-¿Tiene algo más que decir en
contra del señor Dawson, señor Miller?- indagó el sargento Jensen después de
tomar mi declaración para presentar cargos contra el padre de Claire, a quien
por cierto, se habían llevado treinta minutos antes sin dejarme ir con ella a
donde sea que la hayan llevado.
-¿Puedo irme ya y llevarme su
tarjeta en caso de que se me haya olvidado decirle algo?- respondí con voz
cínica tratando de zafarme de la tortura que me suponía no saber nada de mi
chica. ¿Dónde demonios había sido llevada?- Por si no se ha dado cuenta, la
mujer de mi vida está de camino a un hospital y no estoy con ella porque un
policía me tiene aquí presentando cargos cuando debería haberme ido dentro de
la maldita ambulancia-.
Sí, Aiden Miller perdiendo la
cabeza frente a un policía; la prensa me iba a acribillar con esto.
-Creo que tiene que calmarse,
señor Miller- fue la obtusa respuesta del sargento mientras guardaba su
bolígrafo y bloc de papel en el bolsillo de su abrigo negro. El maldito hombre
era como un jodido espía de películas de ficción. Y creía que me las sabía
todas… -Según los registros que tenemos de la señorita Ryan, no es una chica
que esté en paz con la ley-.
Okey, eso fue suficiente para
atraer por completo mi atención. No quería más trabas; quería que me dejaran en
paz para ir a buscar a Claire y llevarla a casa donde podría cuidarla como ella
merecía. Donde podría convencerla de que el destino le preparaba cosas hermosas
y que tendría toda la vida para dejar prosperar esos hermosos sentimientos que
se anidaban en su pecho como un panal de abejas; siempre trabajador y dedicado.
Solo ella podría sentir de esa manera.
Sin embargo, antes de lograr dar
un paso o decir alguna palabra, el sargento señaló con su cabeza un aviso sobre
la prohibición de fumar dentro del recinto; para mí no tenía sentido hasta que
decidí indagar más a fondo tras escuchar el suspiro cansado del sargento a mi
lado. No era justo desquitarme con él, de seguro estaba allí obligado a hablar
conmigo en un turno que no era el suyo y en un caso que a kilómetros distaba de
ser enfocado en su especialidad. O tal vez yo solo debía seguir órdenes más
fácilmente y frenar a mi mente de ir lejos de su lugar.
De acuerdo… Fumar; dentro de un
recinto; con muchas personas adentro… No estaba permitido y por tanto se
recibiría un castigo al infringir una norma… Estaría haciendo algo ilegal y
tendría que…
Bingo.
-Ella… no es…- Balbuceé
llevándome una mano a la mejilla donde podía sentir una hinchazón leve- Mierda,
jódanme, de verdad-.
-Esto quedará entre nosotros,
señor Miller… Pero dudo que pueda quedar así por mucho tiempo. La fama tiene
sus contras- aseguró el sargento y haciendo un gesto con su sombrero de
ala ancha se marchó dejándome con un
terrible dolor de cabeza y mil cosas en qué pensar ahora. Demonios, tenía que
hablar tan seriamente con Claire y preguntarle por tantas cosas… Pero primero
tenía que saber cómo estaba y si iba a ser capaz de salir con vida de este
asunto porque sabía que todavía lo estaba; podía sentirlo en mi alma que ella
aún no se había levantado de su inerte cuerpo para volar entre las nubes junto
con su madre y mis abuelos.
Decidí correr bajo el sol de la
tarde y escabullirme entre los peatones y personas intrigadas por saber qué
había ocurrido dentro del museo. Me atreví por primera vez ser un loco
enamorado y asustado de la suerte corriendo por las calles y preguntando de
hospital en hospital por la mujer que me había robado el alma y los suspiros
más cansados y desgarrados que había soltado nunca. Quise ser por primera vez
un hombre sensible y dispuesto a dar su hígado con tal de salvar a la mujer que
amaba pero que no había abierto sus ojos cuando una bala que iba hacia mí
impactó en su pecho.
Como un film romántico, el cielo
pronto tomó cierto tono grisáceo que desencadenó una lluvia capaz de mojarme
hasta los calzoncillos, mas no importaba; podía tener un acuario o la pesca
milagrosa en mi trasero pero necesitaba encontrar a mi mujer; necesitaba correr
y liberar la tensión que me provocaba no saber nada de ella o me iba a volver
un loco desquiciado.
En mi mente, las ideas resonaban
con fuerza golpeando hasta los rincones más alejados de la cordura; deseaba
hacerle daño a ese malnacido que Claire tenía por padre, deseaba arrancarle el
corazón y mostrárselo mientras lo extirpaba entre mis dedos. Quería hacerle
sentir lo que yo sentí cuando se atrevió a hacerle daño a mi chica sin
escatimar en traumas. Lo odiaba y quería verlo padecer, pero las palabras
amorosas y compasivas de Claire resonaban en contra de esos deseos como en una
batalla por la libertad; jamás permitiría que le hiciera daño, ella lo
perdonaría si se lo pidiera y le daría una oportunidad de reivindicarse.
¿Quién demonios era esa mujer
capaz de eso? ¿Un ángel, acaso?
-¡Claire!- grité frustrado en
mitad de la plaza centrar soportando las gotas heladas como bloques de hielo en
mis huesos. -¿Dónde estás, amor? ¿Dónde te llevaron?-.
Había buscado por todos lados, en
hospitales, clínicas… ¿Qué me faltaba? ¿A dónde no había ido a buscarla? Pasé
desesperado las manos por mis mejillas tratando de borrar las lágrimas
calientes que se mezclaban con la lluvia que caía y parecía querer enfriar mi
alma.
Las personas caminaban escondidas
bajo sus paraguas y chaquetas y podía ver a las madres corriendo obviamente
tomadas por sorpresa protegiendo con abrigos a sus hijos pequeños aun cuando
ellas terminaran empapadas y heladas. Me pregunté si Claire sería de la misma
manera; tan afectuosa, dedicada y tierna con nuestros hijos en el momento en
que los tuviéramos. Y darme cuenta de ese pensamiento, me di cuenta de que
estaba llevando mi relación con ella mucho más lejos de lo que yo pensaba.
¿Cómo en solo días podía perder la noción de la realidad y llevar mis sueños a
futuro con una mujer de la cual no sabía nada más que su nombre y lo que tenía
para ofrecerme debajo de su ropa?
<<Estás enamorándote,
Aiden>>, susurró la voz socarrona de mi consciencia en un tono alegre y
cargado de malicia que me hizo estremecer de pies a cabeza. No podía aún
brindarle por completo ese lado de mi vida a Claire por más que quisiera. Aún
tenía asuntos que terminar y preguntas por responder. Mi vida no era un paraíso
tropical precisamente.
Un paraíso… Claire debía estar en
uno; un lugar en donde la trataran de manera perfecta pero que al mismo tiempo
le costaría un ojo de la cara dada su condición en el país…
La clínica militar.
***
Llegué con los calcetines y los
zapatos tan mojados que podría haberlos escurrido y saldría una piscina para
niños. El sudor me goteaba por las sienes y la espalda y mi nariz debía estar
roja en comparación con mi tez pálida. Había corrido como un lunático por las
calles esperando toparme con un taxi que pudiera llevarme en un santiamén, pero
fue más que imposible. La gente los había tomado con velocidad para volver a
casa durante el aguacero. Resultado: Aiden en su segundo baño del día.
Por primera vez fui paciente… por
diez segundos. Que fueron los que me tomó llegar hasta la recepción en donde
una enfermera con cabello entrecano y rostro surcado por arrugas pronunciadas,
-de seguro por el ajetreado trabajo que tenía, sin ánimo de ofenderla- me
saludó con una sonrisa cansada y mirada inquisitiva.
-Busco a una chica que debió ser
ingresada hacer tal vez tres horas con una herida de bala en el pecho. La
traían desde el museo. Estábamos en un tiroteo y si no la encuentro voy a
volverme loco. Es la mujer que amo y recibió un maldito disparo por mi culpa. Estaba
dispuesta a dar su vida por mí y ahora no la encuentro –despotriqué casi
abalanzándome sobre el escritorio moderno.
Era una escena la que estaba
armando pero no me importaba. Era el último lugar donde podía buscarla. Ya
había recorrido la ciudad entera. Para mi sorpresa, la enfermera sonrió desde
su silla donde había retrocedido unos centímetros y se levantó con una mirada más
que comprensiva. Era la mirada de una madre consolando a su hijo. Eso solo me
llevó al borde y cuando rodeó el escritorio hasta llegar a mi lado, me derrumbé
por completo en sus brazos delgados preso de la impotencia y el dolor que
carcomían mi alma.
-Está aquí.- respondió en un
susurro acariciando mi espalda con movimientos circulares –Está en cirugía. Aún
está viva, tesoro-.
-Gracias –fue mi única respuesta
antes de caer en un vacío oscuro y silencioso donde no había nada más que mi
mente nublada por el desasosiego.
***
-Aiden- llamó una voz ronca que
conocía desde algún lugar. Mis ojos pesaban y mi cuerpo parecía estar completamente
entumido. –Aiden, amigo, despierta- llamó de nuevo y esta vez pude sentir una
mano sacudiendo mi hombro.
Abrí los ojos y me descubrí a mi
mismo en una camilla de hospital oculta por una cortina azul esterilizada. Por
lo visto me había quedado dormido o algo así. Giré mi cabeza y me encontré
finalmente con el rostro angustiado de Tom y la seriedad inusual de Wesley. Una
extraña calma invadió nuestro encuentro hasta que Tom dejándose llevar por sus
emociones se acercó hasta mi lado y mi abrazo con fuerza. Necesitaba a mi amigo
y en silencio él sabiéndolo había cumplido mi deseo. Wesley también se unió a
nosotros y nos fundimos en un abrazo en el cual la amargura fue reemplazada por
el apoyo y la amistad que por encima de todo nos unía.
-Tengo miedo de perderla- confesé
con voz amortiguada por los brazos de Tom. Lloraba a cántaros por tener a mis
amigos rodeándome y calentándome con sus brazos- No puedo perderla, la necesito
en mi vida-.
Escuché un suspiro de Tom y una
palabrota de Wesley. Luego sin perder tiempo les conté todo lo que había
ocurrido. Ellos me escucharon atentamente interrumpiendo ocasionalmente cuando
sentían que necesitaban detalles o simplemente maldecir. Me contaron a cambio
que la noticia ya circulaba en los medios y que no tardaría en llegar Malcolm
para regañarme. Reímos un poco también de pensar en mi viejo amigo
despeinándose al ver aquella tragedia en las noticias. Sabía que él vendría a
ofrecerme su apoyo, no a reprenderme.
El tiempo pasaba con cierta
lentitud mientras esperábamos tener noticias de Claire y su estado de salud.
Malcolm había llegado y como había predicho, se había abalanzado sobre mí casi
histérico preguntándome por lo ocurrido y si me encontraba bien. Le conté toda
la escena y lo que esperaba en ese lugar y que salvo por mi desmayo al llegar a
emergencias, me encontraba del todo bien. Él había suspirado aliviado y sin
meditarlo dos segundos me tomó en sus brazos dejando salir sus sentimientos; un
par de lágrimas cayeron por mis mejillas también y me dije que él era el mejor
ejemplo de lo que un padre debería ser.
Cuando el tiempo pareció
alargarse una eternidad sin tener noticias de Claire, decidí tomar el toro por
los cuernos y acercarme hasta donde la enfermera estaba respondiendo llamados y
estudiando documentos. Al escuchar mi voz se volvió para mirarme y me dedicó
una sonrisa cansada.
-¿Tienes alguna novedad?-
pregunté estudiando sus facciones.
-La sala de cirugías sigue
ocupada; por lo visto tu chica aún está grave-.
-¿Sabes el estado en el que
ingresó?- indagué necesitando más información. Hablar de ella me hacía bien. Me
daba esperanzas.
-Tuvieron que reanimarla dos
veces de camino. Es un milagro que no muriera allí mismo. Sus heridas son
fatales…- comentó mirándome con compasión y calidez.
Iba a preguntarle más pero en ese
momento un doctor con el rostro pálido y
expresión cansada se acercó a la sala de espera quitándose su tapabocas. Parecía
que todos en esa clínica estaban demasiado extenuados con su trabajo. Todos
parecían salidos de una sala de locos.
-¿Familiares de Claire Dawson?-
inquirió mirándonos a todos en la sala. Un bebé lloraba por una gripe y dos
ancianas esperaban que les atendieran una cita rutinaria de la diabetes.
-Yo soy su novio- contesté
alejándome del mostrador. Tom y Wesley me dieron una mirada amistosa y Malcolm
me dio una palmada en la espalda. -¿Está bien? ¿Puedo verla? ¿Podré llevármela
de aquí pronto?-.
-Una pregunta a la vez, muchacho-
interrumpió con un gesto de sus brazos mirándome con una sonrisa reconfortante.
Un rayo de luz se abrió paso en mi mente. –Tenemos mucho de qué hablar pero
propongo que nos sentemos-.
-Entonces… ella sobrevivirá-
preguntó Tom sentado a mi derecha en frente del doctor en una pequeña sala
donde pensábamos hablar más tranquilamente.
-Sí, sobrevivirá- sonrió cruzando
sus brazos sobre las rodillas- Ciertamente estoy sorprendido por la resistencia
de esa niña. Las heridas que tiene son mortales. La persona que le disparó
sabía lo que hacía. Ha fallado por solo un milímetro en el miocardio…-
Cuatro suspiros resonaron en la
salita y nos miramos con alivio al escuchar esas palabras. Incluso Malcolm
miraba con agradecimiento al doctor, quien era de hecho, de hecho demasiado
joven para portar esa bata de hospital. Vaya, cosas que no podemos comprender…
-Sin embargo, tenemos que dejarla
unas semanas en la clínica mientras toma fuerzas de nuevo. Uno de sus pulmones
fue perforado por lo que tendrá que tener terapia para poder respirar bien. No
podrá hacer esfuerzos de ningún tipo y deberán tener especial cuidado con su entorno.
Necesita recuperarse física y mentalmente; es una chica fuerte, pero va a
necesitarlos-.
-¿Podemos verla?- supliqué
inclinándome hacia adelante con los ojos llenos de lágrimas. Mi Claire estaba
bien e iba a vivir mucho tiempo más.
-Aún no. Está en cuidados
intensivos y permanece sedada. Está conectada a un respirador artificial y es
mejor que descanses por hoy. Deberían ir y descansar esta noche. No sabemos si
despierte mañana o la próxima semana…-
-¿La próxima semana?- preguntó
Wesley abriendo los ojos como platos y utilizando su tono de incredulidad
mezclada con asombro- ¿Por qué tanto tiempo?-.
-No sabemos cómo reaccionará su
cuerpo. Necesitaba sanar por sí misma, no podemos forzarla-.
-¿Está completamente fuera de
peligro?- intervino ahora Malcolm sorprendiéndome por su tono paternal y
cariñoso.
-Las primeras veinticuatro horas
son críticas. Por ahora está bien, pero si pasa ese tiempo sin ningún problema,
pronto estará de nuevo con ustedes- sonrió y nos dedicó una mirada antes de
disculparse para ir a atender otros pacientes. Estrechamos su mano y admito que
me demoré un poco más agradeciéndole su labor. Podía ver sus ojos cansados y
las mejillas hundidas en su rostro. Era un chico dedicado a su oficio y me
alegré al ver que aún había médicos y profesionales que amaban su trabajo sin
importar las consecuencias.
Lo vimos partir hacia las salas
internas y luego nos sentamos un momento antes de poder hablar. Estábamos en
silencio conmocionados por las noticas pero aliviados de saber que las manos de
la muerte no nos habían tocado ese día. Seguíamos siendo una familia fuerte.
-Estará bien.- comentó Tom
poniendo su cabeza contra la mía dándome un abrazo –Solo tenemos que esperar a
que despierte y luego podremos ver de nuevo sus ojos alegres-.
-Gracias por quedarse. Voy a
estar aquí un rato más. Si quieren pueden irse, yo los alcanzo después- sugerí
mirándolos fijamente. Estos eran mis verdaderos amigos. Los demás estaban en
sus actividades y no habían podido venir pero habían enviado mensajes
apoyándome desde lejos. Agradecí a quien fuera por darme personas maravillosas
a mi lado.
-Si necesitas algo, lo que sea,
solo llama, ¿de acuerdo?- prometió Wesley y asentí sonriendo levemente. Luego
se marcharon dejándome solo en el sofá.
Medité lo que sería mi vida en
los próximos meses. Claire necesitaría terapia para recuperar fuerza en sus
pulmones y en su corazón. También alguien que estuviera con ella las
veinticuatro horas del día para que no hiciera esfuerzos. Tenía que hacer
algunos cambios en casa para que se sintiera más a gusto y aún debía pensar en
el trabajo. Había muchas cosas por hacer y en poco tiempo. Pasé mis manos por
mi rostro y solté un suspiro que sentí provenir de mi alma. Me sentía mejor,
pero estaría completamente a gusto cuando pasaran las famosas veinticuatro
horas críticas. No me iba a mover de allí por el momento.
Mis ojos estaban cerrándose y mi
mente adormeciéndose cuando alguien ingresó en la sala privada donde minutos
antes estábamos todos reunidos. No necesitaba preguntar quién era, podía oler
su loción afrutada invadiendo mis sentidos. El lugar a mi lado se hundió y el
calor reconfortante me arropó durante unos minutos que fueron más que amenos. Sonreí
suavemente y apoyé mi cabeza sobre su hombro permitiéndole abrazarme con fuerza
antes de que habláramos. La enfermera tomó mi mano y la apretó con fuerza
diciéndome en silencio lo que necesitaba tener presente: todo iba a estar bien.
-¿Cómo has estado, abuela?
***** ***** *****
Se siente más que bien volver a mi rutina. Gracias a las que me esperaron. Por fin puedo hacer de nuevo lo que me gusta sin tener presiones extra. Mi recomendación solo será una el día de hoy: si les gusta lo que hago, compártanlo, me gusta que los demás vean un trocito de mi cabeza. ¡¡¡Les agradezco el apoyo!!!
Laura.
