a la guillotina. Los susurros y las conversaciones cesaban a medida que pasábamos por el largo corredor hasta el recinto que mi jefe frecuentaba como a su casa. Me daban miradas de reojo y podía sentir varias sonrisas de aquellos con quienes había tenido altercados en el pasado.
¿Qué? No era ningún santo y había discutido con muchos y en ese momento, con el rabo entre las piernas y la espalda tensa, sabía que muchos se frotaban las manos y lamían sus labios ante la primicia que estaría en primera plana al día siguiente: Aiden Miller, el sensual bajista de White House fue despedido por recoger a una groupie en un concierto. Maravilloso. ¿Dónde podía firmar mi testamento?
-Siéntate- pidió él con suavidad pero al cerrar la puerta metálica de su oficina, el sonido me pareció como una bomba en mis oídos. Mis manos comenzaban a sudar.
-Entiendes que tengo que tomar medidas por lo que hiciste, ¿no es así?- directo al grano como siempre. Cerré los ojos aliviado de no tener que darle vueltas al asunto. Necesitaba escuchar el resultado de lo que había hecho sin la necesidad de pasar por los juegos preliminares.
>>No puedes simplemente dejarme con la palabra en la boca y pasar como un asno al pasto cuando te doy una orden. ¿En qué estabas pensando al llevar a esa… esa chiquilla contigo? ¿No dejas aún de pensar con tu polla? Ya tienes un problema encima por eso. ¡Aprende de una buena vez!-
Y mi jefe, el hombre más calmado del mundo se vino al suelo maldiciendo gritando y tirándose el cabello. Demonios, yo de verdad era un dolor en el trasero. Nunca lo había visto ponerse histérico de esa manera; ni siquiera cuando se enteró de las andadas y los accidentes en auto por exceso de velocidad de Wesley, el constante besuqueo de Ethan con los cigarrillos ni la adicción de Ryan por el sexo, el tabaco y las fiestas nudistas. Siempre había tenido una calma extrema para manejar estas situaciones pero luego de ver cómo era yo el único que podía hacerle tener un casi ataque de nervios, me sentí como una mierda. Y no era para menos. Nuestra relación era estrecha, lo quería como un padre y yo era el hijo que nunca había podido concebir su difunta y estéril esposa.
-No me hagas esto, Aiden- rogó poniendo una mano en su regordeta cadera y la otra en su cabello. Sus ojos contenían mil y un emociones –Te quiero como a un hijo; te he apoyado en las malas y en la pésimas, he aceptado incluso tu desliz con… pero no me pidas que tolere que te involucres con una chica de la que no sabes nada. ¿Qué pude ofrecerte aparte de un coño donde meter tu ego? Te va a utilizar al igual que Cassie y muchas otras. Entiéndelo ella…-
-Me puede dar amor y consuelo- interrumpí cerrando los ojos con lágrimas inesperadas en mis ojos. Me dolían sus palabras. Abrí los ojos y le expliqué lo que podía sentir en mi interior- Ella es maravillosa. No te imaginas la cantidad de cosas que hemos hecho juntos aparte de visitar la cama-.
Esperé que mis palabras lo conmovieran un poco. Me sorprendí a mí mismo al decir lo que sentía. Jamás lo hacía. Él bajó los brazos y se sentó a mi lado luego de darme una cerveza de su mini bar. Soltó un suspiro cansado y tras de darme un asentimiento de cabeza supe que era mi turno de hacer valer lo que deseaba. Nadie me la iba a quitar, Claire era mía.
-La noche en que la saqué del escenario… Fue mágica, ¿sabes? Fui yo mismo, con todos mis demonios y mis penas. Ella no dijo nada, solo estuvo allí dándome el remedio sin ni siquiera protestar. Además ayer fuimos de compras y se pasó todo el tiempo peleando por el precio tan alto de su ropa. ¡Ninguna mujer había hecho eso antes! En el desayuno se sentó en mi regazo y comimos tostadas francesas hablando y conociéndonos. Ella es una guerrera. Su padre es un lunático y si piensa que puede llevársela de mi lado, te juro que primero tiene que matarme-.
Terminé con mi diarrea verbal y me di cuenta de que ahora estaba de pie caminado en círculos por toda la oficina, batiendo mis manos y mirando a ningún sitio en particular. Exhalé duro recuperando el aliento y al girar la mirada hacia mi jefe me di cuenta de que ahora tenía esa mirada tranquila que siempre tenía. Algo por dentro de mí se calmó un poco y me di cuenta de que necesitaba un trago.
-Cuéntame más de ella- pidió él en voz baja y cruzó una pierna sobre la otra reclinándose en su sofá de cuero negro. Su mirada era extraña. Entre fascinada y preocupada.
-Ella… ella es como un ángel. Su voz es ronca y sus ojos hacen que mis entrañas se revuelvan cuando los veo. Hay algo detrás de esos ojos, ¿sabes? Es como si pudiera ver mi alma y me desnudara capa por capa. No me pide nada, solo me ofrece sin protestar. Y Wesley la quiere para él, ¿sabes lo que haría si él le toca un dedo? Le cortaría las bolas con un cactus-.
-Te gusta- fue su único comentario con una sonrisa extraña en sus labios.
-Sí. Digo, ¡no! ¿Qué dices? Solo es… solo es una chica…-
-Una chica que te gusta- comentó él en voz socarrona. Sonreí por un momento recordando las mismas cosas de las que me había dado cuenta.
No dije nada. No podía. Solo me limité a sonreír débilmente con una esquina de mi boca y mirar a mi amigo y casi padre con una expresión conocedora. Malcolm se acercó en silencio y me tendió la mano en un gesto bastante maduro. No había necesidad de palabras. Él podía entenderlo todo en silencio y con solo un leve vistazo. Me conocía mejor que a su palma de la mano y aunque eso me enfadaba también me agradaba. Siempre podía contar con él cuando mi hermano o mi padre- rara vez presentes en mis batallas- se olvidaban de que había un tercer hombre esperando orientación en algunos temas. Solo en algunos…
Hablamos un poco más sobre el cuidado que tenía que tener con Claire y no dudar ni un segundo en mandarla lejos si veía que ella comenzaba ponerse intensa o ambiciosa. Sabía de antemano que no tendría problema con ello. Ella podía ser muchas cosas, pero mala persona, definitivamente no era. Hurra por mí y mi sexy carisma.
Salí sintiéndome renovado. Me parecía que la tensión y el peso en mi espalda habían desaparecido dejándome una sensación de frescura, por lo que con esa sensación había caminado directo a la sala de ensayos donde estaban mis compañeros para tener que enfrentarme de nuevo con un inconveniente: Wesley tratando de establecer una cita para poder disfrutar de lo que era mío. Le mostré el dedo medio y le di una buena palabrota para luego salir de allí con el mal humor reinando en mi cuerpo nuevamente. Puede que Pequeño Aiden también se haya sobresaltado un poco al recordar todo lo que ese frágil y delicioso cuerpo podía hacer envuelto entre mis sábanas por lo que tuve que ir a consolarlo un rato al baño. Era un maníaco por esa chica.
Luego la había llamado y su dulce voz me había llevado de vuelta a la calma. Era tan ronca y sensual que solo con escucharla podía hacerme sentir como un pordiosero pidiendo refugio y comida. Las palabras de mi manager resonaban en mi cabeza en cada segundo que las palabras de Claire vibraban a través del teléfono: “Ella te gusta”. ¿Cómo no podía gustarme si era la imagen de la perfección para mí? Era tierna, amable y cariñosa. No era un saco chirriante de sonidos extraños ni pataletas ni muecas; ella era ella y eso era todo. Con eso bastaba.
Al colgar el teléfono rogaba porque esa pequeña testaruda me hiciera caso y se fuera de compras. De todas formas eso es lo que mejor sabían hacer las mujeres. Solo esperaba que encontrara en mi cajón de ropa interior el pequeño mensaje que le había dejado. Moría por verla en un liguero y retirar con mis dientes cada media mientras masajeaba sus piernas y lamía cada centímetro de su cálida piel. Luego, de seguro le haría cosas pecaminosas una y otra y otra vez y… ya estaba duro.
Me obligué –como por enésima vez- a calmarme y me dirigí  la terraza a tomar aire encontrándome en el proceso con alguien a quien no había visto en un tiempo relativamente largo pero que francamente no me apetecía ver. Prefería bailar una y otra vez Single Ladies en un tanga con tal de no ver o escuchar esa voz de nuevo.
-Me dejaste en el maldito estacionamiento. ¿Tienes idea de lo horrible que fue tener que tomar un taxi a seis calles del edificio? ¡A veces eres un cerdo, Aiden!-.
Y ahí se fue mi buena suerte del día. Ironías, ironías.
-Déjame por un jodido momento en paz- murmuré en tono cansado recargándome en la barandilla y mirando al cielo. Tenía mucho en qué pensar. Por ejemplo, cómo poner lejos a Wesley de mi Claire.
-No te saldrás con la tuya, lo sabes, ¿no? Tienes una razón de peso y bastante fuerza para mantenerte atado a mí por el resto de la vida. Esto no es un juego- espetó acercándose hasta quedar a centímetros de mi cuerpo. Su mano rozó mi mejilla y tuve que dar un paso a un lado evadiendo sus garras.
-No te metas en mi vida, aún no tienes la prueba que necesito-.
-¿Cómo dudas de mí sabiendo que estuvimos juntos? No me he acostado con nadie más que contigo-.
-No te creo-.
-Pues más te vale que lo hagas en un tiempo corto porque solo quedan cuatro meses-.
-¿Y bien?- tronó la voz de mi mejor amiga trayéndome de nuevo al presente.- Nos vas a presentar supongo-.
Mi chica estaba tensa por lo que le di una sonrisa que esperaba que pudiera calmarla más de lo que yo necesitaba en ese momento con el pensamiento de cuatro jodidos meses en mi cabeza. Ella sonrió tímidamente mirando el desastre en mi suéter y con sus manos comenzó a limpiar la crema esparcida. Sin vacilar tomé sus dedos y lamí uno por uno probando el sabor de vainilla y fresa de su helado. Ella sonrió de nuevo y esta vez el ruido de Yuri aclarándose la garganta nos hizo volver a la tierra en un segundo.
-Ella no es mi amante, te lo dije antes. Es mi nueva amiga, Claire- introduje sintiéndome algo incómodo al no saber cómo nombrar nuestra relación o lo que sea que tuviéramos. Mi chica sonrió y asintió velozmente haciéndome sentir mejor.
-Es un placer. Aiden ha hablado de ti durante todo el día. Tenía que conocerte, lamento la manera cómo te llamé. Soy Yuri aunque eso ya lo sabes. Tienes que contarme todo lo que hacías en tu país. Puedes contar conmigo como tu amiga-.
Claire me sonrió y le di un beso apasionado antes de dejarla ir con Yuri. Me gustaba ver cómo sus mejillas quedaban de un tono carmesí luego de cada beso. También, amaba ver la adoración en sus ojos y los sentimientos que afloraban. Desaparecieron por el pasillo hacia la habitación y me acerqué de nuevo a la ventana donde había estado minutos antes, el cielo era claro y todo estaba en calma afuera mientras que en mi cabeza había un desastre de pensamientos peores que el terremoto que era Yuri por sí sola. No sabía qué hacer para salir del embrollo en el que estaba y menos cómo decírselo a Claire. Perderla no era una opción. ¿Cómo demonios se convirtió mi vida en un caos?

Respuesta: Wesley. Y como por arte de magia en ese momento el teléfono sonó anunciándome que tenía una llamada de él. Quería ajustar cuentas con mi amigo. Claire era mi chica le gustara a quien le gustara e incluso si ella no lo sabía todavía.

Demasiado sensual este hombre... :P