miércoles, 31 de diciembre de 2014
¡FELIZ AÑO NUEVO!
Se nos vino el 2015 y siento -como muchos otros- que no hice nada. Bueno, al menos puedo decir que salí del anonimato y que estoy haciendo algo para salir adelante con lo que me gusta.
Les deseo un feliz año cargado de nuevas ilusiones, nuevos retos y metas y enseñanzas que hayan quedado de este 2014 que se nos está acabando rápidamente.
Espero que los sueños de todas se cumplan y que ojalá el mío, el cual es ser un gran escritora, se haga realidad muy pronto.
Nos leemos el próximo año.
Laura.
CAPITULO 5
-Esto es el colmo- profirió Tom
exasperado saliendo del probador donde minutos antes había entrado Claire con
una tonelada de ropa. A veces sus acciones de homosexual salían a flote
conmigo. No es que me molestaran, después de todo él era un gran amigo.
No podía quejarme, ese cuerpo de
pequeñas proporciones pero de incalculable fuerza para el placer estaba dándome
el mejor espectáculo de mi vida. Parecía encender mi libido de una manera en
que jamás nada ni nadie lo habían hecho. Estaba más que embelesado con ella;
era como una jodida diosa dispuesta a cumplir todos mis deseos y eso era lo
único que necesitaba para sentirme completamente a gusto. Ella podía ser
sensual e inocente en una fracción de segundo sin siquiera proponérselo. Y más
siendo mi modelo personal.
-¿Cuál es el problema?- cuestioné
desde mi silla frente al probador en la que me había sentado hacía más de
treinta minutos.
-Pasa que no quiere salir de ese
probador. Dice que no se ve bien en ese vestido ceñido color melocotón que
escogí para ella. ¡Es el colmo!- gruñó llevando sus manos el cielo. Se veía
ciertamente aterrador- Se ve como una
verdadera reina pero dice que no saldrá hasta que tú entres y le digas que es
así-.
Respiré hondo antes de levantarme
con cierta molestia en mi rostro. Tom se hizo a un lado permitiéndome entrar y
mientras caminaba me recodé por qué no me gustaba llevar de compras a mis amantes.
Siempre era lo mismo. Algunas veces porque el dinero que costaba el traje era
muy poco, otras porque la ropa nos les quedaba bien o porque simplemente no les
gustaba. Esa situación no me gustaba.
Cuando entré en el probador me
sorprendió la escena que me encontré. Mi nena estaba frente al espejo mirándose
con cierta nostalgia. Lágrimas caían de sus preciosos ojos dejándome con una
extraña sensación en el pecho. ¿Había hecho algo malo? ¿Tenía ganas de huir de
aquí? Si fuera esto último tendría que retenerla como fuera porque no podía
dejarla ir. Ella era mía y eso no tenía discusión alguna.
-¿Qué sucede, nena?- pregunté
mirándola a través del espejo. Sus ojos aceituna me encontraron también.
-Esto no se ve bien en mí, señor-
comentó en un tímido susurro.
-¿A qué te refieres?- pregunté
confundido.
-No puedo llevar esto, no soy tan
bien formada como las mujeres a las que estás acostumbrado. Esto se ve mal en
mí-.
Mi exasperación y necesidad me
hicieron ver todo rojo cuando dijo eso. Me acerqué hasta poderla rodear con mis
brazos y tomé suavemente una de sus muñecas llevándola a la parte donde más
necesitaba sentirla. Vi sus ojos agradarse y su respiración acelerarse. Esto
quería de ella. Mucho más que esto, en realidad.
-¿Estás segura que no te queda
bien?- cuestioné en voz baja frotando su mano a través de mi dura longitud.
Podría jugar baseball.
-Señor…- jadeó ella. Fue como si
cantara para mí lo cual me hizo apretarme contra ella tomándola de la cintura.
-No sé de dónde vienen tus dudas-
confesé besando la curva de su cuello y sobre su pulso latente- Eres la cosa
más sexy que he visto en mi vida. ¿Acaso quieres que te pruebe lo mucho que te
deseo en este momento?- propuse volviendo a nuestros roles originales.
Ella abrió los ojos aún más
dejándome una sonrisa de satisfacción. Lentamente una de mis manos subió desde
su cadera hasta la curva de sus pechos mientras la otra aseguraba bien la
puerta del probador. No quería testigos sobre lo que iba a hacer con ella
adentro.
-Mírame a través del espejo-
gruñí una orden que ella aceptó mirándome con timidez.
Sumisa y era mía.
Puse mi mano entre sus piernas y
busqué con frenesí el oscuro lugar donde encontraría el más valioso de los
secretos que podía guardar. Mi otra mano seguía ahuecando su pecho y sin
poderme controlar más tiempo pellizqué uno de sus rosados picos haciéndoseme
agua la boca con solo imaginarlo envuelto en mi lengua. Ella jadeó y comenzó a
temblar entre mis brazos. Sonreí y comencé a besar su cuello dejando pequeños
moretones que serían mi deleite luego.
-Señor…- jadeó en cuanto mis
dedos encontraron el borde de sus bragas nuevas y las rompí a jirones. No
necesitaba ese tipo de interferencia.
Mi dedo se internó en la suave
cavidad de ella y de inmediato pude sentir una ráfaga de deseo atravesarme con
fuerza. No entendía qué tenía esta pequeña chica que lograba ponerme de
inmediato duro, pero sabía que no quería que desapareciera. Ella podía leer mis
intenciones, mis deseos y anhelos brindándome su cuerpo para poder complacerme.
No había chica más generosa que ella pero iba a demostrarle que el control y la
dominación quedarían por mi parte.
Comencé con ritmo lento a
torturarla sintiendo cómo sus paredes internas se contraían con frenesí. Me
gustaba esa sensación y no pensaba dejarla llegar al clímax hasta que rogara.
Sus gemidos eran suaves y su respiración acelerada la hizo abrir una fina
rendija en su boca. Podía ser bastante receptiva y eso me encandilaba como el
fuego del infierno. Mis dedos trabajaron con un ritmo lento y acompasado
mientras mi mano pellizcaba sus pechos y mi boca lamía el camino que trazaban
sus venas. Me sentía a punto de explotar sin siquiera haberla penetrado. Era
algo nuevo.
-Señor… por favor… quiero-.
-¿A quién perteneces?- gruñí
parando mi trabajo con mis dedos. Ella se movió contra mí haciéndome soltar un
gemido gutural.
-Yo…-
-¿A quién perteneces?- Cuestioné
de nuevo quitando mi mano de sus pechos y recogiendo su cabello para jalar su
cabeza hacia atrás. Soltó un gemido.
-A ti, mi señor, solo a ti- jadeó
recibiendo un trabajo lento de nuevo por parte de mis dedos. Esto era
fantástico.
-¿Qué quieres?- pregunté
satisfecho.
-A ti- fue su sencilla respuesta.
Fruncí el ceño y la miré con dureza a través del espejo parando mis dedos.
-A ti, mi señor- corrigió y con
una sonrisa lobuna me dispuse a trabajar fuertemente en su apretado monte de
venus. Estaba más que excitado.
Gemía suavemente en mi oído. Su
cabeza se apoyó con un movimiento brusco sobre mi hombro y su cuerpo comenzó a
temblar y ponerse rígido anunciándome que estaba cerca. Dos de mis dedos
estaban dentro de ella así que añadí un tercero viendo cómo sus ojos se
cerraban. Era todo, pronto caería en el éxtasis pero solo sería el comienzo,
tenía grandes planes para nosotros en casa.
-Señor… por favor… yo… ah-
suspiró tambaleándose entre mis brazos. Sonreí satisfecho y cuando se hubo
recuperado le di vuelta para besarla con pasión antes de soltarla y alejarme un
paso de ella aun sosteniendo su resbaladizo centro.
Su respiración agitada me dio más
seguridad sobre los deseos que ella tenía hacia mí. Era maravilloso sentir que
por primera vez en mucho tiempo tenía el control sobre algo que hacía. Al fin
podía volver a controlar a mis amantes y podía esperar sumisión por parte de
ellas. Esto era como el Valhala.
-¿Te gusta ese vestido?- pregunté
aún con mi mano enterrada entre sus muslos.
-Solo si te gusta a ti, señor-
respondió cerrando los ojos ante un nuevo aturdimiento causado por mí.
-Es apropiado, podemos llevarlo.
Y no vuelvas a cuestionar la ropa. Es perfecta para ti.-.
-Sí- respondió bajando la cabeza.
-Sí, ¿qué?- cuestioné
aprisionándola contra el espejo y hundí de nuevo un tercer dedo entre sus
piernas frotando su clítoris.
-Sí, señor- lloriqueó y con una
sonrisa satisfecha saqué mis manos de ella lamiendo uno por uno mis dedos. Su
sabor me embriagaba.
-Te veo afuera- comenté limpiando
por última vez mi mano en un pañuelo de seda y salí ajustándome lo mejor que
podía para evitar comentarios.
Ella salió tres minutos después
vistiendo el maravilloso vestido que me dejaba ver una porción considerable de
su espalda y que se ajustaba a sus caderas como un guante. Sonreí satisfecho
viendo cómo ella se ruborizaba.
-¡Te dije que se vería
grandiosa!- gorjeó felizmente Tom atrayéndola para abrazarla. Me tensé por eso
sintiendo una punzada extraña en mi vientre pero me obligué a relajarme viendo
sus ojos clavados en mí sobre el hombro de Tom.
Sí, definitivamente era mía y de
nadie más.
Más tarde, de vuelta en mi
apartamento, descansábamos sobre mi tumbona luego de haber dejado las bolsas de
ropa en mi vestidor. Sabía que tendría que hacerle espacio ya que Tom había
comprado casi todo lo que veía en cada tienda, sin embargo, no me importaba.
Estaba feliz viendo a mi chica con ropa nueva, a pesar de que había protestado
por la cantidad de dinero que había invertido. Ella era especial y merecía todo
lo que pudiera brindarle.
Comíamos el almuerzo –tardío-
sobre la tumbona dándonos pequeños bocados. La tenía en mi regazo y me gustaba
la manera como parecía encajar en mis piernas. Era tan pequeña y sexy como el
infierno que me estaba costando tenerla de esa forma sin hacerle nada.
Se le veía feliz con una enorme
sonrisa casi infantil en el rostro y sus mejillas ligeramente ruborizadas. Si
no le hubiera hecho todo lo que le había hecho, me hubiese atrevido a decir que
era una niña pequeña, virgen y puritana la que tenía en mis brazos.
Mordía una uva de su boca,
dándole pequeños besos entre mordida y mordida cuando el teléfono sonó en mi
bolsillo trasero. Lo ignoré apoderándome de la dulce boca de mi chica,
sintiéndome poderoso al escuchar sus gemidos entrecortados y notando la pasión
con la que me correspondía. El teléfono sonó de nuevo pero una vez más lo
ignoré. Estaba disfrutando ese pequeño momento con ella, sin embargo, cuando
insistió por tercera vez, lancé un gruñido exasperado y con cierta reticencia
retiré a Claire de mis labios. Ella sonrió con suavidad y me brindó un último
beso.
-Será solo un minuto, te lo
aseguro- dije rodando los ojos con fastidio.
Ella se sentó a horcajadas sobre
mí y con suavidad comenzó a acariciar mi cabello. Cerré mis ojos acariciando su
espalda y sacando mi teléfono lo puse en mi oído. Estaba molesto.
-¿Qué?- espeté sin mirar quién
llamaba.
-Aún vives- gorjeó la voz de
Wesley al otro lado. Solté un suspiro de fastidio.
-Espero que esto sea bueno- dije
atrayendo de nuevo a Claire a mi lado al notar que trataba de alejarse. Le hice
un gesto con la cabeza advirtiéndola sobre no irse.
-De acuerdo, ¿interrumpo?-
comentó entre risas- Solo quería llamar a preguntarte si ya habían tomado
alguna decisión. Muero por estar con esa chica, Aiden- confesó haciéndome
tensar la mandíbula. Miré a Claire y ella sonreía mientras pelaba un kiwi que
luego me ofreció con una sonrisa. Mordí un poco agradeciéndole con un beso
jugoso.
-No hemos decidido nada aún-
comenté apretándola un poco más fuerte de lo necesario. No quería compartirla
pero era una decisión mutua.
-No se hable más- dijo con
resolución. –Voy para allá, tengo más noticias que darte-.
Dicho aquello colgó dejándome con
la palabra en la boca. Solté un suspiro furioso y con cuidado bajé a mi chica
de mi regazo. Quería matar a alguien. Lo cierto era que no quería compartirla.
Quería que ella fuera siempre mía, que nunca nadie siquiera le echara un rápido
vistazo, más sabía que era imposible. Ella parecía una muñeca de porcelana con
sus ojos aceituna y su piel de crema.
Me levanté sintiéndome frustrado.
No entendía por qué me rehusaba tanto a la idea de que ella estuviera con
alguien más. Sabía que los sentimientos no estaban implicados así que me
convencí que era un asunto de territorialidad. Pasé mis manos por mi cabello
una y otra vez dejándolo alborotado y soltando gruñidos guturales.
-¿Señor?- preguntó suavemente la
chica que me encandilaba y por la que estaba dispuesto a asesinar si me lo
pidieran. Su voz era cálida y angustiada. Sus ojos decían todo lo que sus
labios rosados no decían: me quería, mucho más que físicamente. Eso me llenó de
orgullo.
-Viene hacia acá- respondí
frenético tomándola del brazo para sentarla en el sofá. Me arrodillé frente a
ella- Wesley, viene y quiere una respuesta. Dime qué quieres, nena-.
-Estoy bien con lo que escojas-
murmuró levemente confundida. De seguro daba miedo en ese momento.
-¡No!- espeté de inmediato. Ese
asunto ya no era solo asunto mío- Dime qué quieres. No pienses en mí, piensa en
ti-.
-Yo solo quiero hacerte feliz-.
-Entonces, no lo hagas. Podemos
ser solo tú y yo. Nadie más, te prometo que podremos…-
Más mi diatriba quedó en suspenso
gracias al sonido del timbre en la puerta. Era Wesley y yo quería matar a
alguien. Quería huir de allí con ella cargada en mi hombro. Necesitaba pensar
pero tendría que hacerlo luego ya que estaba caminando hacia la puerta,
abriéndola para dejarme verlo.
-Hola, Aiden- saludó recargado en
el marco mirando hacia adentro. Podía ver la lujuria en sus ojos y quise
golpearlo de inmediato. Pero tendría que esperar.
martes, 30 de diciembre de 2014
CAPITULO 4
Esa mañana me levanté con la
inusual sensación de tener algo sobre mi abdomen. Algo no muy pesado pero
totalmente tibio y suave. Además, en mi pecho sentía un leve cosquilleo como el
de una pluma, salvo que lo conocía bien de antemano para saber que era una
respiración pausada y relajada. Comencé a abrir los ojos y la luz aclaró mi visión
al entrar parcialmente por las cortinas casi cerradas. Mil recuerdos vinieron a
mi mente al ver aquel rostro sereno y dormido que tenía recargado contra mi torso.
Su brazo cruzaba por mi cintura y su respiración agitaba mi pecho.
Me pareció extraño el momento, ya
que, en general nunca compartía mi lecho con cualquier amante. Siempre las
dejaba luego de que teníamos sexo y amanecía con una terrible resaca o con
malestar estomacal debido al licor que ingería para apaciguar mi mente y
encontrar fácilmente a una mujer en un club. No era difícil sin embargo que se
rindieran a mis pies con solo una mirada; la fama tenía sus ventajas.
Me detuve a observar el rostro de
la chica. A la luz del día parecía un ángel esperando a despertar. Tracé
suavemente con mi dedo las líneas de su rostro deleitándome con la suavidad de
su piel y el sonido de su respiración sobre mi cuerpo. Me pregunté si alguien
la estaría extrañando pero me deshice de aquella idea al reconocer que ella era
mía y se quedaría de esa manera. Ella no se iría a ningún lado sin mi
autorización. Era mía. Además, el que se hubiera guardado para mí me daba una
satisfacción inmensa y la necesidad de tenerla y cuidarla por mí mismo. Era
territorial.
Comencé a desenredarme con
lentitud para evitar que se despertara. Quería que descansara ya que la faena
que habíamos tenido la noche anterior había ido hasta bien entrada la madrugada.
Solo hasta cuando pude oírla jadear por el cansancio encontré mi liberación
dentro de ella y permití que se acurrucara contra mi costado para que
descansara. Se había dormido casi de inmediato sin decir una sola palabra y me
gustaba de esa manera. Ella cumpliría mis órdenes pero yo también intentaría
saciar uno que otro deseo que tuviera de vez en cuando.
De solo recordar nuestro
encuentro estuve duro de inmediato. Me obligué a respirar y me dije que ya
habría tiempo luego. Tenía que ir a la cocina y preparar algo de comer. Mi
estómago estaba vacío. Me deshice el abrazo que estaba dándome y la acomodé con
cuidado para que no se despertara en su lado. Su cabeza fue a dar a donde
estaba la mía segundos antes y su cuerpo se movió un poco haciendo ladear la
sábana y dejando su torso al descubierto. Estaba completamente desnuda y al
quedar sus pechos expuestos no pude resistirme a tomar uno entre mi boca antes
de retirarme. Ella jadeó suavemente y me obligué a separarme antes de
molestarla.
Respiré hondo y me prometí hacer
las cosas bien; que podríamos hacer muchas cosas antes de dejarla ir –si es que
lo permitía, claro está. Si alguien intentaba robármela bien podría alistar una
habitación en la morgue porque no permitiría que me la quitaran. Miré por
última vez su cuerpo desnudo antes de salir y en la sábana de color vino tinto
encontré la prueba de su virginidad. Sonreí y le di un beso en sus labios
demorándome un poco y salí de allí al tiempo en que mi teléfono sonaba en algún
lado.
-Buenas tardes, casanova- comentó
la alegre voz de Wesley al otro lado de la línea en cuanto contesté- ¿Qué tal
la noche? ¿Demasiada pasión?-.
-Algo- respondí con sequedad
mirando la hora en el reloj de pared. Eran las dos de la tarde. Sonreí
recordando a quién era posible esto- Ella es… extraña pero deliciosa-.
-Detalles, pillo- exigió Wesley y
tuve que respirar antes de volver a hablar, a veces me exasperaba.
-Digamos que juega al juego de
ser mi esclava; quiere que sea su amo y que le ordene cosas. Dice que quiere
cumplir mis deseos por descabellados que sean. Pero no puedo negar que es
caliente y bastante sexy-.
-No digas más. Voy para allá.
Diez minutos- aseguró y colgó sin darme tiempo de responder.
Quería mucho a mis amigos pero no
podía negar que a veces Wesley me sacaba de mis casillas. Siempre era él el
casanova mayor, ilusionando a tiernas mujeres que solo querían conocerlo. Luego
las seducía y se las llevaba a la cama y cuando obtenía lo que quería las
botaba como si fueran un trapo viejo. Yo no era mejor porque nunca volvía a
llamar a alguna amante, pero al menos las trataba con respeto.
Fui al cuarto de lavado para
recoger ropa interior limpia y me la coloqué dispuesto a esperar a Wesley. Me
acerqué a la cocina y calenté agua para hacerme un té. Deseaba algo más fuerte
pero a pesar de que fuera ya la tarde no podía beber licor sin tener nada en el
estómago además de que el café no me gustaba en absoluto. Diez minutos
exactamente después el timbre del apartamento sonó y tuve que bajar mi taza
para ir a abrir. Allí estaba él aún con el cabello húmedo después de la ducha y
ropa que para nada combinaba. Sin embargo, no podía decir que siempre
buscáramos la perfección en ese tema.
-¿Está por aquí?- preguntó
poniéndose de puntillas para ver dentro del apartamento. Puse los ojos y le
abrí la puerta dándole paso.
-Está dormida- respondí y nos
sentamos en la sala a conversar. Estiró sus piernas y se recostó con total
confianza.
-¿Qué tal el sexo con ella?-
preguntó sin rodeos. Tuve que reprimir una sonrisa recordando nuestra
apasionada noche.
-Fuerte. Le gusta lo mismo que a
mí y no desfallece hasta conseguir lo que desea. Esa chica sabe cómo
complacerme. Quiere que sea su amo; me sirve con todo gusto- comenté
recostándome también sobre el sillón de cuero.
-Vaya… qué buen trozo de carne el
que tienes para morder. Eres un afortunado- dijo Wesley enfurruñado pero
rápidamente cambió su rostro a uno que ya conocía de antes- ¿Te gustaría
compartir?-.
-Eso depende también de ella-
espeté apretando los dientes. Pero me sentía bien al tener al fin algo que él
también quería- tendremos que hablar con ella-.
-El gran Aiden Miller a merced de
una chiquilla atrevida… Esto es un acontecimiento importante- se burló Wesley y
le lancé un cojín en juego.
-Solo con ella-.
En ese momento escuché pasos
viniendo del pasillo y en el rellano apareció mi pequeño ángel vestida
únicamente con el cobertor color negro. Sentí mi miembro endurecerse pero no
presté atención y extendí la mano para que se acercara. La tomó obedientemente.
***
Escuchaba voces viniendo de algún
lado. Abrí los ojos y me dejé embriagar por la visión magnífica del cuarto de
Aiden y los flashes de los recuerdos de la noche anterior. Mi cuerpo se sentía
pesado y lánguido además de que sentía un leve escozor entre mis muslos pero
estaba feliz y me sentía relajada de saber a quién era posible eso. Definitivamente
la primea vez era la mejor si sabías con quién tenerla.
Las voces parecían estar
disfrutando de una conversación pero solo podía distinguir la de Aiden. El otro
parecía estar contándole algo o simplemente hablando porque las voces eran
calmadas y serenas. Me pregunté si necesitarían té o algo y me levanté de la
cama enredándome en el cobertor al no encontrar mi ropa. No sabía a dónde había
ido a parar en medio de la pasión.
Caminé por el estrecho pasillo y
me encontré con el rostro curioso de Wesley. Apreté el cobertor a mi alrededor
y giré mi rostro hasta encontrarme con el de Aiden. Estaba en ropa interior
haciéndolo parecer un guerrero griego. Luego estiró su mano con una sonrisa
encantadora y me acerqué hasta sentarme a su lado. Su mano se detuvo en mi
cintura y pude notar que lo hacía como un acto de posesión; le daba a entender
a Wesley que yo era suya. Eso me gustó.
-Hablábamos de ti, nena- comentó
atrayendo mi atención. Wesley nos miraba con interés- Ya lo conoces, pero me
gustaría presentarte a Wesley, el guitarrista del grupo. Además tiene una
propuesta que hacerte-.
Asentí esperando a que él hablara
y me dijera qué deseaba. Sin embargo, debía saber que solo cumpliría su deseo
si Aiden también deseaba que lo hiciera. Era un juego en el que no había nada
que perder para él. Yo era suya.
-Wesley quiere que hagamos un
trío, nena- comentó mirando a Wesley de reojo y apretando un poco más fuerte en
mi cintura- Le gustaría probarte también pero lo haremos solo si tú lo deseas-.
-Yo hago lo que tú desees, señor.
Estoy a tus órdenes- respondí sintiendo un apretón más fuerte.
-¿Qué les parece si vuelvo mañana
para que me den una respuesta y así lo piensan un poco más? No puedo negar que
espero una positiva pero es decisión de ustedes- propuso Wesley mirándome con
lujuria poco disimulada. Aiden me tenía firmemente agarrada a su lado.
-Estoy de acuerdo- respondió
Aiden- ¿Tú lo estás, nena?-.
Asentí en silencio y bajé la
mirada cuando él comenzó a jugar con mi cabello y ponerlo detrás de mis orejas.
No quería que viera el rubor que se propagaba por mis mejillas. Me fijé
entonces en mi poco usual prenda de vestir y me pregunté si no les molestaría
tenerme allí de esa manera. Al preguntárselo a Aiden, él y Wesley rieron
suavemente y negaron con la cabeza alegando que si a mí no me molestaba a ellos
tampoco.
Hablamos un poco más y me enteré
acerca de los extraños gustos de Aiden respecto al sexo. Le gustaba el bondage
y el sexo duro. Ahora entendía la fuerza y potencia que tenía en ese tema. Me
había dejado casi desmayada la noche anterior. Sus compañeros sabían que era de
esa manera pero aun así lo querían y lo respetaban. Envidié a sus amigos. Los
míos solo querían meterse entre mis piernas. Pero eso era parte del pasado así
que me concentré en el momento con ellos.
Wesley se fue un rato después con
la promesa de volver al día siguiente para obtener una respuesta. Antes de salir
pidió a Aiden poder darme un beso pero él se negó con cierto tono autoritario
que logró encenderme por completo. Su voz era tan ronca y grave. Tan
deliciosamente oscura que lograba ponerme de rodillas ante él.
-¿Dormiste bien, nena?- preguntó
sentándome en su regazo una vez que Wesley se hubo ido. Asentí adorando la
sensación de sus manos en mi cuerpo- Te vez pálida, ¿te sientes bien?- preguntó
midiendo mi temperatura.
Mi estómago reaccionó y rugió con
fuerza. Me sonrojé pero me quedé mirándolo con la esperanza de que no se riera
de mí. Sus dedos comenzaron a acariciar mi rostro y casi ronroneo al sentirme
deseada por este hombre tan maravilloso y oscuro.
-¿Hace cuánto no comes?- preguntó
levantándome en sus brazos para llevarme a la cocina. Me aferré a su cuello y
repartí besos en su palpitante pulso. Me bajó en la isla de la cocina y se
alejó tras darme un beso que me hizo enroscar los dedos de los pies. Era tan
sensual y varonil.
-Desde ayer, señor- contesté
tímidamente apretando un poco más el edredón a mi cuerpo.
-Lo solucionaré entonces- aseguró
sonriendo y prendiendo un fogón comenzó a picar verduras dejándome ver su
tonificada espalda. De vez en cuando se volteaba para verme por encima de su
hombro y me daba una sonrisa de infarto. Creí que me derretiría como
mantequilla al sol.
-Entonces… ¿quieres oírme
cantar?- preguntó haciéndome sonreír como una tonta. Él iba a cantar para mí.
-Sí, por favor- asentí
entusiasmada y él se aclaró la garganta con dramatismo fingido y me guiñó un
ojo antes de comenzar.
Cantó partes de los éxitos que
habían tenido anteriormente dejándome con lágrimas en los ojos y la necesidad
de abrazarlo y agradecerle por su generosidad. Amé cuando comenzó a cantar una
estrofa de mi canción favorita “Una Pasión En El Océano” y me entretuve
moviendo mis labios mientras él entonaba mirándome directamente a los ojos.
Sobra decir que el tiempo para mí se detuvo.
“Búscame entre las
olas,
cuando sientas que
te hundes en la arena.
No dudes en venir
a mis brazos,
que te esperaré
con las manos abiertas.
Si tienes miedo a
la marea
abrázame por la
espalda
que te protegeré
en la pelea
mientras choco con
tu mirada”.
Terminó con un ademán y no pude
resistirme a aplaudir con entusiasmo. Para mi sorpresa él se sonrojó levemente
y me sonrió con confianza y altivez. Se acercó hasta la isla de la cocina donde
estaba sentada y se puso del otro extremo para mirarme fijamente. Su mirada era
intimidante por lo que bajé mis ojos y esperé que me dijera algo. Permaneció en
silencio y estiró la mano para acariciar mi cabello.
-Me siento culpable de aún no
saber tu nombre- comentó en voz baja acercando su rostro al mío. Sonreí
levemente.
-Me llamo, Claire Dawson, señor-.
-Hermoso. Pero no tanto como lo
eres tú. Iluminas mi mundo- aseguró en voz ronca y no pude evitar el cosquilleo
en mi estómago y el rubor desde mi cuello a mi frente.
Me besó con ternura, casi
seduciéndome. No era de esos besos frenéticos y despiadados de la noche
anterior sino eran bastante sensuales. Mi piel hormigueó por el contacto con la
suya y me dejé llevar por las infinitas sensaciones que este hombre me
producía. Se separó minutos después dejándome aturdida y excitada para bajar
del fogón una olla con lo que parecía ser una sopa. Sirvió dos platos y se
sentó a mi lado.
Comimos en un silencio cómplice
dándonos miradas de reojo. La comida estaba deliciosa y casi gemí de
satisfacción cuando el primer bocado tocó mi lengua. Él sabía cocinar muy bien
y no lo decía porque era él quien lo había hecho. Terminamos bebiendo un poco de jugo y él nos dirigió en
silencio a su habitación. En mitad de camino se dio vuelta y de un solo jalón
me arrebató el edredón dejándome completamente desnuda. Me sonrojé y mordí mi
labio inferior esperando en silencio que le gustara mi no tan delgado pero
curvilíneo cuerpo. El gruñó y me levantó en sus brazos. Me aferré a su cuello y
dejé que llevara a la cama.
Me lanzó sobre el colchón cayendo
con un ruido sordo y me incorporé en mis codos sabiendo que tenía las piernas
abiertas y el torso desnudo. Él se paró a un lado de la cama viéndome por
completo y luego con impaciencia se quitó la ropa interior dejándome ver su
poderosa erección. Mi boca se hizo agua y en silencio me acerqué para rozar con
mis dedos la textura de satén. Él me veía con los ojos entrecerrados por el deseo
y abusando de mi condición me incliné y me llené la boca con su piel cremosa.
El gruñó y me tomó del cabello para dar un ritmo más rápido, cada vez más
fuerte.
Sonreí satisfecha mirándolo con
descaro al poder complacer a mi amo y seguí trabajando con mi lengua como si
comiera el más exquisito plato de la tierra. Tal vez lo era. Sentí su cuerpo
tensarse y me alegré de llevarlo al borde del placer con tan poco. Quería darle
el mundo entero si pudiera pero por ahora me contentaría con aquel pequeño
gesto de lealtad. Sentía los espasmos de su cuerpo y me preparé para recibirlo
por completo en mi boca. Pero antes de que pudiera siquiera probar su esencia
salada, él se retiró y gruño con fuerza poniendo una rodilla en el suelo y
tratando de recuperar el equilibrio.
Me acerqué por detrás de él y lo
ayudé a ponerse en pie para conducirlo a la cama. Lo tumbé con cuidado y pasé
mi lengua por su torso musculoso y bronceado. Su frente estaba ligeramente
cubierta por una capa de sudor y aún podía ver el efecto de su orgasmo sobre
él. Tenía los ojos entrecerrados con expresión satisfecha. Estiró un brazo y me
acerqué para ver lo que necesitaba pero me atrajo del cuello y me dio un beso
apasionado y arrebatador que encendió por completo mi cuerpo. Me sentó a
horcajadas sobre él demostrándome lo listo que estaba para mí y me dejé llenar
una vez más por su cuerpo y sus deseos.
Cabalgamos juntos en un prado de
éxtasis que nos dejó agotados por completo. Al terminar, me atrajo en sus
brazos y me besó una y otra vez. Finalmente cuando las respiraciones estuvieron
normales, me apretó aún más a su cuerpo dándome calor y refugio. Sugirió
después de un rato solo viéndome a los ojos y acariciando mi cabello que
tomáramos una ducha y saliéramos a algún lugar. Accedí siguiendo sus órdenes y
pronto nos encontramos de nuevo haciendo todo lo que él deseaba en la ducha de
cristal.
Cuando salimos del baño, él se
vistió con un pantalón negro y un jersey color abano. Como no tenía nada para
usar, me coloqué mi ropa del día anterior recibiendo una mirada lujuriosa por
parte de Aiden. No llevaba bragas por lo que él se divirtió torturándome con
pequeños toquecitos a mi lugar secreto. Me sentía en el paraíso gracias a él.
-¿A dónde iremos?- pregunté antes
de salir de casa. Él había hecho una llamada minutos antes y por lo visto
esperábamos a alguien.
-A comprarte ropa, nena- contestó
con una sonrisa satisfecha colocándome un suéter de él que me llegaba a las
rodillas. –No puedo permitir que andes por allí con eso. Quiero que te veas
bien-.
Mi corazón se derritió como
mantequilla al sol y me limité a mirarlo con agradecimiento. Él terminó con su
labor de vestirme y me empujó contra la pared levantando mis piernas hasta
rodear su cintura. Pude sentir su necesidad creciendo y en un momento en el que
el placer de los besos me cegó por completo, él bajó su pantalón y me embistió
con fuerza. Grité por la sensación pensando al mismo tiempo que él debía de
haberse reprimido por mucho tiempo. Era insaciable.
En algún lugar el timbre de la
puerta sonó pero él no me bajó hasta que me hizo gritar de placer al llegar a
mi liberación. Segundos después él alcanzó su meta y me dejó libre para
arreglarse e ir a abrir. Podía oler el inconfundible aroma del sexo en el
apartamento.
-Ahora sí… nos vamos de compras,
nena- dijo en voz ronca y aún cansada por el reciente orgasmo.
Sonrió y abrió la puerta para
dejarme ver al experto que me asesoraría. En efecto era Tom Witters, de la
batería quien nos observaba con picardía.
Era más que un experto en moda.
-¡Pero si eres una muñeca!
Vámonos. Te verás como una reina- prometió y dejé que Aiden tomara mi mano y me
guiara a cumplir otro más de sus deseos.
domingo, 28 de diciembre de 2014
CAPITULO 3.
Demonios.
Mi entrepierna iba a saludar a
esa pequeña pero deslumbrante chica en cualquier momento. No era mi culpa. Esa
pequeña delicia estaba calentándome con la propuesta de realizar mi más interna
fantasía. El haberla imaginado a ella en la ducha siendo frotada por el agua
había tenido un efecto devastador en mi mente; ella estaría llena de jabón, con
los ojos cerrados por los estruendosos e incomparables espasmos de su cuerpo
mientras una y otra vez la hacía sentir como una verdadera mujer con cada
embestida que le daría.
Ella sería la perdición de mi cordura
y no dejaría que eso sucediera.
Me obligué a abrir los ojos y
prestar atención a mi entorno. Ella estaba mirándome cada vez más de cerca con
esos hermosos y desorbitantes ojos aceitunas y estaba haciéndome tener un
ligero malestar en mi entrepierna. Me pregunté cómo podía una chica tan pequeña
y al parecer medio inocente tener semejantes ideas que lograban desconcertar a
cualquiera. Yo no era un hombre frío; ni por todos los Doritos del mundo lo
sería; pero dudaba que esta chica pudiera controlar mi libido como esperaba
hacerlo.
Su respiración acelerada estaba
calentando mis labios a medida que se acercaba cada vez más a mi pecho. Puso su
cabeza sobre mi hombro y sin poder reprimir un impulso hundí mi nariz en la
gran mata de cabello que poseía. Inspiré deleitándome con el aroma a flores de
su cabello y el olor a avena de mi jabón en su cuerpo. También había una pizca
de vainilla que suponía era resultado de alguna crema corporal que se hubiera
aplicado antes de venir a rebotar en mis brazos. Se sentía tan cerca, tan
cálida, tan frágil y deliciosa…
Mi dedo comenzó a trazar la fina
línea de su cuello y me sentí extasiado con la textura suave y blanda de su
piel. Mis manos pedían a gritos poder excavar en los sitios más recónditos de
aquella piel sedosa como el satén. Sus
labios se acercaron a los míos. Mi nariz rozó la de ella y casi sonreí de satisfacción al sentir sus
labios entreabrirse con un jadeo casi desesperado. Serían tan delicioso
probarla, tan urgente y necesitado.
Pero no podía. Ella no era una
chica con la cual jugar de esa manera. Por eso, reprimí la urgencia de mi
entrepierna y me separé de ella levantándome de un solo movimiento algo brusco
para poder pensar con claridad. Ella era un maldito tazón lleno de ideas que
deseaba llevar a cabo. En la cama, en la sala, en el sofá de cuero, en la
cocina…
Caminé hasta la ventana que me
dejaba ver las majestuosas calles de la ciudad aún abarrotadas de personas que
salían a disfrutar de los placeres nocturnos o de alguna otra distracción más
corriente. Escuché la forzada inspiración de aquella chica pero no pude darme
vuelta sabiendo que las lágrimas estarían surcando ese bello rostro. Me
sentiría culpable y tal vez accedería más fácilmente a sus caprichos. Debía ser
fuerte.
-Ve a dormir- exigí en voz baja pero
autoritaria retándola en silencio a desobedecerme.- Hay un cuarto al fondo del
pasillo. Está preparado para los chicos cuando vienen a quedarse. Te sentirás
bien allí-.
-¿Puedo ofrecerte algo, mi
señor?- susurró en esa sexy voz ronca que me hacía estremecer de placer. Podía
casi escucharla en mi oído suplicando.
-Vete a dormir ahora y mañana
pensaremos dónde dejarte para que vuelvas a casa-.
-Como usted guste, mi señor-
respondió y pronto escuché los pasos casi en un susurro alejándose por el
pasillo.
Me pasé varias veces las manos
por la cara y me dije que esto estaba bien, que esta era la manera como debía
actuar aunque mi cuerpo me pidiera otra cosa. Con un suspiro de cansancio por
todo el trabajo físico y mental de todo el día caminé hacia mi habitación sin
darle siquiera un vistazo a la puerta que me separaba de mi más delicioso
tormento.
***
No iba rendirme tan fácilmente.
Había recorrido una larga distancia con tal de conseguir aunque sea una pequeña
muestra de lo que eran los verdaderos deseos de Aiden. Me había rechazado, pero
había estado casi a punto de besarme. Eso no tenía sentido pero supuse que
debía estar hablando su cordura y no su libido. Era el momento de hacerlo
entrar en cintura. Literalmente.
Me armé de valor y limpié las
lágrimas de mi rostro. No quería que él me viera con la cara hinchada por el
llanto o con marcas de mi casi rendición. Solo me rendiría en una situación y
esa era en la que él tomaría mi voluntad y me haría suya. Yo sería parte de su
cuerpo y de sus deseos. Serían enteramente para él.
Salí sigilosamente de la
habitación y miré hacia el pasillo. Estaba todo sumido en penumbra pero no me
acobardé por eso; estaba segura de que él sería un amante espléndido en la
oscuridad. Lentamente tracé con mi mano el camino hacia el baño en el que antes
me había duchado y abrí la puerta sintiendo un leve golpeteo más fuerte de lo
usual en mi pecho. Podía hacerlo, me dije varias veces adentrándome en el baño
y encendiendo suavemente la luz. La puerta de la habitación de Aiden estaba en
diagonal por lo que atenué levemente las luces pero aun permitiéndome ver que
su puerta estaba entrecerrada. La oportunidad perfecta.
Tomé el cordón de una de las
batas de baño y un pañuelo negro que había debajo del lavabo. Me miré una vez
en el espejo notando el rubor de mis mejillas y los ojos anhelantes. Mi cuerpo
ardía en deseo y podía sentir cómo mi esencia resbalaba tímidamente por mis
piernas. Sonrojando algo más fuerte, humedecí un paño y me limpié lo mejor que
pude. No quería que él pensara que era una mujer mundana que se vendía al mejor
postor. Mi cuerpo solo le pertenecería a él.
Salí del baño con pasos ligeros
para no despertarlo y me adentré con el sigilo de un ratón en la cámara que
escondía el más grande placer y pecado. La habitación estaba en completa
oscuridad y silencio. Su respiración pausada y rejalada era lo único que se
escuchaba en la enorme estancia. Sin embargo, la luz de la luna menguante
entraba a raudales por la ventada de techo a suelo dándole a mi amo un toque
casi mágico. Como si un halo de luz recubriera su cuerpo semi desnudo bajo las
sábanas.
Su torso fuerte y vigoroso estaba
expuesto y la sábana se enrollaba como un guante a sus estrechas caderas
dejándome ver sus musculosas y kilométricas piernas. Mi boca se secó por
completo y mi zona más profunda cobró vida al tener aquella escena para mi
deleite. Dios, era tan hermoso…
Con paso vacilante me acerqué
hasta él y me arrodillé a su lado. Dejándome llevar acerqué mi mano hasta su
brazo acomodado perezosamente a su lado y tracé el bordé con un dedo. En ese
momento, su mano tomó mi muñeca con fuerza haciéndome dar un respingo y ahogar
un grito de pánico. Sus ojos iluminados de color plata por la luna pero
ensombrecidos por las sombras que proyectaban sus facciones se clavaron en los
míos y en ese momento me dije que él era el depredador más presuntuoso e
imponente de todo el mundo. Yo era su presa en ese momento, pero no tenía
miedo, solo expectación.
-¿Qué haces?- preguntó en tono de
voz más bajo de lo usual. Parecía enfurecido.
Me retiré levemente de su cama y
me estiré en mi metro sesenta y cinco tratando de parecer lo más firme posible.
Se levantó en los codos y la sábana se retiró un poco más de su cuerpo
dejándome ver el elástico color azabache de su ropa interior. Mis dedos picaron
por curiosear por debajo de ellos y ver a dónde conducía la línea de vello que
tenía bajo su ombligo.
-Respóndeme- exigió con
impaciencia.
Tomé aire y estiré la mano
entregándole el lazo y el pañuelo los cuales tomó con cierto brillo en los
ojos.
-Átame, señor. Estoy a tu
disposición esta y todas las noches que desees. Te prometo fidelidad y
obediencia. Siéntete en libertad de hacer conmigo lo que quieras-.
Esperé en silencio por la
respuesta de Aiden pero él permaneció quieto mirando los lazos como si tuvieran
las respuestas de todo el universo. Finalmente levantó la mirada y pude notar
algo mucho más oscuro detrás de sus ojos, algo primitivo, casi animal. Solté un
jadeo aterrada por la creciente ola de deseo que atravesó mi cuerpo al verlo de
esa manera.
Me preparé para que me golpeara,
tal vez para que me insultara de nuevo o me echara de su casa. Pero no esperaba
la mano firme que se posó sobre mi muñeca tirándome hacia abajo en un
movimiento rápido y poniéndome debajo de él. Gemí ante el dolor y el asombro
placentero y me dije que era la hora; podía sentirlo en la electricidad que
había en el aire. Estábamos al fin a punto de cumplir sus deseos.
-¿Crees que es un juego, nena?-
susurró en mi oído tentándome con la proximidad de su cuerpo sobre el mío.-
¿Crees que puedes venir a tentarme a mi propia casa y salir bien librada de
esto? Te voy a enseñar a respetarme- finalizó casi con un gruñido y acto
seguido me dio la vuelta sobre la cama llevando mis manos hacia la espalda,
pronto las amarró con fuerza.
La oleada de deseo era enorme. Me
sentía húmeda y desinhibida, pero sabía que tenía que ser paciente con Aiden,
tal vez estuviese acostumbrado a dejarse
llevar por sus emociones o deseos. Terminando el nudo que me amarraba las manos
salió de la cama y me arrastró tras de él parándome en frente suyo. Su torso
parecía brillar en la oscuridad y me dejé llevar por el aroma tan masculino que
exudaba. Estaba deleitándome con su cuerpo pero luego mi visión fue nula al ser
vendada por completo anulando mi voluntad y cordura. Estaba lista para esto.
-¿Quieres ser mi esclava?- gruñó
tomándome de la nuca y acercando su boca a mi oído. Su otra mano descansaba en
uno de mis pechos.
-Sí…-
-Sí, ¿qué?- casi gritó haciéndome
estremecer de placer.
-Sí, señor-.
-Perfecto- murmuró levantándome
en sus brazos y depositándome de frente a la pared.
Mis pechos se entumecieron debajo
de la tela al sentir el contacto casi directo con la fría pared. Mi respiración
se aceleró llevándome en un exquisito placer del cual no quería salir. Puso una
mano en mi espalda baja y la otra sobre mi nuca incitándome a inclinarme casi
en reverencia. Estaba lista, y no tenía miedo de lo que ocurriría. Él sería el
dueño de mi cuerpo.
***
El silencio nunca había sido tan
delicioso. La oscuridad tampoco. Mucho menos ver un cuerpo rendirse en la
penumbra por los deseos de un hombre. Pero todo ello ahora era completamente
excitante. Esa pequeña era el dulce más delicioso que podía encontrar en una
repostería y quería devorarlo. No daría
espera. Por eso, inclinándola hacia abajo subí la falda que tan bien le
quedaba. Sus nalgas quedaron a la vista y sintiéndome deleitado y maravillado
mi mano fue directamente al lugar de su placer. La muy descarada no usaba
bragas. Ni siquiera un maldito tanga.
Podía sentir su ansiedad en cada
jadeo. Permanecía el silencio salvo por la respiración entrecortada y
superficial que tenía. Yo estaba igual, con la frente ligeramente bañada en
sudor y mi miembro completamente listo para golpear pelotas. Me atreví a jalar
de uno de los risos sedosos de su monte de venus recibiendo como respuesta un
gemido que fue una melodía para mis oídos. Mis dedos fueron a su interior y
casi me vengo allí mismo al sentir lo húmeda que estaba. Su esencia escurría
levemente por sus piernas de crema. Estaba lista para mí pero podía sentir
también que era estrecha. Demasiado. ¿Sería el primero? Me negué a pensar en
ello y me concentré en el delicioso placer que me producía saber que lograba
calentarla con solo someterla.
Introduje un dedo dentro de su
tierna y febril carne y me estremecí de deseo. Estaba tan bien… Ella gimió y
balanceó las caderas con sensualidad lo cual me incitó a introducir otro dedo.
Gimió un poco más fuerte y se movió de nuevo hacia mí con la cara aún aplastada
contra la pared y mi mano manteniéndola completamente arqueada. Mi apetito
creció de inmediato y sin poder resistir introduje dos dedos más sintiéndola
expandirse para albergarme pronto. No quería hacerle daño si era el primero,
más era imposible no hacerlo.
-Señor…- susurró en voz ronca y
sensual enviando oleadas de placer por mi cuerpo. La tomé del cabello llevando
su cabeza hacia atrás levemente.
-Suplica- exigí amando la
sensación en mi cuerpo. Amaba tener el control.
-Te lo suplico, señor…-
-¿Qué quieres?-.
-Te quiero dentro de mí, señor.
Te lo ruego- pidió llenando casi todas mis necesidades.
-¿A quién perteneces?- cuestioné y ella hundió un poco los hombros
gimiendo más fuerte por la intromisión de mis dedos en su sexo.
-A ti, señor- contestó con
seguridad inmediata- Solo a ti. Siempre a ti-.
Gemí satisfecho y bajé mis bóxers
con un solo tirón al tiempo que bajaba por completo la falda de la chica. Me
introduje de una sola estocada dentro de ella haciéndola gritar de placer. Fue música
para mis oídos. Mis manos fueron a parar en sus pechos erguidos por el deseo y
prácticamente le arranqué la camisa y el sostén que llevaba puesto. Los lancé a
un lado y comencé a embestirla con fuerza y lentitud. Ella jadeaba y su
respiración igualaba la mía, superficial y rápida.
-Golpéame, por favor…- susurró
entonces y rompió todo el efecto en mí. Me separé de ella en un solo envite y retrocedí ignorando su protesta
sonora.
-¿He hecho... algo mal?- murmuró
entre jadeos temblorosos. Su cuerpo era como una mañana de nieve. Hermoso.
-¡Esto no está bien!- grité
exasperado y pateé la mesa de noche tumbando un vaso de cristal lleno de agua
clavándome de paso un vidrio en el dedo. Solté una blasfemia y me senté en la
cama. La chica estuvo allí en un minuto y de algún modo consiguió quitarse la
venda de los ojos. Tenía lágrimas en ellos mientras examinaba mi pie con horror.
-Señor… te… te has hecho daño.
Déjame ayudarte, por favor- pidió mirándome con desesperación y me levanté para
alejarme de ella.
-Esto no está bien- repetí
frustrado pateando de nuevo la mesa y escuchando sus chillidos sorprendidos y
asustados- No eres mi esclava ni mi amante para que te golpee, ¿no ves lo
destructivo que esto?- pregunté con desesperación. Quería que esto parara.
-Yo solo quiero lo mejor para
ti…- respondió con voz quebrada mirándome con un brillo extraño en sus ojos.
-Esto no lo es, no me conoces-
contrataqué y ella se levantó hasta estar frente a mí a escasos centímetros.
-Te conozco- aseguró- Sé que
deseas esto, lo siento en tu voz y tu cuerpo. Permíteme saciar tu sed y
necesidad-.
-¿Por qué?-.
-Porque lo deseas, señor, y yo
quiero saciar tu deseo-.
No convencido del todo y rogando
una ayuda al cielo me liberé de mis prejuicios y me abalancé sobre la chica con
hambre atroz probando el dulzor de su boca y la suavidad de su piel. La empujé
con rapidez sobre la cama y le desaté con delicadeza los nudos que sujetaban
sus manos sin dejar de besarla. Se rindió ante mis besos y se arqueó contra mí
con casi frenetismo. Me gustaba eso de ella. Que necesitara tanto del tacto de
mi cuerpo. Antes de penetrarla de nuevo me detuve y besé sus párpados cerrados.
-Soy el primero, ¿no es así?-
pregunté ya sabiendo la respuesta. Ella se mordió el labio inferior atrayendo
mi atención y asintió suavemente desviando la mirada. -¿A quién perteneces?-.
-A ti, mi señor. Antes y después
de esta noche siempre te perteneceré a ti- confirmó sin vacilar y me introduje
con un fuerte envite haciéndola gritar un poco más alto al ser llenada por
completa.
Definitivamente esa chica era mía. De nadie más.
CAPITULO 2.
Él estaba cantando en frente de
mí. Lucía como un ángel oscuro persiguiendo a las miles de admiradoras que
estábamos allí con la única intención de verlos de pie cantando a todo pulmón
las canciones que ya conocíamos de memoria. Todas estábamos emocionadas por
este concierto; era el mejor y más grande. Celebraban un año más de su carrera
y yo estaba allí también para apoyarlos.
Sin embargo, la que estaba más
emocionada era yo. Tenía la emoción arriba de los niveles humanos posibles.
Estaba preparando un hecho histórico y clandestino que podría llevarme a la
libertad como también a la represión.
Mientras terminaban su última
canción pude casi sentir la energía emanando de él. Sus ojos hicieron un breve
escaneo sobre la multitud enfebrecida por el deseo de palparlos con sus manos y
deseé por un momento que pudiera ver mi sonrisa de felicitación a lo lejos. Mas
eso no era posible, ya que las caras se confundían entre las pancartas y las
voces se mezclaban creando un único sonido ensordecedor que no dejaba ver entre
las voces masculinas y femeninas. Tampoco podían escucharse las frases
animadoras y los elogios que eran lanzados. Era un caos.
Esperé unos minutos luego de que
ellos fueran tras el escenario y comencé a recitar mi plan en mi mente una vez
más antes de lanzarme de cabeza al agua.
Uno, dos, tres…
No había nadie allí en el
corredor que llevaba hasta donde los autos se estacionaban y conducían
directamente al camerino de los chicos. Revisé dos veces y me cercioré de que
la tarjeta siguiera en mi mano. Era la razón por la que había viajado desde tan
lejos; solo para poder verlo de cerca y acercarme a él para ofrecerle mi
petición. No tenía derecho a pedir nada de él, pero esperaba fervientemente que
él me escuchara y me dejara contarle todo lo que pasaba por mi mente. Todo lo
que mi corazón y cuerpo escondían ferozmente. Pero primero tenía que atravesar
aquel túnel…
Thump, thump. Thump, thump.
Salté la valla de contención y corrí
a través del oscuro pasillo el cual olía a perfumes, laca, maquillaje, sudor y
ropa limpia. Estaba eufórica. Cuando llegué al final, pude vislumbrar las
puertas de los camerinos con el nombre de cada integrante en una placa en la
mitad de ellas. Sonreí mientras me acercaba con pasos tensos hasta la puerta
que tenía escrita aquella palabra tan mágica y angelical como esa. Un poco más…
Solo un poco más…
Salté cuando unos brazos me
rodearon por detrás apartándome de mi sueño. El aliento impregnado del olor del
tabaco fuerte y algún licor calentaron mi mejilla y oído cuando las palabras
que me forzaban a ir lejos de él atravesaron el ambiente. A lo lejos se
escuchaban aún los gritos de las fans y las risas de los chicos que amaba. Pero
no su voz…
-Te vas a meter en muchos
problemas por esto- susurró abrazándome con más fuerza y tirándome hasta su
cuerpo dejando la prueba de su hombría pegada a mi espalda.
Comencé a removerme sin decir nada
pero era como tener dos ligas de acerco fijas contra mi cuerpo. Él no iba a
dejarme ir pero no me iba a rendir por ello. Comencé a forcejear más fuerte
esperando poder salir de allí pero él fácilmente me levantó del suelo y me tiró
al suelo como un saco de papas. Su peso se posó sobre mi cuerpo haciéndome
soltar un jadeo pero pronto un dolor sordo me nubló la visión por un momento.
Uno de los lados de mi cabeza martillaba con fuerza.
El hombre habló en voz urgente
por su radio pidiendo refuerzos mientras yo entraba en un ataque de histeria
necesitando sentirme de nuevo en mis pies para ir hacia donde mi destino me
deseaba. El apretó su agarre en el suelo haciéndome gritar por el dolor que
sentía en mi espalda y hombros.
Llegaron más hombres los cuales
me veían con algo que conocía muy bien. Había malicia, sevicia y lujuria en
ellos mientras veían la falda pegada al final de mi trasero. Mi respiración se
agitó y empecé a gritar sabiendo que nadie vendría en mi ayuda. Ellos estaban
tan cerca, tan llenos de lujuria que casi podía sentir su olor saliendo a
ventiscas prometiendo algo que yo no deseaba.
Entonces las luces se atenuaron y
las risitas estúpidas y las miradas lascivas fueron interrumpidas por el ronco
y profundo sonido que invadía mis oídos cada vez que lo reproducía en mi
teléfono. La voz del dueño de mi voluntad apareció ante mí como un guerrero
galopando con imponencia hacia la próxima ciudad que gobernaría.
Me detuve centímetro a centímetro
escaneando su figura. Comencé por los pies al levantar lentamente la mirada.
Vestidos con zapatillas de deporte; las que él adoraba y usaba todo el tiempo
cuando estaba en época de descanso. Luego sus piernas kilométricas, forradas en
un simple pantalón oscuro que le daba la hombría necesaria y que no podía
ocultar lo que se escondía tras su bragueta. Una simple camiseta oscura debajo
de una chaqueta de cuero color negro. Cuello fuerte por el que moría por poder
recorrer con mi lengua y finalmente su rostro. Ese rostro anguloso que llenaba
cada espacio de mi mente una y otra vez, mientras recreábamos escenas de él y
yo: solos en una habitación cómoda, completamente desnudos…
Clavó sus ojos en mí y cuando
comenzó a inclinarse para estar a mi altura, mi corazón se saltó un latido y mi
mente dejó de trabajar por completo. Sus dedos tomaron con suavidad mi barbilla
y mis ojos de inmediato quedaron clavados con los suyos. Estaba analizándome
pero al mismo tiempo parecía grabar a fuego mis rasgos en su memoria. Luego
había pronunciado palabras solo para mí… Me había pedido respirar y como buena
chica que sería para él –solo de él- obedecí gustosa y algo avergonzada.
Los hombres de seguridad habían
dado marcha atrás cuando él puso su mano sobre la mía llevándome fuera del
alcance de todos a aquella habitación pequeña y tenue sentí que me empapaba por
completo. Estábamos a solas y daría mi vida entera por hacerlo de nuevo. Una
cosa llevaba muchas veces a la otra.
Le di mi mensaje aun cuando me
temblaban las piernas por el deseo acumulado entre ellas. No podía evitarlo.
Este hombre era la perfección andante y yo quería adorarlo durante el tiempo
que él me lo permitiera.
En silencio rogaba porque él me
diera el placer de ser suya. Tenía intenciones demasiado fuertes y concisas para esto así que rogaba al cielo
para que esto fuera posible. Me había guardado para esto desde que lo había
visto por primera vez en una pantalla cantando y tocando el bajo como un ángel
oscuro tratando de seducir a todos. Sus movimientos habían sido como la más
hermosa obra en el mundo y me habían hipnotizado por completo. Entonces lo
imaginé como un dios moviéndose de manera sensual encima de mí haciéndome
jadear y rogar por su cuerpo una y otra vez mientras tocaba y amasaba el mío
como un fino instrumento desafinado.
Sus ojos eran dos orbes color
caoba pero no podía leer nada en ellos. Pensé que iba a rechazarme por la dura
expresión de su rostro. Parecía querer sacarme los ojos. Pero luego tomó mi
mano enviando una ráfaga caliente por todo mi cuerpo haciendo que vibrara y se
sacudiera. Me estremecí notando su espalda dura y firme frente a mí pero estaba
conduciéndonos a la puerta.
Significaba que podríamos llegar
al lugar que yo quería que él fuera. Quería que desatara su locura y pusiera mi
nombre en ridículo en sus manos. Estaría feliz de hacerlo. Él abrió la puerta y
casi di un paso cuando él se detuvo abruptamente bloqueando la puerta. Pude
escuchar las respiraciones de los chicos antes de verlos y cerré mis ojos
sintiendo la necesidad de huir lejos. En brazos de Aiden.
-Tenemos que llevarla a la
policía- comentó una voz ronca, gruesa y bastante cansada. Debía ser su manager.
-Yo lo haré- comentó con total
tranquilidad Aiden mientras sostenía mi mano más fuerte. Dio un apretón y me
acerqué más cerca de su brazo.
-No sabes quién es. Podría
matarte en el camino, ¡eso no está a discusión!- gritó una voz alarmada y
autoritaria. Nunca pensé escuchar al chico-Ethan-líder-sonrisas-voz-de-caramelo
gritando de esa manera.
-Solo quiero dejarla en donde
esté a salvo. Llamaré en la mañana- señaló con voz neutra y con la cabeza abajo
tiró de mi brazo hasta que estuvimos unos pasos lejos de allí.
Wesley, el guitarrista, se acercó
hasta él y susurró algo en su oído antes de verme con ojos entrecerrados y algo
de condescendencia. Aiden caminó relajando su postura por lo que me sentí de
inmediato mejor y caminé casi a trompicones detrás de él como un fiel seguidor.
Lo seguiría a donde quisiera llevarme.
Subimos en un auto negro con
ventanas tintadas y él quedó en silencio poniendo un brazo sobre sus ojos. Me
quedé inmóvil sobre mi asiento esperando el momento para hablar con él pero
estaba pasmada. Tenía a un hombre que estaba calentándome sin proponérselo y
tenía miedo de levantarme y que él viera mi necesidad de él plasmada en la
silla. Eso sería vergonzoso pero en parte quería que él supiera que solo estaba
siempre lista para él y sus manos.
Pasaron largos minutos en los que
él solo respiró pesadamente con su brazo aun cubriendo su rostro. Me quedé en
silencio haciendo uso de mi voluntad y miré por la ventana al exterior. Cerré
los ojos por un momento y me vi a mí misma horas antes preparándome para este
encuentro, para que él viera lo que podía hacer en la intimidad de una
habitación, para que el pudiera…
El auto se detuvo y abrí los ojos
al escuchar la puerta de Aiden abrirse. Él salió con pasos rápidos y alcanzó mi
lado en un segundo. Tendió su mano y haciendo un gesto con su cabeza me
arrastró dentro de un edificio enorme y moderno. El guardia no dijo nada tal
vez por respeto con la imponente figura de Aiden y su humor casi tangible.
Llegamos al ascensor y cuando las puertas se cerraron me dije que todo iba a
estar bien, que todo el esfuerzo valdría la pena.
Haciendo un “ding” el ascensor se
detuvo en el piso ocho y tras caminar un poco descubrí que nos dirigíamos al
apartamento 804. Él me miró por encima de su hombro mientras abría la puerta y
sentí de nuevo mis mejillas encenderse de color. Él era demasiado poderoso. Su
sensualidad estaba consumiéndome en llamas de deseo.
-Espero entiendas mi necesidad de
proteger este lugar- comentó aun en voz baja mirándome con detenimiento- Este
es mi lugar de descanso y no he traído a nadie aparte de los chicos.
Compórtate, tenemos que hablar- abrió la puerta y me encontré con demasiada
oscuridad.
Me paré cerca de la pared con la
esperanza de tener algo a qué aferrarme y no caerme. No quería pasar vergüenza.
Entonces sentí el tibio cuerpo de Aiden rodeándome hasta pasar las manos por mi
cintura. Dios, quería tener sexo en la entrada de su casa. ¡En la oscuridad!
-¿Puedes moverte un poco, por
favor? Estás bloqueando la electricidad- pidió en voz baja muy cerca de mi mejilla
y me sonrojé apartándome.
Solo un poco más, un poco más.
Entré sin detenerme a mirar
demasiado. Era suficiente para mí solo estar en su lugar sagrado y pensaba
hacerlo valer. Él caminó por la sala dejando sus manos entrelazadas en su nuca.
Me acerqué a él con la intención de llamar su atención pero me encontró primero
y pasándose las manos por la cara me miró impaciente.
-Toma una ducha- ordenó ahora
acariciando su brazo- Hablaremos cuando estés fresca-.
No dudé mientras veía sus ojos
fijos en los míos. Indicó el camino y fui hasta allí cerrando la puerta con
suavidad. Pude escucharlo moviéndose en la cocina y me dije que solo necesitaba
adaptarse. Me di una ducha rápida amando tener el olor de su jabón en mi piel y
colocándome de nuevo mi escasa ropa, caminé de vuelta a la sala sentándome en
mis talones sobre el sofá.
Chica buena, chica buena.
Él estaba en la cocina preparando
té. El agua caliente brotaba de la tetera y cuando se acercó cargando dos tazas
recibí una sintiendo la necesidad de ser obediente. Él se sentó frente a mí y
con sus ojos fijos en los míos bebí un sorbo de té quemándome los labios y la
lengua. Hice una mueca y puse la taza sobre la mesa.
Aiden estuvo sobre mí en un
santiamén y riñéndome por ser torpe al beber pasó un dedo sobre mi labio
inferior. Llevada por el deseo que estaba de nuevo entre mis piernas, lamí la
punta con ferocidad. Él abrió los ojos como platos pero siguió el movimiento de
mi lengua. Luego sin previo aviso se retiró con un gruñido y puso la taza que
sostenía un poco fuerte sobre la mesa. Me miró con esos ojos impactantes y
orgullosos y comenzó una conversación simple.
-¿Qué quieres de mí?-. Sonreí
levemente viéndolo mirar mis piernas. Eso quería de él.
-Ser tuya por completo. He venido
a ofrecerte mi cuerpo para que hagas con él lo que quieras- expliqué sintiendo
ansiedad en mi cuerpo, él arqueó una ceja de forma arrogante y me excité aún
más- ¿Nunca has deseado tener a tu lado una mujer que esté dispuesta a cumplir
todos tus deseos por más mínimos y poco tradicionales que fueran?- traté por
otro lado pero solo obtuve silencio. Él cerró sus ojos y suspiró.
-¿No has deseado nunca una mujer
que disfrute hasta el desmayo cada vez que estés empujando dentro y fuera de
ella de forma animal y pida más a cambio?-.
Silencio.
-¿No deseas a una mujer que se
someta en cuerpo y alma a ti y que jamás deje tu lado a la vez que no ofrece
quejas ni reclamos?-.
Nada.
-¿Nunca has querido que una mujer
sea capaz de llevarte al más intenso placer de la vida estando atada de pies y
manos y vendada por completo como una esclava que solo recibe tus órdenes?-.
Lentamente comenzó a acariciar
sus muslos como si estuviera secando sus manos y sus puños se abrieron y
cerraron varias veces. Me tensé notando que el silencio era mi enemigo esa
noche pero cuando un suspiro cansado que resonó por todo el lugar e hizo eco en
mis oídos, él finalmente respondió abriendo lentamente los ojos y mirándome con
un brillo extraño en la mirada.
-Sí-.
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