-Esa niña…- comentó la abuela
acariciando suavemente mi cabello. Su toque era relajante -¿Quién es, amor?
Nunca la mencionaste antes…-
-Es una historia muy larga,
abuela- contesté respirando hondo sabiendo que la plática sería larga. La
abuela no me dejaría salir tan fácil de esta. -¿Estás segura de que quieres
escucharla?-
-Por supuesto que quiero escuchar
–la irritación fingida tomó los rasgos cincelados de la mujer a mi lado –Mi
nieto adorado está asustado por perder a una chica, ella debe de ser muy
especial para que sientas eso.- reflexionó –No estabas así, ni siquiera cuando
tu mejor amigo se fue a Londres a estudiar en la preparatoria-.
Esta era mi abuela. Helen McCall.
Una mujer robusta de grandes ojos verdes y cabello que en algún otro tiempo fue
rojizo. Había sido una belleza escocesa en sus mejores años pero el paso del
tiempo no había podido con ella. A pesar de su la pérdida de color natural en
su cabello, el tono entrecano la hacía ver tan hermosa como si fuera una mujer
digna del poder de una reina. La adoraba con todo mi corazón gracias a las
enseñanzas y cariño que me había brindado cuando mis padres me ignoraban por
completo.
-Es… complicado- comencé
toscamente sabiendo que no podría salirme tan fácil de su interrogatorio pero
no queriéndolo hacer al mismo tiempo. Si había alguien con quien podía hablar
con total libertad, esa era mi abuela. –Es una chica que vino desde algún lugar
a verme en un concierto… Se escabulló entre bambalinas y ahora sé que no se irá
a ningún lado. No lo permitiré. Me enamoré sin darme cuenta en solo unos días-.
Acariciando mi cabeza y
tranquilizándome sobando mi espalda, la abuela escuchó palabra a palabra cada
confesión que hacía. Se sentía bien por fin decirle a alguien que el frío Aiden
Miller también tenía sentimientos. Me sentía como si una carga de plomo hubiera
sido descargada de mis hombros y ahora pudiera caminar un poco más erguido
sabiendo que el futuro sería bueno. Tendría a Claire a mi lado; no había cabida
para una respuesta negativa en ese momento. Estaba seguro de que ella sería
fuerte y que saldría adelante…
Sin embargo, las cosas no salen
bien a veces y en medio de la noche, cuando la sala de emergencias estaba
inusualmente tranquila y la sala de espera en la unidad de cuidados intensivos
vacía, la alarma de un código azul llegó a oídos de los médicos residentes y de
los míos. Claire había entrado en paro cardíaco y tuvo que ser reanimada varias
veces antes de que su cuerpo se estabilizara y pudiera descansar completamente.
Fueron largos minutos que parecieron horas mientras veía a los hombres y
mujeres de blanco abalanzarse sobre mi chica con la firme intención de
mantenerla viva un poco más. Para fortuna mía, lograron su cometido y a las
cuatro de la mañana me informaron que era posible que tuvieran que inducirla a
un coma para que pudiera recuperarse por completo.
Gran sorpresa nos llevamos todos
cuando nos dimos cuenta de que ya estaba en un coma del que no despertaría
hasta tres semanas después, en las cuales no me separé más que para bañarme y
comer algo. La abuela estuvo conmigo todo el tiempo consolándome y dándome
palabras de aliento que me dejaros desfallecer cuando creía que mi chica nunca
saldría de aquel estado.
Era martes a la noche cuando por
fin el cuerpo de Claire emitió señales de estar despierta. Mis manos estaban sosteniendo como muchas
veces la suya y me aferraba a ella con la esperanza de que sintiera mi calor en
el lugar oscuro o brillante donde se encontrara. Tenía los ojos cerrados y me
apoyaba en su frágil mano mientras pensaba en todos los buenos momentos que
habíamos tenido.
-¿Recuerdas aquella tarde en que
te compré ropa? ¿Recuerdas cómo Tom te convirtió en la princesa que de por sí
ya eres? Amé tu sonrisa cuando entendiste que eres la mujer más hermosa para
mí. Nunca le había dicho esto a nadie… pero si hay el mundo una mujer que sea para
mí, esa definitivamente eres tú-.
Respiré hondo tratando de
contener las lágrimas que sentía venir y que ahora salían sin que me diera
cuenta. Apreté más fuerte su mano deseando que ella despertara y me mostrara
sus bellos ojos y mejillas sonrosadas.
Un suspiro escapó de mis labios y
me disponía a ir al baño cuando su mano apretó con debilidad la mía. Volví la
mirada hacia nuestro nudo de dedos y grande fue mi sorpresa cuando de nuevo
apretó con un poco más de fuerza y sus ojos comenzaron a aletear antes de que
sus párpados se abrieran con lentitud y su mirada conectara con la mía.
Sonreí con timidez y pude ver el
desconcierto en su expresión. Trató de sonreír pero debido al tubo que le
permitía respirar no pudo emitir sonido más que una queja y un ceño fruncido.
Sonreí alentándola y me dirigió una mirada interrogante. Tenía que contarle
muchas cosas.
-No puedes hablar porque tienes
un tubo en tu garganta. El médico dice que vas a necesitarlo un tiempo además
del respirador. –Elevó una ceja en interrogación y tosió un poco al tratar de
quitárselo -¡No! No te alteres, está bien. ¿Recuerdas algo de lo que pasó? ¿Tu
padre?-
Asintió con una inclinación de
cabeza y procedí a relatarle las semanas de angustia y lo que traería consigo
la recuperación. Asintió en momentos específicos y cerró los ojos con un ceño
fruncido al terminar. Estaba ofuscada. Podía saberlo por su expresión
pensativa. Adoraba ver de nuevo esos rasgos cincelados -ahora marcados por una
expresión meditabunda- que lograban encender mi buen juicio y mis ganas de ser
mejor persona.
-Creo que tenemos que hablar de
algo importante, nena- propuse mirándola con énfasis. Aún tenía que explicarme
su situación en el país para intentar encontrar algo qué hacer. –Hay cosas que
no sabía sobre ti pero que las autoridades de la embajada sí-.
Abrió los ojos como platos y
comenzó a toser debido a la sorpresa pero antes de que pudiera ayudarla, una
enfermera joven con un moño sujeto por un lápiz en lo alto de su cabeza
apareció por la puerta indicándome que debía salir un momento para que llevaran
a Claire a hacerle algunos exámenes de rutina. Luego la traerían de vuelta. Le
di un beso en la mejilla y otro en la frente y tras escuchar un suspiro
enamorado de la enfermera desaparecieron detrás de las puertas dejándome solo
para estar una vez más enfrentado a mis pensamientos.
Sonreí levemente sentándome en el
sofá cercano a la cama y pensé en lo feliz que estaba de ver a mi chica de
nuevo con los ojos abiertos. Era una mujer fuerte; tal vez la más guerrera que
hubiera conocido en mi vida, y me sentía muy orgulloso de ver en sus ojos
aquella fuerza que lograría mantenernos en pie cuando yo debilitara mi
armadura. Ella era la elegida para ser mi chica para siempre. No había duda de
eso. Puse mi brazo sobre mis ojos y respiré hondo por primera vez en tres
semanas de angustia. El alma que había perdido en ese encuentro con mi suegro
por fin había vuelto a casa. Sonreí y tras mis párpados una lágrima traviesa de
felicidad escapó delatando mis emociones y miedos. De nuevo ella estaba
conmigo.
Mi felicidad fue rota minutos
después en lo que mi teléfono comenzó a sonar con un melodía estridente que
solo podía significar problemas y un rato desagradable.
-¿Dónde demonios has estado por
tres semanas?- La voz de Cassie tenía un siniestro tono reprobatorio exasperado
que ya conocía de antes. Quería esconderme bajo una piedra para no oírla más.
–Este bebé también necesita a su padre, ¿sabes? No solo necesita saber que
pusiste tu semilla y te fuiste, ¡quiero que me ayudes con el embarazo!-
-Cassie- hablé tan suave y firme
como pude- No quiero parecer despreocupado pero, no puedo en este momento,
estoy ocupado…-
-Ocupada estoy yo cuidando por
los dos a nuestro hijo- interrumpió en un grito ahogado- Deja de esconder la
cabeza entre el asfalto y acepta de una vez por todas tu responsabilidad. Este
hijo no es solo mío-.
Dicho esto colgó y me dejó con un
nudo en el estómago sabiendo que tenía la razón. Estaba escondiéndome de algo a
lo que no podía darle la espalda. Un hijo era para toda la vida y aunque
quisiera no podía regresar el tiempo y enmendar errores. Tenía que ser un
hombre responsable, pero, ¿cómo hacerlo cuando la única que mujer que veía en
mi vida cargando mis hijos estaba en una sala de exámenes en esa clínica
melancólica y no era la histérica con la que me había acostado meses atrás?
Me senté a esperar tal vez
treinta minutos que la respuesta cayera de algún lugar cuando la enfermera
regresó con Claire ahora sentada en la cama, sin el tubo en su boca y una
cubeta de astillas de hielo que refrescaban su garganta. Me levanté de un salto
y corrí a abrazarla y besarla con todas mis esperanzas renovadas. Estaba allí
de nuevo y por la sonrisa en su rostro sabía que estaba feliz de verme también.
Para mi disgusto, retiró la cara tan rápido como pudo interrumpiendo un beso en
el que planeaba mostrarle cuánto la quería. Levanté una ceja en un puchero
patético.
-No me he cepillado los dientes
en tres semanas, Aiden. Creo que quiero hacerlo antes de besarte- comentó con
una sonrisa deslumbrante.
Sonreí y vi la sonrisa de
satisfacción de la enfermera. Claire comió una astilla de hielo y al terminar
la enfermera le colocó el respirador artificial en su rostro. Quedó casi
escondido detrás de él.
-Ya le expliqué todo a Claire,-
comentó la enfermera cuyo nombre era Marie, según su identificación- pero te lo
repetiré a ti. Necesita reposo absoluto y la máscara de oxígeno. De seguro
podrá quitársela para hablar pero será mejor que cuando se sienta ahogada la
utilice de inmediato. Tampoco debe excederse en emociones y, por favor, -pidió
con una mirada traviesa que me hizo sonrojar hasta el pecho- nada de sexo hasta
que esté totalmente recuperada.
Asentí sabiendo que no podía
desacatar las órdenes de los doctores. Ellos sabían lo que era mejor para Claire
y no iba a defraudarlos ni entorpecer la recuperación exitosa de ella. De
hecho, ya había conversado con el personal médico para encontrar al mejor
terapista respiratorio con tal de que mi chica estuviera en las mejores manos.
Costaría una fortuna debido al traslado y hospedaje que tendría que costear con
tal de que el doctor Alan Morrison viniera en nuestro rescate, pero si el me
garantizaba que Claire estaría mejor en poco tiempo, pagaría toda mi fortuna
sin pestañear. Para ella tenía solo lo mejor.
-Es todo por ahora chicos,
-murmuró Marie antes de retirarse dándole un ligero apretón compasivo a Claire.
La saludé con mi cabeza y presté atención a la chica sensual que me observaba
en silencio desde la cama.
Nos quedamos en silencio por unos
minutos. No era un silencio espeso y tenso; de ese que es tan fuerte que ya ni
puedes seguir escuchándolo; era uno en el que podía escucharse el bullicio de
la gente en las calles, el correcorre de los médicos en la clínica y el sonido
lejano pero infaltable de los automóviles y ambulancias. La vida seguía y era
exactamente eso lo que íbamos a hacer nosotros. Claire sonrió de manera
inesperada y me dedicó su más tierna sonrisa. Le sonreí tímidamente y siguiendo
el más primitivo de los impulsos me acerqué y retiré de su rostro la máscara de
oxígeno para darle un beso de lleno en los labios. Ella se apartó luego de un
segundo y su rostro enrojeció. Recordé su deseo de cepillar sus dientes.
Me alejé a regañadientes y le
tendí la bolsa de cosas personales que tenía para ella y que de tanta utilidad
había sido. Claire sonrió en silencio y se levantó con mi ayuda para dirigirse al
baño. Tras cerrarse la puerta escuché correr el agua y con una sonrisa comencé
a acomodar mejor su almohada. Mi teléfono sonó de nuevo y tuve miedo antes de
contestar. No quería que fuera Cassie reprochándome mi poco compromiso con el
bebé. Por suerte el identificador indicó que era Tom.
-Hola, Tom. –Contesté dejando
notar mi alivio -¿Cómo estás?-
-Perfectamente –tronó su voz
acaramelada del otro lado –Llamo para preguntarte por mi querida Cassie. ¿Hay
alguna novedad?-
Sonreí sabiendo que las noticias
le encantarían.
-Sí, hay una novedad pero creo
que no te hará feliz- comenté en voz baja aparentando pesimismo. Tom soltó un
suspiro y su voz sonó ligeramente derrotada. –No va a despertar pronto, ¿no es
así? Demonios, quiero verla de nuevo, Aiden. Echo de menos vestirla como una
muñeca-.
-Sí, bueno… La mala noticia es
que tendrás que llevarla por todos los centros comerciales y comprarle batidos
y todo lo que quieras. Claire despertó hace un rato y está muy bien.- dije casi
sin parar alegrándome por el jadeo alegre de Tom- Creo que podremos irnos
pronto-.
-Es bueno escuchar eso- habló
entonces la voz ronca y femenina que plagaba mi presente abriendo la gruesa
capa de nubes grises que opacaban mi camino. –Me gustaría considerarme…
afortunada de ir con Tom a donde quieras-.
Sonreí al verla animada caminando
hacia la cama donde se recostó de nuevo y me incitó a hacerlo. Le hice caso y
posé mi cabeza sobre sus piernas amando el tacto de sus dedos en mi cabello
lanudo. Necesitaba un corte.
-Déjame hablar con ella. ¿Está
ahí? Vamos, Aiden. Déjame hablar- rogó Tom y casi pude verlo haciendo pucheros.
Puse los ojos en blanco y le pasé
el teléfono a Claire. Hablaron por casi diez minutos y cuando noté que le fallaba
la respiración, le quité el teléfono y colgué. La máscara de oxígeno estuvo de
vuelta en su rostro de inmediato. Respiró hondo unos minutos y cuando por fin
se tranquilizó me dedicó una mirada agradecida. Le sonreí y pasé mis manos por
sus piernas. Estaba más delgada pero sabía que eso se corregiría con unas
semanas en mi casa. La podría a comer por veinte.
-Sabes que tenemos que hablar de
tu situación en el país, ¿verdad?- hablé dándome cuenta que no podíamos
postergar más la charla. La vi asentir rehuyendo mi mirada. Estábamos en un
nuevo problema. La policía sabía de ella y temía que pudieran llevársela lejos.
No puedo creer que estando en vacaciones pareciera que no las tengo :P Si les gustó no olviden recomendarlo a sus conocidos. Nos leemos pronto.
Laura.