jueves, 2 de julio de 2015

CAPITULO 16

-Esa niña…- comentó la abuela acariciando suavemente mi cabello. Su toque era relajante -¿Quién es, amor? Nunca la mencionaste antes…-

-Es una historia muy larga, abuela- contesté respirando hondo sabiendo que la plática sería larga. La abuela no me dejaría salir tan fácil de esta. -¿Estás segura de que quieres escucharla?-

-Por supuesto que quiero escuchar –la irritación fingida tomó los rasgos cincelados de la mujer a mi lado –Mi nieto adorado está asustado por perder a una chica, ella debe de ser muy especial para que sientas eso.- reflexionó –No estabas así, ni siquiera cuando tu mejor amigo se fue a Londres a estudiar en la preparatoria-.

Esta era mi abuela. Helen McCall. Una mujer robusta de grandes ojos verdes y cabello que en algún otro tiempo fue rojizo. Había sido una belleza escocesa en sus mejores años pero el paso del tiempo no había podido con ella. A pesar de su la pérdida de color natural en su cabello, el tono entrecano la hacía ver tan hermosa como si fuera una mujer digna del poder de una reina. La adoraba con todo mi corazón gracias a las enseñanzas y cariño que me había brindado cuando mis padres me ignoraban por completo.

-Es… complicado- comencé toscamente sabiendo que no podría salirme tan fácil de su interrogatorio pero no queriéndolo hacer al mismo tiempo. Si había alguien con quien podía hablar con total libertad, esa era mi abuela. –Es una chica que vino desde algún lugar a verme en un concierto… Se escabulló entre bambalinas y ahora sé que no se irá a ningún lado. No lo permitiré. Me enamoré sin darme cuenta en solo unos días-.

Acariciando mi cabeza y tranquilizándome sobando mi espalda, la abuela escuchó palabra a palabra cada confesión que hacía. Se sentía bien por fin decirle a alguien que el frío Aiden Miller también tenía sentimientos. Me sentía como si una carga de plomo hubiera sido descargada de mis hombros y ahora pudiera caminar un poco más erguido sabiendo que el futuro sería bueno. Tendría a Claire a mi lado; no había cabida para una respuesta negativa en ese momento. Estaba seguro de que ella sería fuerte y que saldría adelante…

Sin embargo, las cosas no salen bien a veces y en medio de la noche, cuando la sala de emergencias estaba inusualmente tranquila y la sala de espera en la unidad de cuidados intensivos vacía, la alarma de un código azul llegó a oídos de los médicos residentes y de los míos. Claire había entrado en paro cardíaco y tuvo que ser reanimada varias veces antes de que su cuerpo se estabilizara y pudiera descansar completamente. Fueron largos minutos que parecieron horas mientras veía a los hombres y mujeres de blanco abalanzarse sobre mi chica con la firme intención de mantenerla viva un poco más. Para fortuna mía, lograron su cometido y a las cuatro de la mañana me informaron que era posible que tuvieran que inducirla a un coma para que pudiera recuperarse por completo.

Gran sorpresa nos llevamos todos cuando nos dimos cuenta de que ya estaba en un coma del que no despertaría hasta tres semanas después, en las cuales no me separé más que para bañarme y comer algo. La abuela estuvo conmigo todo el tiempo consolándome y dándome palabras de aliento que me dejaros desfallecer cuando creía que mi chica nunca saldría de aquel estado.

Era martes a la noche cuando por fin el cuerpo de Claire emitió señales de estar despierta.  Mis manos estaban sosteniendo como muchas veces la suya y me aferraba a ella con la esperanza de que sintiera mi calor en el lugar oscuro o brillante donde se encontrara. Tenía los ojos cerrados y me apoyaba en su frágil mano mientras pensaba en todos los buenos momentos que habíamos tenido.

-¿Recuerdas aquella tarde en que te compré ropa? ¿Recuerdas cómo Tom te convirtió en la princesa que de por sí ya eres? Amé tu sonrisa cuando entendiste que eres la mujer más hermosa para mí. Nunca le había dicho esto a nadie… pero si hay el mundo una mujer que sea para mí, esa definitivamente eres tú-.

Respiré hondo tratando de contener las lágrimas que sentía venir y que ahora salían sin que me diera cuenta. Apreté más fuerte su mano deseando que ella despertara y me mostrara sus bellos ojos y mejillas sonrosadas.

Un suspiro escapó de mis labios y me disponía a ir al baño cuando su mano apretó con debilidad la mía. Volví la mirada hacia nuestro nudo de dedos y grande fue mi sorpresa cuando de nuevo apretó con un poco más de fuerza y sus ojos comenzaron a aletear antes de que sus párpados se abrieran con lentitud y su mirada conectara con la mía.

Sonreí con timidez y pude ver el desconcierto en su expresión. Trató de sonreír pero debido al tubo que le permitía respirar no pudo emitir sonido más que una queja y un ceño fruncido. Sonreí alentándola y me dirigió una mirada interrogante. Tenía que contarle muchas cosas.

-No puedes hablar porque tienes un tubo en tu garganta. El médico dice que vas a necesitarlo un tiempo además del respirador. –Elevó una ceja en interrogación y tosió un poco al tratar de quitárselo -¡No! No te alteres, está bien. ¿Recuerdas algo de lo que pasó? ¿Tu padre?-

Asintió con una inclinación de cabeza y procedí a relatarle las semanas de angustia y lo que traería consigo la recuperación. Asintió en momentos específicos y cerró los ojos con un ceño fruncido al terminar. Estaba ofuscada. Podía saberlo por su expresión pensativa. Adoraba ver de nuevo esos rasgos cincelados -ahora marcados por una expresión meditabunda- que lograban encender mi buen juicio y mis ganas de ser mejor persona.

-Creo que tenemos que hablar de algo importante, nena- propuse mirándola con énfasis. Aún tenía que explicarme su situación en el país para intentar encontrar algo qué hacer. –Hay cosas que no sabía sobre ti pero que las autoridades de la embajada sí-.

Abrió los ojos como platos y comenzó a toser debido a la sorpresa pero antes de que pudiera ayudarla, una enfermera joven con un moño sujeto por un lápiz en lo alto de su cabeza apareció por la puerta indicándome que debía salir un momento para que llevaran a Claire a hacerle algunos exámenes de rutina. Luego la traerían de vuelta. Le di un beso en la mejilla y otro en la frente y tras escuchar un suspiro enamorado de la enfermera desaparecieron detrás de las puertas dejándome solo para estar una vez más enfrentado a mis pensamientos.

Sonreí levemente sentándome en el sofá cercano a la cama y pensé en lo feliz que estaba de ver a mi chica de nuevo con los ojos abiertos. Era una mujer fuerte; tal vez la más guerrera que hubiera conocido en mi vida, y me sentía muy orgulloso de ver en sus ojos aquella fuerza que lograría mantenernos en pie cuando yo debilitara mi armadura. Ella era la elegida para ser mi chica para siempre. No había duda de eso. Puse mi brazo sobre mis ojos y respiré hondo por primera vez en tres semanas de angustia. El alma que había perdido en ese encuentro con mi suegro por fin había vuelto a casa. Sonreí y tras mis párpados una lágrima traviesa de felicidad escapó delatando mis emociones y miedos. De nuevo ella estaba conmigo.

Mi felicidad fue rota minutos después en lo que mi teléfono comenzó a sonar con un melodía estridente que solo podía significar problemas y un rato desagradable.

-¿Dónde demonios has estado por tres semanas?- La voz de Cassie tenía un siniestro tono reprobatorio exasperado que ya conocía de antes. Quería esconderme bajo una piedra para no oírla más. –Este bebé también necesita a su padre, ¿sabes? No solo necesita saber que pusiste tu semilla y te fuiste, ¡quiero que me ayudes con el embarazo!-

-Cassie- hablé tan suave y firme como pude- No quiero parecer despreocupado pero, no puedo en este momento, estoy ocupado…-

-Ocupada estoy yo cuidando por los dos a nuestro hijo- interrumpió en un grito ahogado- Deja de esconder la cabeza entre el asfalto y acepta de una vez por todas tu responsabilidad. Este hijo no es solo mío-.

Dicho esto colgó y me dejó con un nudo en el estómago sabiendo que tenía la razón. Estaba escondiéndome de algo a lo que no podía darle la espalda. Un hijo era para toda la vida y aunque quisiera no podía regresar el tiempo y enmendar errores. Tenía que ser un hombre responsable, pero, ¿cómo hacerlo cuando la única que mujer que veía en mi vida cargando mis hijos estaba en una sala de exámenes en esa clínica melancólica y no era la histérica con la que me había acostado meses atrás?

Me senté a esperar tal vez treinta minutos que la respuesta cayera de algún lugar cuando la enfermera regresó con Claire ahora sentada en la cama, sin el tubo en su boca y una cubeta de astillas de hielo que refrescaban su garganta. Me levanté de un salto y corrí a abrazarla y besarla con todas mis esperanzas renovadas. Estaba allí de nuevo y por la sonrisa en su rostro sabía que estaba feliz de verme también. Para mi disgusto, retiró la cara tan rápido como pudo interrumpiendo un beso en el que planeaba mostrarle cuánto la quería. Levanté una ceja en un puchero patético.

-No me he cepillado los dientes en tres semanas, Aiden. Creo que quiero hacerlo antes de besarte- comentó con una sonrisa deslumbrante.

Sonreí y vi la sonrisa de satisfacción de la enfermera. Claire comió una astilla de hielo y al terminar la enfermera le colocó el respirador artificial en su rostro. Quedó casi escondido detrás de él.

-Ya le expliqué todo a Claire,- comentó la enfermera cuyo nombre era Marie, según su identificación- pero te lo repetiré a ti. Necesita reposo absoluto y la máscara de oxígeno. De seguro podrá quitársela para hablar pero será mejor que cuando se sienta ahogada la utilice de inmediato. Tampoco debe excederse en emociones y, por favor, -pidió con una mirada traviesa que me hizo sonrojar hasta el pecho- nada de sexo hasta que esté totalmente recuperada.

Asentí sabiendo que no podía desacatar las órdenes de los doctores. Ellos sabían lo que era mejor para Claire y no iba a defraudarlos ni entorpecer la recuperación exitosa de ella. De hecho, ya había conversado con el personal médico para encontrar al mejor terapista respiratorio con tal de que mi chica estuviera en las mejores manos. Costaría una fortuna debido al traslado y hospedaje que tendría que costear con tal de que el doctor Alan Morrison viniera en nuestro rescate, pero si el me garantizaba que Claire estaría mejor en poco tiempo, pagaría toda mi fortuna sin pestañear. Para ella tenía solo lo mejor.

-Es todo por ahora chicos, -murmuró Marie antes de retirarse dándole un ligero apretón compasivo a Claire. La saludé con mi cabeza y presté atención a la chica sensual que me observaba en silencio desde la cama.

Nos quedamos en silencio por unos minutos. No era un silencio espeso y tenso; de ese que es tan fuerte que ya ni puedes seguir escuchándolo; era uno en el que podía escucharse el bullicio de la gente en las calles, el correcorre de los médicos en la clínica y el sonido lejano pero infaltable de los automóviles y ambulancias. La vida seguía y era exactamente eso lo que íbamos a hacer nosotros. Claire sonrió de manera inesperada y me dedicó su más tierna sonrisa. Le sonreí tímidamente y siguiendo el más primitivo de los impulsos me acerqué y retiré de su rostro la máscara de oxígeno para darle un beso de lleno en los labios. Ella se apartó luego de un segundo y su rostro enrojeció. Recordé su deseo de cepillar sus dientes.

Me alejé a regañadientes y le tendí la bolsa de cosas personales que tenía para ella y que de tanta utilidad había sido. Claire sonrió en silencio y se levantó con mi ayuda para dirigirse al baño. Tras cerrarse la puerta escuché correr el agua y con una sonrisa comencé a acomodar mejor su almohada. Mi teléfono sonó de nuevo y tuve miedo antes de contestar. No quería que fuera Cassie reprochándome mi poco compromiso con el bebé. Por suerte el identificador indicó que era Tom.

-Hola, Tom. –Contesté dejando notar mi alivio -¿Cómo estás?-

-Perfectamente –tronó su voz acaramelada del otro lado –Llamo para preguntarte por mi querida Cassie. ¿Hay alguna novedad?-

Sonreí sabiendo que las noticias le encantarían.

-Sí, hay una novedad pero creo que no te hará feliz- comenté en voz baja aparentando pesimismo. Tom soltó un suspiro y su voz sonó ligeramente derrotada. –No va a despertar pronto, ¿no es así? Demonios, quiero verla de nuevo, Aiden. Echo de menos vestirla como una muñeca-.

-Sí, bueno… La mala noticia es que tendrás que llevarla por todos los centros comerciales y comprarle batidos y todo lo que quieras. Claire despertó hace un rato y está muy bien.- dije casi sin parar alegrándome por el jadeo alegre de Tom- Creo que podremos irnos pronto-.

-Es bueno escuchar eso- habló entonces la voz ronca y femenina que plagaba mi presente abriendo la gruesa capa de nubes grises que opacaban mi camino. –Me gustaría considerarme… afortunada de ir con Tom a donde quieras-.

Sonreí al verla animada caminando hacia la cama donde se recostó de nuevo y me incitó a hacerlo. Le hice caso y posé mi cabeza sobre sus piernas amando el tacto de sus dedos en mi cabello lanudo. Necesitaba un corte.

-Déjame hablar con ella. ¿Está ahí? Vamos, Aiden. Déjame hablar- rogó Tom y casi pude verlo haciendo pucheros.

Puse los ojos en blanco y le pasé el teléfono a Claire. Hablaron por casi diez minutos y cuando noté que le fallaba la respiración, le quité el teléfono y colgué. La máscara de oxígeno estuvo de vuelta en su rostro de inmediato. Respiró hondo unos minutos y cuando por fin se tranquilizó me dedicó una mirada agradecida. Le sonreí y pasé mis manos por sus piernas. Estaba más delgada pero sabía que eso se corregiría con unas semanas en mi casa. La podría a comer por veinte.

-Sabes que tenemos que hablar de tu situación en el país, ¿verdad?- hablé dándome cuenta que no podíamos postergar más la charla. La vi asentir rehuyendo mi mirada. Estábamos en un nuevo problema. La policía sabía de ella y temía que pudieran llevársela lejos.


No puedo creer que estando en vacaciones pareciera que no las tengo :P Si les gustó no olviden recomendarlo a sus conocidos. Nos leemos pronto.

Laura.